23/5/26

DOMINGO 24 DE MAYO : DOMINGO DE PENTECOSTES

 




Uno de los momentos en los que mejor presentimos y constatamos la presencia del Espíritu vivo y activo en nuestra historia es cuando nos juntamos a celebrar la Cena del Señor. En este domingo de Pentecostés, el Espíritu nos vuelve a unir como comunidad en torno al altar para darnos vida y reavivar en nosotros los dones de la alegría y la paz.

En esta ocasión celebramos la solemnidad de Pentecostés el día 24 de mayo, fecha señalada en el calendario de la Familia Dominicana como memoria de nuestro padre y fundador Santo Domingo de Guzmán, en la que recordamos el momento en el que su cuerpo fue trasladado a un nuevo sepulcro. Por ello, en las pautas para la homilía se recogen algunas alusiones más específicas a la espiritualidad dominicana.

Fray Javier Carballo Fernández O.P.

Fray Javier Carballo Fernández O.P.
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

Soy Javier Carballo, fraile dominico nacido en Asturias y profesor en la Facultad de Teología de Valencia, anteriormente también en la Facultad de San Esteban de Salamanca. Me he formado en la matriz filosófica del dominico Eladio Chávarri, cuyo pensamiento trato de difundir y desarrollar, y valoro especialmente la aportación de la Escuela de Madrid de Ortega, Morente y Zubiri. Mi vida pastoral ha transcurrido en la parroquia del Cristo del Olivar en Madrid y en la Basílica San Vicente Ferrer en Valencia. En estos momentos soy presidente del patronato de la Fundación Educativa Santo Domingo (FESD) y prior provincial de la provincia de Hispania de los dominicos, con presencias en varios países, por lo que tengo que viajar con frecuencia y visitar a los frailes, las comunidades y los apostolados. Colaboro en la animación pastoral de la iglesia de los dominicos en Parquelagos (Madrid). Me gusta la música, especialmente el minimalismo sacro, y tengo afición al teatro y a la natación.

LECTURAS DEL DOMINGO 24-05-2026 DOMINGO DE PENTECOSTES

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
                                         Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

                     Es palabra del Señor


REFLEXION

Iª Lectura: (Hch 2,1-11): La salvación que llega por el Espíritu

 Este es un relato germinal, decisivo y programático propio de Lucas, como en el de la presencia de Jesús en Nazaret (Lc 4,1ss). Lucas nos quiere dar a entender que no se puede ser espectadores neutrales o marginales a la experiencia del Espíritu. Porque ésta es como un fenómeno absurdo o irracional hasta que no se entra dentro de la lógica de la acción gratuita y poderosa de Dios que transforma al hombre desde dentro y lo hace capaz de relaciones nuevas con los otros hombres. Y así, para expresar esta realidad de la acción libre y renovadora de Dios, la tradición cristiana tenía a disposición el lenguaje y los símbolos religiosos de los relatos bíblicos donde Dios interviene en la historia humana. La manifestación clásica de Dios en la historia de fe de Israel, es la liberación del Exodo, que culmina en el Sinaí con la constitución del pueblo de Dios sobre el fundamento del don de la Alianza.

 Pentecostés era una fiesta judía, en realidad la "Fiesta de las Semanas" o "Hag Shabu'ot" o de las primicias de la recolección. El nombre de Pentecostés se traduce por "quincuagésimo," (cf Hch 2,1; 20,16; 1Cor 16,8). La fiesta se describe en Ex 23,16 como "la fiesta de la cosecha," y en Ex 34,22 como "el día de las primicias o los primeros frutos" (Num 28,26). Son siete semanas completas desde la pascua, cuarenta y nueve días, y en el quincuagésimo día es la fiesta (Hag Shabu´ot). La manera en que ésta se guarda se describe en Lev 23,15-19; Num 28,27-29. Además de los sacrificios prescritos para la ocasión, en cada uno está el traerle al Señor el "tributo de su libre ofrenda" (Dt 16,9-11). Es verdad que no existe unanimidad entre los investigadores sobre el sentido propio de la fiesta, al menos en el tiempo en que se redacta este capítulo. Las antiguas versiones litúrgicas, los "targumin" y los comentarios rabínicos señalaban estos aspectos teológicos en el sentido de poner de manifiesto la acogida del don de la Ley en el Sinaí, como condición de vida para la comunidad renovada y santa. Y después del año 70 d. C., prevaleció en la liturgia el cómputo farisaico que fijaba la celebración de Pentecostés 50 días después de la Pascua. En ese caso, una tradición anterior a Lucas, muy probablemente, habría cristianizado el calendario litúrgico judío.

 Pero ese es el trasfondo solamente, de la misma manera que lo es, también sin duda, el episodio de la Torre de Babel, en el relato de Gn 11,1-9. Y sin duda, tiene una importancia sustancial, ya que Lucas no se queda solamente en los episodios exclusivamente israelitas. Algo muy parecido podemos ver en la Genealogía de Lc 3,1ss en que se remonta hasta Adán, más allá de Abrahán y Moisés, para mostrar que si bien la Iglesia es el nuevo Israel, es mucho más que eso; es el comienzo escatológico a partir del cuál la humanidad entera encontrará, finalmente, toda posibilidad de salvación.

 Por eso mismo, no es una Ley nueva lo que se recibe en el día de Pentecostés, sino el don del Espíritu de Dios o del Espíritu del Señor. Es un cambio sustancial y decisivo y un don incomparable. El nuevo Israel y la nueva humanidad, pues, serán conducidos, no por un Ley que ya ha mostrado todas sus limitaciones en el viejo Israel, sino por el mismo Espíritu de Dios. Es el Espíritu el único que hace posible que todos los hombres, no sólo los israelitas, entren a formar parte del nuevo pueblo. Por eso, en el caso de la familia de Cornelio (Hch 10) - que se ha considerado como un segundo Pentecostés entre los paganos-, veremos al Espíritu adelantarse a la misma decisión de Pedro y de los que le acompañan, quien todavía no habían podido liberarse de sus concepciones judías y nacionalistas

 Lo que Lucas quiere subrayar, pues, es la universalidad que caracteriza el tiempo del Espíritu y la habilitación profética del nuevo pueblo de Dios. Así se explica la intencionalidad -sin duda del redactor-, de transformar el relato primitivo de un milagro de "glosolalia", en un milagro de profecía, en cuanto todos los oyentes, de toda la humanidad representada en Jerusalén, entienden hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua. El don del Espíritu, en Pentecostés, es un fenómeno profético por el que todos escuchan cómo se interpreta al alcance de todos la "acción salvífica de Dios"; no es un fenómeno de idiomas, sino que esto acontece en el corazón de los hombres.

 El relato de Pentecostés que hoy leemos en la Iª Lectura es un conjunto que abarca muchas experiencias a la vez, no solamente de un día. Esta fiesta de la Iglesia, que nace en las Pascua de su Señor, es como su bautismo de fuego. Porque ¿de qué vale ser bautizados si no se confiesa ante el mundo en nombre de quién hemos sido bautizados y el sentido de nuestra vida? Por eso, el día de la fiesta del Pentecostés, en que se celebraba la fiesta del don de la ley en el Sinaí como don de la Alianza de Dios con su pueblo, se nos describe que en el seno de la comunidad de los discípulos del Señor se operó un cambio definitivo por medio del Espíritu.

 De esa manera se quiere significar que desde ahora Dios conducirá a su pueblo, un pueblo nuevo, la Iglesia, por medio del Espíritu y ya no por la ley. Desde esa perspectiva se le quiere dar una nueva identidad profética a ese pueblo, que dejará de ser nacionalista, cerrado, exclusivista. La Iglesia debe estar abierta a todos los hombres, a todas las razas y culturas, porque nadie puede estar excluido de la salvación de Dios. De ahí que se quiera significar todo ello con el don de lenguas, o mejor, con que todos los hombres entiendan ese proyecto salvífico de Dios en su propia lengua y en su propia cultura. Esto es lo que pone fin al episodio desconcertante de la torre de Babel en que cada hombre y cada grupo se fue por su sitio para independizarse de Dios. Eso es lo que lleva a cabo el Espíritu Santo: la unificación de la humanidad en un mismo proyecto salvífico divino.

 

IIª Lectura (1Cor 12,3-7.12-13): La comunión en el Espíritu

 En la IIª Lectura del día, Pablo presenta a esta comunidad la unidad de la misma por medio del Espíritu. En realidad esta sección responde a un problema surgido en las comunidades de Corinto, en las que algunos que recibían dones o carismas extraordinarios, competían entre ellos sobre cuáles era los más importantes. Pablo va a dedicarle una reflexión prolongada (cc. 12-14), pero poniendo todo bajo el criterio de la caridad (c. 13).

 La diversidad de gracias y dones comunitarios no deben romper la unidad de la comunidad, porque todos necesitamos tener algo fundamental, sin la cual no se es nada: el Espíritu del Señor Jesús para confesar nuestra fe; sin el Espíritu no somos cristianos, aunque creamos tener gracias extraordinarias y hablemos lenguas que nadie entiende.

  Los dones espirituales, los carismas, no son algo solamente estético, pero bien es verdad que si no se viven con la fuerza y el calor del Espíritu no llevarán a la comunión. Y una comunidad sin unidad de comunión, es una comunidad sin el Espíritu del Señor.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 24-05-2026 SAN JUAN 2O, 19-23 DOMINGO DE PENTECOSTES

 





Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de hoy, Juan (20,19-23), nos viene a decir que desde el mismo día en que Jesús es resucitó de entre los muertos, su comunicación con los discípulos se realizó por medio del Espíritu. El Espíritu que «insufló» en ellos les otorgaba discernimiento, alegría y poder para perdonar los pecados a todos los hombres. El saludo de la paz, shalom, se repite en el relato por dos veces para confirmar algo que va mucho más allá del saludo cotidiano en el mundo bíblico y entre los judíos. Es el saludo de parte de Dios y es el saludo para preparar los que les va a otorgar a los suyos: la fuerza del Espíritu Santo. De esa manera la unión entre Jesús resucitado y el Espíritu Santo es indiscutible. Será, pues, el mismo Espíritu, es que les garantice el acontecimiento de la resurrección. Pero también el de la misión.

 Pentecostés es la representación decisiva y programática de cómo la Iglesia, nacida de la Pascua, tiene que abrirse a todos los hombres. Esta es una afirmación que debemos sopesarla con el mismo cuidado con el que San Juan nos presenta la vida de Jesús de una forma original y distinta. Pero las afirmaciones teológicas no están desprovistas de realidad y no son menos radicales. La verdad es que el Espíritu del Señor estuvo presente en toda la Pascua y fue el auténtico artífice de la iglesia primitiva desde el primer día en que Jesús yo no estaba con ellos.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

22/5/26

EVANGELIO SABADO 23-05-2026 SAN JUAN 21, 20-25 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y éste, ¿qué?»

Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»

Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»

Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir.

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio relata un diálogo entre Jesús, Pedro y el Discípulo Amado, enfatizando la obediencia personal a la voluntad de Cristo y el propósito del Evangelio: fomentar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios para tener vida en su nombre (Jn 20,30-312).

"Tú sígueme" (Jn 21,20-23): Pedro, recién investido como pastor ("Apacienta mis ovejas", v. 17), pregunta por el Discípulo Amado: "Señor, ¿y éste, qué?" Jesús responde con autoridad: "Si quiero que se quede hasta que venga, ¿qué te importa? Tú sígueme" (dos veces le dice ese "tu sígueme").

Este intercambio subraya la primacía de la vocación individual: Pedro debe enfocarse en su misión apostólica sin inmiscuirse en la de otros. Surge un rumor erróneo sobre la muerte del Discípulo Amado (v. 23), que el evangelista corrige, mostrando la fidelidad del testimonio ocular. El Discípulo Amado destaca por su cercanía íntima a Jesús  (Jn 13,23; 20,2; 21,), "el que vio y creyó" ante el sepulcro vacío (Jn 20,83), modelo de fe contemplativa frente al ardor activo de Pedro.

Testimonio del Evangelio Jn 21,24-25: "Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito" v. 24 Juan ha recopilado estos hechos con un fin preciso: "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre"). Esto conecta con la fe nacida del encuentro personal con el Resucitado, más allá de lo escrito.

 Centro de Predicación Bíblico Pastoral

Centro de Predicación Bíblico Pastoral
Convento de San Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Centro de Predicación Bíblico Pastoral de los Dominicos de Villava en Navarra, España

21/5/26

EVANGELIO VIERNES 22-05-2026 SAN JUAN 21, 15-19 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».

Él le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Él le dice:
«Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:
«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
«Sígueme».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

Hoy, el evangelista Juan nos narra otra de las apariciones de Jesús a sus discípulos. De un modo profundo, toda la perícopa está totalmente centrada en la figura de Simón Pedro. El texto narra el largo diálogo que mantuvieron Jesús y Pedro en medio de una comida. El contenido del diálogo nos muestra la misericordia de Dios como su gran amor por los discípulos y el mundo. Este no es un diálogo cualquiera entre Jesús y su discípulo Pedro. Ambos, hablan de amor, cada uno desde su perspectiva.  

De ahí que Jesús, antes de confiar a Pedro el encargo misionero de la naciente Iglesia, le exija una confesión de amor. Esa es la condición indispensable para poder ejercer una función de “apacentar el rebaño del que habla Jesús”. El Señor requiere el amor de Pedro por tres veces. (V 15-17) Recuerdo y eco de las tres negaciones de Pedro en el momento de la Pasión del Maestro

"La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: «Simón, ¿me amas?» quiere decir con este amor total e incondicional (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo incondicionalmente». Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero», es decir, «te amo con mi pobre amor humano». Jesús insiste: «Simón, ¿me amas, con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano. «Señor, te quiero como sé querer». La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero »." Benedicto XVI

Me sobrecoge este dialogo, Jesús nos toma tal como somos y estamos, no hay reproches  ni esperas a que seamos más perfectos para poder dialogar con nosotros o para confiarnos SU misión, Él se abaja hasta nuestro suelo y desde ahí nos invita al “seguimiento”. Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús. Precisamente esto nos debe dar esperanza como se la dio a Pedro que experimentó el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que lo hace capaz de seguirlo hasta el final. Ojalá sea el modelo en nuestro vivir cotidiano, en relación a nosotros mismos y en relación con los demás.

Hna. Virgilia León Garrido O.P.

Hna. Virgilia León Garrido O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo

20/5/26

EVANGELIO JUEVES 21-05-2026 SAN JUAN 17, 20-26 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

Este pasaje del evangelio es el final de la “Oración sacerdotal”. Jesús, Sacerdote eterno, Mediador entre Dios y los hombres, ora no sólo por sus discípulos sino por todos nosotros. Su deseo es que seamos uno como él y el Padre son uno; que estemos unidos para que el mundo crea.

Meditando estas palabras me doy cuenta de la enorme diferencia del deseo de unidad de Jesús y nuestros deseos de “unidad”. En nuestro deseo de unidad todo gira en torno a nosotros mismos: que estemos unidos, que piensen como yo y decidan lo que yo quiero… El deseo de Jesús es más profundo, es comunión y amor: “Que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí… para que sepan que tú los amas como me amas a mí ”. Ese amor y esa comunión en Él es lo que nos permitirá estar unidos a pesar de las diferencias. Ese amor y esa comunión en Él y entre nosotros es lo que hará que el mundo crea en Jesucristo.

Jesús desea que estemos con Él, que contemplemos su gloria y que conozcamos al Padre para que el amor trinitario esté en nosotros. Sólo sumergiéndonos en el amor del Padre y del hijo en el Espíritu podremos amarnos unos a otros y permanecer unidos.

 Oración

 Gracias, Señor, por orar por mí e interceder por mí ante el Padre. Gracias porque nos has revelado tu deseo: que seamos uno en ti para que el mundo crea; que el mundo sepa cómo nos ama el Padre; que estemos contigo y contemplemos tu gloria. También yo quiero manifestarte mi deseo: permanecer siempre en tu amor. Sólo si permanezco en tu amor se dilatará mi capacidad de amar y podré vivir en la comunión con todos. Sólo si permanezco en tu amor, mi amor será consistente y menos egoísta. Sólo permaneciendo en tu amor, que comprende y perdona, hallaré el amor verdadero y todos creerán en él. Por eso te pido, Señor, que le des vida a mi amor con tu vida. AMÉN

Sor Mª Montserrat Román Sánchez O.P.

Sor Mª Montserrat Román Sánchez O.P.
Monasterio Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

19/5/26

EVANGELIO MIERCOLES 20-05-2026 SAN JUAN 17, 11b-19 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

Jesús en su oración al Padre refleja su preocupación y su entrega por el futuro de sus discípulos frente a la maldad y la mentira que dominan el mundo. Pide al Padre con toda su alma que les guarde de ahora en adelante, porque van a vivir en tierra hostil.

Porque la “verdad” crea hostilidad, la misma que le llevó a la cruz. Se ofrece por sus discípulos, para que ellos también se ofrezcan por la misma verdad y la misma causa que él, testimoniando y comunicando esa vida frente a la codicia y la maldad que ocultan la verdad y matan la vida; y así malean al “mundo” haciéndolo inhumano, injusto, cruel.

Quiere que sus discípulos vivan unidos, que estén llenos de alegría y que vayan madurando en su fe sin renegar nunca de sus contemporáneos. Es a esta nuestra generación, no a otras posibles, a la que tenemos que anunciar el mensaje de Cristo, con palabras convencidas y convincentes, pero sobre todo con nuestras obras.

Se nos invita a dialogar con el mundo pero que no sigamos sus bienaventuranzas, sino las de Cristo. Esto significa que la tarea del discipulado es instaurar un modelo de convivencia humana alternativo, es impedir que la conciencia sea atrapada por el egoísmo imperante. Es necesario que a esta sociedad le llegue también el mensaje de salvación así sabrá que Dios no puede estar con su proyecto de injusticia y exclusión y que acompaña a su pueblo en el único y definitivo escenario de la realidad histórica.

La comunidad cristiana está en el aquí y ahora no para marginarse como una élite exclusiva, sino para dar testimonio de un camino de salvación nacido en una tumba vacía. Una elección que le lleva a tomar una actitud de oposición frente a la injusticia institucionalizada, esforzarse en comprender la situación humana tratando de remediarla y que se concreta en el servicio del pueblo sencillo. Este testimonio se verifica en su opción por el Dios de la vida.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

18/5/26

EVANGELIO MARTES 19-05-2026 SAN JUAN 17 1-11a SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

                    Es palabra del señor

REFLEXION

También el texto del Evangelio de hoy, en principio, nos parece una despedida, en este caso de Jesús, que habla de sus discípulos reconociéndolos aun con sus fragilidades. Jesús no idealiza la comunidad, pero tampoco la abandona a su suerte. La entrega al Padre —“cuida de ellos”— es un acto de confianza. La Iglesia no depende solo de sus fuerzas, sino que camina acompañada por Dios. Esto implica que la comunidad tiene una orientación, una revelación que la guía, una experiencia compartida de Dios que ilumina el camino común.

El hecho de que Jesús eleve esta oración antes de su pasión añade una dimensión aún más esperanzadora. En el momento en que todo parece encaminarse hacia la ruptura, Él habla de glorificación, de unidad, de vida eterna. La esperanza cristiana nace precisamente ahí: en la certeza de que incluso en la dificultad, Dios está actuando.

Todo esto nos invita a entender la Iglesia como una comunidad confiada y enviada. Jesús no retira a los suyos del mundo, sino que los deja en él, sostenidos por la comunión con el Padre. La sinodalidad se convierte así en un modo de vivir esa presencia: caminar juntos en medio del mundo, sabiendo que no estamos solos. 

¿En qué momentos de nuestra vida comunitaria experimentamos que realmente “caminamos juntos” y no cada uno por su lado? Si Jesús confía en sus discípulos aun con sus fragilidades, ¿cómo estamos llamados a mirarnos y sostenernos mutuamente dentro de la Iglesia? ¿De qué manera concreta sentimos que Dios cuida hoy de nuestra comunidad? ¿Sabemos reconocer esos signos en medio de las dificultades? 

 Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia
Fraternidad de Laicos Dominicos de Valencia

La Fraternidad Laical de Valencia está formada en la actualidad por hermanos y hermanas con promesa solemne, con promesa simple, y con hermanos a la espera de admisión; sin embargo, desde la fundación de la misma, han formado parte de ella numerosas personas que nos han precedido en la predicación. Uno de los compromisos adquiridos comunitariamente es estudiar y compartir la Palabra de Dios para luego predicarla en la web. Contemplando la Palabra en comunidad, y poniéndola en común, elaboramos una predicación que compartimos con alegría.

EVANGELIO LUNES 18-05-2026 SAN JUAN 16, 29-33 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».

Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

                            Es palabra del Señor

REFLEXION

Si bien el contexto literario del evangelio de hoy es la Última Cena, en realidad, este discurso de despedida de Jesús a los discípulos se comprende mejor desde un trasfondo pascual. Como si Jesús Resucitado anticipara los acontecimientos por venir y enseñara a los discípulos a enfrentar las dificultades, cruces y persecuciones que estarán en nuestra historia.

¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.

Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de muerte, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.

Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!

Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).

Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y progrese en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.

Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo? 

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca. Por cuatro años residí en la comunidad de Montevideo, combinando la docencia académica con la pastoral parroquial y el acompañamiento espiritual. Actualmente resido en el Real Convento de Predicadores de Valencia, como Maestro de Estudiantes. Me apasionan la música, la lectura y el servicio desde el acompañamiento personal.