Pero todos a una empezaron a excusarse.
Palabra del Señor
REFLEXION
La parábola de hoy nos presenta el Reino de Dios como una mesa felizmente preparada para compartir, celebrar y encontrarse entre todos los invitados. Dios nos ofrece un Reino lleno de alegría y paz.
Sin embargo, quienes habían sido invitados comienzan a poner diferentes excusas para no acudir con asuntos personales que les parecen más importantes o urgentes, cosa que no llama nada la atención porque suele pasarnos a todos, que una vez se nos muestra cómo construir y celebrar el Reino de Dios, ponemos escusas, y es que la vida cotidiana puede encerrarnos tanto que dejamos pasar lo verdaderamente importante: Dios.
Pero la mesa no puede estar vacía, y Dios llama a quienes normalmente quedan fuera de esta para llenarla de personas enfermas, excluidas o heridas. Dios siempre se acuerda de quienes viven en los márgenes, de quienes no tienen poder o capacidad de decisión.
El mensaje de hoy es claro: toda persona merece estar en la mesa del Señor. Toda persona está dotada de dignidad para compartir la fiesta. Sin distinción alguna. Sin discriminación. La vida se convierte en una verdadera celebración cuando nadie queda fuera. Seamos anfitriones que construyan, incluyan y que nunca pongan escusas para compartir el banquete del Señor.
¿Qué excusas ponemos para no escuchar, acompañar o ayudar a quienes nos necesitan? ¿Quiénes son hoy las personas que dejamos fuera de nuestras mesas, comunidades y espacios de decisión? ¿Qué podemos hacer para que cada persona se sienta acogida, valorada y parte de la comunidad? ¿Estamos dispuestos a compartir nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestra vida con quienes suelen quedar al margen?



