En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Y muchos creyeron en él allí.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Si leemos los versículos anteriores a los propuestos para nuestra reflexión, vemos cómo Jesús va realizando una serie de afirmaciones relativas a su identidad y a la misión a la que el Padre le envía, (Jn 14-18) que exacerba a los representantes oficiales de la Ley, y le acusan de blasfemo por hacerse igual a Dios.
Juan sitúa este texto con ocasión de la fiesta de la Dedicación del templo, recuperado nuevamente para la adoración del Dios único y verdadero.
Jesús paseaba en el templo por el pórtico de Salomón (Jn 10,23) y es aquí donde vuelven le plantearle la cuestión de su identidad. (Jn 10,24)
“Si tú eres el Mesias dínoslo claramente” y Jesús les contesta poniendo en evidencia su incredulidad. “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed en mis obras”. Remite al testimonio de su vida que autentifica sus palabras. Y declara “Yo y el Padre somos uno”
De nuevo se enfrentan con las afirmaciones de Jesús, consideradas blasfemas para los judíos y responden violentamente, preludio de lo que acontecerá mas tarde.
Juan relata muy bien la ceguera de muchos judíos ante los signos evidentes que les presenta Jesús, enviado del Padre, para que todos tengan Vida.
Voy a destacar alguna de las actitudes de aquellos fariseos y maestros de la ley, ¿por qué su resistencia y oposición a Jesús?
Se les cae toda la tradición acumulada durante siglos, alimentada con signos y prodigios. Dios conduciendo a su pueblo elegido. Ellos los custodios de la ley. De ahí su cerrazón de mente y corazón. ¡Pero otros judíos oyeron, vieron y creyeron!
Se les cae el poder y prestigio social del que gozaban creyéndose superiores a los demás. ¡Alguno en su misma situación vio y creyó!
El templo de Jerusalén era el único lugar en el que se podía dar culto a Dios. Jesús responde a la Samaritana: los verdaderos adoradores de Dios lo harán en espíritu y verdad.
Muchos hombres y mujeres de nuestro mundo, nos hemos situado ante la figura de Jesús, ante Dios su Padre. Muchos hemos escuchado, leído y hasta meditado sobre el Reino que vino a inaugurar. Muchos han nacido y crecido en familias donde Jesús de Nazaret no era un desconocido.
Y como aquellas gentes del tiempo de Jesús, no será el fiel cumplimiento de la Torah, pero sí nuestros propios esquemas mentales los que nos pueden impedir abrirnos a la novedad del evangelio o a alguno de sus planteamientos.
Para otras personas, su ceguera será los prejuicios propios de una ciencia que no encuentra la huella de Jesucristo en los documentos que rastrea o en las investigaciones que lleva a cabo. Y no aceptarán ni su figura ni su mensaje.
Otros, inmersos en el ruido amplificado por la técnica, insensibles para escuchar otra voz, otros gestos, otros mensajes.
Y también hay quien quiere vivir con coherencia su fe, adecuando su vida a la fe que proclaman. “Si no me creéis a mí, creed a las obras”, les responderá Jesús.
Por qué unos oyentes aceptaron el mensaje de Jesús y otros no. El corazón sencillo, humilde, predispuesto para escuchar, nos introduce en la dinámica de la fe. La fe es ese regalo de Dios que hay que cuidar y alimentar. El gran regalo de Dios a nuestra vida
Finaliza el texto “Jesús se marchó, al otro lado del Jordán” y allí, muchos creyeron en El.
En esos “muchos” estamos nosotros, que luchamos por ser cada vez más coherentes. Por despojarnos de las briznas de fariseos que podemos tener adheridas a nuestra fe. En estos muchos, estamos nosotros oyentes contemplativos de la Palabra que quisiéramos dejar a nuestro alrededor, la huella de su Amor, de su Vida. Gestos sencillos, silencios o palabras que curan, bendicen, ayudan, fortalecen, colaboraciones que apuntan a crear una sociedad mejor y otras muchas acciones que seguro estarán en el haber de muchos creyentes. Muchos creyeron en El.
Señor que con nuestra vida colaboremos a hacer más visible tu Presencia entre nosotros. ¡Gracias por el don de la fe!



