Primera lectura
Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a
Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.
Es palabra del Señor
Salmo
Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14
Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.
Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Iª Lectura: 1 Samuel (16,1ss): Lo que no cuenta para los hombres es lo que cuenta para Dios
La primera lectura de este domingo nos relata la unción de David. Es un relato que quiere ofrecernos el fracaso de la monarquía de Saúl y el ascenso, desde lo más humilde, de David al trono. Sabemos que esta historia está idealizada hasta el máximo por los autores de la escuela que han querido ensalzar a David como rey justo, e incluso comprometer a Dios con un sistema de gobierno al que el profeta Samuel se oponía con todas sus fuerzas (1Sam 8-10). Lo que pueda haber de leyenda en todo esto tiene de positivo el origen humilde y sencillo que por la libre elección llega a servir a Dios en su proyecto sobre el pueblo.
Debería ser patente que los criterios morales de la escuela “deuteronomista” que redacta todo esto eran mucho más éticos y morales que la realidad histórica dura de cómo David subió al trono. En todo caso, la significación teológica del relato no deja lugar a dudas: Dios elige a David porque es el más pequeño, el que menos intereses tiene en todo esto, aunque la historia real de David y de su subida al trono en el libro de Samuel sea mucho menos limpia y clara. La “historia de Israel” es tan escabrosa como todas las historias de los pueblos circundantes… El profeta Samuel no quería ceder a la “monarquía” no solamente porque era un profeta tradicional, sino porque la monarquía copiaría los sistemas de los otros pueblos poderosos… No obstante los “deuteronimistas” sí dejan claro que lo que a Dios le interesa no es la “monarquía sagrada” en sí, sino que el rey sea justo y bueno con los que no tienen defensa. Por eso, nos recuerda el origen sencillo y humilde del pastor… que llegó a ser rey. Y eso no se debería olvidar nunca.
IIª Lectura: Efesios (5,8-14): La obras de la luz son vida
La segunda lectura recuerda a la comunidad a la que se dirige esta carta que los que han llegado a la fe cristiana son hijos de la luz. Se supone que el autor, un discípulo de Pablo, está hablando a una comunidad que en otro tiempo eran paganos, es decir, “nada” para los judíos. El recuerdo de los orígenes humildes implica un proceso pedagógico que siempre busca la terapia espiritual de revivir realidades profundas. Todo lo que no sea eso, es un “dormirse”, un olvidar el misterio de la gracia de Dios y de la salvación. Por eso el misterio de la luz es un misterio revelador, descubridor de las verdades de la vida que no se deben olvidar. Esta parte parenética o práctica de la carta a los Efesios se interesa por mostrar que los obras de las tinieblas son “estériles”, es decir, no engendran vida.
Podemos subrayar en el texto una concepción dualista bien marcada que puede prestarse a equívocos, como sucede en algunas expresiones de la comunidad de Qumrán, que también divide la vida moral y de la comunidad en dos categorías: los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Pero si superamos ese dualismo, podemos entender bien que lo que se propone en este caso a la comunidad es que vivan en la fidelidad a Cristo que los ha llamado a una vida en la que los valores son: la bondad, la justicia y la verdad. Las obras de las tinieblas no se mencionan, sino que simplemente se suponen que son como el misterio de la muerte. Se está hablando en términos morales y éticos en lo que se puede coincidir, sin separaciones dualistas, con todos los hombres que viven de esos valores.
