10/8/26

EVANGELIO MARTES 11-08-2026 SAN MATEO 18, 1-5, 10, 12-14 XIX SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 




En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

                        Palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio de hoy nos recuerda que Jesús invierte nuestros criterios de grandeza: no pone en el centro a la persona fuerte, influyente o al autosuficiente, como querían los fariseos, sino a un menor de edad, que es un ser débil, necesitado y dependiente. Una gran revolución en los tiempos de Jesús, y también en nuestro tiempo actual, donde los derechos humanos de los más pequeños siguen siendo vulnerados. Y es que, la pequeñez es el lugar donde Dios revela su forma de reinar. 

Los pequeños son, ciertamente, los niños y las niñas, pero también toda persona vulnerable: quien sufre pobreza, soledad, enfermedad, exclusión social, migración forzada o cualquier otra forma de fragilidad. Hacia ellos, Dios nos invita a dirigir una mirada nueva llena de amor.

León XIV lo expresó con claridad en la visita apostólica que realizó a España en junio de este año al hacerse presente en aquellos lugares donde se recibe a personas migrantes, al centro penitenciario de Brians o a residencias de personas en situación de sin hogar. Con ello nos recordó que la comunidad cristiana está llamada a acercarse a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables con discreción, delicadeza y perseverancia. Esta es una clave profundamente evangélica: no basta con admirar la pequeñez hay que defenderla, acompañarla, luchar por su dignidad y por sus derechos, por eso el Santo Padre quiso poner en el centro de su visita a España a las personas más vulnerables, porque quiso visibilizar la pequeñez para denunciar que también al vulnerable hay que dotarle de dignidad y derechos.

La oveja perdida de la parábola nos revela el corazón del Padre: ninguna vida es descartable, ninguna persona vale menos por estar herida, perdida o apartada. Dios busca a quien el mundo olvida. Y si la persona creyente quiere vivir centrada en Dios, debe aprender a poner en el centro de su vida a aquellos a quienes Dios mira con especial predilección.

Por eso, sólo seremos fieles a Dios y al Evangelio si olemos a oveja, si vivimos poniendo en el centro a la pequeñez y luchamos para dotar a todo ser humano de derechos y de dignidad. Allí donde una persona migrada es acogida, una persona vulnerable es acompañada, una persona que cumple pena de privación de libertad es visitada, una herida es cuidada y una vida perdida es buscada, es donde el Reino de Dios empieza a hacerse visible.

¿A qué personas vulnerables acompaño desde el reconocimiento de su dignidad y sus derechos?
¿Las miro como titulares de derechos o sólo como destinatarias de ayuda? ¿Qué “ovejas perdidas” quedan fuera de los circuitos normales de protección?

 Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia

Fraternidad Laical de Santo Domingo de Valencia
Fraternidad de Laicos Dominicos de Valencia

La Fraternidad Laical de Valencia está formada en la actualidad por hermanos y hermanas con promesa solemne, con promesa simple, y con hermanos a la espera de admisión; sin embargo, desde la fundación de la misma, han formado parte de ella numerosas personas que nos han precedido en la predicación. Uno de los compromisos adquiridos comunitariamente es estudiar y compartir la Palabra de Dios para luego predicarla en la web. Contemplando la Palabra en comunidad, y poniéndola en común, elaboramos una predicación que compartimos con alegría.