Palabra del Señor
REFLEXION
En este curso académico he podido compartir, con un buen alumno de máster, sus problemas de visión. Mantiene un resto visual del cinco por ciento y ha aprendido a desenvolverse de manera muy hábil. Admirable. Hablábamos de la importancia de la atención a la diversidad en educación. La discapacidad forma parte de la diversidad, aunque en el Evangelio de hoy, san Marcos se refiere a otra cosa. No se trata del ciego de Siloé ni de Bartimeo, el ciego de Jericó, sino del que no quiere ver.
Hablábamos, mi alumno y yo, de que le es más fácil al ambliope diagnosticado actuar de manera lúcida, consciente de su hándicap, que a cualquiera de los que no estamos diagnosticados, aunque no estemos libres de limitaciones discapacitantes. Creo que, a estos, a nosotros, se refiere el Evangelio.
Qué peligroso es creer que nuestras observancias son las que nos mantienen a salvo, dentro de ese selecto grupo de privilegiados que cumplen con el precepto dominical y rezan el rosario, apartados de los peligros del mundo, encerrados en nuestras propias garantías de las que dan cuenta los rigurosos cumplimientos.
Si nos miramos por dentro vemos que no somos impecables, que hemos consentido el mal debilitados por la tentación de nuestras sucesivas aproximaciones a él o seducidos por las ventajas de sus engañosas promesas. Cuando hemos consentido el mal ya opera desde nuestro interior, aunque nos mantengamos, no sin impostura, apartados de la contaminación del mundo.



