6/8/26

EVANGELIO VIERNES 07-08-2026 SAN MATEO 16, 24-28 XVIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

                         Palabra del Señor

REFLEXION

El evangelio nos sitúa inmediatamente después del anuncio de la pasión. Los discípulos empiezan a comprender que seguir a Jesús no significa buscar privilegios ni ocupar los primeros puestos. El camino del Maestro pasa por la entrega y el servicio.

Por eso Jesús pronuncia unas palabras que siguen resultando desconcertantes: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga». No es una invitación al sufrimiento por el sufrimiento, ni una exaltación del sacrificio vacío. Jesús habla de la capacidad de salir de uno mismo para amar más y mejor.

Vivimos en una cultura que con frecuencia identifica la felicidad con acumular, poseer, controlar o asegurar. Jesús propone una lógica distinta. Quien intenta salvar su vida encerrándose en sí mismo termina perdiéndola. Quien la entrega, quien la comparte, quien la pone al servicio de los demás descubre una plenitud inesperada.

La paradoja del Evangelio es profundamente verdadera. Las personas más felices suelen ser aquellas que han aprendido a darse, que viven trabajando la humildad. Los padres que se desgastan por sus hijos, quienes cuidan a un enfermo, quienes acompañan a los que sufren, quienes entregan tiempo y corazón sin esperar recompensa. Pierden algo de sí mismos, pero encuentran una vida más grande.

Jesús va aún más lejos cuando pregunta: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma?». Es una pregunta que atraviesa los siglos. Podemos tener éxito, reconocimiento o seguridades, pero si perdemos nuestra capacidad de amar, de confiar y de vivir en verdad, ¿qué hemos ganado realmente?

El Evangelio de hoy nos invita a revisar nuestras prioridades. La cruz que Jesús propone no es una carga añadida, sino la consecuencia de amar en serio. Quien ama siempre arriesga algo de sí mismo. Pero precisamente ahí, en esa entrega cotidiana y silenciosa, se encuentra el secreto de la verdadera vida. 

¿Qué significa hoy para mí «perder la vida» por Cristo y por el Evangelio? ¿Qué seguridades me cuesta soltar para vivir con mayor libertad y confianza?

Sor Gemma Morató i Sendra

Sor Gemma Morató i Sendra
Dominica de la Presentación

Soy Dominica de la Presentación, de Barcelona, y me dedico especialmente a la comunicación, la educación y el acompañamiento a la vida religiosa a través de charlas, talleres y ejercicios espirituales. Doctora en Humanidades, teóloga y periodista, he destinado gran parte de mi vida a la enseñanza universitaria, la reflexión teológica y la predicación. Mi trayectoria combina una amplia experiencia en comunicación, docencia e investigación, siempre desde una mirada abierta, humanista y crítica. Imparto asignaturas de comunicación, moral, pastoral y vida religiosa en distintas universidades. También coordino y dirijo proyectos pastorales de diferente índole, como el Proyecto María, Reina de la Paz en Barcelona, y desarrollo la presencia digital de mi Congregación a nivel internacional.