Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Palabra del Señor
REFLEXION
Acabamos de leer un fragmento del evangelio de la misericordia. Los publicanos y pecadores se acercan a Jesús para escucharlo y eso produce rechazo entre los fariseos y letrados que, al verlos murmuraban entre ellos. No podían entender que los "pecadores" también estuvieran llamados a formar parte del reino de Dios y despreciaban incluso a Jesús evitando su nombre y diciendo "ése acoge a pecadores y come con ellos".
Pero Jesús tiene un corazón misericordioso y no solo con los "marginados", también con los que se creían "cumplidores de la ley" y por eso les responde con estas parábolas tan entrañables que nos revelan algo del corazón del Padre.
A un pastor que se le pierde una oveja, va a buscarla inmediatamente y a una mujer que se le pierde una moneda, barre cuidadosamente hasta que la encuentra. Al pastor le mueve la compasión y a la mujer el valor de su moneda. No nos habla aquí de una oveja preferida o de una moneda más valiosa que otras, el acento está en el corazón misericordioso del Padre, que sale en busca de lo que está perdido y extraviado, porque quiere que todos formemos parte de su reino.
La búsqueda es personal: recordamos aquí a Zaqueo, a María Magdalena o al mismo Mateo que lo redacta. Pero también necesitan de conversión las otras 99 ovejas que quedaron en el redil y así conocemos el caso de Nicodemo o de José de Arimatea..., la alegría del encuentro es tan grande, que se tiene que compartir con sus amigos y vecinos. Jesús nos revela que eso mismo ocurre en el cielo, cuando un pecador se arrepiente.
Y nosotros ¿Dónde encontramos nuestra alegría?¿Somos de los 99 justos que no necesitan conversión o de los extraviados que encontraron su camino en Cristo Jesús y celebran la acogida de nuevos hermanos en el redil de Dios?



