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EVANGELIO MIERCOLES 07-10-2026 SAN LUCAS 1, 26-38 XXVII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, "porque para Dios nada hay imposible"».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

                           Palabra del Señor

REFLEXION

Hermoso contraste entre las promesas del ángel que abre perspectivas inauditas y la respuesta de María breve y humilde. No es posible concebir una dignidad más alta que la que se ofrece a esta joven que responde con frase corta, que no habla de gloria o privilegio, sino sólo de disponibilidad y servicio. Reconoce que es pequeña y está feliz de ser así, es consciente de que de su respuesta depende la realización del plan de Dios, y que, por lo tanto, está llamada a adherirse a él con todo su ser. María se presenta con una actitud que corresponde perfectamente a la del Hijo de Dios cuando viene al mundo: ser Siervo.

Al admirar a María por su respuesta al llamado y misión de Dios, le pedimos que nos ayude a cada uno de nosotros a acoger el plan de Dios en nuestras vidas, con sincera humildad y valiente generosidad. Esa petición se vuelve Rosario en sus manos y cuentas desgranadas en nuestros labios. Oración profunda, contemplativa y meditativa que tanto ayer como hoy es una victoria para nuestra propia vida. Vivimos derrotados por la ansiedad, por el miedo, por las angustias, por las tensiones, preocupaciones e inquietudes, que son verdaderas batallas diarias que hay que saldar.

María como madre solicita vuelve a darnos un santo remedio, la contemplación de los misterios de nuestra fe en su Rosario. Las alegrías, los dolores, las luces, la gloria de Jesús deben reflejar nuestra propia vida. Con el rosario en la mano vamos a vencer, la victoria sobre estos devaneos mentales, para esta inconsistencia de los sentimientos, para esta prisa que nos anestesia y nos hace insensibles ante el dolor del otro, es nuestra. Síntesis de un Evangelio que adorna la sensibilidad de la llena de gracia y que se contagia en cada padrenuestro, avemaría y gloria. Alabanza, admiración hecha letanía y todo dentro de un marco de amor y confianza hacia la Madre con mayúsculas, poniendo en sus manos las intenciones que tenemos en el corazón. Otros tiempos, otras batallas, pero unas mismas cuentas que laten al unísono cuando las acaricia las manos de un hijo fiel y que quien escribe intenta vivir en la escuela de Santo Domingo.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)