9/8/26

EVANGELIO LUNES 10-08-2026 SAN JUAN 12, 24-26 XIX SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

                         Palabra del Señor

REFLEXION

El texto evangélico está en la línea de lo que indican las lecturas anteriores. La generosidad de san Lorenzo llega a enterrarse, a superar el amor a sí mismo, o mejor a entender que el amor a sí mismo, irrenunciable para toda persona, consiste en perderse él bajo tierra, en lo oculto, para ser fecundo, provechoso para lo demás. Por eso aceptó el martirio.

 No sería inútil su martirio: sería semilla de cristianos. El último servicio que hacía. Él, que como diácono, fue instituido como tal para servir a la comunidad. La sirvió con su generosidad, que llegó hasta ofrecer su vida.

Cuando celebramos uno o varios mártires, no debemos olvidar que s. Pablo VI, en la homilía de canonización de los mártires de Uganda, pedía que por la intercesión de ellos se regenerara la vida civil en el país para que todos fueran libres para profesar su religión. Y es que donde hay mártires, hay verdugos. Y no podemos desear que existan verdugos. 

Fray Juan José de León Lastra O.P.

Fray Juan José de León Lastra O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Soy un sacerdote dominico nacido en Quirós, Asturias. Después de mi paso por la escuela apostólica de Corias continué el proceso de formación institucional hasta el año 1960. Durante veintiocho años he estado dedicado a la enseñanza media en colegios de la Orden. Fui elegido prior provincial de la provincia de España y luego asistente del Maestro de la Orden para España, Portugal e Italia. Después he sido profesor de Antropología, Hecho religioso y Teología espiritual en Santo Domingo (Rep. dominicana) y profesor en las Escuelas de Teología de San Esteban, y Fray Bartolomé de las Casas de Madrid-Atocha. Ahora soy profesor en la Escuela de Teología por Internet, ETI. Amo la montaña y disfruto con la lectura de escritores consagrados.

8/8/26

DOMINGO 09-08-2026 DECIMO NOVENO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 





"¡Ánimo, soy yo, no tengas miedo!". Estas palabras de Jesús constituyen el corazón del Evangelio de hoy y, de algún modo, también el corazón de toda la experiencia cristiana. Son palabras pronunciadas en medio de la noche, cuando los discípulos se encuentran lejos de la orilla, sacudidos por el viento contrario y dominados por el temor. No es casualidad que Jesús se manifieste precisamente en ese momento. Dios suele acercarse a nosotros no cuando todo está en calma, sino cuando sentimos el peso de nuestras fragilidades, cuando la incertidumbre nos desorienta y cuando el miedo amenaza con robarnos la esperanza.

Si somos sinceros, todos conocemos alguna tormenta. A veces es una preocupación familiar, una enfermedad, una pérdida, un fracaso, una decisión difícil o la angustia que sentimos por alguien a quien amamos. Hay momentos en los que, como los discípulos, tenemos la impresión de que el viento sopla en contra y de que nuestras fuerzas no son suficientes para llegar a la otra orilla. Precisamente en esos momentos resuena la palabra del Señor: "Ánimo, soy yo, no tengas miedo".

Esta frase no es simplemente una invitación a tranquilizarnos. Es una promesa de presencia. Jesús no dice: "No pasa nada" o "todo se resolverá pronto". Dice algo mucho más profundo: "Soy yo". Es decir, "estoy contigo". Y esa certeza atraviesa toda la liturgia de hoy. Cada una de las lecturas nos presenta una situación de miedo, de incertidumbre o de sufrimiento, y en todas ellas Dios se hace presente para sostener, consolar y devolver la esperanza a quienes confían en Él.

Fr. Néstor Morales Gutiérrez O.P.

Fr. Néstor Morales Gutiérrez O.P.
Casa Natalicia San Vicente Ferrer (Valencia)

Soy fr. Néstor Morales, fraile dominico de la Provincia de Hispania y sacerdote desde 2021. Nací en Cuba y mi vocación me ha llevado a formarme y vivir entre Cuba, España e Italia. Soy licenciado en Teología y en Psicología, y actualmente curso el Máster en Psicología General Sanitaria. Mi ministerio se desarrolla entre la predicación, el acompañamiento espiritual y la escucha de personas que buscan encontrar sentido, esperanza y una presencia de Dios en medio de las alegrías y desafíos de la vida. Me interesa especialmente el encuentro entre la psicología y la fe, convencido de que las grandes preguntas del corazón humano —el amor, el sufrimiento, la libertad, los vínculos, la pérdida o la búsqueda de sentido— son también lugares donde Dios sale a nuestro encuentro. Como hijo de santo Domingo, procuro unir contemplación y estudio, oración y cercanía a las personas. Disfruto especialmente de la lectura, el arte, los viajes y los espacios de silencio y contemplación, donde sigo aprendiendo a escuchar a Dios y al corazón humano.

LECTURAS DEL DOMINGO 09-08-2026 XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor, que le dijo:
«Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor».

Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.

Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.

                  Palabra del Señor

Salmo

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:
Digo la verdad en Cristo, no miento —mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo—: siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.

                             Palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: 1 Reyes (19,9a.11-13): El Silencio de Dios, siempre es palabra

 Este texto de la experiencia de Elías en el Horeb (que es el Sinaí), es una "historia" religiosa llena de contenidos místicos; probablemente una de las piezas maestras de la religiosidad de la Antigüedad, que nadie ha acertado a explicar en todos sus pormenores literarios y narrativos. El miedo de Elías a la reina Jezabel que quería desplazar a Yahvé por el Baal fenicio subyace en medio de una guerra de religión con todas sus consecuencias. Elías era un yahvista de fondo y forma y no le queda más remedio que el destierro del reino del Norte, de Israel, donde se estaba consumando una catástrofe.

 Elías marcha en busca de Dios, lo busca con toda el alma y todo el corazón, porque el pueblo no quiere oponerse con todas sus fuerzas a la tiranía de la reina. El profeta quiere ir a los orígenes, al Dios del Sinaí, de la Alianza, de los mandamientos. Casi sin fuerzas, se refugia en una cueva lleno de miedo y se le anuncia el "paso" de Yahvé. Porque Dios siempre pasa por la vida de las personas y de los pueblos, pero no lo hace de cualquier forma y manera. También para Elías, un luchador yahvista, es necesaria una purificación.

 Dios no aparecerá como lo esperaba el profeta: primero en un viento fuerte, después en un terremoto y finalmente en el fuego. Pero allí no estaba Dios, dice el texto, con mucha intencionalidad. Esas son expresiones simbólicas con las que se han arropado siempre las manifestaciones divinas en la antigüedad. Es toda una lección que se debe aprender, quizás para dar a entender que Elías no puede luchar con estas mismas armas contra Jezabel y su religión. Son elementos cósmicos, muy artificiales, que han dado de Dios una imagen de temblor y terror.

 ¿Dónde está Dios? En el silencio. La famosa expresión hebrea "qol demaná daqá" ha dado pie a numerosas lecturas e interpretaciones. Hay una voz (qol), pero en el "silencio profundo" o sutil, o imperceptible, como de seda. Y es ahí donde Elías tiene que notar la presencia y la manifestación de Dios, en la brisa de su alma y de su corazón. Ese silencio de noche oscura, que experimentan los místicos y los no místicos, es una presencia sencilla, humana y entrañable de Dios que comparte, de verdad, nuestra existencia.

 Perseguido y angustiado no puede exigir al Dios del Sinaí, de las epifanías cósmicas, que sea como el profeta quiere que sea o como quieren muchos de los suyos. Dios está, se manifiesta, incluso en el infierno de muchas noches y de muchas venganzas, para estar de lado de los que sufren y son malditos por los poderosos. Es verdad que nos gustaría, que le gustaría a todo el mundo, que Dios fuera tan terrible como Jezabel para dar el merecido que algunos se han ganado. Pero en la "voz de un silencio sutil" Dios es más Dios de verdad.

 

IIª Lectura: Romanos (9,1-5): Nuestros hermanos judíos

 Pablo comienza, con este c. 9 de Romanos, uno de los momentos más abrumadores de su carrera apostólica, y lo refleja en el conjunto de Rom 9-11. Hoy se nos lee únicamente lo que podemos llamar el "exordio" de todo ese conjunto. La carta ha dejado bien a las claras su "evangelio" y sus radicalidades: nadie puede salvarse si no es por la fe en Cristo que nos lleva a al amor de Dios. Por tanto, y en definitiva, porque Dios quiere salvarnos en su proyecto amoroso.

 ¿Qué sucederá con su pueblo que todavía espera salvarse por el cumplimiento de la ley? ¿No es acaso el pueblo de las promesas, de los patriarcas, de la Alianza? Sin duda que sí, pero si quiere ser el verdadero pueblo de Dios, tiene que aceptar a Dios verdaderamente. Tiene que cambiar y tiene que aceptar, como dirá más adelante Pablo, que Cristo es el final (telos) de la ley (Rom 10,4). Se trata de una expresión que ha dado mucho que hablar y que se ha usado maliciosamente con sentido “antisionista”.

 Pero la verdad es que ahora sí que no se puede polemizar, con este texto en la mano, que tenemos los cristianos actitudes "antisemitas". Porque Pablo, un judío de verdad, pone las cartas boca arriba. No se trata de un juego, sino de decir la verdad sobre Dios y sobre la salvación. Dios quiere salvar a todos los hombres y no lo hará con privilegios "semitas". Los cristianos nunca podrán olvidar que han conocido al Dios de la salvación por medio de un judío como Jesús de Nazaret. Nunca deben olvidar que ese pueblo ha mantenido la antorcha religiosa por mucho tiempo. Pero es el mismo Dios quien ha decidido otra cosa y esto es muy significativo.

 Pablo plantea la "cuestión judía", al comienzo, con el deseo de ser condenado con tal de que su pueblo acepte a Cristo. ¡Qué más se puede decir! ¡Quiere ser condenado con tal de que sean salvados los suyos! Pero no de cualquier forma y manera. Es verdad que la retórica de sus expresiones asombra, pero en Pablo es todo un sentimiento. También, como Elías, que tuvo que ver a Dios en "la voz del silencio", el pueblo judío está llamado a no "exigirle" a Dios que lo salve, sino a dejarse salvar por amor. Su ley no les garantiza nada, porque Dios no salva por cualquier cosa, sino porque ama. 

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 09-08-2026 SAN MATEO 14, 22-33 XIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

 





Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo:
«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

                        Palabra del Señor

REFLEXION

 Con la lectura de este episodio de Mateo, la "marcha sobre las aguas", se evocan muchas cosas de las experiencias de la resurrección. De hecho es muy fácil entender que este no es simplemente un episodio histórico de la vida de Jesús y los suyos, sino que encierra experiencias pascuales. No hace falta más que poner atención en las expresiones que se usan en esos momentos (cf. Mt 28,5.10; Jn 20,28), incluso en cómo se postran los discípulos ante el Señor resucitado (Mt 28,9.17). Y es que, en la comunidad primitiva, no podía evocarse este momento de la vida de Jesús sino como "Salvador" y "Señor", lo cual sucede especialmente a partir de la resurrección.

 Es significativo que Jesús, después de la multiplicación de los panes, episodio inmediatamente anterior, se retira a solas para orar y entrar en contacto con Dios en una experiencia muy personal y particular, que refleja muy a las claras dónde recibe Jesús esa "fuerza" salvífica. Los discípulos, en la barca, están en sus faenas. Sabemos, se ha dicho frecuentemente, que en el evangelio de Mateo esa barca representa a la comunidad, a la Iglesia, a la que el evangelista quiere trasmitir este mensaje.

 El hecho mismo de que Pedro represente un papel particular en este episodio, también habla de ese misterio de la Iglesia, que necesita la fuerza y el coraje de su Señor. Pedro es en el evangelio de Mateo el primero de ese grupo de los doce, de la Iglesia, que necesita buscar y encontrar al Señor por la fe. Incluso es representado con sus debilidades. Porque la Iglesia en el NT no es el grupo de los perfectos, sino de los que necesitan constantemente fe y salvación.

 "Soy yo, no tengáis miedo", es una palabra salvadora, de resurrección. Ya hemos dicho que este relato está envuelto en ese lenguaje en el que Jesús domina el tiempo y el espacio, las aguas y el fuego si fuera necesario. Es el lenguaje teológico de la resurrección, cuando Jesús es confesado como Señor. Pero de la misma manera que Dios se "manifestó" a Elías en el Horeb. Ante la desesperación de los suyos, no viene en medio del terremoto, sino "caminando" sobre las aguas, que es como decir: "en la serenidad de la noche", en el "silencio" imperceptible y cuando hace falta. 

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

7/8/26

EVANGELIO SABADO 08-08-2026 SAN MATEO 5. 13-19 XVIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

                  Palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de Mateo, hoy, prosigue el sermón de la montaña con dos comparaciones -no llegan a parábolas-, sobre el papel del cristiano en la historia: la sal de la tierra y la luz del mundo. Todos sabemos muy bien para qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma manera, desde las tinieblas, todos conocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Probablemente son de esas expresiones más conocidas del cristianismo y de las más logradas. En los contratos antiguos se usaba la sal como un símbolo de “permanencia”. Ya sabemos que la sal conserva las cosas, los alimentos… y era un signo de la Alianza en el ámbito del judaísmo por ese sentido de la fidelidad de Dios a su pueblo y de lo que Dios pedía al pueblo. Entonces entenderemos muy bien el final de la comparación: “si la sal se vuelve sosa”… hay que tirarla. Pierde su esencia. No olvidemos que esta comparación viene a continuación de las bienaventuranzas y por lo mismo debemos interpretarla a la luz de la fuerza de las mismas. El cristiano que pierde la sal es el que no puede resistir viviendo en la opción de las bienaventuranzas.

 La luz del mundo, y la ciudad en lo alto del monte… tienen también todo su sabor bíblico. Sobre la luz sabemos que hay toda una teología desde la creación… Pero también se usa en sentido religioso y se aplicaba a Jerusalén, la ciudad de la luz, porque era la ciudad del templo, de la presencia de Dios. Por eso “no se puede ocultar una ciudad”… hace referencia, sin duda a estos simbolismos de Jerusalén, de Sión, de la comunidad de la Alianza. El cristiano, pues, que vive de las opciones de las bienaventuranzas no puede vivir esto en una experiencia exclusivamente personal.. Es una interpelación a dar testimonio de esas opciones tan radicales del seguimiento de Jesús, de la fuerza del evangelio.

 Con estos dichos del Señor se quiere rematar adecuadamente el tema de las bienaventuranzas. Efectivamente, esto que leemos hoy debemos ponerlo en relación directa, no solamente con el estilo literario de las bienaventuranzas, sino más profundamente aún con su teología. El Reino de Dios tiene que ser proclamado y vivido y el Sermón de la Montaña es una llamada global a llevarlo a la práctica. De la misma manera que la Alianza fue sellada en el Sinaí, después el pueblo está llamado a vivirla en fidelidad. La nueva comunidad que tiene su identidad de estas palabras del Sermón tiene que iluminar como una nueva Jerusalén, como una espléndida Sión. Ella misma es el templo vivo de la presencia de Dios, luz de luz. Y la comunidad, y el cristiano personalmente, deben estar en lo alto del monte, de la vida, de la historia, de los conflictos, de las catástrofes, no solamente para mostrar su fidelidad, sino para iluminar a toda la humanidad. Como los profetas soñaban de Sión.

 Los que han hecho las opciones por el mundo de las bienaventuranzas han hecho una elección manifiesta: ser sal de la tierra y luz del mundo. Esto quiere decir sencilla y llanamente que las bienaventuranzas no es para vivirlas en interioridades secretas, sino que hay que comprometerse en una misión: la de anunciar al mundo, a todos los hombres, eso que se ha descubierto en las claves del Reino de Dios. Las bienaventuranzas, son un compromiso, una praxis, que debe testimoniarse. No puede ser de otra manera para quien se ha identificado con los pobres, con la justicia, con la paz. Eso no puede quedar en el secreto del corazón, sino que debe llevarnos a anunciarlo y a luchar por ello. Porque esto de ser sal de la tierra y luz del mundo se ha usado muchos para “santos” especiales; pero no deja de ser un despropósito… es sencilla y llanamente la identificación de la verdadera vocación cristiana. Todo cristiano está llamado a ser la sal de la tierra y la luz del mundo… aunque no llegue a esa santidad desproporcionada.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

6/8/26

EVANGELIO VIERNES 07-08-2026 SAN MATEO 16, 24-28 XVIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

                         Palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio nos sitúa inmediatamente después del anuncio de la pasión. Los discípulos empiezan a comprender que seguir a Jesús no significa buscar privilegios ni ocupar los primeros puestos. El camino del Maestro pasa por la entrega y el servicio.

Por eso Jesús pronuncia unas palabras que siguen resultando desconcertantes: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga». No es una invitación al sufrimiento por el sufrimiento, ni una exaltación del sacrificio vacío. Jesús habla de la capacidad de salir de uno mismo para amar más y mejor.

Vivimos en una cultura que con frecuencia identifica la felicidad con acumular, poseer, controlar o asegurar. Jesús propone una lógica distinta. Quien intenta salvar su vida encerrándose en sí mismo termina perdiéndola. Quien la entrega, quien la comparte, quien la pone al servicio de los demás descubre una plenitud inesperada.

La paradoja del Evangelio es profundamente verdadera. Las personas más felices suelen ser aquellas que han aprendido a darse, que viven trabajando la humildad. Los padres que se desgastan por sus hijos, quienes cuidan a un enfermo, quienes acompañan a los que sufren, quienes entregan tiempo y corazón sin esperar recompensa. Pierden algo de sí mismos, pero encuentran una vida más grande.

Jesús va aún más lejos cuando pregunta: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma?». Es una pregunta que atraviesa los siglos. Podemos tener éxito, reconocimiento o seguridades, pero si perdemos nuestra capacidad de amar, de confiar y de vivir en verdad, ¿qué hemos ganado realmente?

El Evangelio de hoy nos invita a revisar nuestras prioridades. La cruz que Jesús propone no es una carga añadida, sino la consecuencia de amar en serio. Quien ama siempre arriesga algo de sí mismo. Pero precisamente ahí, en esa entrega cotidiana y silenciosa, se encuentra el secreto de la verdadera vida. 

¿Qué significa hoy para mí «perder la vida» por Cristo y por el Evangelio? ¿Qué seguridades me cuesta soltar para vivir con mayor libertad y confianza?

Sor Gemma Morató i Sendra

Sor Gemma Morató i Sendra
Dominica de la Presentación

Soy Dominica de la Presentación, de Barcelona, y me dedico especialmente a la comunicación, la educación y el acompañamiento a la vida religiosa a través de charlas, talleres y ejercicios espirituales. Doctora en Humanidades, teóloga y periodista, he destinado gran parte de mi vida a la enseñanza universitaria, la reflexión teológica y la predicación. Mi trayectoria combina una amplia experiencia en comunicación, docencia e investigación, siempre desde una mirada abierta, humanista y crítica. Imparto asignaturas de comunicación, moral, pastoral y vida religiosa en distintas universidades. También coordino y dirijo proyectos pastorales de diferente índole, como el Proyecto María, Reina de la Paz en Barcelona, y desarrollo la presencia digital de mi Congregación a nivel internacional.

5/8/26

EVANGELO JUEVES 06-08-2026 SAN MATEO 17 1-9 XVIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

                                Palabra del Señor

REFLEXION

Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplan la divinidad de Jesucristo, no aciertan a descubrir qué es lo que está pasando, será más tarde, “cuando el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”, cuando comprendan el abismo de generosidad que ha tenido el Padre al manifestar a su Hijo.

De momento, sólo pueden caer de bruces, llenos de espanto, al escuchar la voz del Padre. Sin embargo, Jesucristo, se acerca, les toca y les dice “no temáis”. El velo del templo se ha rasgado de arriba abajo, porque sólo Dios podía hacer una revelación así, porque Él toma siempre la iniciativa, a nosotros nos toca responder con amor al Amor generoso de Dios. Cristo ha traspasado el velo con su muerte y resurrección, y nos ha dado la capacidad de mirar al cielo, y poder contemplar el rostro de Dios, como dice también la lectura: “al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús”.

Como dice San Juan Damasceno comentando este texto: “hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad. Las cosas humanas pasan a ser las de Dios y las divinas las de los hombres”. 

¿Has sentido en tu vida que Jesús te toca para expulsar el temor? ¿Cómo respondes a los gestos de amor que Dios tiene contigo cada día? 

También hoy es el día del tránsito al cielo de Santo Domingo de Guzmán, se cumplen 805 años de su transfiguración; es el momento en que, antes de morir, “alzando los ojos al cielo, Domingo dijo: ¡Padre Santo!, Tú sabes que he perseverado con gusto en tu voluntad, y he guardado y conservado a los que me confiaste; también ahora yo los confío a Ti. ¡Consérvalos y guárdalos!”.

Que Santo Domingo nos ayude a alzar la mirada siempre a Jesús y a perseverar en Su Voluntad.

Sor Inmaculada López Miró O.P.

Sor Inmaculada López Miró O.P.
Monasterio de Santa Ana (Murcia)

Soy dominica contemplativa del monasterio de Santa Ana de Murcia. A los 17 años, mientras vivía mi fe en las comunidades neocatecumenales, peregriné a Santiago de Compostela para la JMJ de 1989 y allí el Señor me mostró la vocación contemplativa. Conocí primero la vida de las monjas trapenses, pero poco después me cautivó la alegría y la riqueza en la liturgia de mi comunidad Dominicana, donde entré con 18 años abandonando los estudios de veterinaria. Me encanta la música, el cine, y la naturaleza. En mi vida de fe, profundizar en la Palabra de Dios por medio de la lectio divina y la liturgia, constituye mi alimento y mi alegría. Hacer de mi vida una predicación viva construyendo comunidad, es la mejor manera de actualizar el carisma de Domingo de Guzmán.

4/8/26

EVANGELIO MIERCOLES 05-08-2026 SAN MATEO 15, 21-28 XVIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».

Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

                       Palabra del Señor

REFLEXION

Ella se postró delante de Jesús y solo una expresión llena de dolor y esperanza brotó en su corazón de madre: Señor, ayúdame. ¡Cuántas veces también nosotros necesitamos postrarnos delante del Señor! en silencio, solo esperando una respuesta que aliente nuestra paz y fortalezca nuestra confianza en El.

Ante las palabras del Señor, aquella mujer, cananea, no se vino abajo, permaneció fiel, fiel a su condición de madre, fiel a su condición de pagana creyente. Sabía y había puesto su confianza en aquel hombre que venía de otro país, de otra tierra.

De alguna manera, la fe de esta mujer es una prueba cierta y verdadera de que las “migajas” de Dios llenan toda la tierra. Todo hombre, toda mujer solo por esa condición, que nos hace  hijos e hijas de Dios, llevamos en nosotros el germen de una fe que no conoce divisiones ni fronteras. La luz de Dios envuelve a toda la humanidad porque Dios ha sembrado de fe todos los surcos de la tierra.

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

3/8/26

EVANGELIO MARTES 04-08-2026 SAN MATEO 15, 1-2, 13-14 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo:
«Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Se acercaron los discípulos y le dijeron:
«¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
Respondió él:
«La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

                                Palabra del Señor

REFLEXION

En este curso académico he podido compartir, con un buen alumno de máster, sus problemas de visión. Mantiene un resto visual del cinco por ciento y ha aprendido a desenvolverse de manera muy hábil. Admirable. Hablábamos de la importancia de la atención a la diversidad en educación. La discapacidad forma parte de la diversidad, aunque en el Evangelio de hoy, san Marcos se refiere a otra cosa. No se trata del ciego de Siloé ni de Bartimeo, el ciego de Jericó, sino del que no quiere ver. 

Hablábamos, mi alumno y yo, de que le es más fácil al ambliope diagnosticado actuar de manera lúcida, consciente de su hándicap, que a cualquiera de los que no estamos diagnosticados, aunque no estemos libres de limitaciones discapacitantes. Creo que, a estos, a nosotros, se refiere el Evangelio.

Qué peligroso es creer que nuestras observancias son las que nos mantienen a salvo, dentro de ese selecto grupo de privilegiados que cumplen con el precepto dominical y rezan el rosario, apartados de los peligros del mundo, encerrados en nuestras propias garantías de las que dan cuenta los rigurosos cumplimientos.

Si nos miramos por dentro vemos que no somos impecables, que hemos consentido el mal debilitados por la tentación de nuestras sucesivas aproximaciones a él o seducidos por las ventajas de sus engañosas promesas. Cuando hemos consentido el mal ya opera desde nuestro interior, aunque nos mantengamos, no sin impostura, apartados de la contaminación del mundo.

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Murcia)

Soy laica dominica con promesa definitiva desde hace más de dos lustros. Soy viuda y madre de un hijo maravilloso y estoy licenciada en Filosofía y Doctora en Pedagogía. Ejerzo como profesora universitaria especializada en formación docente en enseñanzas regladas. Mi profesión y mi vocación conforman una unidad. El estudio es mi tarea y a él me entrego con alegría y mucha gratitud. También acompaño a personas con problemas de adicciones que me han mostrado rostros humanos desfigurados en los que aprender a reconocer el amor con el que han sido amados.