En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor
REFLEXION
Ella se postró delante de Jesús y solo una expresión llena de dolor y esperanza brotó en su corazón de madre: Señor, ayúdame. ¡Cuántas veces también nosotros necesitamos postrarnos delante del Señor! en silencio, solo esperando una respuesta que aliente nuestra paz y fortalezca nuestra confianza en El.
Ante las palabras del Señor, aquella mujer, cananea, no se vino abajo, permaneció fiel, fiel a su condición de madre, fiel a su condición de pagana creyente. Sabía y había puesto su confianza en aquel hombre que venía de otro país, de otra tierra.
De alguna manera, la fe de esta mujer es una prueba cierta y verdadera de que las “migajas” de Dios llenan toda la tierra. Todo hombre, toda mujer solo por esa condición, que nos hace hijos e hijas de Dios, llevamos en nosotros el germen de una fe que no conoce divisiones ni fronteras. La luz de Dios envuelve a toda la humanidad porque Dios ha sembrado de fe todos los surcos de la tierra.



