14/3/26

DOMINGO 15-03-2026 CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 





El hilo conductor que atraviesa las lecturas de este domingo es que Dios no mira como miramos nosotros. Nosotros nos quedamos en la superficie, en lo que impresiona, en lo que encaja, en lo que “suena bien”. Y muchas veces, sin mala intención, terminamos haciendo lo mismo con las personas y las reducimos a una etiqueta, a un fallo, a una historia, a un rumor.

Este cuarto domingo de Cuaresma pone el foco en las formas de mirar y la manera de mirar de Dios. La mirada de Samuel, que aprende a discernir sin dejarse seducir por el brillo. La mirada de Pablo, que no empieza por “haz” esto o lo otro, sino por “eres…” luz en el Señor. Y la mirada de Jesús, que al encontrarse con un ciego de nacimiento rompe el reflejo automático de buscar culpables. No pregunta “qué pasó”, sino “quién eres tú”. Y eso lo cambia todo.

Hoy vivimos rodeados de opiniones, diagnósticos, sentencias, polarizaciones. Se discute de todo, se opina de todos, pero cuesta mirar de verdad. Mirar sin juzgar de entrada; mirar hasta reconocer un rostro.

La palabra de Dios nos invita a revisar nuestras cegueras: en la familia, en la Iglesia, en el trabajo, en el aula, en la calle. Y también a pedir sin dramatismos: “Señor, cura mi mirada y enséñame a ver”. Porque a veces el milagro no es ver más cosas, sino ver mejor. 

Fray Ricardo Aguadé Rodríguez O.P.

Fray Ricardo Aguadé Rodríguez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias). Estudié B.U.P. y C.O.U. en el colegio de los dominicos de Oviedo. Tras cursar primero de Filosofía en la Universidad de Oviedo, realicé el prenoviciado en el convento de Sotomayor (Salamanca). Hice el noviciado en Caleruega, y cursé Filosofía y Pedagogía en San Gregorio (Valladolid). Estudié Teología en San Esteban (Salamanca). Mi primer destino fue El Olivar (Lavapiés), en Madrid, donde ejercí como vicario parroquial y cursé estudios en la Universidad Pontificia Comillas. Posteriormente, estuve destinado en la comunidad del Albergue San Martín de Porres y en la parroquia Santa Rosa de Lima (Carabanchel), siendo vicario parroquial y responsable de la “Mini-Residencia”. Durante ese periodo, fui también profesor de Religión en el Colegio Santa María del Yermo, de las Dominicas de la Sagrada Familia. En el año 2000 fui destinado a Oviedo. En la actualidad, soy profesor en el Colegio Santo Domingo-FESD y coordinador de pastoral; además, soy párroco y prior de la comunidad.

LECTURAS DOMINGO 15-03-2026 CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
«Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel:
«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé:
«¿No hay más muchachos?».

Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo:
«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
«Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

                    Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.

Por eso dice:
«Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

             Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: 1 Samuel (16,1ss): Lo que no cuenta para los hombres es lo que cuenta para Dios

 La primera lectura de este domingo nos relata la unción de David. Es un relato que quiere ofrecernos el fracaso de la monarquía de Saúl y el ascenso, desde lo más humilde, de David al trono. Sabemos que esta historia está idealizada hasta el máximo por los autores de la escuela que han querido ensalzar a David como rey justo, e incluso comprometer a Dios con un sistema de gobierno al que el profeta Samuel se oponía con todas sus fuerzas (1Sam 8-10). Lo que pueda haber de leyenda en todo esto tiene de positivo el origen humilde y sencillo que por la libre elección llega a servir a Dios en su proyecto sobre el pueblo.

 Debería ser patente que los criterios morales de la escuela “deuteronomista” que redacta todo esto eran mucho más éticos y morales que la realidad histórica dura de cómo David subió al trono. En todo caso, la significación teológica del relato no deja lugar a dudas: Dios elige a David porque es el más pequeño, el que menos intereses tiene en todo esto, aunque la historia real de David y de su subida al trono en el libro de Samuel sea mucho menos limpia y clara. La “historia de Israel” es tan escabrosa como todas las historias de los pueblos circundantes… El profeta Samuel no quería ceder a la “monarquía” no solamente porque era un profeta tradicional, sino porque la monarquía copiaría los sistemas de los otros pueblos poderosos… No obstante los “deuteronimistas” sí dejan claro que lo que a Dios le interesa no es la “monarquía sagrada” en sí, sino que el rey sea justo y bueno con los que no tienen defensa. Por eso, nos recuerda el origen sencillo y humilde del pastor… que llegó a ser rey. Y eso no se debería olvidar nunca.

 

IIª Lectura: Efesios (5,8-14): La obras de la luz son vida

 La segunda lectura recuerda a la comunidad a la que se dirige esta carta que los que han llegado a la fe cristiana son hijos de la luz. Se supone que el autor, un discípulo de Pablo, está hablando a una comunidad que en otro tiempo eran paganos, es decir, “nada” para los judíos. El recuerdo de los orígenes humildes implica un proceso pedagógico que siempre busca la terapia espiritual de revivir realidades profundas. Todo lo que no sea eso, es un “dormirse”, un olvidar el misterio de la gracia de Dios y de la salvación. Por eso el misterio de la luz es un misterio revelador, descubridor de las verdades de la vida que no se deben olvidar. Esta parte parenética o práctica de la carta a los Efesios se interesa por mostrar que los obras de las tinieblas son “estériles”, es decir, no engendran vida.

 Podemos subrayar en el texto una concepción dualista bien marcada que puede prestarse a equívocos, como sucede en algunas expresiones de la comunidad de Qumrán, que también divide la vida moral y de la comunidad en dos categorías: los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Pero si superamos ese dualismo, podemos entender bien que lo que se propone en este caso a la comunidad es que vivan en la fidelidad a Cristo que los ha llamado a una vida en la que los valores son: la bondad, la justicia y la verdad. Las obras de las tinieblas no se mencionan, sino que simplemente se suponen que son como el misterio de la muerte. Se está hablando en términos morales y éticos en lo que se puede coincidir, sin separaciones dualistas, con todos los hombres que viven de esos valores.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 15-03-2026 SAN JUAN 8, 1,5-9, 13-17, 34-38 CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.

                           Es palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de hoy es uno de los episodios más densos de la obra joánica. Un signo y un diálogo, en polémica con los judíos, nos presenta a Jesús como revelador de Dios que va destruyendo muchas cosas y concepciones que se tenían sobre Dios, sobre la vida, sobre la enfermedad, sobre el pecado y sobre la muerte. Juan enfrenta al hombre ciego de nacimiento con los fariseos, que son los que deciden sobre las cuestiones religiosas cuando se escribe esta obra. El ciego de nacimiento, en la mentalidad de un judaísmo teológico inaceptable, debía tener una culpabilidad, bien personal, bien heredada de sus padres o antepasados. Los simbolismos con los que está compuesto el relato: el barro de la tierra, la saliva, el sábado, el envío a la piscina de Siloé... nos muestran a un Jesús que domina la situación, en nombre de Dios, para dar luz, en definitiva, para dar vida y para mostrarse como la luz del mundo.

 Se dice, con razón, que este es un relato bautismal de la comunidad joánica; una especie de catequesis para los que habían de ser bautizados, en un proceso que les debía enseñar cómo el recibir y vivir la luz de la fe les llevaría necesariamente a enfrentarse con el misterio de las tinieblas de los que no aceptan a Jesucristo. El hombre ciego, que llega a ver, que al principio no sabe quién es Jesús, poco a poco va descubriendo lo que Jesús le ha dado, y lo que los fariseos le quieren arrebatar. Así es el centro de la polémica: este pobre hombre que ha venido ciego al mundo tiene que elegir entre una religión de vida, de luz, de felicidad, o una religión de muerte, la que le proponen los "fariseos" a los que les duele más que el hombre haya sido liberado en sábado, que el que pueda asomarse a la luz de la vida. Se dice que es el debate de la comunidad joánica procedente del judaísmo, que ha aceptado a Jesús como el Mesías, frente al judaísmo de la sinagoga. La actualización, sin embargo, de este tema, nos muestra que mientras la religión no sea humana, comprensiva, iluminadora, misericordiosa, entrañable y restauradora, no tiene futuro en la humanidad. Y eso es lo que ha venido a traer Jesús al corazón de la religión de su pueblo.

 El hombre debe ir a lavarse a la piscina del «enviado». Pero el enviado es el mismo Jesús. Podemos decir que aquel hombre no es curado = salvado, por la saliva y el barro, sino por lavarse, sumergirse en el misterio de la vida del Señor. Es un juego de imágenes llenas de sentido; de ahí su significado bautismal originario. Los vecinos, los parientes, los que le conocían en su ceguera y en su pobreza se asombran de aquel acontecimiento. Ha sucedido algo maravilloso, porque lo que viene de Dios no es comprendido más que por la fe. Los hombres y el mundo tenemos unos criterios demasiado cosificados para entender su manera de actuar. Toda aquella gente no podía comprender, ya que se necesitan otros ojos distintos para mirar lo que ha sucedido. Para ellos sólo existe una respuesta: Jesús, que significa salvador, y que es el enviado, ha logrado lo que parecía imposible para los hombres. «¿Donde está ése? Le preguntan las autoridades, y responde el hombre: ¿No lo se?». Nosotros vemos aquí algo más que una respuesta inocua. Aquel hombre ha comenzado a experimentar la salvación de Dios traída por Jesús. Pero no puede decir quién es Él, para los que sólo pretenden verlo con los ojos humanos. Aquel hombre no puede decir donde ésta Jesús, porque en el interrogatorio sólo existe un interés lejano de lo auténticamente salvador. Por eso no puede responder a los intereses mal intencionados.

 El interrogatorio se hace más denso hasta arrancar de aquel hombre todo temor para confesar el misterio de la salvación. Más que otra cosa, el evangelista quiere apurar todo para contraponer a Jesús y la Ley. No se trata de contraponer a Jesús y a Moisés, aunque pueda parecerlo. Porque tras la figura de Moisés, como auténtico y único revelador de la Ley de Dios, los hombres quieren ocultar sus criterios religiosamente antihumanos. Ellos son discípulos de Moisés, pero ¿de qué les sirve? Si la ley fue dada para encontrar a Dios, y la interpretación de la Ley para facilitar el acercamiento; en el judaísmo sucede todo lo contrario. La Ley separa a los hombres de Dios. Es esto lo que ahora se quiere poner en evidencia. Los fariseos (todos los hombres que podemos ser egoístas) interponemos entre Dios y nosotros la ley, la tradición, los prejuicios de lo santo y lo sagrado…. Como si fuera voluntad de Dios, aunque no lo sea. Y por eso, Dios queda lejano, y nosotros nos hacemos dueños de nosotros mismos, fáciles para lo que nos interesa. La Ley puede ser el engaño de nuestra vida. Y con ella queremos comprar a Dios lo que no sabemos hacer con corazón desprendido. Este es el pecado del judaísmo, y sigue siendo el pecado de nuestro mundo religioso. Jesús viene para dar luz, para iluminar la ley. Para hacer posible una ley de libertad en el encuentro con Dios. Y esto pone en claro nuestro pecado.

 Cuando Jesús oye que aquel hombre ha sido rechazado por el mundo religioso de su entorno sale a su encuentro. Y el hombre se entrega completamente a Él. Es Dios mismo, un hombre entre los hombres, quien ha salido a su encuentro y quien le ha abierto los ojos de su vida para que pueda sentirse libre. En este Dios, en Jesús, cree el ciego. El es su Señor. En el ciego de nacimiento están todos los hombres sumergidos en la tiniebla hasta que Cristo trae el conocimiento que ilumina: es la experiencia verdadera de las falsas seguridades de los judíos y del mundo. Pero otros, sin embargo, se encierran y se afirman en lo que creen les va bien. Y por eso permanecen en su ceguera. Es un juicio para el mundo, no porque Jesús venga a condenarlo (cf Jn 3,17ss), sino porque los hombres quieren permanecer en su hacer y en su vivir sin esperanza. Su pecado permanece. Es esto lo que quiere decir Juan para el judaísmo de entonces, y para el mundo religioso de siempre.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

13/3/26

EVANGELIO SABADO 14-03-2026 SAN LUCAS 18, 9-14 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

                      Es palabra del Señor

REFLEXION

Ser ensalzado ante Dios, "éste bajó a su casa justificado", significa recibir su gracia y su perdón. La autosuficiencia, "todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido", el creerse “bueno”, impide la conversión.

Así nos lo cuenta la parábola de hoy. Habitualmente, la suficiencia ante Dios, "te doy gracias porque no soy como los demás hombres", nos hace orgullosos en nuestra actitud con los demás.

Nuestra vida entera es don de Dios, así: la luz que nos envuelve, el aire que respiramos, el universo entero. El perdón que necesitamos y nuestra salvación serán también un regalo de Dios. La salvación consistirá en compartir la misma vida de Dios.

Creer todo esto nos trae paz y nos hace más humildes, como al publicano: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”. O sea, nos justifica, como dice Jesús. Por todo ello, una vez más damos gracias a Dios.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)


12/3/26

EVANGELIO VIERNES 13-03-2026 SAN MARCOS 12, 28b-34 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio de hoy recibe la luz del texto de Oseas recogiendo el diálogo que se hace encuentro entre Jesús y un maestro de la Ley.

Es comprensible su necesidad de confrontar con quien se estaba revelando con una autoridad nueva, con un mensaje inédito que respeta la Ley antigua, la cumple y la eleva a la plenitud.

Mientras que el escriba le interroga por el orden y la jerarquía de los mandamientos, Jesús le responde estimando más bien su valor. Se puede entender el planteamiento del escriba para saber jerarquizar más de seiscientas leyes necesarias para salvarse. Donde el escriba cuantifica la ley, Jesús la cualifica, pues se trata de experimentar, de ser y de vivir una propuesta nueva: amar al único Señor y amar al prójimo como único. Amar a Dios con toda la potencialidad humana, y al ser humano con la dignidad otorgada por el mismo Dios.

La novedad de Jesús es promover el amor al prójimo y a sí mismo, con la intensidad y visibilidad con la que se ama a Dios, compromiso que no tiene parangón con la ofrenda de holocaustos y sacrificios de animales y objetos. De este modo, pretende renovar el culto desde la interioridad reemplazando al culto hecho desde la exterioridad.

El encuentro de Jesús y el escriba está atravesado de respeto, de validación, de libertad y lealtad de quien ha entendido la realidad original que sostiene y da origen a todas las demás: el amor como respuesta a Dios que toma la iniciativa y capacita para mantener la fidelidad, y que parafraseando, “nos ama con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas, con todo su ser”.

Jesús nos invita a hacer efectiva y afectiva nuestra capacidad de amar exclusivamente a Dios, para amar particularmente a cada ser humano. Una opción sostiene la otra y las dos conciernen a la única capacidad de amar por la que existimos: amar a nuestro Creador y en Él, por Él y con Él a todo lo creado, reservando a cada hermano y hermana un amor de generosidad y bondad.

Porque en el amor al prójimo amamos la humanidad de Cristo y en ésta encontramos el sentido, la fuerza y la esperanza para amar a nuestro prójimo. Cristo nos ha amado abrazando nuestra humanidad, bendiciéndola y devolviendo incesantemente su dignidad. Por eso, a ejemplo del escriba, Jesús acoge, escucha y admira a quien se cuestiona por construir su fe sobre la verdad.

 Hoy, podemos con sinceridad plantearnos esta pregunta: ¿amo tanto a Dios que no veo, como al prójimo a quien veo? ¿qué sucedáneos busco para no amar al prójimo como lo ama Cristo?

Hna. María José Abad

Hna. María José Abad
Dominica de la Anunciata

Soy Dominica de la Anunciata, nacida en Campo de Criptana, España. Educada con las Hermanas Dominicas de la Anunciata, entré en la Congregación respondiendo a la llamada de Dios, apasionada por la educación a la niñez y a la juventud, intuición carismática del dominico San Francisco Coll. Mi formación en teologia, educación, acompañamiento espiritual y pastoral señalan las áreas de predicación a las que como dominica, me siento llamada a evangelizar desde una experiencia de Dios: encarnar en la vida la fe y compartirla en comunidad, en familia, en misión. Y vivirlo con esperanza.

11/3/26

EVANGELIO JUEVES 12-03-2026 SAN LUCAS 11, 14-23 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

                              Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús expulsando un demonio y respondiendo a quienes lo acusan de blasfemia y de aliarse con Satanás; acusación que muestra la incomprensión radical de sus milagros y también el rechazo directo y consciente de su persona.

La realidad está ahí: una persona ha sido sanada; pero el prejuicio impide reconocer la bondad de este hecho. Los prejuicios contra las personas nos ciegan tanto que no nos permiten ver, o incluso hace que veamos las cosas al revés. Todo nos parece bueno o hecho con buena intención cuando se trata de un amigo, pero si es un enemigo, cualquier cosa que haga lo consideraremos malo. Aunque haga milagros, sus enemigos estarán ciegos a su acción misericordiosa, todo lo atribuyen a mala intención, a pura maldad: “por Belzebú, el príncipe de los demonios, echa a los demonios”. Los prejuicios ciegan. Cuántas veces nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas sin atender a la realidad de los hechos.

A Jesús lo acusan de que expulsa el mal con el poder del mal. Pero les corrige, echa el mal con el poder de Dios (“con el dedo de Dios”), porque el mal no lucha contra él mismo: “un reino dividido no puede subsistir”. Con esto muestra la incoherencia de atribuir a Satanás la obra de Dios. Si el mal fuera autor de la expulsión, estaría trabajando contra sí mismo. Solo Dios puede luchar contra el mal y vencerlo, únicamente Dios es más fuerte. Por eso Jesús puede decir que, si su poder echa los demonios, “ha llegado a vosotros el reino de Dios”: al mal solo lo expulsa el poder del bien.

Pero a esos que se creían limpios, les advierte que a veces uno descuida su propia casa y termina vencido por el poder del mal. Jesús nos invita a invocar el poder de Dios para preservarnos de los males que pueden dominarnos: el rencor, la tristeza, el temor, la envidia, el egoísmo. Al mismo tiempo nos llama a la vigilancia. Si nos mantenemos atentos y dejamos que el Señor nos fortalezca con su poder, nuestra casa estará segura.

"El que no está conmigo, está contra mí" es un llamado a la decisión moral y eclesial. La pasividad y la tibieza ante el pecado equivalen a colaborar con el Mal; la fe exige compromiso.

Sor Cristina Tobaruela O. P.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)

Nací en Madrid y estudié Ciencias Biológicas en la Universidad Autónoma. Mi reencuentro con la fe se produjo en 1982, durante la visita de san Juan Pablo II a España. Desde entonces, inicié un camino de fe y compromiso en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. Tras comenzar estudios de Teología, descubrí que el Señor me llamaba a la vida contemplativa e ingresé en el monasterio de Valladolid. He desempeñado diversos oficios relacionados con la música y la liturgia, que son para mí una fuente de sentido y oración, y me he encargado de las tareas del obrador, la sacristía o la biblioteca. También me apasiona la lectura, y de una forma especial profundizar en la Sagrada Escritura.

EVANGELIO MIERCOLES 11-03-2026 SAN MATEO 5, 17-19 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

                              Es palabra del Señor

REFLEXION

Jesús quiere en verdad purificar nuestros corazones, quiere que en verdad busquemos lo que es importante, que no vayamos por caminos de cosas superfluas, que demos un verdadero sentido a aquello que hacemos.

Por esta razón no viene a abolir sino a cumplir y a darle plenitud. Por esta razón invita a sus seguidores a practicar y enseñar. Dos verbos que significan compromiso y coherencia, incluso en los detalles de tu vida cotidiana, incluso en aquello aparentemente pequeño.

Durante la Cuaresma se nos llama a renovar nuestro compromiso con obedecer los mandamientos de Dios y no al mero “cumplo y miento” para tranquilizar nuestra conciencia.

Se nos invita a trasmitir nuestra fe a las generaciones futuras con convicción y cercanía y a traducir en el lenguaje de Dios los cuatro puntos cardinales de nuestra vida.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

9/3/26

EVANGELIO MARTES 10-03-2026 SAN MATEO 18, 21-35 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

¡Cuántas veces hemos leído y escuchado este pasaje! ¡Y cuantas veces rezamos el Padre Nuestro! Y yo me pregunto ¿Somos conscientes de lo que significa perdonar o pedir perdón? ¿Cuántas veces hemos oído, o hemos dicho eso de “perdono, pero no olvido”? Si el perdón nace del amor por el otro, por Dios, por nosotros mismos ¿Como debe ser nuestro perdón?

San Pedro le hace una pregunta al Maestro con toda su buena fe y la respuesta que recibe le debió dejar perplejo “Hasta 70 veces 7”, o sea: hasta el infinito. El perdón no sabe de números ni de límites y se da generosamente, sin esperar nada a cambio, es como el abrazo que le da el padre al hijo pródigo cuando regresa a casa reconociendo sus errores. Y Jesús pronuncia una parábola para explicarlo, parábola que nos muestra cual es el verdadero perdón frente al interesado o circunstancial. Y también nos dice que nosotros no podemos implorarlo si no hacemos lo mismo con el prójimo, no podemos pretender un buen trato si no lo damos a los demás.

El verdadero perdón sale del corazón y nace del amor. Del amor por el amigo, el jefe, el hijo, el que nos ofende, el que nos ignora... Fíjate que el propio Cristo en el peor momento de su pasión, colgado de la Cruz, lo que le pide al Padre es que perdone a sus verdugos por su ignorancia de lo que están haciendo, le está pidiendo perdón por ti y por mí, por las veces que le volvemos a crucificar cada día con nuestros comportamientos y negaciones. Solo se puede implorar ese perdón si se ama de verdad. ¿Y nosotros somos capaces de poner condiciones a nuestro perdón al que nos lo pide? Poco amamos si es así.

“Perdona nuestras ofensas COMO NOSOTROS PERDONAMOS AL QUE NOS OFENDE”. El mismo Jesús nos dejó dicho como debemos actuar para alcanzar la gracia del Padre. Mas claro no se puede decir y ejemplos sobran en el Evangelio: el perdón a la mujer adúltera, el perdón a las negaciones de San Pedro, el perdón a sus verdugos…

En esta Cuaresma sería un buen ejercicio, y un propósito, el revisar cómo perdonamos y cómo pedimos perdón. Sí. El perdón viene del amor y por el amor se da y se recibe, sin condiciones ni reservas. Pongámonos al pie de la Cruz con María y miremos a los ojos de Jesús cuando nos perdona con los brazos abiertos mientras entrega hasta su última gota de sangre por ti y por mí. Y luego podremos perdonar y ser perdonados.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Almagro)

Nací en Ciudad Real en 1960 y estoy vinculado a la Orden de Predicadores por la cercanía de mi familia a la Orden en Almagro con quienes recibí mi catequesis y mi formación adulta. Soy Licenciado en Derecho e Historiador del Arte y he sido Alcalde y Diputado Nacional. Ingresé en la Fraternidad de Almagro en 2010 y he realizado estudios bíblicos y sobre la figura de Santo Tomás. También he sido catequista en mi Parroquia y he impartido cursos a Hermandades y Cofradías.

8/3/26

EVANGELIO LUNES 09-03-2026 SAN LUCAS 4, 24-30 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio nos relata que, contrariamente a lo que hizo Naamán…, los paisanos de Jesús no habían salido de su tierra, pero esperaban que Jesús (Él sí había salido de su tierra) les hiciera los milagros que se decía había hecho en otros lugares. Y, cuando Jesús les recuerda los milagros que Dios hizo con los extranjeros, ellos se enojan y lo quieren matar.

El rechazo que advierte Jesús (“ningún profeta es aceptado en su pueblo”) no es responsabilidad suya como profeta, sino del pueblo que se cierra en sí mismo.

Pues, mantenerse en el propio lugar, es decir, no estar dispuesto a salir de la propia tierra, del propio mundo, no estar dispuesto a abrirse, a reconocer y a discernir la verdad que otro pueda ofrecer, representa, ciertamente, una cerrazón que impide todo milagro.

Más todavía. Cuando ese otro que viene de fuera se acerca a la mía, su novedad me invita –y me provoca– a una nueva perspectiva.

Si Jesús no puede hacer las transformaciones que desea en nuestras vidas, en nuestras comunidades, en nuestra sociedad, ¿no se deberá a que lo recibimos muy “afincados en nuestra tierra”, muy encerrados en nuestras perspectivas aprendidas y seguridades conquistadas?

Nuestros rechazos lo pueden ahuyentar y expulsar. Hasta intentar despeñarlo. Jesús, con todo, siempre se abre paso y sigue su camino. Es libre y libertador. Vendrá una y otra vez, como una alondra que muestra lo que hay más allá de nuestros límites y nos enciende en deseo de sus Promesas.

Un deseo de plenitud que no se apaga en nosotros a pesar de nuestros miedos y cerrazones y nos hace orar como el salmista: “mi alma te busca a ti, Dios mío”. Pidamos, pues: “Señor, que tu luz y tu verdad me guíen” y me hagan salir de mí para ir hacia Ti.

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca. Por cuatro años residí en la comunidad de Montevideo, combinando la docencia académica con la pastoral parroquial y el acompañamiento espiritual. Actualmente resido en el Real Convento de Predicadores de Valencia, como Maestro de Estudiantes. Me apasionan la música, la lectura y el servicio desde el acompañamiento personal.