Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
Es palabra del Señor
REFLEXION
Jesús nos dice, a través de Nicodemo, que tenemos que nacer de nuevo: Ciertamente parece complicado, pero si distinguimos el nacimiento carnal del nacimiento espiritual, empezaremos a entender lo que Jesús nos quiere decir. Desde luego no nos dice que tengamos que volver al seno materno, para nacer de nuevo físicamente, sino nacer del Espíritu. En verdad nos cuesta entenderlo porque “hablamos de lo que sabemos y testificamos de lo que hemos visto”. Y eso no lo hemos experimentado
Nos toca “nacer del Espíritu” y como en su momento, Nicodemo, nos preguntamos cómo puede ser eso y las palabras de Jesús no nos ayudan demasiado: Cuando Jesús nos habla de las cosas de la tierra parece que nos cuesta creerlo y, si nos habla de las celestiales, la oscuridad es total. Solamente con un ejercicio de fe absoluta, podemos fiarnos de las palabras de Jesús y tratar de entender lo que nos dice. Es claro que nadie ha subido al cielo y bajado después, salvo el mismo Jesús. Los humanos estamos en una oscuridad total. Puede que estudiemos muchas teologías, que hablemos largo y tendido de los misterios de Dios, pero no dejarán de ser palabras, puras teorías sin apoyo empírico. Seguramente terminaremos diciendo, como Santo Tomás, que “todo lo que hemos pensado sobre Dios, es pura paja”, porque la realidad de Dios queda fuera de las posibilidades de nuestras pobres mentes.
Termina Jesús dándonos un pre-anuncio de su muerte: el Hijo del Hombre tiene que ser elevado, como hizo Moisés con la serpiente de bronce, para que, si nuestra fe sabe mirarle y verle, podamos aspirar a la vida eterna.
Ese es nuestro sentido, nuestra orientación vital: la fe es nuestra única luz; solo mediante ella podremos decir con convicción: “Señor, yo creo que tu eres el Hijo de Dios y solo tú puedes dármelo a conocer y salvarme”, “porque la santidad es el adorno de tu casa”.



