En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
Palabra del Señor
REFLEXION
Hoy Mateo en su evangelio nos presenta el desarrollo de un encuentro. Jesús y sus discípulos van haciendo el recorrido de este camino que les lleva a Jerusalén. El encuentro tiene lugar con los fariseos. Como en otras muchas ocasiones, sus preguntas siempre intentan poner a prueba a Jesús, acorralarle, desafiarle…etc.
El contenido del texto presenta dos temas, los dos son respuestas, aclaraciones, cuestionamientos a preguntas directas que le hacen: el primer dialogo se entabla con los fariseos, estos le lanzan una pregunta trampa: “¿le es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo” (V3). Jesús responde con otra larga pregunta explicativa, lo hace con unos versículos del Génesis.
Los fariseos esperan a ver por cuál de las corrientes rabínicas se decanta Jesús. Sin embargo, actúa no tomando partido por ninguna de las dos. Su pensamiento se remonta al diseño original de Dios en la creación: “¿No habéis leído que el Creador, desde el inicio los hizo varón y hembra?, por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer… de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separé el hombre”
Con esta enseñanza, Jesús subraya que el amor que nace entre un hombre y una mujer, es sagrado, no es un simple contrato social. Esta unión es respaldada y sellada por Dios. Dios es el que une. Esto fundamenta el matrimonio como sacramento, es la gracia de comunión y fidelidad mutua que refleja el amor de Cristo por su iglesia. Jesús resalta así lo indisoluble del sacramento desde el origen.
Jesús prosigue con su respuesta: “repudiar a su propia mujer y casarse con otra, es romper la alianza que tienen con Dios, cometiendo adulterio.”
Al escuchar la exigencia del matrimonio, los discípulos reaccionan sorprendidos, desconcertados, no se han parado a pensar: “Si esa es la situación del hombre con relación a la mujer, no trae cuenta casarse”. Jesús aprovecha este momento para introducir - (el 2º tema del texto)- en el relato, otra vocación: “ser célibe por el reino de los cielos”
El evangelio concluye: “El que pueda entender esto, que lo entienda”. Esta frase lo señala para las dos vocaciones, tanto para el matrimonio como para el celibato, las dos son dones regalados por Dios que requieren ser acogidas y vivirlas con la ayuda de Dios.



