Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.
El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».
Palabra del Señor
REFLEXION
Esta parábola parece estar pensada para los responsables de las comunidades que, en la larga espera escatológica, podían ser fieles a su misión de cuidar la fe y la esperanza de los hermanos o abandonarse y tomarse a sí mismos como señores. Vivir como servidor cercano o como dominador altivo es la alternativa de cualquier pastor.
Jesús deja sin respuesta la pregunta de Pedro: ¿has dicho esto por nosotros o por todos? Así queda la cuestión abierta y, desde la sensibilidad eclesial actual, podemos interpretarlo como algo que se dirije a cualquier bautizado, a cualquier seguidor de Jesús y servidor de los hermanos.
En la Iglesia todos somos responsables de todos. Pero no siempre vivimos con conciencia y exigencia nuestra responsabilidad. Esto nos plantea a cada uno la exigencia de la vigilancia.
¿Qué es esto de la vigilancia? Puede ayudarnos a comprenderlo su significado castellano y sus sinónimos que son: mantener la atención, estar en alerta, sostener el control o extremar el cuidado. Algo que se resalta aún más si tenemos en cuenta sus antónimos, que son negligencia, abandono o desatención. Es cierto que podemos estar vigilantes a lo que sucede fuera de nosotros, pero lo que a Jesús le importa es la tensión moral que nos permite mantener la lucidez en la ambigüedad de nuestros movimientos.
El Señor nos aconseja estar vigilantes porque en la vida es necesario. Al contrario que en las películas del oeste, en la vida no hay buenos y malos. Todos y cada uno somos moralmente ambiguos. Como dijo la novelista Almudena Grandes, “todos los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor”.
Vvimos vigilantes cuando desarrollamos lo mejor de nosotros mismos y controlamos lo peor, aquello con lo que hacemos el mal. Nos situamos así en la línea de lo bueno y lo benevolente, de lo pacífico y lo pacificador, de lo santo y lo santificante.
La vigilancia no tiene que ver con el temor, como a veces tristemente interpretamos, sino con la alegría de la venida del amigo, tanto más alegre cuanto más inesperada.
PARA SEGUIR REFLEXIONANDO
¿Vives como alegre novedad, y no solo como aburrida inercia, ser heredero de Dios y coheredero con Cristo? ¿Qué matices añade esto a la vida cristiana? ¿Cómo vives la “vigilancia”: con temor o con alegría?



