Palabra del Señor
REFLEXION
Lucas nos presenta a una mujer que lleva dieciocho anos encorvada, incapaz de levantar la mirada y el mismo evangelista dice que Jesús la ve, la llama y la devuelve a su dignidad. Antes de que ella le pida nada, Jesús ya se ha detenido ante su sufrimiento. Nuestro Dios no mira nuestras enfermedades – del cuerpo o del alma – con indiferencia, sino que se acerca, toca y libera.
Sin embargo, el Evangelio nos presenta algo profundamente humano en este gesto de Jesús. Jesús no ve solamente una enfermedad, sino una mujer, una persona, una hija. Allí donde los demás ven una norma a defender, Él descubre una persona que necesita ser amada.
También la primera lectura nos invitaba a ser bondadosos, compasivos y a caminar como hijos de la luz. Ahora comprendemos mejor qué significa ser luz es aprender a mirar como Jesús, reconocer la dignidad del otro y no permitir que nuestras normas, prejuicios o indiferencias pesen más que su sufrimiento.
Quizá también nosotros caminamos encorvados por dentro: por el miedo, por las culpas, por un pecado recurrente, por las palabras o acciones que no podemos olvidar. Cristo no viene a reprochar nuestra postura, sino a ofrecer la posibilidad de alzar la mira y recobrar dignidad.
La mujer, una vez liberada, glorifica a Dios, porque cuando alguien nos ayuda a levantarnos, la esperanza vuelve a tener rostro.
¿A quién necesito mirar hoy con los ojos de Jesús para ayudarle a recuperar la dignidad, la esperanza y la alegría de vivir?



