En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
Palabra del Señor
REFLEXION
La lectura del Evangelio de hoy, la parábola de las diez vírgenes nos sitúa en el último de los cinco discursos de Jesús que aparecen en el relato de Mateo. En este discurso, llamado escatológico, encontramos una sección (24,42-25,13) que encierra tres parábolas: la del ladrón en la noche, la de los dos siervos y la de las vírgenes incluidas en una doble exhortación de Jesús a velar: “Velad pues, porque no sabéis el día ni la hora”.
Nuestro texto está introducido con la misma fórmula que aparece en las parábolas del Reino (Mt 13,24; 18,23; 22,2), aunque en esta ocasión, llama la atención que se utilice el futuro: el reino de los cielos será semejante a... tal vez, debido al contexto escatológico y a la tensión del Reino «ya» presente, pero «todavía» no.
Aquí el Reino de los cielos se asemeja a diez muchachas que toman sus antorchas y salen al encuentro del novio. Para comprender el sentido de la parábola debemos tener en cuenta las costumbres de las bodas judías. En la segunda fase del desposorio el esposo llevaba e introducía a la esposa en su casa. La duración de las bodas podía ser de una semana donde el retraso del novio debido a complejas negociaciones familiares era lo habitual. De ahí que se comprenda el contexto de la tardanza del esposo, a partir del cual se desarrolla la trama.
A continuación, el texto marca una división en el grupo: hay cinco doncellas prudentes y cinco necias. El texto prosigue y explicita qué es lo que hace a unas necias y a otras prudentes: proveerse o no de aceite. Por último, se señala que a causa de la tardanza del novio se duermen. La situación de unas y otras puede describirse como una actitud de espera activa y dispuesta, por parte de las doncellas prudentes en clara contraposición con un esperar pasivo, sin prepararse de las necias. La llegada del novio a mitad de la noche recuerda la venida del ladrón nocturno a una hora desconocida (24,43) y describe la sorpresa del que llega en un momento no esperado. En ese instante, todas las vírgenes se disponen nuevamente a preparar sus lámparas, y es ahora cuando las insensatas advierten que su aceite no alcanza y piden a las sensatas que les presten. El rechazo de éstas a compartir su aceite con las demás se argumenta razonablemente: no alcanzará para todas. Aunque la conducta de las vírgenes sensatas pueda ser mal interpretada como un comportamiento egoísta, en el fondo nos está diciendo que cada uno de nosotros somos responsables de nuestras acciones de cara al tiempo final ya iniciado y a la venida del Hijo del Hombre.
La sugerencia por parte de las prudentes de ir a comprar el aceite precipita la tensión en el relato, pues mientras las necias van a adquirirlo llega el novio y las que estaban preparadas entran con él en el banquete y la puerta se cierra. Cerrar la puerta era algo habitual en las bodas, una forma de evitar que entraran personas no invitadas o incluso ladrones. Aquí este cierre hace presagiar algo diferente ya que, a la solicitud de abrir la puerta por parte de aquellas que llegan más tarde, el novio dice que no las conoce. De nuevo, la dureza de la escena contrasta con nuestra sensibilidad. No basta tener las antorchas, estas deben estar constantemente alimentadas por aceite. Estar preparados/as consiste en realizar el proyecto de Dios en nuestra vida, pues de otro modo, nuestra luz se apaga. ¿Seguimos manteniendo nuestras lámparas encendidas?
Hoy celebramos la festividad de San Agustín cuya vida estuvo marcada por la búsqueda de la verdad, su profunda conversión y el descubrimiento de Dios. El afirmaba “La fe es creer lo que no vemos; la recompensa de esta fe es ver lo que creemos.”































