28/6/26

EVANGELIO LUNES 29-06-2026 SAN MATEO 16, 13-19 XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

                            Es palabra del Señor

REFLEXION

Ambos coinciden también en muchas cosas: Ninguno promueve un culto a su propia personalidad: recuerdan una y otra vez, su incomprensión y su traición a Jesús, en el caso de Pedro y su etapa de perseguidor encarnizado de los cristianos y sus debilidades personales en el caso de Pablo. Lo que les preocupa y les ocupa a ambos es que Cristo sea conocido, amado y seguido, que su Reino llegue hasta el confín de la tierra.

Han experimentado que todo en su vida ha sido regalo, gracia. No han sido ellos quienes han escogido a Jesús. Él los ha escogido, para que den fruto y su fruto dure. Se sienten gratuitamente amados sin medida y saben que, incluso, es una gracia del Espíritu Santo la fe, la esperanza y el amor que capacitan su respuesta personal, sincera y comprometida hasta la muerte, por Aquel que los amó primero.

En Pablo, un apostolado que brota del amor: “Vivo yo, pero no yo. Es Cristo quien vive en mí”(Gal 2, 20). En Pedro un amor que se demuestra y vive en el apostolado: “Pedro ¿me amas? Apacienta a   mis ovejas” (Jn 21, 15-17).

En nosotros: sus figuras distintas, pero no distantes, unidas por Cristo, la comunión y la misión, son un ejemplo y estímulo, apoyados en su oración intercesora ante Dios. 

¿Conozco bien a San Pedro y a San Pablo según los testimonios sobre ellos en el Nuevo Testamento? ¿Qué me sugieren las figuras de san Pedro y San Pablo? ¿Qué nos pueden enseñar para renovarnos como cristianos y como Iglesia?

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra (Asunción, Paraguay)

Soy dominico y sacerdote, nacido en Granada en 1951. Ingresé en la Orden de Predicadores en 1968 y fui ordenado sacerdote en 1975. He cursado estudios de Filosofía y Teología en España, Roma y Múnich, y me he dedicado durante décadas a la formación y docencia en diversos ámbitos: universidad, internoviciado de la Confer y escuelas de teología para laicos. He formado parte de la curia de las Provincias Bética e Hispania de los frailes y también he ejercido como formador, promotor de formación permanente, asistente de fraternidades y presidente de la CONFER en Sevilla. También he trabajado como director, redactor y presentador del programa “Diálogos en la vida” de Canal Sur Televisión. Desde 2021, resido en Paraguay, donde colaboro como docente y acompañante de comunidades religiosas y laicales.

LUNES 29 DE JUNIO : SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

 






Santos Pedro y Pablo

Los santos Pedro y Pablo son las columnas de la Iglesia. Por caminos a veces paralelos y a veces divergentes, pero guiados por un mismo Espíritu, extendieron el Evangelio entre los judíos y entre los paganos. Los dos entregaron su vida por el Evangelio siendo martirizados en Roma

«El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio cíe lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.»

Así se expresaba San Agustín en un sermón que hoy nos transcribe la Liturgia de las Horas.

Simón, llamado Pedro

Parece un hombre sencillo, de una pieza. Y, sin embargo, es de una complejidad inaferrable. No en vano tiene dos nombres: uno se lo dio su familia, allá en Betsaida; el otro lo recibió de Jesús. El primero venía cíe la tierra. El segundo se lo dio aquel que era la piedra angular cantada por los salmos (Mc 12, 10).

Simón es el prototipo del seguidor del Señor. Quizá por eso se nos muestra como un hombre continuamente sometido a la prueba. Su vida parece marcada por tres momentos importantes. La hora de la llamada. La hora de la pregunta. La hora de la huida y del retorno.

La hora de la llamada

[…] El relato de la vocación de Pedro parece concebido según un esquema de tres momentos. Un punto de partida: dejar las redes, la barca, la familia. Un punto de llegada: ser pescadores de hombres. Y una invitación que marca el camino: «venid conmigo».

No se pueden dejar las redes sin haber vislumbrado algo importante. Jesús lo subrayará en la parábola del tesoro y de la perla, Será difícil dejar las redes si uno no ha descubierto para qué las deja, es decir, el sentido último de la llamada.

Simón es pescador y Jesús lo llama a ser pescador de hombres. El Señor llama y pide conservar el talante y los talentos, pero con el fin de ponerlos al servicio de una nueva misión.

Tanto el dejar las redes como el ser pescadores de hombres tienen un eje, un punto de apoyo: Estar con él. Sin esa intimidad no es posible ser pescador de hombres.

La hora de la pregunta

Como todos los demás, lo siguió también hasta Cesarea de Filipo. Las fuentes del Jordán brotan allí de la roca, bajo el templete del dios Pan. Es aquél un buen lugar para el reposo. En aquel escenario, Jesús formula a sus discípulos una doble pregunta, semejante pero diversa. «¿Quién dice la gente que soy yo?» La gente ya ha advertido su presencia y lo reconoce como un profeta, equiparable a los antiguos. Pero él insiste: ,'Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» En nombre de todo el grupo, Pedro lo confiesa corno el Mesías o el Cristo, el Hijo del Dios viviente (cf, Mt 16, 16).

A la primera pregunta responden con la simple información. La segunda requiere la confesión del creyente. En aquella respuesta se encerraba toda la plenitud de la fe cristiana, como irán descubriendo los seguidores de Jesús después de su resurrección.

Jesús contesta a Pedro con una bienaventuranza que a todos los cristianos nos gustaría hacer nuestra: 'Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonas, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Son dichosos los que han recibido de Dios el don de esa certeza, que no se debe a evidencias inmediatas.

[…] La vida de Simón está marcada por la más radical de las preguntas: «¿Quién decís que soy yo?» Pero esa pregunta es también la que decide la orientación de la vida de todos los creyentes.

La hora de la huida y del retorno

[…] Pedro es el prototipo de los seguidores del Señor. En él encuentran éstos el frescor de la llamada y la radicalidad de quien lo deja todo, el entusiasmo del neófito y la hospitalidad del creyente, las dudas de la noche del espíritu y el fulgor de los días de gloria, las promesas más ingenuas y el desengaño de las propias caídas, la huida y el reencuentro, el miedo y el valor para anunciar la vida del Maestro, la identificación con su misión y la aceptación de su propia suerte.

Todo cristiano se ha visto alguna vez reflejado en Simón Pedro. En la generosidad o en la cobardía, en el fervor o en el llanto, en la intrepidez o en el hundimiento. Pero, sobre todo, en la fe de quien descubre a su Señor resucitado y lo anuncia con una fuerza que ya no proviene de la propia debilidad.

Saulo, llamado Pablo

Saulo (Saúl) pertenecía a la tribu de Benjamín. Nació en Tarso de Cilicia en los primeros años de nuestra era. Sabemos que, siendo todavía «joven» presenció y aprobó la lapidación de Esteban, hacia el año 36, y que ya se consideraba anciano cuando escribía a Filemón desde Roma, entre los años en torno al año 60.

Su puesto es definitivo en la marcha de las primeras comunidades cristianas. Y su figura es gigantesca y polifacética, como persona y como creyente.

En cuanto persona admiramos la riqueza que le daba su pertenencia a tres culturas: era hebreo de raza y religión; conocía la lengua y el estilo de las ciudades helenistas y poseía, en fin, la ciudadanía romana. Al asumir en Chipre el nombre de Paulo –Pablo–, aquel hombre levantaba acta de aquellas pertenencias. Ese caudal le abriría muchas puertas.

En cuanto creyente, sabemos que fue un celoso judío, perteneciente al grupo de los fariseos, y que, una vez convertido, habría de ser un apasionado seguidor del Mesías Jesús.

El testigo

Pablo, que se considera a sí mismo como el "abortivo» y «el menor de los apóstoles (1Co 15, 8-9), recorre las ciudades anunciando la salvación por medio de la fe en el Mesías Jesús. Entretanto, escribe a las comunidades para continuar su predicación y dar solución a los problemas que se van presentando. Y les recuerda el mensaje que recibió y que procura transmitir con fidelidad:

«Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano! Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo. Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. Pues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído» (1Co 15, 1-11).

El procurador Festo no entendió mucho de lo que se acusaba a Pablo. Pero lo que entendió era el núcleo de su vida y de su mensaje. Sabía que los judíos «solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive» (Hch 25, 19).

Las discusiones sobre su religión no se limitaban al terreno ritual. Pablo sabía y predicaba que la Ley de Moisés no podía salvar al hombre y que la salvación le venía por la fe en el Mesias Jesús. De ahí, la universalidad de su mensaje. Por otra parte, la afirmación de la resurrección de aquel Jesús que predicaba era fuente de vida, de esperanza y de compromiso moral para él y para todas las comunidades que fundaba y apoyaba.

Esas dos convicciones, que mantenían su camino y alentaban su misión, le hacían escribir a los fieles de Galacia:
««Yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto Cristo en vano, (Ga 2, 19-21).

Apoyado en esa fe y esa certeza emprendería su último viaje, superaría un naufragio, llegaría a Roma y allí entregaría su vida por el Evangelio que había recibido y tan generosamente había difundido.

Las columnas de la Iglesia

Pedro y Pablo son las columnas de la Iglesia. Por caminos a veces paralelos y a veces divergentes, pero guiados por un mismo Espíritu, extendieron el Evangelio entre los judíos y entre los paganos.

En el prefacio de la misa de hoy se alaba a Dios por esta unidad en la diversidad:

«En los apóstoles Pedro y Pablo
has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría:
Pedro fue el primero en confesar la fe;
Pablo, el maestro insigne que la interpretó;
aquél fundo la primitiva Iglesia con el resto de Israel,
éste la extendió a todas las gentes.
De esta forma, Señor, por caminos diversos,
los dos congregaron la única Iglesia de Cristo,
y a los dos, coronados por el martirio,
celebra hoy tu pueblo con una misma veneración.»

Pedro y Pablo comprendieron que el mensaje evangélico no podía quedar encerrado en Jerusalén. Ambos fueron testigos del florecimientos de la comunidad de Antioquía de Siria y leyeron con ojos de fe los «signos de los tiempos» que allí les invitaban a buscar más amplios horizontes para el nombre y la vida cíe los cristianos.

En Roma anunciaron el Evangelio y en Roma dieron el último testimonio de Cristo con su propia muerte. El sepulcro cíe Pedro es venerado en la basílica Vaticana y el de Pablo en la basílica Ostiense.

En el oficio de lecturas de esta fiesta, leemos y meditamos con gusto la vibrante exhortación de San Agustín: «En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina».

José -Román Flecha Andrés

Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),

27/6/26

DOMINGO 28 DE JUNIO 2026 : XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 





El evangelio de Mateo presenta una llamada radical de Jesús a poner a Dios por encima de todo, incluso de los vínculos familiares. Amar a Dios no significa despreciar a la familia, sino ordenar correctamente las prioridades. También nos invita a cargar con la propia cruz, vivir con fidelidad y comprender que cada gesto de amor y ayuda al prójimo, por pequeño que sea, tiene un gran valor ante Dios. Porque Jesús nos recuerda que ninguna obra buena hecha con amor pasa desapercibida. En resumen: el mensaje   del texto es: poner a Dios primero, vivir con fidelidad y servir a los demás en lo cotidiano

Fr. Luis Martín Figuero O.P.

Fr. Luis Martín Figuero O.P.
Comunidad Virgen de la Vega (Babilafuente, Salamanca)

LECTURAS DEL DOMINGO 28-06-2026 XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

                   Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos:

Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

                     Es palabra del Señor.

REFLEXION

Iª Lectura (2Reyes 4,8-11.14-16)

La Iª Lectura del II.' Libro de los Reyes recoge un tradición muy común de la Biblia, en la que el profeta Eliseo le concede a una mujer sunamita el que sea bendecida por un hijo. Es la felicidad mayor de toda mujer ser madre y el profeta de Dios no puede concederle otra cosa, como sucedió con Sara, como sucedió con Ana la madre de Samuel y como sucederá con Isabel, la madre del Bautista. En la Biblia siempre se ha interpretado la maternidad tardía como una bendición, ya que las tradiciones populares religiosas consideraban la esterilidad como una maldición divina. Eliseo, a diferencia de Elías, es un hombre de Dios menos carismático, aunque más taumaturgo o milagrero, cuyas historias están recogidas para mostrar que Dios actúa siempre misteriosamente y contradiciendo lo que los hombres piensan o proyectan al margen de Él.

El relato forma parte del ciclo especial de Eliseo, y verdaderamente habría que leer casi todo este c. 4 de 2Re para completar toda la narración en la que se engrandece la figura taumatúrgica de discípulo del gran Elías. Porque ese hijo que nace como don de la 'acogida" que la sunamita ofrece al hombre de Dios, muere, para que todavía sea engrandecido más el nombre de Dios y de su profeta, que ora a Él. Pero habría que resaltar más que otra cosa el empeño y la confianza que esta mujer pone en aquél que le trae la 'palabra de Dios". No desespera en la adversidad, sino que busca confiadamente al "taumaturgo" para que le asista.

¿Es verdadera confianza? o ¿verdadera religión? No podemos negar que estas cosas extraordinarias de la Biblia quieren mostrar que Dios actúa misteriosamente en las historias más humanas. Aunque las "leyendas" no están ausentes de estos relatos, cosas extraordinarias acontecen para nosotros y hay que saber interpretarlas. La mujer, en el relato, ni siquiera había pedido un hijo. Pero es eso lo que le ofrece el "hombre de Dios", tal como ella llama a Eliseo. Incluso rechaza que el profeta hable a favor de ella o de su marido al rey o al jefe de los ejércitos.

No necesitaba prestigio, porque ella dice que vivía feliz "entre Ios suyos". El relato, en su conjunto, intenta engrandecer el poder de Eliseo. Pero es la mujer la que, en este caso, nos interesa escuchar y observar. Es ella la que "acoge", la que lleva la iniciativa de construirle una pequeña morada al "hombre de Dios". Es ella la que rechaza que el profeta interceda ante las autoridades, porque está contenta con lo que tiene y entre los de su clan. Pero como a una verdadera mujer hebrea, le faltaba "ser madre". No expresa ella en el relato este deseo, sino que lo interpreta o lo adivina el ayudante o discípulo del profeta, pero ese anhelo lo llevaba dentro de su corazón. Y es eso, lo que "Dios" le concede; lo que no pide.

Porque al final, este es el verdadero regalo de la "acogida" sincera del hombre de Dios. Y en la Biblia, quien acoge a un "hombre de Dios”, acoge a Dios mismo, como sucede en el famosísimo relato de Gn 18, 1-15 de Abrahán y Sara.

IIª Lectura (Romanos 6,34.8-11):

El texto de Romanos 6 es una catequesis magistral de Pablo sobre el sentido y las consecuencias del bautismo cristiano. Pablo ha venido planteando en los capítulos precedentes de esta carta el tema de la justificación, de la salvación del pecador, por medio de la muerte de Cristo. Ahora quiere sacar consecuencias que esclarezcan la misma praxis de la vida cristiana. Por ello va a partir del misterio del bautismo que lo presenta como un ser "cosepultados" con Cristo, un ser "co-crucificados" con Cristo y un ser "co-resucitados" en El (verbos que se compone con la partícula griega "syn").

Se piensa que aquí el apóstol ha podido usar cierta ideología de los ritos mistéricos de las religiones que conocía. Es posible que en su lenguaje Pablo no pueda substraerse a ello. Pero en el fondo de toda esta catequesis aparece una confesión de fe cristiana muy primitiva con la que se expresaba que la fe es una participación en la vida de Cristo. Y es el bautismo, el sacramento de iniciación en el nombre de Jesús, donde se comienza este misterio de solidaridad cristológica en su eficacia más significativa. El bautismo es una sepultura del hombre viejo, y un símbolo que nos introduce en una vida nueva, la que Jesús nos ha ganado con su muerte y resurrección. Pero el bautismo es el inicio, que debemos proseguir con la praxis de la fe.

Esta dimensión teológica de la fe es la que da sentido al mismo bautismo. No es el bautismo lo determinante, sino la fe que nos lleva a vivir "co-sepultados" (abandonar el hombre viejo); a vivir "co-crucificados" (entregarse a la causa de Jesús); a vivir "co-resucitados", es decir, en una vida nueva de amor y de esperanza; de compromiso y de solidaridad con los hombres. Pero es, a su vez, una experiencia de victoria sobre el pecado. Porque aunque el pecado nos acecha de muchas formas y maneras, debe haber, para el creyente, una confianza de victoria sobre el mal estructural del mundo y sobre lo más personal de nuestro corazón.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 28-06-2026 SAN MATEO 10, 37-42 XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio de este domingo vuelve sobre el "discurso de misión". Mateo señala para su comunidad que ser discípulo y seguidor de Jesús lleva consigo el vivir en conflicto. Perseverar en el discipulado supone romper ciertas tradiciones que nos atan, hasta las más familiares. No se trata de romper afectos familiares, sino lazos que no nos dejan libres. En un "crescendo" eficaz de la alternativa radical que se nos presenta en esta parte del discurso misionero, se pone de manifiesto que cuando la familia nos impone sus  criterios de amor o de odio, de intereses mundanos o de herencia, el discípulo estará en conflicto. Pero Mateo pone de manifiesto que nadie puede estar por encima del evangelio. Jesús, al pedir amarle a El más que a la familia, no está desestabilizándola; está proponiendo una nueva forma de ser hijo, de ser padre o madre y de ser hermano. Estos dichos son famosos, porque algunos discípulos itinerantes los llevaron hasta sus últimas consecuencias, como se refleja en el documento que le sirve a Mateo (Documento Q) para elaborar estas enseñanzas.

El "seguimiento" de Jesús, en verdad, es algo que está lleno de 'radicalidades". Las cosas radicales son aquellas sin las cuales no es posible que nada subsista. El evangelio no podría ser el evangelio si se imponen a los discípulos otros criterios distintos de autoridad y prestigio. Los "dichos" de Jesús recogidos en este discurso están expresados semíticamente y pueden sonar a algo imposible: ¿es posible odiar al padre y a la madre por seguir a Jesús? ¡sería un "contra-dios"! Pero quieren decir algo muy importante. Incluso sabemos que este tipo de "dichos" de Jesús sobre aborrecer a la familia y llevar la cruz obedece a actitudes escatológicas de algunos grupos cristianos que fueron más allá de lo que Jesús quería exigir.

Es una nueva propuesta en la que no se imponen o no se deben imponer imperiosamente los lazos de sangre, el clan familiar, la cultura heredada, los criterios impositivos de los más fuertes o de lo que siempre se debe hacer. El cristiano seguidor de Jesús, amante de la verdad del evangelio, debe amar al padre, a la madre, al hermano, pero nunca debe, a causa de ellos, ceder al odio, al rencor, a la violencia, a la maldición. El cristiano está llamado a una cadena mucho más grande de solidaridad, hasta dar de beber un vaso de agua a cualquiera, sea quien sea, incluso al enemigo nuestro o de nuestra familia. Así es como debemos entender estas palabras del evangelio de la misión.

Tampoco es cuestión de "endulzar" las exigencias por el hecho de que se hayan expresado de una forma semítica en que las que prevalecen los contrastes. Dicen lo que dicen y exigen lo que exigen: algo radical. Pero no se entienda como algo radical por difícil o por imposible, sino por sentido y por coherencia. Se trata de algo vital, porque si no hay raíces, no crece la vida. Eso es lo mismo que el amor a los enemigos: el evangelio no permite el odio de ninguna de las maneras. Por tanto, cuando hay enemigos o nos los creamos en nuestra mente y en nuestro corazón, estamos lejos de Jesús, de su causa del evangelio y de su Dios: cuando hay odio muere el evangelio.

De la misma manera, si seguimos a Jesús, debemos renunciar a nosotros mismos y a lo nuestro. Eso significa lisa y llanamente "llevar su cruz". Pero ¡cuidado!: no veamos aquí solamente renuncia total a la voluntad propia, al honor, a la dicha terrena, recorriendo el duro camino de Jesús por el sendero señalado por Dios, lo que Jesús exige de sus discípulos. Quien acepte el evangelio debe hacerlo por voluntad propia, por honor, y por disfrute personal. Quien acepte estas radicalidades, no debe hacerlo en contra de su voluntad y de su libertad. Si fuera así, ser cristiano, seguir Jesús, sería un drama inhumano inaceptable. Si mi familia, mi clan, mi pueblo nacionalista, me imponen los criterios de mi existencia, de mi libertad y de mi paz, entonces yo estoy con Jesús antes que con los míos. Y ésta, y no otra, es la "cruz", entiendo, que debe llevar el discípulo.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

26/6/26

EVANGELIO SABADO 27-06-2026 SAN MATEO 8 5-17 XII SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y dijo Jesús al centurión:
«Vete; que te suceda según has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Él tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades».

                                           Es palabra del Señor

REFLEXION

Ponemos nuestra mirada en este centurión que se acerca a Jesús, le reconoce Señor y le pide por su criado que sufre en casa paralítico. Estamos ante un hombre que se ha movilizado por la enfermedad y el sufrimiento de su criado, esto es un nivel humano extraordinario.

Y ante la llamada de este centurión, que no olvidemos pertenece al pueblo dominador, la respuesta de Jesús es clara y sin dudas: “Voy yo a curarlo”.

Jesús nunca mirará a otro lado, siempre responde amando. El amor se entrega y se abaja donde está el otro.

El centurión se sitúa con humildad ante Jesús, no se siente digno de que entre en su casa.

Y se dirige a Jesús con una fe anclada en su experiencia de vida. Él sabe que si sus órdenes tienen poder sobre sus soldados, ¡cuanto más poder tiene la Palabra de Jesús!

Jesús alaba esta fe ante los que le seguían. Este centurión verdaderamente cree en Jesús, lo reconoce capaz de transformar el sufrimiento en Vida. Y sucede así, según ha creído, el criado se puso bueno.

Tras ello, Jesús cura a la suegra de Pedro, de modo que ella se levanta y comienza a servirle. Este es el movimiento de la Vida nueva que trae Jesús, su Palabra te pone en pié, te invita a tomar la vida en tus manos y a ser libre para servir y amar. La suegra de Pedro comienza a vivir por amor, al servicio de la comunidad.

La Palabra de Jesús tiene el poder de curar y expulsar demonios. Jesús no da la espalda a los dolores de este mundo sino que se ha entregado por ellos.

¿Cuánto hay en mí de fe? Y esta fe, ¿De qué modo hace mi vida nueva?

Centro de Predicación Bíblico Pastoral

Centro de Predicación Bíblico Pastoral
Convento de San Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Centro de Predicación Bíblico Pastoral de los Dominicos de Villava en Navarra, España

25/6/26

EVANGELIO VIERNES 26-06-2026 SAN MATEO 8, 1-4 XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:
«Señor, si quieres, puedes limpiarme».

Extendió la mano y lo tocó, diciendo:
«Quiero, queda limpio».

Y en seguida quedó limpio de la lepra.

Jesús le dijo:
«No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

                 Es palabra del Señor

REFLEXION

Estamos ante el inicio de una serie de curaciones protagonizadas por Jesús. Mateo sitúa en el capítulo anterior el sermón del monte y a continuación Jesús va desgranando una serie de recomendaciones y advertencias dirigidas a los que quieran ser sus seguidores. Marca diferencia con la ley vigente en una serie de advertencias señaladas por “pero yo os digo”

Cuando baja del monte acompañado por una multitud de personas que seguían expectantes al Maestro, se acerca un leproso. La escena seguro que la hemos oído y reflexionado muchas veces y es sencilla de interpretar. El Señor habló y su Palabra ilumina nuestro hoy.

Nos sorprende el atrevimiento del leproso, al acercarse a Jesús. La lepra y sus consecuencias sociales aparece reflejada ya en el Levítico 13,45 y en otros pasajes del A.T.

Saberse leproso suponía el dolor de la enfermedad y el de la exclusión y soledad.  Sentirse apartado de Dios y de los hombres. Se consideraba la enfermedad consecuencia del pecado. 

¿Qué le movió a ese leproso para romper con las reglas existentes y acercarse a Jesús?

Si la Palabra ilumina nuestro hoy, nos hace una llamada importante. Saberse necesitado, reconocer nuestros pecados, tomar conciencia, de las  “lepras” que acompañan algunas veces nuestro camino que nos distancian de Dios y puede ser que también de la sociedad. Hagamos como el leproso, humildad para reconocer, romper tabús o reglas o qué dirán y … una fe grande, muy grande en Jesús que puede curarnos.

Se arrodilla a los pies del Maestro y le ruega: si quieres, puedes curarme. Qué bonita oración, si quieres Señor…Humildad para reconocer, valentía para acercarse a Jesús y una fe-confianza muy grande en Él.

Y Jesús, de Jesús sabemos muchas cosas, somos sus seguidores y seguro que todos mas o menos sabemos las actitudes de Jesús que se ponen de manifiesto en esta curación.

Jesús le dice al leproso quiero, sé limpio. Jesús es misericordia, compasión. Jesús transgrede las normas imperantes, pone en el centro a la persona. Jesús devuelve al leproso la capacidad de reintegrarse  en la convivencia fraterna. Jesús que no busca protagonismos “no se lo digas a nadie” pero preséntate al sacerdote para que conste tu curación.

No sólo yo necesito Señor que me limpies, en mi camino me encuentro también con “leprosos” excluidos, rechazados, en resumen, necesitados. Dame fortaleza para acercarme a ellos de la manera que lo haces Tú.

Hna. Mariví Sánchez Urrutia

Hna. Mariví Sánchez Urrutia
Dominica de la Anunciata

Soy una religiosa Dominica de la Anunciata nacida en Bilbao hace bastantes años y fui alumna de las Dominicas y catequista en mi parroquia. Ingresé en la congregación siendo bastante joven. Como Licenciada en Ciencias Químicas me he dedicado a la educación con vocación y pasión. He desarrollado tareas directivas tanto en los centros de enseñanza como dentro de la Vida Religiosa. He disfrutado de la vida a través de la misión que he desempeñado y los medios que Dios puso en mis manos y también me gusta disfrutar de la música y el deporte.

24/6/26

EVANGELIO JUEVES 25-06-2026 SAN MATEO 7, 21-29 XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Aquel día muchos dirán:
“Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”.

Entonces yo les declararé:
“Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas.

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio de hoy viene a traspasar nuestro corazón, a derribar los muros internos que tantas veces impiden a Dios realizar su obra, porque somos nosotros mismos quienes confiamos más en la obra de nuestras manos que en los designios del Padre.

Jesús es muy claro, quien se apoya en su propio esfuerzo, no escucha la voz del Padre, hace todo de manera superficial, para agradar a los demás y tener una imagen perfecta. Sin embargo, el reino de los Cielos está al alcance de los pobres, de aquellos que no tienen nada que ofrecer, porque todo en sus vidas dependen de Dios. Los sencillos de corazón que están atentos a la Palabra, escuchan la voluntad del Señor y la cumplen, esos son los que Jesús conoce de verdad. Con la frase “nunca os he conocido”, el Maestro se refiere a aquellos que no han puesto su confianza en la voluntad de Dios, que se glorían de sus éxitos, pero no son realmente felices, porque viven bajo la presión del mundo, siempre insaciable. ¿Te dejas tú conocer por Jesús? ¿Dónde está tu apoyo? ¿Cómo es tu discernimiento, te dejas guiar por la voluntad de Dios?

El Evangelio desvela el secreto más buscado: la felicidad. Y es que ¿dónde hay más alegría que en cumplir la Palabra de Cristo? Cuando nuestra vida está cimentada en Dios, nos puede faltar lo material, nos pueden faltar certezas de futuro, podemos tener las circunstancias más adversas, y, sin embargo, nuestra vida no se derrumba porque Jesús es el centro y desde ahí “nos movemos y existimos”. Cuando perdemos de vista la voluntad de Dios, cuando olvidamos sus mandamientos, entonces nuestra vida pierde fortaleza, se vuelve árida y débil, puede romperse ante cualquier problema o sufrimiento, como la arena, se derrumba y pierde toda esperanza.

¡Ánimo hermanos! Nuestro Señor nos da hoy una Palabra de vida, nos abre el camino hacia la vida que no acaba. Dios nos quiere felices, con Él, no olvidemos nunca que fuera del Señor, todo es nada y vacío.

Sor Mihaela María Rodríguez Vera O.P.

Sor Mihaela María Rodríguez Vera O.P.
Monasterio de Santa Ana (Murcia)

Nací en Rumanía y fui adoptada por una familia española en Tenerife, donde crecí feliz. Me alejé poco a poco de la fe durante la adolescencia, aunque siempre sentí en mi interior la presencia de Dios. Estudié Turismo y después Derecho, pero tras un retiro de 15 días descubrí que mi verdadera alegría y paz estaban en la vida religiosa, donde encontré mi hogar. En el convento vivo una vida de oración, trabajo y sencillez, convencida de que buscar la voluntad de Dios es la clave de la felicidad y de que nuestra meta última es la vida eterna.