18/5/26

EVANGELIO MARTES 19-05-2026 SAN JUAN 17 1-11a SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

                    Es palabra del señor

REFLEXION

También el texto del Evangelio de hoy, en principio, nos parece una despedida, en este caso de Jesús, que habla de sus discípulos reconociéndolos aun con sus fragilidades. Jesús no idealiza la comunidad, pero tampoco la abandona a su suerte. La entrega al Padre —“cuida de ellos”— es un acto de confianza. La Iglesia no depende solo de sus fuerzas, sino que camina acompañada por Dios. Esto implica que la comunidad tiene una orientación, una revelación que la guía, una experiencia compartida de Dios que ilumina el camino común.

El hecho de que Jesús eleve esta oración antes de su pasión añade una dimensión aún más esperanzadora. En el momento en que todo parece encaminarse hacia la ruptura, Él habla de glorificación, de unidad, de vida eterna. La esperanza cristiana nace precisamente ahí: en la certeza de que incluso en la dificultad, Dios está actuando.

Todo esto nos invita a entender la Iglesia como una comunidad confiada y enviada. Jesús no retira a los suyos del mundo, sino que los deja en él, sostenidos por la comunión con el Padre. La sinodalidad se convierte así en un modo de vivir esa presencia: caminar juntos en medio del mundo, sabiendo que no estamos solos. 

¿En qué momentos de nuestra vida comunitaria experimentamos que realmente “caminamos juntos” y no cada uno por su lado? Si Jesús confía en sus discípulos aun con sus fragilidades, ¿cómo estamos llamados a mirarnos y sostenernos mutuamente dentro de la Iglesia? ¿De qué manera concreta sentimos que Dios cuida hoy de nuestra comunidad? ¿Sabemos reconocer esos signos en medio de las dificultades? 

 Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia
Fraternidad de Laicos Dominicos de Valencia

La Fraternidad Laical de Valencia está formada en la actualidad por hermanos y hermanas con promesa solemne, con promesa simple, y con hermanos a la espera de admisión; sin embargo, desde la fundación de la misma, han formado parte de ella numerosas personas que nos han precedido en la predicación. Uno de los compromisos adquiridos comunitariamente es estudiar y compartir la Palabra de Dios para luego predicarla en la web. Contemplando la Palabra en comunidad, y poniéndola en común, elaboramos una predicación que compartimos con alegría.

EVANGELIO LUNES 18-05-2026 SAN JUAN 16, 29-33 SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».

Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

                            Es palabra del Señor

REFLEXION

Si bien el contexto literario del evangelio de hoy es la Última Cena, en realidad, este discurso de despedida de Jesús a los discípulos se comprende mejor desde un trasfondo pascual. Como si Jesús Resucitado anticipara los acontecimientos por venir y enseñara a los discípulos a enfrentar las dificultades, cruces y persecuciones que estarán en nuestra historia.

¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.

Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de muerte, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.

Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!

Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).

Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y progrese en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.

Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo? 

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca. Por cuatro años residí en la comunidad de Montevideo, combinando la docencia académica con la pastoral parroquial y el acompañamiento espiritual. Actualmente resido en el Real Convento de Predicadores de Valencia, como Maestro de Estudiantes. Me apasionan la música, la lectura y el servicio desde el acompañamiento personal.

16/5/26

DOMINGO 17 DE MAYO : VII DOMINGO DE PASCUA, LA ASCENCION DEL SEÑOR

 




La fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos que hoy celebramos, cierra el ciclo de la presencia de Jesús en la tierra, aunque bien sabemos que, hace una despedida con una promesa: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos” (Mt 28,20).

Lo hemos visto nacer pobre en Belén, crecer y fortalecerse en Nazaret, predicar y hacer milagros a lo ancho y a lo largo de su tierra de Palestina, padecer, sufrir y morir bajo el poder de Poncio Pilatos y resucitar al tercer día de entre los muertos, apareciéndose y confirmando a los suyos… aunque “algunos dudaron”, nos dice el evangelio de Mateo. ¿No había sido suficiente la aparición a las mujeres, a Tomás, a Cleofás y el “otro” de Emaús, la conversación con Pedro y con todos varias veces…?

Era necesaria la promesa: ”seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hc 1,5) y “os dará espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo e iluminará los ojos de vuestro corazón para que comprendáis, cual es la esperanza a la que os llama…” (Ef 1,17-18). Y ahí estamos todos entre la espera y la esperanza… y “plantados mirando al cielo” (Hc 1,11).

Con estas palabras se cierra la etapa terrena de Jesús y se inicia otra presencia entre los suyos, entre nosotros, en la Iglesia…, para que continúe y continuemos su obra de salvación.

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

LECTURAS DEL DOMINGO 17-05-2026 VII DOMINGO DE PASCUA, LA ASCENCION DEL SEÑOR

 

Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseño desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».

Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

                  Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9 R/. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura (Hch 1,1-11): “Seréis mis testigos”

 Solamente Lucas es verdaderamente “ascensionista”. Decimos eso porque es Lucas, tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, el único autor que habla o relata este “misterio” cristológico en todo el Nuevo Testamento. Y sin embargo, las diferencias sobre el particular de ciertos aspectos y símbolos en el mismo evangelista sorprenden a quien se detiene un momento a contrastar el final del evangelio (Lc 24,46-53) y el comienzo de los Hechos (1,1-11). En realidad no son opuestos los discursos, pero resalta, en concreto, que la Ascensión se posponga «cuarenta días» en los Hechos de los Apóstoles, mientras que en el Evangelio todo parece suceder en el mismo día de la Pascua.

 Esto último es lo más determinante, ya que la Ascensión no implica un grado más o un misterio distinto de la Pascua. Es lo mismo que la Resurrección, si ésta se concibe como la «exaltación» de Jesús a la derecha de Dios. ¿Qué es lo que pretende Lucas? Simplemente establecer un período determinado, simbólico, de cuarenta días (no contables en espacio y en tiempo), en que lo determinante es lo que se refiere a hablarles del Reino de Dios y a prepararlos para la venida del Espíritu Santo. Lo de los cuarenta días es especialmente bíblico: el número recuerda y apunta a los cuarenta años que Israel caminó en el desierto bajo la pedagogía divina Dios (Dt 8,2-6); los cuarenta días que pasó Moisés en el monte Sinaí para recibir la Ley de parte de Dios (Ex 24,18); los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de su vida pública (Lc 4,1-2). «Cuarenta» indica el tiempo de la prueba y de la enseñanza necesaria. En la tradición de los rabinos el número «cuarenta» también tenía, en línea con la tradición bíblica, un valor simbólico para indicar un período de aprendizaje completo y normativo. En los Hechos, es un tiempo “pascual” extraordinario para consolidar la fe de los discípulos.

 Y ese tiempo Pascual extraordinario -nos quiere decir Lucas-, está tocando a su fin y el Resucitado no puede estar llevándolos de la mano como hasta ahora. Deben abrirse al Espíritu, porque les espera una gran tarea en todo el mundo, “hasta los confines de la tierra”. La pedagogía lucana, para las necesidades de su comunidad, apunta a que la Resurrección de Jesús, al contrario que otras personas, no supone un romper con la tierra, con la historia, con todo lo que ha sido el compromiso de Jesús con los suyos y con todo el mundo. Esa es la razón de que haya prolongado su presencia “especial” durante “cuarenta días” entre los suyos, insistiendo en iluminarlos acerca del Reino de Dios que fue el tema de su mensaje y la causa de su vida hasta la muerte.

 Pero en todo caso, hay una promesa muy importante: recibirán la fuerza de lo alto, el Espíritu Santo, que les acompañará siempre. Lucas, pues, usa el misterio de las Ascensión para llamar la atención sobre la necesidad de que los discípulos entren en acción. Y deben entrar, porque son enviados por el Resucitado. Ya ha pasado el tiempo de la prueba. Ya han podido experimentar que el Maestro está vivo, aunque haya sido crucificado. Su mensaje del Reino no puede quedar en el olvido. Hasta ahora todo lo ha hecho Jesús y Dios con él; pero ha llegado el momento de una ruptura necesaria para la Iglesia en que tiene que salir de sí misma, de la pasividad gloriosa de la Pascua, para afrontar la tarea de la evangelización.

 La “Ascensión”, como se indica en Mc 16,19 (tomado sin duda de la tradición lucana) es ser elevado al cielo y sentarse a la derecha de Dios, es decir, la total exaltación y glorificación de Jesús. Pero eso es lo que sucede, sin duda, en la resurrección. Por lo mismo, no es un misterio soteriológico nuevo con respecto a la humanidad de Jesús, sino una afirmación cristológica que marca el destino final del profeta de Galilea. No obstante, debemos señalar que en el relato de los Hechos viene a significar un momento decisivo que pone fin al período pascual. Asimismo, Lucas lo ha presentado como misterio pedagógico para hacer ver a los discípulos que ha llegado su hora de anunciar al mundo la salvación de Dios. E incluso tiene el sentido de purificación definitiva de una ideología nacionalista del mesianismo de Jesús y del papel de Israel. Todos los hombres han de ser llamados a la salvación de Dios. Por que Jesús, el Señor exaltado, ya ha cumplido en la historia su tarea.

IIª Lectura (Efesios 1,17-23): Plegaria de iluminación

 La IIª Lectura del día nos ofrece una alabanza o acción de gracias y una petición importante que el autor -presuntamente Pablo, aunque bien puede ser uno de sus discípulos-, pide para la comunidad: el conocimiento, como una especie de carisma. Se trata de un conocimiento de experiencia. De esta manera el conocimiento que se pide para la comunidad otorga una sabiduría como don incesante. No es un conocimiento de cosas, sino es una experiencia de fe y de amor.

 Esta lectura se ha escogido para la liturgia de las Ascensión, porque en esta acción de gracias se pide el Espíritu, que es la promesa que Jesús hizo a los suyos. Se especifica que es el Espíritu de sabiduría, don de Dios; y de revelación, porque la sabiduría no es un saber humano, sino una experiencia divina.

 Y también ha sido escogido, sin duda, porque aquí se menciona la Ascensión en las palabras “lo ha hecho sentar a su derecha en los cielos”. Esto viene a continuación de la afirmación sobre la resurrección. Estar sentado a la derecha de Dios es una expresión simbólica para poner de manifiesto “el señorío” de Jesús. Porque estando a su derecha, pues, participa del señorío divino.

 Y finalmente, se debe tener en cuenta que esta acción de gracias a Dios por lo que ha hecho en Jesús, es una llamada, a su vez, a la esperanza de los cristianos. Porque eso que ha acontecido en Jesús lo viviremos un día nosotros.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 17-05-2026 SAN MATEO 28, 16-20 VII DOMINGO DE PASCUA, LA ASCENCION DEL SEÑOR

 





En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

                           Es palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de este día es el final del evangelio de Mateo y se quiere poner de manifiesto lo que Lucas ya nos ha expresado con la presentación de la «Ascensión»: es el momento de los discípulos, de sus seguidores, que tienen que llevar el evangelio allí donde Jesús no pudo ir: a todo el mundo. Desde lo alto de un monte, con todo el simbolismo que esto tiene en la Biblia, Jesús les otorga a los suyos un poder comunicador de salvación y de gracia.

 El bautismo en su nombre, será por otra parte, el sacramento de iniciación de los que quieran llevar una vida nueva en este mundo. Mateo ya había elegido un monte para la enseñanza de Jesús que ha pasado a la historia como el «sermón de la montaña» (Mt 5-7). Con ello se quería ir más allá del monte Sinaí y de la ley del Antiguo Testamento, la ley del la Alianza. Para culminar la teología de una Alianza nueva dada en una enseñanza nueva, ahora Mateo, en Galilea, nos presenta al Resucitado corroborando, con un nuevo poder, lo que ya les había trasmitido en el sermón de la montaña.

 Mas no podemos menos de resaltar que a la promesa de hacer discípulos en todo el mundo (aquí el evangelio de Mateo se hace absolutamente universalista), corresponde la promesa del mismo Jesús de estar con los suyos siempre. Muchos autores resaltan con razón que aquí se retoma el significado de “Emmanuel” (Dios con nosotros) como cumplimiento de la profecía de Is 7 y del anuncio a José (Mt. 1,23). Como el nombre que recibió fue Jesús, no concretamente “Emmanuel”, y Jesús significa “Dios salva”, quiere decir que la promesa se cumple porque la salvación de Dios con la humanidad no tendrá límites. Y esto, prometido al final, como Señor resucitado que tiene todo el poder, en el “monte”, es de una importancia teológica irrepetible.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

15/5/26

EVANGELIO SABADO 16-05-2026 SAN JUAN 16, 23b-28 SEXTA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.

Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.

Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.

Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

                          Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio de San Juan, por su parte, pone en boca de Jesús después de la cena de Pascua algunas indicaciones sobre la oración. En este caso sobre la oración de petición. Él nos invita a pedir al Padre en su nombre. “Pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa”

Jesús habla a los discípulos de su Padre. Un Padre que quiere a los discípulos porque ellos le quieren a él y creen que Jesús salió de Dios. Nosotros podemos experimentar el amor porque Dios nos ha amado primero y de un modo incondicional.

Lo que Jesús dice a los discípulos nos lo podemos aplicar también hoy nosotros. Por eso la oración para los cristianos es tan importante. Ponernos en la presencia de Dios, nuestro Padre, agradeciéndole su amor incondicional y comunicándole nuestras necesidades, con el convencimiento de que atenderá nuestras súplicas si las hacemos en nombre de Jesús.

Orar es sentirnos en comunión con Jesús y con nuestro Padre Dios, que nos regalan el don del Espíritu, que no es negado a nadie que lo pide con fe y humildad.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

Gaditano de nacimiento, entré en contacto con la Orden de Predicadores en el Convento de Santo Domingo de Cádiz. Tomé el hábito a los 17 años en Almagro (Ciudad Real). Ordenado en 1982 estudié Catequética y trabajando en nuestra Parroquia Santa Catalina de Siena de Madrid. Durante 15 años viví en el Convento de San Jacinto de Triana (Sevilla) ejerciendo como Párroco. Después de un año en Irlanda, en la Comunidad Juana de Aza de Wicklow Town, vinculada al MJD, pasé 22 años en Granada, siendo director del Colegio Mayor Universitario Santa Cruz La Real, integrado en la Universidad de Granada. Actualmente formo parte de la Comunidad del Convento Santo Tomás de Aquino de Sevilla. Disfruto sobre todo junto al mar y me gusta mucho viajar en buena compañía. Valoro bastante la amistad y disfruto intentando dar a conocer a Jesucristo mediante la predicación del Evangelio.

14/5/26

EVANGELIO VIERNES 15-05-2026 SAN JUAN 16, 20-23a SEXTA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.

También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

                         Es palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio nos sitúa en el discurso de despedida de Jesús. Sus palabras reconocen una experiencia muy concreta: la tristeza de los discípulos. La separación, la incertidumbre y el desconcierto están muy presentes. Jesús no niega ese dolor; lo nombra y lo acoge. «Vosotros estaréis tristes». La fe no elimina el sufrimiento, lo atraviesa.

Pero inmediatamente añade una promesa: «Vuestra tristeza se convertirá en alegría». No dice que la tristeza desaparecerá sin más, sino que se transformará. La imagen que utiliza es profundamente humana: la mujer que da a luz. El dolor del parto no es el final, sino el paso hacia una vida nueva. La alegría no ignora el sufrimiento, nace de él.

Esta comparación revela algo esencial del misterio pascual. La cruz no es fracaso, sino el lugar donde germina la vida. Los discípulos pasarán por la oscuridad, pero descubrirán que esa misma experiencia se convierte en fuente de una alegría que nadie podrá quitarles. No será una alegría superficial, sino una certeza profunda.

Jesús insiste: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón». La alegría cristiana nace del encuentro con el Señor resucitado. No depende de circunstancias favorables, sino de una presencia. Por eso añade: «Nadie os quitará vuestra alegría». Es una alegría que permanece incluso en medio de dificultades, porque está arraigada en Dios.

También nosotros conocemos momentos de tristeza, de incertidumbre, de espera y de sufrimiento. A veces no vemos salida, ni comprendemos lo que está ocurriendo. El evangelio nos invita a confiar en esa transformación silenciosa que Dios realiza. Lo que hoy parece dolor puede convertirse en vida nueva.

La Pascua nos enseña que Dios no elimina nuestras noches, pero las llena de amaneceres. La tristeza no es la última palabra. Cuando el Señor vuelve a nuestro encuentro, el corazón se ensancha y descubre una alegría más honda y duradera.

¿Dónde necesito hoy creer que mi tristeza puede transformarse? ¿Confío en que el Señor sigue gestando vida incluso en medio de la espera?

Sor Gemma Morató i Sendra

Sor Gemma Morató i Sendra
Dominica de la Presentación

Soy Dominica de la Presentación, de Barcelona, y me dedico especialmente a la comunicación, la educación y el acompañamiento a la vida religiosa a través de charlas, talleres y ejercicios espirituales. Doctora en Humanidades, teóloga y periodista, he destinado gran parte de mi vida a la enseñanza universitaria, la reflexión teológica y la predicación. Mi trayectoria combina una amplia experiencia en comunicación, docencia e investigación, siempre desde una mirada abierta, humanista y crítica. Imparto asignaturas de comunicación, moral, pastoral y vida religiosa en distintas universidades. También coordino y dirijo proyectos pastorales de diferente índole, como el Proyecto María, Reina de la Paz en Barcelona, y desarrollo la presencia digital de mi Congregación a nivel internacional.

13/5/26

EVANGELIO JUEVES 14-05-2026 SAN JUAN 15, 9-17 SEXTA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento:
que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

El texto evangélico que hoy se proclama en la fiesta de San Matías nos sitúa en la última cena, por tanto las palabras de Jesús en esos momentos son como un resumen de las cosas más importantes que ha enseñado a sus discípulos. 

Jesús abre su corazón a los discípulos: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”. El amor en el que Jesús quiere que permanezcamos no es un sentimiento que sube y baja según nos vayan las cosas, sino un amor cimentado en la experiencia profunda de sentirnos amados por Él. Sólo quien ha experimentado este amor puede permanecer en el.

Permanecer en el amor de Jesús, amar como Él nos amó, no es sinónimo de “estar a gustico”, tiene unas exigencias concretas que continuamente nos desinstalan: cumplir sus mandamientos, como Él cumple los mandamientos de su Padre. Y justo ahí está la clave de nuestra felicidad, de una alegría que nada puede apagar y nadie nos puede robar.

Este permanecer en el amor de Jesús nos lanza de lleno al amor a los hermanos. El amor de Jesús tiene dos direcciones amor a Dios y amor al prójimo. Si nuestro amor es auténtico iremos caminando paulatinamente en ambas direcciones.

Pidamos la intercesión del apóstol San Matías para poder vivir arraigados en el amor y ser testigos de la Resurrección de Jesús.

 MM. Dominicas

MM. Dominicas
Monasterio de Santa Ana (Murcia)

12/5/26

EVANGELIO MIERCOLES 13-05-2026 SAN JUAN 16, 12-15 SEXTA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

                   Es palabra del Señor

REFLEXION

Jesús instruye en la última cena a sus discípulos. En esa instrucción, la referencia a la promesa de la donación del Espíritu es clave. La comprensión de todo lo que él ha revelado se irá realizando bajo la guía del Espíritu, que todo lo conoce y sondea la intimidad. No revelará nada nuevo, porque todo ya ha sido dado a conocer en el Hijo. Si el Hijo ha comunicado todo lo que ha oído al Padre, eso mismo refiere al Espíritu: “Hablará de lo que oye y comunicará lo que está por venir”.

Somos introducidos en la intimidad de Dios por medio de Jesucristo llevados por el Espíritu. En nuestro proceso de fe, vamos avanzando en el conocimiento de la Verdad. Por eso la formación permanente del bautizado juega un papel importante en su vida y misión. De ella se ocupa el Espíritu que nos va llevando a entender y aplicar lo que Jesús nos ha revelado.

Por eso siempre estamos en camino y en el Camino somos instruidos. No podemos ni debemos dejar de lado el deseo de crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y en el adecuado anuncio del mismo en el mundo contemporáneo.

 ¿Deseo avanzar en ese conocimiento?

¿Se trata de un conocimiento experiencial relacionado con la vida diaria y la misión en la sociedad de la que formamos parte?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

Soy fraile dominico, nacido en Almería en 1950. Tras graduarme como Delineante Industrial, ingresé en la Orden de Predicadores en 1967 y fui ordenado sacerdote en 1974. He desarrollado mi labor pastoral y formativa en España y Venezuela, como maestro de novicios, prior en varias comunidades, profesor de teología y director espiritual. También he trabajado en la Pastoral Familiar y acompañado a jóvenes y laicos dominicanos. Actualmente soy párroco en Santa Escolástica de Granada. Me apasiona la investigación histórica, he participado en congresos y publicado varios trabajos y formo parte del Instituto de Estudios Almerienses.

11/5/26

EVANGELIO MARTE 12-05-2026 SAN JUAN 16, 5-11 SEXTA SEMANA DE PASCUA




 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

En numerosas ocasiones hemos escuchado decir a Jesús que era necesario el cumplimiento de lo escrito proféticamente sobre él. En el Evangelio de hoy, Jesús anuncia a los discípulos su partida, también necesaria, para dar paso a un bien mayor. El anuncio de la nueva presencia del Espíritu Santo no pareció aliviar a sus atribulados amigos, aunque les aseguró que serían íntimamente consolados por Él.

En las lecturas del tiempo pascual hemos contemplado, sorprendidos, la torpeza de los apóstoles al no reconocer a Jesús en sus encuentros con el Resucitado. No reconoció María Magdalena a Jesús en el hortelano que la consoló ni lo reconocieron los discípulos de Emaús en el caminante que les explicaba las escrituras antes de partir para ellos el pan.

Jesús fue crucificado, aunque el Espíritu probaría el delito cometido contra el Santo de Dios y la Justicia de Dios pondría de manifiesto el poder del bien al quebrantar aquel maligno propósito de aniquilación y de silenciamiento, con su resurrección.

Que el Espíritu Santo nos fortalezca como nuevos testigos de la vida resucitada de Jesús. 

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.

Dña. Micaela Bunes Portillo O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Murcia)

Soy laica dominica con promesa definitiva desde hace más de dos lustros. Soy viuda y madre de un hijo maravilloso y estoy licenciada en Filosofía y Doctora en Pedagogía. Ejerzo como profesora universitaria especializada en formación docente en enseñanzas regladas. Mi profesión y mi vocación conforman una unidad. El estudio es mi tarea y a él me entrego con alegría y mucha gratitud. También acompaño a personas con problemas de adicciones que me han mostrado rostros humanos desfigurados en los que aprender a reconocer el amor con el que han sido amados.