7/10/26

EVANGELIO JUEVES 08-10-2026 SAN LUCAS 11, 5-13 XVII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

                        Palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio nos presenta a un hombre que pide pan, que llama a medianoche, que no deja de insistir, que no se detiene ante lo incómodo del momento y que no se marcha sin recibir una respuesta. Su gesto no es una falta de respeto, sino la expresión de una necesidad profunda. Jesús nos enseña que, si alguien, aun siendo perezoso, termina respondiendo a la petición insistente de un amigo, ¡cuánto más el Padre celestial responderá al clamor de quienes se dirigen a Él con fe! Por eso, Jesús nos invita a una oración perseverante: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá”.

Esta enseñanza del Evangelio puede entenderse como una “triple invitación a la oración”: pedir, buscar y llamar. Estas tres acciones nos llevan a reconocer nuestra vulnerabilidad, nuestras limitaciones y nuestra necesidad de los demás y, sobre todo, de Dios. Los verbos pedid, buscad, llamad expresan un movimiento creciente de la acción, tanto física como espiritual, y nos hablan de la perseverancia que ha de caracterizar la oración. En ella se entrelazan la confianza del creyente y la gracia de Dios.

Pedir es un acto de humildad. Supone romper con el orgullo de creer que lo sabemos o lo tenemos todo y reconocer que necesitamos de Dios y de los demás.

Buscar es un acto de apertura. Implica dejar de mirarnos únicamente a nosotros mismos para abrirnos a nuevas respuestas, reconocer que no lo sabemos todo y atrevernos a salir de nuestra “zona de confort”.

Llamar es un acto de confianza. Cuando tocamos una puerta esperamos que alguien responda al otro lado, aun sabiendo que podemos encontrarnos con el silencio o el rechazo. En la oración, llamar significa confiar en que no estamos solos y que, al otro lado de nuestra súplica, hay un Padre que escucha.

Cabe recordar que la vida cristiana es un don. Mientras Pablo denuncia la tentación de querer alcanzar la salvación por medio de las obras, Jesús nos asegura que al Padre no tenemos que convencerlo ni negociar con Él, sino confiar en Él como hijos. Pedir el Espíritu Santo es reconocer nuestra necesidad de Dios y dejarnos transformar por su gracia.

No podemos alcanzar la plenitud por nuestras propias fuerzas; es Dios quien realiza su obra en cada uno de nosotros por medio de su Espíritu. Las lecturas de hoy nos ofrecen, cada una desde su perspectiva, una enseñanza vital que nos ayuda a alimentar nuestra fe y nuestra experiencia de Dios. 

¿Oramos sabiendo que Dios siempre nos da lo mejor? ¿Vivimos nuestra fe como una obligación de cumplir normas o como una respuesta confiada al amor de Dios?

Esta semana, os invitamos a vivir la oración como un diálogo de confianza con el Padre, que ya sabe lo que necesitamos y que, por encima de todo, quiere regalarnos su Espíritu.

Monjas Dominicas Contemplativas

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de la Stma. Trinidad y Sta. Lucía (Orihuela, Alicante)