7/8/25

EVANGELIO VIERNES 08-08-2025 SAN MATEO 5, 13-19 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

                           Es palabra del Señor

REFLEXION

 El evangelio de Mateo, hoy, prosigue el sermón de la montaña con dos comparaciones -no llegan a parábolas-, sobre el papel del cristiano en la historia: la sal de la tierra y la luz del mundo. Todos sabemos muy bien para qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma manera, desde las tinieblas, todos conocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Probablemente son de esas expresiones más conocidas del cristianismo y de las más logradas. En los contratos antiguos se usaba la sal como un símbolo de “permanencia”. Ya sabemos que la sal conserva las cosas, los alimentos… y era un signo de la Alianza en el ámbito del judaísmo por ese sentido de la fidelidad de Dios a su pueblo y de lo que Dios pedía al pueblo. Entonces entenderemos muy bien el final de la comparación: “si la sal se vuelve sosa”… hay que tirarla. Pierde su esencia. No olvidemos que esta comparación viene a continuación de las bienaventuranzas y por lo mismo debemos interpretarla a la luz de la fuerza de las mismas. El cristiano que pierde la sal es el que no puede resistir viviendo en la opción de las bienaventuranzas.

 La luz del mundo, y la ciudad en lo alto del monte… tienen también todo su sabor bíblico. Sobre la luz sabemos que hay toda una teología desde la creación… Pero también se usa en sentido religioso y se aplicaba a Jerusalén, la ciudad de la luz, porque era la ciudad del templo, de la presencia de Dios. Por eso “no se puede ocultar una ciudad”… hace referencia, sin duda a estos simbolismos de Jerusalén, de Sión, de la comunidad de la Alianza. El cristiano, pues, que vive de las opciones de las bienaventuranzas no puede vivir esto en una experiencia exclusivamente personal.. Es una interpelación a dar testimonio de esas opciones tan radicales del seguimiento de Jesús, de la fuerza del evangelio.

 Con estos dichos del Señor se quiere rematar adecuadamente el tema de las bienaventuranzas. Efectivamente, esto que leemos hoy debemos ponerlo en relación directa, no solamente con el estilo literario de las bienaventuranzas, sino más profundamente aún con su teología. El Reino de Dios tiene que ser proclamado y vivido y el Sermón de la Montaña es una llamada global a llevarlo a la práctica. De la misma manera que la Alianza fue sellada en el Sinaí, después el pueblo está llamado a vivirla en fidelidad. La nueva comunidad que tiene su identidad de estas palabras del Sermón tiene que iluminar como una nueva Jerusalén, como una espléndida Sión. Ella misma es el templo vivo de la presencia de Dios, luz de luz. Y la comunidad, y el cristiano personalmente, deben estar en lo alto del monte, de la vida, de la historia, de los conflictos, de las catástrofes, no solamente para mostrar su fidelidad, sino para iluminar a toda la humanidad. Como los profetas soñaban de Sión.

 Los que han hecho las opciones por el mundo de las bienaventuranzas han hecho una elección manifiesta: ser sal de la tierra y luz del mundo. Esto quiere decir sencilla y llanamente que las bienaventuranzas no es para vivirlas en interioridades secretas, sino que hay que comprometerse en una misión: la de anunciar al mundo, a todos los hombres, eso que se ha descubierto en las claves del Reino de Dios. Las bienaventuranzas, son un compromiso, una praxis, que debe testimoniarse. No puede ser de otra manera para quien se ha identificado con los pobres, con la justicia, con la paz. Eso no puede quedar en el secreto del corazón, sino que debe llevarnos a anunciarlo y a luchar por ello. Porque esto de ser sal de la tierra y luz del mundo se ha usado muchos para “santos” especiales; pero no deja de ser un despropósito… es sencilla y llanamente la identificación de la verdadera vocación cristiana. Todo cristiano está llamado a ser la sal de la tierra y la luz del mundo… aunque no llegue a esa santidad desproporcionada.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

6/8/25

EVANGELIO JUEVES 07-08-2025 SAN MATEO 16, 13-23 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

La confesión de fe de Pedro cerca de Cesarea de Filipo, está narrada en los tres evangelios sinópticos, aunque únicamente Mateo añade a continuación su primado. Jesús antes de iniciar el camino hacia Jerusalén, pregunta acerca de su identidad. El Maestro quiere que sus discípulos tengan las ideas claras sobre quién es El y cuál es su misión.

Después de su actuación reveladora, el pueblo sólo ve en él un personaje importante, semejante a los profetas: Juan Bautista (esto cree Herodes Antipas); Elías, el profeta que tenía que venir como precursor (Ml 3,23); Jeremías, el que luchó para que el pueblo fuese fiel a los planes de Dios, sin confiar en alianzas humanas; o algún profeta importante.

A diferencia del pueblo, Simón, portavoz de los discípulos, reconoce a Jesús como Mesías, Hijo de Dios vivo. A diferencia de Marcos, Jesús felicita a Pedro con una bienaventuranza que le proclama dichoso no tanto por lo que ha dicho sino porque lo que ha dicho tiene origen en Dios: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, Porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, ¡sino mi Padre del cielo! (v. 17). La afirmación de quién es Jesús, no es fruto de la naturaleza humana, “carne y sangre”, sino de la revelación del Padre que está en los cielos.

Jesús muestra así la validez de la declaración de Simón, a quien anuncia a continuación, el papel que tendrá que asumir dentro de “su Iglesia”. Tras la felicitación Jesús le hace tres promesas. Las dos primeras se mueven dentro del ámbito de la edificación: jugando con el nombre se le dice que sobre esta Kefa “piedra” Jesús edificará su iglesia (v. 18). Es decir, la iglesia se funda sobre la fe de aquellos que, como Pedro, creen en Jesús y le confiesan como Hijo de Dios.

Sobre la expresión: y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (v. 18) nos lleva a pensar que la muerte, la infidelidad y todos aquellos elementos adversos no prevalecerán sobre la fe. La última promesa centrada en las “llaves” queda explicitada por el binomio atar-desatar, que aparece en la literatura rabínica con el sentido de prohibir-permitir alguna cuestión en el ejercicio de interpretación de la ley.  Jesús termina estas palabras mandando callar, puesto que ser Mesías no es tanto un título que hay que divulgar cuanto una misión que hay que realizar.

La frase “desde entonces comenzó” marca el comienzo de un nuevo período, en el que Jesús se dedica a instruir a sus discípulos sobre el sentido que tiene su mesianismo, que acaban de reconocer, y sobre el que les ha impuesto secreto: es un mesianismo que se realiza muriendo y resucitando, de acuerdo con el plan de Dios, que él acepta.

Ante esta declaración, Pedro reacciona, y lo hace de una manera distinta al relato anterior, ya que intenta disuadir a Jesús de tal idea. La reacción de Jesús a simple vista resulta dura cuando se dirige al él: ¡quítate de mí vista, Satanás! Pedro debe seguir reconociendo su condición de discípulo y entender que los pensamientos de Dios y su modo de proceder no son como los de los hombres, el Señor actúa con criterios nuevos y diferentes. ¿Me abro a ir más allá de la lógica humana para descubrir la revelación de Dios en mí?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo

5/8/25

EVANGELIO MIERCOLES 06 -08-2025 SAN LUCAS 28b-36 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía lo que decía.

Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar la nube.

Y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el Elegido; escuchadlo».

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de los que habían visto.

                           Es palabra del Señor

REFLEXION

“Señor ¡qué bien se está aquí!” exclama Pedro al contemplar la gloria de Dios. Por Él se hubieran quedado allí pero Jesús le pone los pies en el suelo: hay que continuar con la misión.

En este pasaje contemplamos a Cristo en toda su gloria, resplandeciente, elevado. La próxima vez lo veremos elevado en una cruz, culminando la Salvación. En ambos momentos lo contemplamos en toda su plenitud. En la primera escuchamos resonar la voz del Padre invitándonos a seguir a su Hijo; en la segunda escuchamos al Hijo decir “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” Si Jesús se hubiera quedado en el monte Tabor, como quería Pedro, no hubiera habido Redención. Y a nosotros nos pasa muchas veces, tenemos la tentación de acomodarnos a lo bueno, a lo bonito, a lo fácil y así no avanzaríamos en nuestra vida.

Jesús se transfigura ante sus más próximos, les muestra su realidad, su naturaleza divina. Lo hace ante Moisés y Elías, como signo de la unidad de la Historia de la Salvación. Y serán otra vez Pedro, Santiago y Juan los más cercanos al Maestro en la agonía del huerto de los olivos. Ambos momentos pueden parecer contradictorios, pero son dos visiones de una misma realidad. Los Apóstoles tenían que conocer todo sobre Jesús para poder dar testimonio cuando llegara el momento. Y así lo manifiesta San Pedro en la Primera Carta que leemos hoy: “Hemos sido testigos oculares de su grandeza”.

Hoy nosotros contemplamos a Cristo a través de sus palabras y de los ojos de los Apóstoles. Conocemos su Doctrina, asistimos a su Gloria y contemplamos su Pasión y su Resurrección. Y hoy, en pleno siglo XXI, resuenan las palabras del Padre en el monte: “Este es mi Hijo... escuchadle”.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

Nací en Ciudad Real en 1960 y estoy vinculado a la Orden de Predicadores por la cercanía de mi familia a la Orden en Almagro con quienes recibí mi catequesis y mi formación adulta. Soy Licenciado en Derecho e Historiador del Arte y he sido Alcalde y Diputado Nacional. Ingresé en la Fraternidad de Almagro en 2010 y he realizado estudios bíblicos y sobre la figura de Santo Tomás. También he sido catequista en mi Parroquia y he impartido cursos a Hermandades y Cofradías.

4/8/25

EVANGELIO MARTES 05-08-2024 SAN MATEO 14, 22-36 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! ».

Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua».

Él le dijo:
«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron a todos los enfermos.

Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

                                   Es palabra del Señor

REFLEXION

El texto evangélico que hoy leemos comienza mencionando a la gente saciada por la multiplicación de los panes y concluye mostrando cómo los enfermos son curados por la palabra y los gestos de Jesús. Lo que queda en el medio del texto se enmarca, pues, en esta identidad de Jesús, presentado como la mano de la misericordia del Padre: Jesús es la presencia compasiva de Dios en medio de su pueblo.

Ahora bien, en contraposición a la alabanza que el texto de los Números ofrecía de Moisés –«el más fiel de todos mis siervos»–, el texto evangélico presenta a Pedro en toda su fragilidad: «le entró miedo, empezó a hundirse y gritó…». En verdad, si bien el evangelio nunca maquilló los defectos del primero de los apóstoles, no deja de resaltar, esta vez, su arrojo apasionado y la sencillez con la que reconoce su impotencia… Seguramente, tiempo después, al recordar la mano de Jesús sosteniendo la suya en el agua, Pedro habría podido recitar con el Salmo 18(17): «El tendió su mano desde lo alto y me tomó, me sacó de las aguas caudalosas».

Al pedir caminar sobre el agua, Pedro no debió querer igualarse a su Maestro, simplemente desearía acompañarlo y seguirlo también en la inestabilidad… Pues ¿hay algún seguimiento verdadero de Jesús en el que no se tambaleen nuestras seguridades?...

Por último, los cristianos hemos sido llamados en todas las épocas a prolongar la mano misericordiosa de Jesús para sostener, para acompañar, para cuidar a los demás en Su Nombre… Pero solamente reconociendo nuestra fragilidad y nuestra incapacidad para ello, solamente desde nuestra experiencia de ser levantados y sostenidos por Jesús podremos realizar esa misión…

«Señor, sálvame», es el sincero clamor de todo cristiano que necesita de la mano de Jesús que le levante para vivir y estar en pie. La misericordia se aprende a dar recibiéndola… ¿Qué puedes aprender hoy de estos Patriarcas de nuestra fe: el humilde Moisés y el audaz Pedro?

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Casa de la Santísima Trinidad, Montevideo, Uruguay

Nací en Montevideo en 1968 y fui ordenado sacerdote en Argentina en 1993, tras una etapa misionera en barrios populares de la periferia de Buenos Aires. Desde 2011 viví en Paraguay, y conocí a los dominicos en el trabajo pastoral de sus barrios inundables, ingresando en la Orden de Predicadores en 2018. Tras el noviciado me licencié en Teología Espiritual en Comillas y me doctoré en Teología en San Esteban de Salamanca. Ahora resido en la comunidad de Montevideo, donde combino la docencia con la pastoral parroquial y el acompañamiento espiritual. Me apasionan la música, la lectura y el servicio desde el acompañamiento personal.

3/8/25

EVANGELIO LUNES 04-08-2025 SAN MATEO 14, 13-21 XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.

Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer».

Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».

Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».

Les dijo:
«Traédmelos».

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

                             Es palabra del Señor

REFLEXION

En este evangelio de Mateo observamos a un Jesús movido por la compasión hacia la multitud. Este gesto nos invita a mirar a nuestro alrededor con ojos de empatía, identificando las necesidades de los demás.

En nuestras vidas diarias, podemos practicar la compasión, no sólo como un sentimiento, sino como una acción concreta que responde a las necesidades de quienes nos rodean. El ejemplo de Jesús nos llama a ser sensibles y actuar en generosidad. Con lo poco que tenía disponible se realiza el milagro.

Cuando ponemos en manos de Dios lo que tenemos y lo compartimos se multiplica y alcanza para todos. Este mensaje nos desafía a no guardar para nosotros mismos lo que podemos ofrecer, sino a compartirlo generosamente. La generosidad no se mide por la cantidad que se da, sino por el amor y la intención detrás de la acción.

Jesús involucra a sus discípulos en la distribución de los alimentos, mostrando que todos tienen un papel en la realización de la obra divina. Este detalle nos inspira a vernos como colaboradores en el plan de Dios, cada uno con una función importante.

En nuestra vida, muchas veces nos preocupamos por la escasez y la falta, pero esta lectura nos recuerda confiar en la providencia divina, sabiendo que Dios siempre provee más de lo que necesitamos. Esta confianza nos permite vivir con esperanza y compartir con alegría lo que tenemos, seguros que no nos faltará nada esencial.


Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.

Fr. Martín Alexis González Gaspar O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrent)


2/8/25

DOMINGO 03-08-1015 DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En la sociedad de consumo en la que a menudo nos vemos envueltos es saludable preguntarnos por nuestra actitud ante los bienes materiales. Se nos invita a relativizarlos y a anteponer a Dios y las personas, especialmente las desfavorecidas.

El Evangelio de este domingo nos presenta la actitud que un cristiano debe tener ante los bienes materiales. Jesús, a partir de una controversia por una herencia y a propósito de una parábola que propone, rechaza tanto la avaricia (el afán de poseer), como la codicia (poner los bienes materiales por encima de las personas, incluso por encima de lazos familiares), como la idolatría (ponerlos por encima de Dios).

Los bienes materiales son efímeros e inconsistentes, para la vida, y especialmente para la vida eterna. En su lugar nos propone trabajar por ser rico ante Dios. Se rico ante Dios, conlleva poner a Dios por encima de cualquier tipo de bien y utilizar el dinero en favor de nuestros hermanos, especialmente, los más desfavorecidos.

En la época en que vivimos, en la sociedad llamada del bienestar, que, a menudo promueve el consumismo, es saludable que nos preguntemos por nuestra actitud ante los bienes materiales y si somos capaces de anteponer y promover los valores eternos.

Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.

Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

LECTURAS DEL DOMINGO 03-08-2025 DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORNARIO

 

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador,
vaciedad sin sentido; todo es vaciedad.

Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no la ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.

¿Qué saca el hombre de todo su trabajo
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?

De día dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.

                        Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.

                Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lecturas: Eclesiastés (1,1.2.23): La sabiduría de la vida

 ¿Quién no conoce la célebre reflexión del libro del Eclesiastés, el sabio llamado Qohélet, de ese superlativo expresado en “vanidad de vanidades”? Esa es la primera lectura de hoy. Es toda una filosofía la que está a la base de este juicio; un escepticismo ante tantos afanes y tantas angustias. ¿Qué actitud tomar? ¿Pasar de todo? Posturas como las de Qohélet las ha habido siempre y no son negativas radicalmente, sino que expresan, a veces, una actitud “sabia” en la que se intuye que debemos tomarnos la vida de otra manera: sin envidias, afanes, comparaciones con las riquezas de los otros.

 Pero eso parece una actitud burguesa del que nada le falta. La de aquellos que no tienen para comer ni vestir no sería exactamente así. Hay una razón más profunda por la que debemos no afanarnos por tantas cosas, una razón más radical y humana. No se trata simplemente de llevar una vida más cómoda y menos tensa. Por eso al juicio de Qohélet le falta una dimensión, la que Jesús nos ofrece en la parábola evangélica.

 

IIª Lectura: Colosenses (3,1-11): Personas nuevas por el bautismo

La segunda lectura apunta de nuevo a las claves bautismales de la vida cristiana, a lo que significa haber resucitado con Cristo por el bautismo, y a lo que nos obliga vivir en cristiano. El bautismo es un compromiso de vida o muerte. ¿Qué significa que nuestra vida está escondida en Cristo? Pues que es El quien nos inspira, quien nos va liberando de todo aquello que en la tierra nos enfrenta los unos a los otros. El bautismo nos hace personas nuevas, porque nos situamos ante los horizontes de lo que Jesús vivió.


Fray Miguel de Burgos Núñez

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

EVANGELIO DOMINGO 03-08-2025 SAN LUCAS 12, 13-21 XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.

Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.

Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».

                         Es palabra del Señor

REFLEXION

 El relato del evangelio de Lucas es como la respuesta a los planteamientos de Qohélet. Efectivamente, Lucas es un evangelista que ha marcado la diferencia en el Nuevo Testamento como juicio de la riqueza y sus peligros para la verdadera vida cristiana. Lucas es defensor de los pobres, aunque no de la pobreza. Jesús, el profeta, no ha venido para ser juez de causas familiares, o empresariales, o sociales, ya que esas leyes de herencia, de impuestos, de salarios justos, se establecen a niveles distintos. Y no quiere ello decir que en las exigencias del Reino de Dios se excluya la justicia, especialmente para los pobres y oprimidos.

 La parábola del rico que acumula la gran cosecha y engrandece sus graneros, en vez de distribuirlo entre los que no tienen para comer, es toda una lección de cómo Jesús ve las cosas de esta vida, aunque él persiga objetivos más grandes. El que acumula riquezas, pues, no entiende nada de lo que Jesús propone al mundo. Los que siguen a Jesús, pues, tienen que sacar, según Lucas, las conclusiones de este seguimiento. Si no se desprenden de las riquezas, si se preocupan de amasarlas constantemente, además de cometer injusticia con los que no tienen, se encontrarán, al final, con las manos vacías ante Dios, porque todo su corazón estará puesto en tener un tesoro en la tierra. No tendrán tiempo para vivir, para ser sabios… para entregarse a los demás como se entregan a las producción de riquezas. Este criterio de sabiduría va más allá de lo que propone el mismo Qohélet.

 Con referencia a la actitud de Qohélet, Jesús nos dice que quien se afana por las cosas de este mundo y no por lo que Dios quiere, al final, ¿cómo podrá llenar su vida? ¿cómo se presentará ante Dios? La acumulación de riquezas, pues, es una injusticia y la injusticia es contraria al Reino de Dios. Por lo tanto, este evangelio es una llamada clara a la solidaridad con los pobres y despreciados del mundo; una llamada a compartir con los que no tienen.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

EVANGELIO SABADO 02-08-2025 SAN MATEO 14, 1-12 XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos:
«Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.

Ella, instigada por su madre, le dijo:
«Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.

Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

La escueta pero aguda narración de Mateo en el evangelio de hoy nos abre una ventana al corazón humano y sus pasiones. La víctima es el Bautista, apasionado de la Verdad y sacrificado por ella. El verdugo es un mandado sin voz ni voto. La instigadora solo pretende salvar su posición y no tiene escrúpulo en utilizar a su propia hija. La joven bailarina está demasiado entusiasmada consigo misma y, por último, Herodes es un gobernante gobernado por su propio temor.

Cada uno de ellos representa una pasión y cada uno de sus miedos convive en nuestro interior. Junto a la pasión por la Verdad que, en algunos momentos nos ha llevado a asegurar que, si fuera preciso, moriríamos por ella, es posible que habite el miedo a perder la posición alcanzada. Junto al sentido de justicia, no sería raro que encontráramos el temor al qué dirán. Y nuestro legítimo deseo de brillar, puede ser utilizado para la venganza por miedo a aquel a quien consideramos nuestro rival. En el último versículo aparece Jesús, que recibe la noticia de boca de los discípulos de Juan. Al dolor de la pérdida del Bautista se suma la inquietud por la advertencia que aquello hacía suponer.

El problema no es tener miedo, sino hacerse esclavo del mismo hasta sacrificar la Verdad o la misión. Aunque nos sintamos algo más seguros cuando hemos acabado con la amenaza, algo dentro de nosotros nos incomoda. Como Herodes, al que su propia conciencia no deja tranquilo, la culpa se convierte en el filtro con el que reinterpreta todo: «Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos». Porque la vida del cristiano es mucho más que asegurarse un puesto o defender una posición y por eso Juan prefiere perderla, que sacrificar la Verdad.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.
Monasterio Santo Domingo (Caleruega)

Soy misionera por naturaleza y contemplativa por vocación. Nací en Lima (Perú) ya que mis padres y hermanos habían sido enviados como familia en misión, y crecí en Madrid, donde dejé los estudios de Matemáticas para seguir mi llamada a la vida monástica. Conjugo contemplación y predicación a través de la escritura, con libros como Domingo de Guzmán. Entre el silencio y la Palabra (2021) y ¡Yo quiero! Pasión de Catalina de Siena (2025). Desde el silencio y el ritmo del monasterio intento traducir al lenguaje y circunstancias de nuestro mundo actual la riqueza de la espiritualidad cristiana y dominicana que me rodea.