23/6/26

MIERCOLES 24 DE JUNIO : NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

 





La fiesta del nacimiento de Juan el Bautista coincide, más o menos, con el solsticio de verano. Muchas tradiciones y muchos ritos anteriores al cristianismo parecen darse cita para celebrar en este día el gozo de la luz y la fuerza y exhuberancia de la vida. La fe cristiana ha sustituido esas celebraciones paganas con el recuerdo de aquel que anunc

Anunciación a Zacarías

Juan nace de un matrimonio anciano, que sin duda había anhelado siempre el don imposible de un hijo. Ésa es su familia. La esposa, descendiente de Aarón, se llama Isabel y se dedica a sus labores del hogar. Isabel es estéril, como tantas mujeres que habían dado vida a los grandes héroes de Israel. Su esterilidad subraya, como antaño, la presencia poderosa de Dios que cambia el rumbo de la historia cuando quiere. Así que Isabel vive la alegría de una maternidad inesperada. Y el nacimiento de un niño que es causa de sorpresa para todos. […]

El nacimiento del niño está rodeado por un halo de misterio. Su padre está un día en el templo, ejerciendo el servicio sacerdotal, tal como le correspondía por turno a su grupo. Entra en el santuario a ofrecer el incienso y se encuentra con el ángel del Señor. Entra a cumplir el rito y se encuentra con el mismísimo Dios de las promesas. El temor y el gozo se suceden en el breve diálogo inicial. El ángel del Señor anuncia el nacimiento de un hijo, al que el sacerdote habrá de poner el nombre de Juan.

El sorprendido sacerdote no puede creer lo que oye. Su edad y la de su esposa son un inconveniente aparentemente insuperable. El ángel le anuncia una mudez que es al mismo tiempo un signo de la veracidad de sus palabras, un castigo transitorio por la increencia de Zacarías y, sobre todo, una señal de que la promesa se habrá de cumplir a su tiempo (Lc. 1, 19-20). Y la promesa se cumple, en efecto. Pocos días después, los esposos se dan cuenta de que Isabel espera un hijo. Es más, esa nueva vida es también la señal para su pariente María, que en la distancia, recibe seis meses después el mensaje de su propia sorprendente maternidad.

María se pone en camino para visitar a su pariente Isabel. Recorre las montañas de Judea haciendo suyos los caminos por los que en otro tiempo había pasado el arca de la alianza del Señor. Al encuentro de aquellas dos madres, el hijo de Isabel salta de gozo en el seno de Isabel (Le 1, 44). Sin duda, el evangelista ha querido preanunciar la que ha de ser su misión. Él habrá de reconocer la presencia del Mesías que llega a su pueblo, trayendo la salvación, la paz y la alegría para todos.

El nacimiento del Profeta

Se cumplieron los tiempos y nació el niño anunciado por el ángel. El Evangelio subraya explícitamente que su nacimiento llena de alegría a sus padres y del temor de Dios a sus vecinos. Son las dos reacciones típicas ante la presencia del misterio en la vida de los hombres: el temblor y la fascinación.

Con motivo de la ceremonia de la circuncisión solía imponerse el nombre al recién nacido. En esta ocasión, surge una breve disputa sobre el nombre que se ha de imponer al niño. Las gentes pretenden que se llame Zacarías, corno su padre. Pero éste parece haber tenido tiempo y silencio suficientes para meditar sobre los proyectos de Dios. Zacarías es cribe en una tablilla: Juan es su nombre.'. Y en ese momento se desata su lengua dormida. […]

La lengua de Zacarías no se desata para explicar su mudez, ni para manifestar su alegría y la fortuna alcanzada por su casa, sino para proclamar las maravillas de Dios. Para ello proclama una «berakhá», una de aquellas bendiciones a Dios que caracterizaban la oración de Israel. Y lleno del Espritu Santo profetiza: -Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de David su siervo. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para anunciar a su pueblo la salvación, por medio del perdón de los pecados» (Lc 1, 68-69.76-77).

Juan irá delante del Señor. La contraposición evoca una cuestión importante que nos remite a unos años posteriores. El evangelista conoce sin duda la existencia de un grupo de discípulos de Juan, que encontramos varias veces en los escritos del Nuevo Testamento (Hch 18, 24-19, 7). En algún momento ha debido de subsistir entre las primeras comunidades cristianas la duda sobre la legitimidad de las pretensiones mesiánicas de un maestro o el otro, de un profeta o el otro. El evangelista Lucas, ya desde este momento inicial, quiere dejar bien claras las diferencias. Juan no es el Mesías: es su precursor y mensajero. Nada más y nada menos. Así lo proclama su padre el día de la circuncisión.
De su infancia no se nos ofrece más que una pincelada más bien estereotipada, que, a la vez, resume los años de su crecimiento y nos asoma a la misión que habría de asumir: «El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1, 80).

La Predicación en el desierto

El desierto no sería sólo su escenario. Era el ambiente de su vida y el signo mismo de su misión. Allí había aparecido de pronto nadie sabía cómo ni de dónde. Se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Eso decían las gentes. Y ese detalle ha sido transmitido por los textos evangélicos. Era una forma de aludir al género de vida que había elegido.[…]
Juan era un hombre piadoso, coherente y sincero. Y muchos acudieron a él. Tanto los Evangelios como Flavio Josefo subrayan que era visto con respeto por los judíos. Muchos estaban insatisfechos de la situación social, política y religiosa de su pueblo y aguardaban la manifestación de Dios y de su Mesías. Esperaban una liberación de la que sólo Dios podía tener la iniciativa.

La liberación no consistía ahora en escapar del lugar de la esclavitud. Significaba, más bien, abandonar un estilo de vida. Era una «conversión», Un cambio de actitudes: dar los frutos que pedía la conversión, la «teshuvá», o retorno a Dios, que habían predicado siempre los profetas. Y eso es lo que pedía Juan.

La conversión venía motivada por la escucha de la palabra del profeta, se celebraba con el rito que la significaba y se manifestaba en el cambio de vida que la ratificaba. El rito, es decir, el bautismo en el Jordán, significaba que Dios estaba dispuesto a elegir un pueblo nuevo precisamente allí donde el pueblo de Israel había entrado en la tierra prometida. Y el cambio de vida era la exigencia lógica de aquella elección divina. Por tres veces se nos repite la pregunta típica de la conversión, puesta en labios de los oyentes de Juan: «Qué tenemos que hacer?» (Lc 3, 10.12.14). Una pregunta que, más tarde, dirigirán a Jesús un maestro cíe la Ley (Le 10, 25) y un hombre importante (Le 18, 18), que parece identificarse con el joven rico. Una pregunta que se repetirá tres veces en los Hechos de los Apóstoles, obteniendo una respuesta en la que siempre se incluye el bautismo (Hch 2, 37; 16, 30; 22, 10). […]

En el discurso de Juan se anticipan las exigencias de Jesús Y la respuesta de algunos seguidores paradigmáticos, como Zaqueo, que entregarán la mitad de sus bienes a los pobres (Le 19, 8). El discurso de Juan no trataba de cambiar el sistema. Al menos a corto plazo. Pero trataba de cambiar las conciencias. Seguramente este cambio habría de desembocar en el otro.

Juán y Jesús

Así pues, Juan no era el Mesías. Era su precursor y su siervo. Los rabinos decían que un discípulo ha de hacer por su maestro todo lo que un esclavo hace por su dueño, excepto quitarle el calzado. Sería rebajarse demasiado, Pero Juan ni siquiera se considera digno de desatar las sandalias del que viene detrás de él (Jn 1, 19-27). Él anuncia al que ha de venir. Al que no bautiza con agua, sino con viento: es decir, con el Espíritu. El que ha de venir trae en su mano el horcón para aventar en la era las mieses ya trilladas. Él ha de separar la paja del grano. Él realizará el juicio sobre lo aceptable y 10 desechable. Él será el Señor y el Juez. […]

Un día llegó Jesús hasta la ribera del Jordán, parecía uno más entre la multitud. Es como si tratase de pasar inadvertido entre la multitud. Pero Juan, el predicador exaltado y peligroso que denunciaba la corrupción, lo vió llegar a las orillas del río. Lo reconoció entre las gentes del pueblo que olían a ajo, corno decían los fariseos. Y lo señaló a gritos para que todos se enteraran de que ya nada podría seguir siendo igual: «Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo., (In 1, 29).

Aquella bajada al Jordán era todo un signo. Jesús se acercó al Jordán como se había acercado Josué, es decir, como el guía que conduce a su pueblo al país de la libertad. Jesús bajó al Jordán, como había bajado Elías, el defensor de la unicidad y el señorío de Dios en una época de crisis religiosa y de apostasía global. Jesús caminó hasta el Jordán, como había hecho Eliseo, al recibir el espíritu profético, para proclamar la verdad y practicar la misericordia. Jesús se sumergió en el Jordan, como se había sumergido Naamán, el leproso, para hacerse solidario de todos los dolores de la humanidad.

Juan lo reconoció como el «cordero de Dios» (Jn 1, 29). Era aquélla una expresión que resultaba rica de contenido y de evocación. Jesús recordaba la aventura de un pueblo nómada y pastoril que había guiado sus corderos por las cañadas del desierto. Jesús evocaba el cordero de la Pascua, signo de la piedad de su pueblo y del sacrificio que sellaba la alianza con su Dios. Él era la imagen más nítida de la liberación y de la fiesta. Jesús era sin duda el cordero llevado al matadero, como repetía el cuarto «Cántico del Siervo de Yahvé. Él era el que se ofrecía por la salvación de los suyos y aun de todo el mundo.

Pero Juan dijo todavía algo más. Aquel hombre, cordero y servidor, venía a quitar el pecado del mundo. Ése era el sueño y el ideal de todos los grandes profetas de antaño. El reino de Dios habría cíe ser un reino de santidad.
Un momento antes del bautismo de Jesús, el Evangelio de San Mateo transcribe un breve diálogo entre los dos. Juan parece resistirse: él es quien debía de ser bautizado por Jesús. Pero éste le dice, con una frase un tanto misteriosa, que ambos han de cumplir «toda justicia' (cf. Mt 3, 13-15). Tanto Juan como Jesús hacen suya la voluntad de Dios. Por ellos pasa la historia de la salvación.

El mártir

Juan era tan sólo una voz. Pero una voz que inquietaba y despertaba a los espíritus dormidos. Una voz profética que anunciaba y denunciaba.

Un profeta como Juan no podía morir en una tranquila ancianidad. Pronto habría de ser encarcelado por orden de Herodes. Pero ese episodio martirial lo celebramos en otro día de fiesta, que la Iglesia ha señalado para el 29 de agosto.

José Román Flecha Andrés

Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),

EVANGELIO MIERCOLES 24-06-2026 XII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre» Y todos se quedaron maravillados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?».

Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

                  Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio nos narra su nacimiento; y llama la atención la claridad que Isabel y Zacarías tenían de que su hijo era de Dios y tenía una misión más allá que la de ser el primogénito.

Mucho antes de que su palabra resonara en el desierto, Juan era precursor de Nuestro Señor. Su presencia en el mundo es fruto de un designio de Dios que quiso vencer la esterilidad y la avanzada edad, regalando vida.

La imposición del nombre era como la inscripción del infante en el catálogo de los hijos de Israel. Es Isabel la que se opone a que se le llame con el nombre de su esposo dócil a lo revelado por el ángel, procuró su cumplimiento. Pero no sólo ella sino su esposo ratificaron el plan de salvación: Juan es su nombre.

El nombre era todo un símbolo. El Precursor del Mesías se llamaría con un nombre que hablaría de la gracia de Dios, como para insinuar que la ley de gracia iba a empezar y que la plenitud de Jesucristo, lleno de gracia y de verdad, la recibirán los hombres.

El nombre de Juan se interpreta "Dios ha hecho gracia". La clave del pasaje está en la última frase. Todos vieron que la mano del Señor estaba sobre Juan, es decir, que en su nacimiento se sentía una especial intervención de la Providencia divina. Se habían multiplicado los prodigios. Veían el misterio. Y no sabían descifrarlo.

Era que Dios despertaba a las almas, les avivaba la atención para que oyeran la palabra de vida que pronto iba a resonar en el mundo. Todo el pueblo de Ain-Karim se puede decir que está en movimiento. La alegría ha inundado todos los corazones por el nacimiento de Juan.

Así la Iglesia hoy debe de celebrar esta fiesta con la certeza firme en que los planes de Dios se cumplen en aquellos que como el Precursor quieren ser pregoneros incansables del Resucitado.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

22/6/26

EVANGELIO MARTES 23-06-2026 SAN MATEO 7, 6,12-14 XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.

Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

Muchos de nosotros hemos escuchado la sentencia que nos habla de la pérdida de tiempo que supone enseñar a cantar a un cerdo pues lo único que conseguiremos es irritar al animal. Hoy podemos apreciar algo parecido en las palabras de Jesús que nos advierten de un peligro mayor que el de la mera pérdida de tiempo. Las cosas del Señor hay que tratarlas con sumo respeto y no se pueden usar de manera que demos pie a que sean despreciadas.

En la segunda parte de este breve texto del evangelio de san Mateo, leemos una nueva formulación de la ‘regla de oro’ que se encuentra en algunos clásicos, también en la ley judía y en sus profetas. Se trata de una sencilla fórmula de convivencia pacífica, de una ética mínima (Adela Cortina), que nos sitúa en el camino de superar las múltiples formas de violencia que nos asolan y nos angustian: amar como hemos sido amados.

Mientras tanto, podemos ir intentando lo de la viuda pobre que dio lo que tenía a otros más necesitados pues ella ya lo había recibido. Esta, nos dice Jesús, es la senda que conduce a la vida, la que nos pone a salvo.

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Murcia)

Soy laica dominica con promesa definitiva desde hace más de dos lustros. Soy viuda y madre de un hijo maravilloso y estoy licenciada en Filosofía y Doctora en Pedagogía. Ejerzo como profesora universitaria especializada en formación docente en enseñanzas regladas. Mi profesión y mi vocación conforman una unidad. El estudio es mi tarea y a él me entrego con alegría y mucha gratitud. También acompaño a personas con problemas de adicciones que me han mostrado rostros humanos desfigurados en los que aprender a reconocer el amor con el que han sido amados.

21/6/26

EVNGELIO LUNES 22-06-2026 SAN MATEO 7, 1-5 XII SEMANA EL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?

¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

En el sermón del Monte, Jesús quiere comunicarnos lo esencial de la fe, tanto en su contenido, como sobre todo en las actitudes coherentes con ella. Hoy el Maestro nos enseña que, en el Reino de Dios, que es proyecto pleno de fraternidad y de comunión, nadie puede arrogarse el lugar de Dios para juzgar. Porque, en realidad, ¿quién se considerará tan superior para ser arbitro de la conciencia de otro? O ¿quién se reconocerá tan impecable para pretender limpiar el corazón de otro?

No se trata de no corregirnos fraternalmente, sino de no hacerlo desde el lugar de Dios. Porque se nos advierte que también seremos juzgados, para que nadie se crea como Dios. Sólo Él es el Juez y solo Él es injuzgable. Los demás…todos falibles y juzgables.

El texto no ahonda en los daños que se seguirían si quien tiene una viga en el ojo intenta quitar con su vista tan limitada una mota en el ojo ajeno. Es posible que dañe tanto el ojo ajeno que lo arruine para siempre. Así solemos dañar nuestras relaciones cuando al corregirnos no estamos alertas a quitar de nosotros toda pretensión de arrogarnos el lugar de Dios, sintiéndonos superiores o impecables.

Es cierto que todos debemos crecer en fidelidad a la Palabra, pero en esta historia, mientras tengamos capacidad de rectificar nuestros rumbos, la misericordia será siempre más efectiva para llamar a la conversión y al cambio que la condena. Gracias a Dios…Su misericordia se ríe del juicio (cf. St 2,13), ella es colirio para nuestros ojos y nos ayuda a ver claro, a mirar más parecido a como Él mira.  “Si corriges, hazlo con amor; y si perdonas, hazlo con amor” decía san Agustín.

 ¿Reconocemos las vigas que oscurecen nuestras opiniones sobre los demás?

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca. Por cuatro años residí en la comunidad de Montevideo, combinando la docencia académica con la pastoral parroquial y el acompañamiento espiritual. Actualmente resido en el Real Convento de Predicadores de Valencia, como Maestro de Estudiantes. Me apasionan la música, la lectura y el servicio desde el acompañamiento personal.

20/6/26

DOMINGO 21 DE JUNIO 2026 : XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 





Las lecturas de este domingo nos ponen ante un tema difícil de entender y de aceptar: Si vivimos el Evangelio y sus valores, tarde o temprano, aparecerán el conflicto y la persecución. Y en ese punto debemos seguir confesando nuestra fe y no negando a Jesucristo.

Escuchamos la palabra angustiada del profeta Jeremías –perseguido– quien pide a Dios que le proteja de quienes le persiguen y se manifiesta seguro de su relación con Dios: «El Señor está conmigo», proclamando así su total confianza en la salvación de Dios.

En el pasaje de la carta de san Pablo a los Romanos podemos entender mejor las razones de la confianza en la salvación que Dios nos ofrece. Por un hombre (Adán) entraron en el mundo el pecado y la muerte; pero no hay proporción entre el delito y la gracia de Dios que nos otorga por un hombre, Jesucristo, y se desborda sobre todos.

La confianza en la gracia de Dios puede lograr que la reacción humana ante la persecución sufrida por proclamar el Evangelio y seguir a Jesucristo no sea el miedo. Por tres veces nos pide hoy Jesús en el evangelio: «no tengáis miedo».

Confianza en Dios aun en las circunstancias más difíciles, agradecimiento por la gracia que desborda sobre nosotros y superación del miedo a vivir como seguidores de Jesucristo, esas son las líneas maestras que este domingo nos ofrece la Palabra de Dios para crecer en nuestra fe.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Almería)

Nací en Madrid. Crecí en un entorno dominicano de monjas y de frailes. Con 21 años ingresé en la Orden. Recibida la ordenación sacerdotal viví en Centroamérica durante veintiocho años. Luego estuve ocho años más en República Dominicana. Mi actividad fue siempre directamente pastoral. Tras los primeros dieciocho años pude hacer un paréntesis en que obtuve grados de licenciatura y doctorado en Catequética y en Teología Práctica. Al regresar a la actividad pastoral, la compaginé con docencia en institutos teológicos en San José (Costa Rica) y en Santo Domingo, durante un total de quince años. Mi interés se centró entonces en la iniciación y reiniciación cristiana de adultos, experiencias de primer anuncio y procesos de nueva evangelización. En la actualidad vivo en la Casa de Santo Domingo, de Almería, cuya iglesia conventual es también el Santuario de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad.

LECTURAS DEL DOMINGO 21 DE JUNIO 2026

 

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

                         Es palabra de Dios

Salmo

Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

                             Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura de Jeremías (20,10-13)

La Iª Lectura de Jeremías 20,10-13, forma parte de los famosos textos que se tienen como "confesiones de Jeremías"; textos de experiencia en los que se muestra la lucha interna del hombre de Dios, del que está seducido por El, ya que tiene que hablar y proclamar lo que nosotros no queremos oír. El profeta siente que los que no están con él le acechan y están siempre seguros de que caerá; que los sencillos que le siguen se darán cuenta de que el profeta les engaña. Este es el "sino" del verdadero profeta: nunca le concederán la razón. Es verdad que el profeta ha sido fuerte, incluso ha hablado contra el templo (7,1-15) en un discurso que es una prefiguración de lo que diría también Jesús.

Ahora, Jeremías experimenta que los poderosos, los que están en contra de su misión y su palabra, quieren "quemar" al profeta. Pretenden "seducirlo" como un día Dios lo había seducido cuando era casi un joven. Es eso mismo lo que pretenden los enemigos. Su vida ha sido un drama, no hay más que hacer un recorrido por su libro: sufrimientos, marginación social y su soledad (cf. 15,10.17; 16,13), persecuciones y las acusaciones que soporta (cf. 11,18-19; 20,10), azotes, torturas, cárcel y condena a muerte de parte de las autoridades (cf. 20,1-6; 26,11; 37,15-16; 38,1-13). Quieren hacer lo que Dios, pero para destruirlo y así el drama es más certero. De ahí que, "seducción" por "seducción", el profeta prefiere la seducción divina que le quema el alma y las entrañas con verdadero amor.

Por eso Jeremías, a pesar de saber que Dios le ha "arruinado" su vida normal o juvenil, prefiere a Dios; prefiere ponerse en sus manos. Ese es el canto final de esta "confesión" dramática del alma. Es, sí, una lamentación de Jeremías, aunque el texto acaba con una alabanza a Dios. Es una experiencia trágica de la que no se puede librar, porque tiene que seguir siendo fiel a Dios y a los hombres. No puede decir o hablar como los falsos profetas. Se queja a Dios de que lo haya elegido para esta tarea tan difícil y lo haya seducido (20,7). Y una vez seducido, vencido, comprado, se queda con Dios y con su palabra que es lo que puede traer luz a la entraña de la tierra. Por eso la pregunta para nosotros no puede ser otra que ¿se puede seguir persiguiendo a los profetas? Dios, no obstante, suscitará otros como Jeremías.

II.a Lectura (Romanos 5,12-15)

La Lectura de Romanos 5,12-15 es uno de los textos más asombrosos de San Pablo en los que durante mucho tiempo se ha visto una afirmación rotunda del pecado original. Pablo está intentando hacer una lectura midráshica del texto de Gn 1-3, pretendiendo comparar a la humanidad vieja y a la humanidad nueva. La vieja procedente de Adán, la nueva liberada y salvada por Cristo. La actualización del texto de Génesis es muy simple, demasiado simple, pero esa era la forma en que se hacía entonces. Intentaba poner de manifiesto que la muerte se explica por el pecado, pero no ha de entenderse necesariamente la muerte en sentido biológico, sino como el "mysterium mortis" que nos agarra la mente y el corazón. Se trata de la muerte que hay que llorar, pero también que hay que saber "decir" y asumir. Podemos afirmar que es uno de los textos más difíciles de la carta a los Romanos sobre lo que todavía hay mucho por decir y explicar.

Interpretamos hoy que en Adán no ha pecado toda la humanidad, según se tradujo al latín (la Vulgata) el texto griego de Pablo; en Adán (ef 'ho=in quo). La construcción es difícil: no se debe leer "existe la muerte, porque en él (Adán) todos pecaron", como interpretó San Agustín, siguiendo a la Vulgata. Preferimos, pues, "existe la muerte, porque todos pecaron"; sería nuestra traducción libre del texto paulino. Es verdad que en el texto sagrado van muy unidos la muerte y el pecado. Pero el pecado debe ser libre, participativo, no simplemente hereditario; el pecado original, pues, debe personalizarse, es decir, debemos ser responsables de lo que hacemos malo. No se trata, pues, de una herencia maldita, como tampoco la muerte biológica viene a serlo, a pesar que de esa forma se piensa en muchos ámbitos humanos y religiosos.

Es verdad que existe un pecado original, y el "tipo" de ello es Adán (aunque Adán no es una persona concreta, sino la humanidad vieja), pero de Pablo no se debería sacar en consecuencia una concepción biológico-hereditaria del pecado y de la muerte. Sin duda que pecamos siguiendo el ejemplo de unos con otros, y en este sentido seguirnos el ejemplo de Adán (=la humanidad vieja) y el pecado nos asoma a la muerte como experiencia trágica, tremenda y tenebrosa de enfrentarnos, a veces, con la realidad última de nuestra existencia. Pero frente a Adán está Cristo que ha traído gracia y la salvación. Estamos constantemente bajo el dominio del pecado, pero con la salvación y la gracia de Cristo somos liberados del pecado y de la muerte sin sentido, porque ésta cobra un sentido nuevo. Solamente en la acción salvadora de Dios en Cristo podemos salir del pecado original (=la humanidad vieja) y ser criaturas nuevas.         

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVQANGELIO DOMINGO 21-06-2026 SAN MATEO 10, 26-33 XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio de Mateo 10,26-33 viene a ser como una respuesta al texto que se lee en la Iª Lectura sobre las confesiones de Jeremías. Allí podíamos sacar en consecuencia que, ante este tipo de experiencias proféticas, el silencio de Dios puede llevar a un callejón sin salida. Ahora, la palabra de Jesús es radical: no temáis a los hombres que lo único que pueden hacer es quitar la voz; pero incluso en el silencio de la muerte, la verdad no quedará obscurecida. Esta es una sección que forma parte del discurso de misión de Jesús a sus discípulos según lo entiende Mateo.

No es un texto cómodo, justamente porque la misión del evangelio debe enfrentarnos con los que quieren callar la verdad, y es que la proclamación profética y con coraje del evangelio, da la medida de la libertad y de la confianza en Dios. Cuando se habla de alternativa radical se entiende que hay que sufrir las consecuencias de confiar en la verdad del evangelio de Jesús. Aunque la verdad no está para herir, ni para matar, ni siquiera para condenar por principio, sino a "posteriori", es decir, cuando se niega la esencia de las cosas y del ser.

Se ha de tener muy presente, en la lectura del texto, que no es más importante el profeta que su mensaje, ni la misión del evangelizador que el evangelio mismo. Por eso es muy pertinente la aclaración de: lo que "os digo en secreto" -que es la "revelación" de la verdad del evangelio y del reino de Dios, mensaje fundamental de Jesús-, no lo guardéis para vosotros. Eso es lo que se debe proclamar públicamente, porque los demás también deben experimentarlo y conocerlo. No está todo en una adhesión personal, sino en el sentido "comunicativo". La dialéctica entre secreto/proclamación no obedece a los parámetros de los "mass media", sino más bien a la simbología bíblica de luz/tinieblas que se experimenta en la misma obra de la creación y transformación del caos primigenio. Es como una autodonación, tal como Dios hizo al principio del mundo.

Tampoco está todo en hacer una lectura de la verdad del evangelio con carácter "expansivo", sino transformador. De esa manera cobran sentido las palabras sobre los mensajeros, las dificultades de ser rechazados y la exhortación a una "autoestima" cuando se lleva en el alma y en el corazón la fuerza de la verdad que ha de trasformar el mundo y la historia. Jesús pronunció estas palabras recogidas por Mateo, en el discurso de misión, sabiendo que el rechazo de los mensajeros estaba asegurado. Por eso se debe tener el "temple profético" para dejarse seducir por Dios y no por el temor a los poderosos de este mundo. No se trata solamente de ser combativos, dispuestos a la polémica, sino de creer en la verdad del evangelio que, no mata, sino que trasforma.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

19/6/26

EVANGELIO SABADO 20-06-2026 SAN MATEO 6, 24-34 XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

Tenemos que preguntarnos en qué o en quién ponemos nuestra confianza. ¿En nosotros? ¿En nuestra fortaleza personal? ¿En nuestro poder adquisitivo? Tal vez solamente cuando todo esto se quiebra es cuando nos acordamos de Dios. Por eso, muchas veces decimos que la pobreza, o la enfermedad nos evangelizan. Ellas ponen al descubierto nuestra vulnerabilidad y nos ayudan a poner nuestro corazón y nuestra vida en las manos de Dios.

Tal vez tenemos que preguntarnos qué es lo que de verdad llena nuestro corazón y se ha hecho centro de nuestra vida. Tan dañino como el dinero puede ser nuestro propio ego, que impide que entre en nuestro corazón el amor de Dios y el amor a los demás.

Apartarnos de Dios, como el pueblo de Israel hizo tantas veces a lo largo de su historia, dejando de escuchar e incluso matando a los profetas, sea el origen de todos nuestros males. Nos lo recuerda la primera lectura del segundo libro de las Crónicas. Hoy no podemos silenciar la voz de aquellos que, como nuevos profetas, nos llaman a aprender un modo nuevo y diferente de ser y de vivir, que nos puede hacer descubrir la verdadera felicidad.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

Gaditano de nacimiento, entré en contacto con la Orden de Predicadores en el Convento de Santo Domingo de Cádiz. Tomé el hábito a los 17 años en Almagro (Ciudad Real). Ordenado en 1982 estudié Catequética y trabajando en nuestra Parroquia Santa Catalina de Siena de Madrid. Durante 15 años viví en el Convento de San Jacinto de Triana (Sevilla) ejerciendo como Párroco. Después de un año en Irlanda, en la Comunidad Juana de Aza de Wicklow Town, vinculada al MJD, pasé 22 años en Granada, siendo director del Colegio Mayor Universitario Santa Cruz La Real, integrado en la Universidad de Granada. Actualmente formo parte de la Comunidad del Convento Santo Tomás de Aquino de Sevilla. Disfruto sobre todo junto al mar y me gusta mucho viajar en buena compañía. Valoro bastante la amistad y disfruto intentando dar a conocer a Jesucristo mediante la predicación del Evangelio.