En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».
Palabra del Señor
REFLEXION
En la tradición cristiana, orar es fundamentalmente pedir. El “por favor” como otra palabra clave nos recuerda que pedir no es exigir, y menos a Dios, pues Él no “nos debe” nada. La súplica, pues, además de señalar nuestra condición de necesitados, nos enseña que vivir es confiar. Como todo hijo confía en sus padres, Jesús nos anima a ponernos en la Manos providentes de Dios, pero no de cualquier manera, sino con una actitud proactiva: pidiendo, buscando y llamando.
Así, la petición impide que la confianza se torne en vagancia o desatención. Y además, pedir cada día el pan impide que la humana necesidad de seguridad nos haga caer en la autosuficiencia de quien solo se apoya en los propios recursos y estrategias.
De este modo, las tres palabras clave se interrelacionan: agradecer lo recibido y pedir perdón por lo no correspondido son acciones que ubican nuestro corazón y abren nuestras manos en la humildad para confiar y pedir.
En fin, este día de Témporas de acción de gracias nos ofrece detenernos y pensar en la sencillez de la vida cristiana con estas tres palabras: gracias, perdón y por favor. Justicia de amor para con Dios y justicia de amor desde Él con los demás.
¿Qué nos impide pronunciarlas más seguido para que se vuelvan actitudes vividas?



