2/10/26

EVANGELIO SABADO 03-10-2026 SAN LUCAS 10, 17-24 XXVI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Jesús les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

                            Palabra del Señor

REFLEXION

Los discípulos se reúnen con Jesús tras una campaña evangelizadora que ha tenido muchas satisfacciones. Hay alegría en el grupo porque la predicación del evangelio va haciendo la misión de liberar a la persona humana de todo el mal que la aflige: hasta los demonios se someten al nombre de Jesús.

Jesús aprovecha la ocasión para dar exponer los fundamentos del Reino de Dios. Con la resurrección de Cristo se ha vencido el pecado y la fuerza del mal que ejerce satanás. Esa lucha que de alguna manera hay entre el bien y el mal. Y la de aceptar o no el Proyecto de Dios. Por eso, Jesús continúa dando gracias al Padre, ya que hay un grupo pequeño que está abierto a la fe. Son la gente sencilla que es capaz de reconocer su limitación y la grandeza de Dios. Y lleva a los discípulos a que se hagan el planteamiento siguiente: es una alegría que se vean los frutos del Reino de Dios, sin embargo, la dicha está en que vuestros nombres están inscritos en el cielo. El poder gozar de la presencia de Dios es la mayor recompensa que puede recibir el que se desgasta por anunciar la fe en Jesús.

Por ello, Jesús, concluye con una bienaventuranza sobre el discipulado. Felices vosotros porque tenéis una relación interpersonal con el Hijo de Dios. Estáis viendo cara a cara a Dios y lo estáis escuchando. Que es realmente lo que los profetas, reyes, y cualquier fiel quiere llegar a contemplar. El ansía del corazón del creyente desea fundirse con su creador, como expresa san Agustín en el libro de las Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Tener la plenitud de la Vida Eterna.

Todo el contraste que se va manifestando en la vida de fe de los creyentes, luchar contra los interrogantes, con las dudas de fe, con las frustraciones que lleva aparejada la evangelización ¿cómo llegar a la gente? Los esfuerzos y las pocas respuestas de participación, el que no puedas hablar abiertamente de tu fe por el miedo al qué dirán… Frente a la alegría que se siente cuando estás totalmente abandonado a la Providencia.

La alegría que se experimenta cuando dejas a Jesús hacer las cosas y te sorprenden detalles pequeños que te tocan el corazón. La alegría de ver que el Espíritu Santo lleva adelante la misión de la Iglesia. Que el amor de la Trinidad se sigue derramando a manos llenas en aquellos que quieren seguir adelante con el Proyecto del Reino de Dios y que el amor tiene mucha más fuerza y engendra más calidad de vida que la oscuridad del pecado y el mal. Que la sentencia de Jesús: tu nombre está inscrito en el cielo da la bienaventuranza más fuerte que el discípulo puede experimentar frente a los momentos de noche oscura ¡Alégrate!

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Domingo (Caleruega)

Soy fraile dominico. Nací en Gorafe un pequeño pueblo de Granada, de una familia humilde y cristiana en la cual viví los valores fundamentales que sostienen mi vida. Eso va unido a la gente de mi pueblo, también sencilla y trabajadora, que tiene una forma particular de vivir y forjar su carácter. En ese ámbito fui descubriendo la experiencia del amor de Dios en mi vida y la vocación. A través de la vida contemplativa, en el Monasterio de la Santísima Trinidad de Baza, descubrí la Orden de Predicadores. De Nuestro Padre santo Domingo me llama mucho la atención su compasión y el ser un enamorado de la Palabra de Dios. Entré en la Orden el 15 de septiembre de 2013 y actualmente soy coordinador de la pastoral juvenil y vocacional.

1/10/26

EVANGELIO VIERNES 02-10-2026 SAN MATEO 18,1-5.10 XXVI SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
-«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
-«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »

                  Palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio de hoy abre el capítulo conocido como discurso eclesial. En él, el Maestro va instruyendo a sus discípulos sobre cómo deben ser las relaciones ad intra de la ekklesia, la comunidad de creyentes en Jesús. Por cierto, no podemos obviar que el evangelio mateano es el evangelio eclesiológico por excelencia.

El texto comienza con una pregunta de los discípulos: “¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?” Están imbuidos de la lógica del mundo de su época, donde el estatus y el honor lo eran todo y buscan asegurar sus puestos de poder en el "Reino" que imaginan terrenal y político. Lo irónico es que preguntan esto justo después de que Jesús les hablara de su entrega y humillación en la cruz (Mt 17,22-23).

La respuesta del Maestro no es sólo verbal sino visual. Pone a un niño "en medio de ellos", y lo hace icono de lo que ha de ser aquel que quiera entrar en el Reino. Hoy idealizamos la infancia como símbolo de inocencia, pero en el siglo I, un niño no tenía derechos jurídicos, ni estatus social. El niño era el símbolo de la dependencia absoluta, la insignificancia social y la vulnerabilidad.

El que quiera entrar en el Reino ha de convertirse y hacerse como uno de esos pequeños vulnerables. Entrar en el Reino exige un giro de 180 grados. No se trata de "ganar" grandeza, sino de “perderla” voluntariamente. El “más grande” es el que asume la condición del “pequeño” reconociendo así que ante Dios todo es gracia y confianza. Pero Jesús va aún más allá, y llega a afirmar que acoger al vulnerable en su nombre, es acogerlo a Él mismo. (v. 5). El Señor se identifica con el pequeño. La forma en que la comunidad trata a los más débiles es la medida de cómo trata al mismo Jesucristo.

Y el último versículo es el que nos conecta con la fiesta de hoy: "Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en el cielo están viendo siempre el rostro de mi Padre celestial." En el contexto mateano, "los pequeños" no son solo los niños, sino los discípulos más débiles, los marginados, los que flaquean en la fe o carecen de influencia. Jesús advierte ante el desprecio de esos pequeños, sirviéndose de la teología de la época sobre los ángeles. Ellos tienen acceso directo e inmediato al "rostro del Padre". Así el miembro más insignificante de la Iglesia tiene línea directa con Dios a través de sus ángeles. Si Dios les da máxima prioridad, la Iglesia no puede marginarlos.

Este pasaje es un correctivo urgente para nuestras comunidades eclesiales contemporáneas. Nos invita a pasar de la lógica del poder y la autorreferencialidad a la lógica del servicio y el cuidado. El gran peligro que acecha a la comunidad no viene de fuera (persecuciones), sino de dentro: la ambición, el orgullo y el desprecio mutuo.

¿En qué medida veo que en mi itinerario de fe me voy convirtiendo en niño? ¿Cómo tratamos en mi comunidad a los “pequeños”?

Hna. Mariela Martínez Higueras

Hna. Mariela Martínez Higueras
Congregación de Santo Domingo

Nací en Jaén y entré en la Congregación Santo Domingo muy joven. Estudié Farmacia y luego Teología, doctorándome más tarde en Teología Bíblica. En este momento soy profesora de Sagrada Escritura en Granada y Málaga, acompaño pastoralmente a los jóvenes del Colegio Mayor Santo Domingo y soy miembro del gobierno general de mi Congregación. Me encanta leer, escuchar y hacer la música, de hecho, toco la guitarra desde niña, y mi alma se expansiona en el silencio de la naturaleza, ya sea en “espacios verdes o azules”.

30/9/26

EVANGELIO JUEVES 01-10-2026 SAN LUCAS 10, 1-12 XXVI SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía:
-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros."

Pero si entráis en una ciudad y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado."

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

                             Palabra del Señor

REFLEXION

Inauguramos el mes de las misiones, el mes de octubre, con la celebración de santa Teresita de Lisieux, patrona de las Misiones. Su testimonio de vida es un recordatorio y un aliciente a vivir el Evangelio, con todas sus invitaciones, en el estado de vida y en la vocación concreta en la que Dios nos llama. No existen pasajes evangélicos específicos y exclusivos para los casados, otros para los religiosos, o para los misioneros, como este de hoy. El Evangelio es Cristo, uno y completo en cada Palabra que la liturgia nos ofrece; uno, completo y concreto para cada uno de nosotros hoy.

Esto lo entendió santa Teresita. Vivió de la Palabra y acogió el envío. Todo lo hizo Dios en ella. De su parte solo estuvo el incluirse en el grupo de los 72, como hoy estamos llamados a incluirnos cada uno de nosotros. Y salir de nuestro territorio existencial. No para colonizar mentalidades ni imponer formas de pensar. Salir de nuestro mundo conocido −del que nos hemos adueñado porque ya dominamos−, con una seguridad: que nos encontraremos con Cristo que va por delante. Esa es la primera misión: convertirnos personalmente. Y dejar a Dios ser Dios. Dejar que nos sorprenda. Predicar que el Reino de Dios está cerca, sí. Pero antes, incluso, descubrir que el Reino de Dios está cerca, incluso cuando no nos acogen, nos rechazan, nos desprecian.

Y a esto estamos invitados todos: casados, religiosos, clérigos, enfermos, monjas de clausura, niños y adolescentes, pecadores todos. Esta es nuestra misión: convertirnos para descubrir en cada acontecimiento, cada persona y en nosotros mismos cómo está Dios presente y predicar esta buena noticia: que no estamos solos. No hay condición que nos excluya, ni requisitos previos que nos puedan excusar.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.
Monasterio de Santo Domingo (Caleruega)

Soy misionera por naturaleza y contemplativa por vocación. Nací en Lima (Perú) ya que mis padres y hermanos habían sido enviados como familia en misión, y crecí en Madrid, donde dejé los estudios de Matemáticas para seguir mi llamada a la vida monástica. Conjugo contemplación y predicación a través de la escritura, con libros como Domingo de Guzmán. Entre el silencio y la Palabra (2021) y ¡Yo quiero! Pasión de Catalina de Siena (2025). Desde el silencio y el ritmo del monasterio intento traducir al lenguaje y circunstancias de nuestro mundo actual la riqueza de la espiritualidad cristiana y dominicana que me rodea.


29/9/26

EVANGELIO MIERCOLES 30-09-2026 SAN LUCAS 57-62 XXVI SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

                  Palabra del Señor

REFLEXION

La experiencia del seguimiento de Cristo pasa por la aceptación de las condiciones que se derivan de su modo de vivir y actuar. Las encontramos en el pasaje del evangelio de San Lucas hoy proclamado. Ante la decida determinación de uno que le dice: “Te seguiré adondequiera que vayas”, la respuesta de Jesús señala el radicalismo que su seguimiento encierra: despojarse de todo y no tener nada propio. Las zorras tienen madrigueras y las aves nidos. El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. No tiene nada propio, de todo se ha despojado. Todo lo tiene en común. Si se quiere ir con él, ese es el modelo de seguimiento.

Ante la llamada del Señor nada se puede anteponer. La respuesta al “Sígueme”, no admite condiciones. A la súplica del llamado “Te seguiré, Señor. Pero déjame ir a enterrar a mi padre, Jesús le señala la prioridad del anuncio del reino de Dios. Todo queda subordinado a la misión encomendada. Así aparece en la respuesta del Señor: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios”. Este anuncio lo impregna todo y todo se torna novedad. El reino es signo de vida y la vida ilumina el sentido de la muerte.

Todavía un tercero le dice a Jesús: “Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa”. Recuerda el llamado de Elías a Eliseo. Cuando el profeta le echa el manto por encima, signo del llamado a seguirle, Eliseo le dice, que le permita ir a despedirse de los suyos. Elías se lo permite. En este caso, Jesús le replica con una exigencia clarificadora: “Nadie que pone la mano en arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios”. La mirada debe estar puesta en Jesús, para que, atendiendo a la prioridad del anuncio del Reino, todo esté relacionado con Él. La indeterminación o las concesiones, más estorban el seguimiento del Señor y la misión, que lo favorecen. 

¿Cómo es mi respuesta a la llamada y la misión en el momento presente? ¿Vivo mirando para atrás?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

Soy fraile dominico, nacido en Almería en 1950. Tras graduarme como Delineante Industrial, ingresé en la Orden de Predicadores en 1967 y fui ordenado sacerdote en 1974. He desarrollado mi labor pastoral y formativa en España y Venezuela, como maestro de novicios, prior en varias comunidades, profesor de teología y director espiritual. También he trabajado en la Pastoral Familiar y acompañado a jóvenes y laicos dominicanos. Actualmente soy párroco en Santa Escolástica de Granada. Me apasiona la investigación histórica, he participado en congresos y publicado varios trabajos y formo parte del Instituto de Estudios Almerienses.

28/9/26

EVANGELIO MARTES 29-09-2026 SAN JUAN 1, 47-51 XXVI SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

REFLEXION

Es la pregunta de un Natanael sorprendido porque Jesús lo conozca. Siempre nos sorprende Dios abriéndonos los ojos y llamándonos por nuestro nombre. Él nos conoce sin duda alguna; conoce cuando dormimos y cuando despertamos, sabe cuándo vamos y cuando venimos; nuestros pensamientos más ocultos, son para Él más luminosos que el propio día.

Natanael, posiblemente conocido con Bartolomé después, está debajo de la higuera, posiblemente era su lugar de oración, de retiro discreto donde entregarse a un diálogo vivo e intenso con Dios. Es posiblemente un seguimiento, antes de conocerlo, de aquel consejo que Jesús nos ha dado: “Cuando ores, retírate a lo discreto, a la sombra, y allí establece el diálogo con el Padre, que ve todo lo oculto y escucha el silencio”.

No pocas veces creemos orar, cuando lo que hacemos es rezar oraciones “de otro”, que no salen de nuestro corazón. Orar se deriva del griego “oraoo” que no significa recitar palabras, sino ver, mirar, contemplar, comprender y, también dialogar con la mente y el corazón abiertos a la escucha del mensaje que Dios, sin duda, nos va a dar. De nosotros depende oír, escuchar, lo que Dios nos quiere decir. Eso es orar, no enterrar a Dios con palabras, puede que muy bellas, pero que si no salen del alma no significan nada.

Seamos como Natanael: personas orantes a la sombra de la higuera, prestos a escuchar el mensaje que nos vendrá de Dios, tal vez en forma de silencio, pero siempre límpido y provechoso, de forma que podamos desnudar nuestro corazón y decir también nosotros: “Rabí, tu eres el hijo de Dios”, y escuchar que Jesús nos dice, -enlazando con el apocalipsis de Daniel-, que veremos el cielo abierto y miríadas de ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo de Hombre. Y siempre podremos decir, como el Salmo 137:

Canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

D. Félix García Sevillano O.P.

D. Félix García Sevillano O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)

Nací en 1946 y estudié en el Colegio Arzobispal “García Morente” de Madrid. Estuve en el Ejército y tengo estudios en Geografía en Historia y en derecho y psicología. Me he casado y tengo 4 hijos. Entro en relación con la Orden Dominica hacia 1990, colaborando en la creación del albergue para transeúntes y de la Fraternidad Seglar al abrigo del Monasterio de Monjas Contemplativas de Nuestra Señora de Valdeflores, en Viveiro. Colaboro en la edición de la hoja dominical que sale cada semana y apoyo a varios párrocos de la diócesis en charlas, celebraciones y otras actividades.

27/9/26

EVANGELIO LUNES 28-09-2026 SAN LUCAS 46-50 XXVI SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».

Jesús le respondió:
«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

REFLEXION

Los discípulos de Jesús en los comienzos de la vida pública del Señor, con sus preguntas, actitudes y aspiraciones abrieron siempre una senda que servirá a los creyentes en su aprendizaje, tanto si acertaban en la asimilación de la doctrina del Maestro, como si erraban y merecieran una rectificación. Esto último es lo que nos sirve hoy.

Pensaban que en el reino de Dios tenía que haber unos destinados a servir y otros beneficiarios de la servidumbre de los demás. Lo que les cabía en la cabeza era que hubiera una escala de poder, de importancia, de prestigio para acaparar la sumisión de los empleados. Pero la respuesta de Jesús frente a los que discutían sobre quién era el más importante entre ellos se plasmó en una escena bien gráfica: la de un niño que colocó y quiso resaltar en él su pequeñez, menudencia, y todavía insignificancia en la sociedad.

En el reino de los cielos hay cabida para los servidores, aunque sirvan al que tenga el menor relieve. Ahora bien, la asistencia que reclama a la totalidad de las personas ha de ser consciente de que en el otro se acoge al mismo Cristo y en Cristo al que le ha enviado, es decir, a Dios.

En otras palabras, el más importante en el reino de los cielos será el que con mayor grado de caridad haya amado en la tierra a Dios y a sus semejantes, aunque sean «tan pequeños» como los niños.

Fray Vito T. Gómez García O.P.

Fray Vito T. Gómez García O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

Soy fraile dominico y me he especializado en teología e historia de la Iglesia. He sido docente en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia y he impartido cursillos, ejercicios espirituales y conferencias en diferentes países de Latinoamérica, Filipinas e Italia. Durante doce años fuí postulador de las causas de canonización de la Orden de Predicadores. Aunque estoy destinado en el convento de Santo Tomás, Sevilla, actualmente presto servicio en el convento de Santo Domingo, Torrente – Valencia. He nacido en las inmediaciones de los Picos de Europa (León), y siempre me ha gustado subir montañas, especialmente en León y Cataluña.

26/9/26

DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE 2026 VIGESIMO SEXTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 





Nuestra historia cristiana, en estos veintiún siglos, está llena de palabras muy hermosas y sistemas doctrinales monumentales, recogiendo el pensamiento cristiano con gran hondura, pero la verdadera fe, hoy y siempre, la viven aquellas personas que saben traducir el evangelio en las obras cada día.

El problema está en si el evangelio que hemos recibido de Jesús responde a nuestro compromiso o se queda solo en las palabras bonitas y profundas.

Porque cuántas veces nos admiramos de esas palabras evangélicas, en quien “habla con autoridad…” pero Jesús no nos dice esas palabras para que le admiremos, sino para que las cumplamos, aunque sea como el primero de los hermanos de la parábola de hoy o como el hijo pródigo…

En definitiva, debemos hacer realidad ese dicho tan repetido, pero hoy al filo del evangelio: obras son amores y no buenas razones.

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

LECTURAS DOMINGO 27-09-2026 XXVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Esto dice el Señor:
«Insistís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.
Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

                     Palabra del Señor

Salmo

Salmo 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 R/. Recuerda, Señor, tu ternura

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:
Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
El cual, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
al contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

                    Palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Ezequiel 18,25-28 - Solidaridad, pero también responsabilidad personal

 La Iª Lectura se enmarca en un conjunto de profeta Ezequiel, que expresa uno de los puntos álgidos de su teología después de la catástrofe del destierro de Babilonia (587 a. C.). Se ha dicho, con razón, que en el pensamiento de este profeta hay un antes y un después de esa fecha fatídica para Israel. En lo que respecta al después, cuando el pueblo estaba destruido y todos pensaban que esa situación era la consecuencia de cómo el pueblo había actuado frente a Dios, el profeta entiende que en el futuro no se podrá hablar exclusivamente de responsabilidad colectiva donde casi nadie se siente culpable. Por ello, aquí estamos ante la teología de la responsabilidad personal, donde cada uno da cuenta a Dios de sus obras.

 Todo el c. 18, como 33,12-20, está en esa línea, que es un progreso con respecto a la moral anterior, según aquello de que no pueden "pagar justos por pecadores". Es verdad que siempre existe una responsabilidad colectiva y solidaria, y también hay que contar con una «situación» social de injusticia y maldad que a unos afecta más que a otros. Pero la responsabilidad personal muestra que Dios nos ha hecho libres para decidir moralmente. Es verdad que la situación de la catástrofe del destierro de Babilonia fue responsabilidad de los antepasados, de los que no quisieron escuchar la palabra de Dios por medio de los profetas. Hay que asumir esa historia pasada con todas sus consecuencias de solidaridad. Pero mirando al presente, también cada uno de los que escuchan a Ezequiel tiene que meterse la mano en el corazón: ahora se agudiza la responsabilidad personal. El futuro se construye desde esa opción personal para abrirse a Dios.

II.ª Lectura: Filipenses 2,1-11 - El abajamiento "humaniza" al Señor

 Después de una exhortación a la intimidad, Pablo, propone a la comunidad de Filipos el ejemplo del Señor, de Cristo, quien ha renunciado a su categoría para hacerse como uno de nosotros, llegando hasta la misma muerte. Con toda probabilidad, este «himno» a los Filipenses (vv. 5-11), Pablo lo ha tomado de una liturgia primitiva que podría cantarse en Éfeso, desde donde escribe la carta. Ésta es la impresión que produce, entre otras cosas, por su estructura, por su ritmo, aunque él mismo le ha puesto un sello personal con el que se evoca la muerte en la cruz de Cristo, ya que en la cruz es donde se revela de verdad el Señor de los cristiano: porque sabe dar su vida por nosotros. Eso no lo hace ningún señor, ningún dios de este mundo. En ese Señor es donde debe mirarse la comunidad como en un espejo.

 Haría falta todo el espacio del que se dispone y mucho más para poder entrar de lleno en el "himno" de Filipenses. Porque la IIª Lectura de hoy es una de las joyas del Nuevo Testamento. Solamente podemos asomarnos brevemente al contraste que quieren trazar estas dos estrofas fundamentales de que se compone esta pieza literaria y teológica: abajamiento y exaltación. La primera nos muestra cómo el Señor inicia un itinerario que muchos viven en su humanidad, en su indignidad, en su nada. Él ha emprendido ese destino también, como una opción irrenunciable, ¿por qué? Nunca se explicará suficientemente por el texto mismo, aunque usemos la palabra más adecuada: su solidaridad con la humanidad sufriente; por eso se despojada de sus derechos.

 El camino contrario, el que muchos quieren recorrer sin haber vivido y experimentado el primero, es en el himno un misterio de gratuidad y de donación. Dios no puede querer la indignidad y la nada de su suyos. Y hablando en términos de alta cristología, no puede querer que su Hijo (y sus hijos) sea presa de lo más inhumano que existe en la historia. "Por eso" se le dio un nombre, una dignidad que está por encima de toda dignidad terrena. No como la de los "hombres divinizados", que sin solidaridad y sin padecer ni sufrir quieren ser adorados como dioses. Esos están llenos de una auto estima patológica que los aleja de los hombres. Son insolidarios y no tienen corazón.

 El himno, pues, pone de manifiesto la fuerza de la fe con que los primeros cristianos se expresaban en la liturgia y que Pablo recoge para las generaciones futuras como evangelio vivo del proceso de Dios, de Cristo, el Hijo: El que quiso compartir con nosotros la vida; es más, el que quiso llegar más allá de nuestra propia debilidad, hasta la debilidad de la muerte en cruz (añadiría Pablo), que es la muerte más escandalosa de la historia de la humanidad, para que quedara patente que nuestro Dios, al acompañarnos, no lo hace estéticamente, sino radicalmente. No es hoy el día de profundizar en este texto inaudito de Pablo. La Pasión de Mateo debe servir de referencia de cómo el Hijo llegó hasta el final: la muerte en la cruz.

 El himno propiamente dicho (vv.6-11), tiene dos partes. La primera subraya la auto humillación de Cristo que, siendo de condición divina, se convierte en esclavo. La segunda se refiere a la exaltación de Jesús por parte de Dios a la categoría de Señor. Establece, además, una relación de causa a efecto entre humillación y exaltación: «Precisamente por eso» (Flp 2, 9). Y aquí radica la gran paradoja: que quien no destacó en vida por gesta heroica alguna, quien no fue soberano ni tuvo el título de Señor, quien termina sus días crucificado por vil y subversivo a los ojos del Imperio y de su propia religión, es considerado «Señor» y Mesías. Y, paradoja todavía mayor: el anuncio del Mesías crucificado se convierte en el núcleo de la predicación de Pablo y en el centro de la fe cristiana. Esto no podía por menos que chocar a la mentalidad helenista que, en sus cultos, aclamaba a los «señores» que habían tenido una existencia gloriosa. Tenía que sorprender igualmente al mundo judío, para quien el Mesías debía tener una existencia gloriosa, que ciertamente Jesús no tuvo. Por eso, dirá Pablo que el anuncio de un Mesías crucificado es «escándalo para los judíos, locura para los griegos» (1Cor 1, 23).

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 27-09-2026 DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

                         Palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de Mateo (21,28-32), con la parábola del padre y los dos hijos, es provocativo, pero sigue en la misma tónica de los últimos domingos. Se quiere poner de manifiesto que el Reino de Dios acontece en el ámbito de la misericordia, por eso los pecadores pueden preceder a los beatos formalistas de siempre en lo que se refiere a la salvación. Una parábola nos pone en la pista de esta afirmación tan determinada, la de los dos hijos: uno dice que sí y después no va a trabajar a la viña; el otro dice que no, pero después recapacita sobre las palabras de su padre y va a trabajar.

 Lo que cuenta, podríamos decir, son las obras, el compromiso, recordando aquello de no basta decir ¡Señor, Señor!. El acento, pues, se pone sobre el arrepentimiento, e incluso si la parábola se hubiera contado de otra manera, en la que el primero hubiera dicho que sí y hubiera ido a lo que el padre le pedía, no cambiarían mucho las cosas, ya que lo importante para Jesús es llevar a cabo lo que se nos ha pedido. Sabemos, no obstante, que los dos hijos corresponden a dos categorías de personas: las que siempre están hablando de lo religioso, de Dios, de la fe y en el fondo su corazón no cambia, no se inmutan, no se abren a la gracia. Probablemente tienen religión, pero no auténtica fe. Por eso, por ley de contrastes, la parábola está contada con toda intencionalidad y va dirigida, muy especialmente, contra los primeros.

 El acento está, justamente, en aquellos que habiéndose negado a la fe primeramente, se dejan llenar al final por la gracia de Dios, aunque esto sirve para desenmascarar a los que son como el hijo que dice que sí y después hace su propia voluntad, no la del padre. Los verdaderos creyentes y religiosos, aunque sean publicanos y prostitutas, son los que tienen la iniciativa en el Reino de la salvación, porque están más abiertos a la gracia. El evangelio ha escogido dos oficios denigrados y denigrantes (recaudadores de impuestos y prostitutas); pero no olvidemos que el marco de los oyentes también es explícito: los sacerdotes y ancianos, que dirigían al pueblo. Pero para Dios no cuentan los oficios, ni lo que los otros piensen; lo que cuenta es que son capaces de volver, de convertirse.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)