22/5/25

EVANGELIO VIERNES 23-05-2025 SAN JUAN 15, 12-17 V SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

                                Es palabra del Señor

REFLEXION

Sabrosas las enseñanzas de Jesús en el evangelio de hoy. Quizás la más importante y de donde se derivan todas las demás es la amistad que Jesús brida a sus discípulos de entonces y a todos nosotros. “Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos”. La amistad es una de esas realidades que los hombres de todos los tiempos valoramos más. Tener un amigo es tener un tesoro. Lo más propio de la amistad es la confidencia, ese abrir el propio corazón con todo lo que hay en él al amigo, esperando que él pague con la misma moneda. Jesús, nuestro amigo, nos hace participes de su interioridad, de lo que piensa y siente su corazón, de sus vivencias más íntimas. Y por eso nos dice que “os améis unos a otros como yo os he amado” para que nos vaya bien en la vida… y nos asegura que en nuestra amistad, ha sido él el que ha tomado la iniciativa “no sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido y destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure”.

Agradezcamos a Jesús que nos haya brindado su amistad y pidámosle que siempre le hagamos caso en todo lo que su corazón nos comunique. Es el mejor amigo que tenemos, el que siempre busca nuestro bien.   

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Nací en León y a partir de unos ejercicios espirituales en La Virgen del Camino y tras acabar el bachillerato entré en el noviciado de los dominicos de Palencia. Estudié filosofía en el convento de Cardedeu (Barcelona) y en Las Caldas de Besaya (Santander), y teología en el convento de San Esteban de Salamanca, donde fui ordenado sacerdote en 1968. Mi primer destino fue la Universidad Laboral de Córdoba y actualmente resido en Oviedo. Soy licenciado en filosofía y teología y además de dar clases de religión y filosofía en varios colegios he sido profesor en nuestra escuela de teología de Salamanca. Fui designado como formador de nuestros estudiantes de filosofía y teología, y elegido como provincial de la Provincia de España. También he dirigido tandas de ejercicios espirituales y me gusta el deporte y practicar el senderismo.


EVANGELIO JUEVES 22-05-2025 SAN JUAN 15, 9-11 V SEMANA DE PASCUA





 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

                          Es palabra del Señor

REFLEXION

En el capítulo 15 del cuarto evangelio, Jesús inicia un bello discurso metafórico con la imagen de la vid y los sarmientos. La lectura de hoy, que pertenece a dicho discurso nos sugiere profundizar en las dos palabras que vertebran este pequeño relato: “amar” y “permanecer”.

Con respecto al amor, el evangelista hace una presentación de manera escalonada: Jesús anuncia a los discípulos que la fuente de su amor por ellos es el amor que el Padre le tiene. Una unidad amorosa que vincula a Aquel que envía con el Enviado. Puesto que el Padre ama a Jesús, Jesús manda a sus discípulos que formen parte de esa unidad permaneciendo en su amor. El amor de Dios Padre hacia Jesús es un amor infinito, sin límites, un amor de comunión plena y profunda, tal cómo Jesús ha mostrado a sus discípulos. La llamada a su seguimiento y su respuesta les ha hecho formar parte de la familia de Jesús y en consecuencia de su amor y un amor de amistad, de amigo como les dirá más adelante (15,14). De ahí que los discípulos han de permanecer en su amor.

Permanecer en el amor de Jesús, en medio de las dificultades, debe mostrarse en un modo de vivir determinado por los mandamientos del Maestro. Ser un discípulo que permanece en el amor de Jesús significa hacer algo, y este hacer se fundamenta en el amor de Jesús hacia ellos. La vida de Jesús se basa en cumplir los mandamientos de Dios, es decir, en haber hecho la voluntad del Padre. De este modo, los discípulos tienen que repetir, en su relación con Jesús, lo que siempre éste ha mantenido con el Padre: una reciprocidad de amor mostrado por el cumplimiento incondicional de su voluntad.

Permanecer en el amor de Jesús, implica el acceso de los discípulos a Jesús y al Padre. Tal como Jesús ha entrado en una alianza de amor con su Padre, así tienen que hacer también los discípulos. Jesús, es el Hijo obediente y fiel, es el amado del Padre y modelo para los creyentes. No hay mayor alegría que sentirse amado por Jesús, que él nos transmita y nos deje su alegría. Esta es la única manera en que la nuestra sea una alegría plena.  ¿Cómo permanezco en el amor y la alegría de Jesús?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

20/5/25

EVANGELIO MIERCOLES 21-05-2015 SAN JUAN 15, 1-8 V SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

                          Es palabra del Señor

REFLEXION

Estas palabras de Jesús las olvidamos muchas veces. La predicamos, es verdad, pero no terminamos de asumirlas como suyas, sino como nuestras y en función de determinados intereses no siempre conformes con el Evangelio. Permanecer en Jesús es procurar vivir en sintonía con el Espíritu Santo desde la oración sincera y comprometida, desde una actitud de servicio al Reino y sus Bienaventuranzas, desde la Comunión con el Papa, obispos, clero y toda la Iglesia y desde una voluntad de apertura sincera y comprometida con todos los hombres, nuestros hermanos. Solo así podemos permanecer como sarmientos en la vid que es el Señor Jesús.

Porque permanecer en la comunión es, paradójicamente, una actitud y un comportamiento dinámico, valiente, arriesgado y comprometido no pocas veces con opciones contrarias a los actuales monopolios políticos o económicos, implicarnos en y con los “descartados” de la sociedad y todo ello ciertamente nos puede causar problemas y descréditos. La clave es la Cruz donde murió el Señor, pero también donde nos salvó de una vez para siempre a todos los hombres.

Hoy celebra nuestra Orden la fiesta del beato Jacinto María Cornier (1832-1916), maestro general y persona comprometida con el Evangelio y probada en su enfermedad que en nada disminuyó su entrega a la Iglesia y la Orden.

«Estemos unidos a nuestro Señor Jesucristo, primer autor y perfeccionador de la santidad religiosa, el cual de sus sagradas llagas abre para nosotros abundantes fuentes de espíritu religioso y quiere que estemos sepultados con él con la muerte de la Cruz (Cf. Rm 6, 4; Flp 2, 8)...

Estemos unidos entre nosotros, de manera que la diversidad de naciones y de lenguas, no sólo no menoscabe la unidad, sino que la robustezca y la haga más hermosa en sus variadas expresiones. Sin embargo, la raíz lozana de esta fraternidad de ánimo será el mismo santo Patriarca, del que, aunque sin merecerlo, somos hijos. La misma raíz dará, como frutos, que seamos unánimes en un mismo sentir, conformes en las costumbres, afables en la convivencia conventual, y que en las obras apostólicas pongamos en común fuerzas y talentos.»

(De la carta del beato Jacinto María Cormier a toda la Orden de Predicadores, el día 29 de junio de 1904, después de su elección como maestro de la Orden)

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)

Formo parte del laicado dominicano desde 2006 motivado por el estudio y devoción al Santo Rosario y el ejemplo de dos frailes. Soy doctor en Historia y en Artes y Humanidades (Teología) y tengo estudios teológicos como profesor de Religión que continúo. Mi actividad como predicador se centra en el estudio de la Historia de la Orden, la catequesis parroquial y la dirección de un programa semanal sobre el Evangelio en YouTube.

19/5/25

EVANGELIO MARTES 20-01-2025 SAN JUAN 14, 27-31a V SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

Parte del discurso final de Jesús en la noche de la última cena, en el que se despide de los suyos antes de su pasión, el texto de Juan que nos presenta la liturgia de hoy nos abre a esa experiencia profunda de paz que nada es capaz de quitárnosla si está en verdad asentada en Dios.

Así nos lo asegura el Señor, así nos sostiene y nos lo recuerda y nos lo anima. Sabe Jesús que el corazón del hombre flaquea y duda y es frágil, que los vientos de la vida nos azotan y nos hacen zozobrar, que nuestras propias fuerzas no son capaces para mantenernos en pie, que fácilmente tememos y nos acobardamos. Pero Él nos asegura la paz profunda. Nos la da. Nos la ofrece para aquel que quiera acercarse a Él mismo.

¿Cómo alcanzar esa paz que Jesús promete, que Pablo encontró, que los apóstoles y los discípulos vivieron en su entrega, pese a las dificultades y pruebas y tribulaciones de su vida y que tanto necesitamos cada uno para nuestra propia vida, para nuestro mundo?

El mismo Señor Jesús es la fuente de esa paz verdadera. Acercarse a su palabra, acercarse en la oración, acercarse a los sacramentos, ocuparse en las cosas de Dios es la vía para lograrla.

Así cabe hoy preguntarnos: ¿dónde busco la paz en mi vida? ¿cómo acercarme al Señor para gustar de esa paz? ¿cómo construyo la paz a mi alrededor? ¿cómo me acerco al Amor de Dios para amar y vivir y gustar y llevar a los demás la paz profunda del corazón?

Fray Vicente Niño Orti

Fray Vicente Niño Orti
Convento Santo Tomás de Aquino 'El Olivar' (Madrid

18/5/25

EVNGELIO LUNES 19-05-2025 SAN JUAN 14, 21-26 V SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

                            Es palabra del Señor

REFLEXION

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama

El pasaje del evangelio sigue el hilo conductor de la primera lectura. Desde la aceptación de la fe en Jesucristo recibimos el mensaje de plenitud y de salvación que trae el Hijo de Dios encarnado. Liberación total de la persona desde la clave evangélica del amor, así, san Juan entra en la necesidad de la relación interpersonal con un Dios que es la fuente del amor. Por tanto, los discípulos acceden a la fe, mediante el sentirse desbordados por el amor que Dios les manifiesta a pesar de su limitación.

Hay un anuncio de las verdades del Reino que Jesús va haciendo en toda la predicación en los contextos que se va encontrando. Habla de ese proyecto nuevo y revolucionario que viene del amor. Sin embargo, hasta que no se acepta ese mensaje tal y como lo expresa Jesús, es imposible hacerlo vida. La transformación total de la persona desde la dinámica de un encuentro con Jesús que da un horizonte nuevo al ser humano. Es desde el aceptar lo que plantea Cristo entras en la dinámica de la salvación.

Su Palabra, sus acciones, sus preceptos, para llegar a hacerme un ser humano capaz de amar por encima de todas las circunstancias que me encuentre. Al encontrar en mi vida el fundamento de un amor que me sostiene dirijo toda mi vida a aceptar y amar a Dios. Habrá corrupción, pero el fundamento del amor me dice que yo me mantengo del lado de Cristo. Habrá guerra, violencia, conflicto, pero el precepto del amor me dice que sea canal de paz. Habrá noche oscura, sin razón, miedo, pero la Palabra de Dios es una lámpara de sentido en medio del obstáculo. Habrá escenarios en los que no acepte al otro, juzgue, critique, deje de lado, pero el mandato del amor de Dios, vivido desde el convencimiento personal me lleva a una conversión de hacerme una persona capaz de amar incluso a los que me persiguen. Eso solo se hace cuando alguien está convencido de que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Que desde su amor mi existencia tiene sentido y que yo hago la conversión y el seguimiento porque no hay nada en la vida que valga más que experimentar por un segundo lo que Jesús me ama. Amando digo al mundo del grupo que soy: «Para mí la vida es Cristo».

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Real Convento de Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife)


17/5/25

DOMINGO 18 DE MAYO DE 2025 : QUINTO DOMINGO DE PASCUA

 




El evangelio del V Domingo de Pascua, ciclo c, se sitúa en el contexto de la última cena y propone algunos aspectos propios de la vida cristiana inaugurada en la Pascua con los sacramentos de la Iniciación cristiana. En el evangelio de este Domingo advertimos tres realidades principales: la glorificación del Hijo y del Padre Jn 13, vv. 31-32; el comienzo del discurso de despedida v. 33 a; y la entrega del mandamiento nuevo vv. 34-35. La Pascua inaugura el tiempo de la Iglesia, en la que Cristo permanece siempre con nosotros. 

En la primera lectura (Hech 14, 21b- 27) el apóstol Pablo exhorta los fieles a perseverar en la verdadera fe, recordando que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios y en cada ciudad por donde pasaban designaban presbíteros para que cuidaran de las comunidades.                              

En la segunda lectura (Apoc. 21, 1-5ª) S. Juan profetiza el nuevo cielo y la nueva tierra, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo, la morada de Dios entre los hombres, la esposa adornada, donde Dios renueva todas las cosas y en esta morada de Dios con los hombres no habrá más dolor, muerte, lágrimas, pecado. El Señor nos invita a entrar mediante la fe en la ciudad santa, donde Dios es todo en todos.   

Fr. Pedro Fernández Rodríguez

Fr. Pedro Fernández Rodríguez
Convento Santa María Maggiore (Roma)



LECTURAS DEL DOMINGO 18-05-2025 QUINTO DOMINGO DE PASCUA

 

Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

                           Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

Segunda lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

Y oí una gran voz desde el trono que decía:
«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.

Y dijo el que está sentado en el trono:
«Mira, hago nuevas todas las cosas».

                         Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Hechos 14, 21-27: La Iglesia, comunión de comunidades

 Esta es la descripción del primer viaje apostólico en que Lucas ha resumido la actividad misionera de la comunidad de Antioquía, y de Pablo más concretamente. Durante este primer viaje apostólico se nos presenta a Pablo y a Bernabé trabajando denodadamente por hacer presente el Reino de Dios en ciudades importantes de Cilicia, y de la provincia romana de la Capadocia, al sur de Turquía. En realidad deberíamos tener muy presente los cc. 13-14 de los Hechos, que forman una unidad particular de esta misión tan concreta. Son dignos de destacar los elementos y perfiles de esta tarea, que implica a todos los cristianos, que por el hecho de serlo, están llamados a la misión evangelizadora. Resalta el coraje para anunciar la palabra de Dios y el exhortar a perseverar en la fe. Todo se ha preparado con cuidado, la comunidad ha participado en la elección y, por lo mismo, es la comunidad la que está implicada en esta evangelización en el mundo pagano. Está a punto de terminar el primer viaje apostólico con el que Lucas ha querido resumir una primera etapa de la comunidad primitiva.

 Jerusalén, de alguna manera, había quedado a la espera de este primer ciclo en que ya los primeros paganos se adhieren a la nueva fe. Y es la comunidad de Antioquía, donde los discípulos reciben un nombre nuevo, el de cristianos, la que se ha empeñado, con acierto profético, en abrirse a todo el mundo, a todos los hombres, como Jesús les había pedido a los apóstoles (Hch 1,8). La iniciativa, pues, la lleva la comunidad de Antioquía de Siria, no la de Jerusalén. Pero en definitiva es la “comunidad cristiana” quien está en el tajo de la misión. Ya sabemos que algunos de Jerusalén, ni siquiera veían con buenos ojos estas iniciativas, porque parecían demasiado arriesgadas.

 No obstante, no se debe olvidar el gran protagonista de todo esto: el Espíritu, que se encarga de abrir caminos. Por eso, si no es Jerusalén y los Doce, será Antioquía y los nuevos “apóstoles” quienes cumplirán las palabras del “resucitado”: ¿por qué? porque el mensaje no puede encadenarse al miedo de algunos. En esas ciudades evangelizadas, algunos judíos y sinagogas no aceptarán a éstos con su doctrina, porque todavía pensaban que eran judíos. Pero ni siquiera en la comunidad cristiana de Jerusalén, por parte de algunos, se aprobarán estas iniciativas. Es más, al final de este “viaje” habrá que “sentarse” a hablar y discernir qué es lo que Dios quiere de los suyos. La asamblea de Jerusalén está esperando (Hch 15).

IIª Lectura : Apocalipsis 21, 1-5: En Dios, todo será nuevo

 Esta es una lectura grandiosa, porque es una lectura típica de este género literario. Leemos, pues, un texto que tiene todas las connotaciones de la ideología apocalíptica. Tiene toda la poesía de lo utópico y de lo maravilloso. En realidad es algo idílico, no puede ser de otra manera para el “vidente” de Patmos, como para todos los videntes del mundo. Jerusalén, lugar de la presencia de Dios para la religión judía alcanza aquí el cenit de lo que ni siquiera David había soñado cuando conquistó la ciudad a los jebuseos. Todo pasará, hasta lo más sagrado. Porque se anuncia una ciudad nueva, un tabernáculo nuevo, en definitiva una “presencia” nueva de Dios con la humanidad.

 Un cielo nuevo y una tierra nueva, de la que desciende una nueva Jerusalén, que representa la ciudad de la paz y la justicia, de la felicidad, en la línea de muchos profetas del Antiguo Testamento. Se nos quiere presentar a la Iglesia como el nuevo pueblo de Dios, en la figura de la esposa amada, ya no amenazada por guerras y hambre. Es el idilio de lo que Pablo y Bernabé recomendaban: hay que pasar mucho para llegar al Reino de Dios. Dios hará nueva todas las cosas, pero sin que sea necesario dramatizar todo los momentos de nuestra vida. Es verdad que para ser felices es necesario renuncias y luchas. El evangelio nos dará la clave.


Fray Miguel de Burgos Núñez

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

EVANGELIO DOMINGO 18-05-2025 SAN JUAN 13, 31-33a, 34-35 QUINTO DOMINGO DE PASCUA

 





Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

                         Es palabra del Señor

REFLEXION

 Estamos, en el evangelio de Juan en la última cena de Jesús. Ese es el marco de este discurso de despedida, testamento de Jesús a los suyos. La última cena de Jesús con sus discípulos quedaría grabada en sus mentes y en su corazón. El redactor del evangelio de Juan sabe que aquella noche fue especialmente creativa para Jesús, no tanto para los discípulos, que solamente la pudiera recordar y recrear a partir de la resurrección. Juan es el evangelista que más profundamente ha tratado ese momento, a pesar de que no haya descrito la institución de la eucaristía. Ha preferido otros signos y otras palabras, puesto que ya se conocían las palabras eucarísticas por los otros evangelistas. Precisamente las del evangelio de hoy son determinantes. Se sabe que para Juan la hora de la muerte de Jesús es la hora de la glorificación, por eso no están presentes los indicios de tragedia.

 La salida de Judas del cenáculo (v.30) desencadena la “glorificación” en palabras del Jesús joánico. ¡No!, no es tragedia todo lo que se va a desencadenar, sino el prodigio del amor consumado con que todo había comenzado (Jn 13,1). Jesús había venido para amar y este amor se hace más intenso frente al poder de este mundo y al poder del mal. En realidad esta no puede ser más que una lectura “glorificada” de la pasión y la entrega de Jesús. Y no puede hacerse otro tipo de lectura de lo que hizo Jesús y las razones por las que lo hizo. Por ello, ensañarse en la pasión y la crueldad del su sufrimiento no hubiera llevado a ninguna parte. El evangelista entiende que esto lo hizo el Hijo del hombre, Jesús, por amor y así debe ser vivido por sus discípulos.

 Con la muerte de Jesús aparecerá la gloria de Dios comprometido con él y con su causa. Por otra parte, ya se nos está preparando, como a los discípulos, para el momento de pasar de la Pascua a Pentecostés; del tiempo de Jesús al tiempo de la Iglesia. Es lógico pensar que en aquella noche en que Jesús sabía lo que podría pasar tenía que preparar a los suyos para cuando no estuviera presente. No los había llamado para una guerra y una conquista militar, ni contra el Imperio de Roma. Los había llamado para la guerra del amor sin medida, del amor consumado. Por eso, la pregunta debe ser: ¿Cómo pueden identificarse en el mundo hostil aquellos que le han seguido y los que le seguirán? Ser cristiano, pues, discípulo de Jesús, es amarse los unos a los otros. Ese es el catecismo que debemos vivir. Todo lo demás encuentra su razón de ser en esta ley suprema de la comunidad de discípulos. Todo lo que no sea eso es abandonar la comunión con el Señor resucitado y desistir de la verdadera causa del evangelio.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)



16/5/25

EVANGELIO SABADO 17-05-2025 SAN JUAN 14, 7-14 CUARTA SEMANA DE PASCUA

 






En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

Buscamos, siempre buscamos y nuestra vida discurre entre despedidas y regresos; esto produce en el hombre un estado de alerta, de centinela, de búsqueda que no le deja asentarse entre las cosas de este mundo.

Jesús es el guía y maestro, el que se acerca a nosotros… y, siendo Quien es, habría de producir en nosotros un destello creciente, un Encuentro, un seguimiento.

Él siempre está y nos expresa como lo esencial para Él su plan de Salvación para nosotros (“me voy a prepararos sitio…volveré y os llevaré conmigo…”). Es el motor de su Humanidad, el sentido de ella. Pero no entendemos, lo vemos desde nuestra perspectiva (como Tomás) y es que, ciertamente, nuestro esquema no lo alcanza, nuestra mirada está recortada por la humanidad caída y…  pero Jesús no frena ni rebaja su ofrecimiento, su plan, su inmenso Regalo para los hombres… y salta la distancia poniéndose a sí mismo de referencia y ayuda directa…  Él lo sabe bien: está dando todo por la causa nuestra que el Padre le ha encomendado y que quiere meternos en la cabeza y el corazón, ahí es donde nos podemos `conectar´.

Si fuéramos capaces con nuestros medios, no necesitaríamos Salvador; pero a menudo experimentamos y sabemos que con lo nuestro no llegamos a nada, que es nuestro vaciamiento para ir dando cabida a Él lo que nos va haciendo capaces de la Plenitud que nos ofrece y regala … entre tanto aflora la confusión en los términos y la paciencia de Jesús que, conociendo nuestra pobreza insiste queriendo que nos abramos al Camino.

Imaginemos que la insistencia de Jesús también se debe a que el tiempo apremia y apura, pero confirma que la obra de la Salvación queda en manos del Espíritu Santo que ilumina la divinidad del Hijo y la Comunión con el Padre; muestra la Verdad, las obras y sus consecuentes evidencias, la fraternidad ante el mismo Padre.

Así se va fraguando en nosotros la Obra de la Salvación que nos regala en la Pascua la Esperanza cierta del Amor más grande que acabó el tiempo de su vida mortal y preanuncia la eterna Verdad que nos será desvelada y viviremos.

Imaginemos el Corazón de Cristo emocionado y preocupado por nuestra torpeza en comprender, pero seguro que acaba  abrazando a todos en su inmenso corazón.

Pregunta: ¿cómo sientes la presencia e insistencia de Jesús , miras dentro de ti, lo reconoces?  

Sor Inés Carmen de la Fuente Ruiz O.P.

Sor Inés Carmen de la Fuente Ruiz O.P.
Monasterio de San Blas - Lerma (Burgos)

15/5/25

EVANGELIO VIERNES 16-05-2025 SAN JUAN 14, 1-6 CUARTA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

Ante la ida de Dios a la casa del Padre y el dolor de sus discípulos por ello, Jesús les quiere consolar. “No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a preparaos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy ya sabéis el camino”. Con toda rotundidad Jesús nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Lo nuestro es estar siempre unidos amorosamente a Jesús.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

Nací en León y a partir de unos ejercicios espirituales en La Virgen del Camino y tras acabar el bachillerato entré en el noviciado de los dominicos de Palencia. Estudié filosofía en el convento de Cardedeu (Barcelona) y en Las Caldas de Besaya (Santander), y teología en el convento de San Esteban de Salamanca, donde fui ordenado sacerdote en 1968. Mi primer destino fue la Universidad Laboral de Córdoba y actualmente resido en Oviedo. Soy licenciado en filosofía y teología y además de dar clases de religión y filosofía en varios colegios he sido profesor en nuestra escuela de teología de Salamanca. También fui designado como formador de nuestros estudiantes de filosofía y teología, y elegido como provincial de la Provincia de España. También he dirigido tandas de ejercicios espirituales y me gusta el deporte y practicar el senderismo.