Palabra del Señor
REFLEXION
En el evangelio se nos ofrece una catequesis sobre la fe-confianza. Por una parte, se nos presenta el “contenido” de la fe, a Quién debemos creer y qué debemos creer sobre Él. Por otra, se nos muestra la “manera” de creer, el camino de respuesta creyente a Ese que es el contenido de nuestra fe: Cristo Jesús.
Jesús es presentado con señales divinas, que sólo serán plenamente expuestas y descifradas después de la Resurrección y de Pentecostés. Cristo, después de haber orado en soledad tras la multiplicación de los panes (que señala que es el verdadero Moisés), se acerca caminando sobre las aguas del lago a la barca de los discípulos que luchan en medio de una tormenta.
La reacción de los aterrorizados discípulos es normal. Lo toman por un fantasma. No quieren creer en la realidad de Jesús, como les pasará también después de la Resurrección. Son hombres curtidos por la vida y, por lo tanto, realistas.
"Señor, sálvame"
Las palabras de Jesús son muy importantes: “no tengáis miedo”. Efectivamente, quizás la razón más profunda de nuestros pecados, cobardías y traiciones sea el dejarnos dominar por el miedo. Y prosigue: “Soy yo”. Jesús se identifica como alguien real, pero, además con una expresión que para un israelita resuena al nombre mismo de Yahvé revelado a Moisés (Yo soy).
Pedro reacciona como quien es: impulsivo y generoso: “Si eres tú, Señor, manda que yo vaya a ti”. Jesús acepta.; Pedro se arriesga, pero ante la fuerza del oleaje, se siente dominado por el terror y empieza a hundirse.
El grito le sale de lol profundo: “Señor, sálvame”. Jesús le agarra la mano y le contesta con una afirmación que es la respuesta a todos nuestros terrores y, simultáneamente, a todas nuestras falsas confianzas en las solas fuerzas propias: “Hombre de poca fe ¿por qué has dudado?
Tras la accidentada travesía, los discípulos, admirados de Aquel que domina los elementos, se postran y confiesan: “Verdaderamente, Tú eres el hijo de Dios”.
Pedro somos cada uno de nosotros y toda la Iglesia en su conjunto. Mientras tengamos los ojos fijos en Jesús y en su seguimiento, estamos seguros, no en nosotros, sino en El. De lo contario, el miedo nos atenaza, vence y degrada.
Cuándo digo que creo en Jesús ¿en qué creo verdaderamente de Él? Cuando digo que creo en Jesús ¿cómo es mi proceso de fe en la vida diaria? ¿Cuándo me dominan el miedo y la falsa confianza?



