Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Es palabra del Señor
REFLEXION
En el evangelio de hoy, recién pasada la Navidad, Juan nos anuncia buenas noticias
Cuando los judíos envían a sacerdotes y levitas a preguntar a Juan el Bautista quien es él, le van preguntando por personajes importantes: primero si es el Mesías, después si es Elías, o alguno de los profetas. Juan el Bautista les fue contestando que no era ninguno de esos y ante la insistencia de preguntar “pues entonces quién eres”, les responde que es la Voz que grita en el desierto, para preparar el camino.
Hemos escuchado el testimonio claro de un hombre que predicaba con la convicción de su vida, de ser la voz que clama en el desierto, apuntando al que está entre nosotros, pero al que nos cuesta reconocerlo.
Juan el Bautista es «la voz que grita en el desierto». No tiene poder político, no posee título religioso alguno. No habla desde el templo o la sinagoga. Su voz no nace ni de intereses políticos ni religiosos. Viene de lo que escucha el ser humano cuando profundiza en lo esencial.
Es un profeta que ante la luz de la verdad no calla, sino que grita con fuerza y es testigo de que esa verdad, ese reinado de Dios que estaba por venir, había que prepararlo.
Los grandes movimientos religiosos han nacido casi siempre en el desierto. Son los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible “no oír”. En medio de los márgenes del sufrimiento, la marginación, la soledad, el peligro… solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.
"Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí"
En la sociedad del consumo y del progreso que estamos viviendo, se está haciendo cada vez más difícil escuchar una voz que venga de ese tipo de desierto. Lo que se oye es la publicidad de lo divertido, los cotilleos que entretienen, la palabrería de políticos prisioneros de su estrategia, y hasta discursos religiosos interesados.
Pero en medio del desierto de esta vida nuestra, podemos encontrarnos con personas que irradian sabiduría y dignidad, pues no viven de lo superfluo. Gente comprometida, sencilla, entrañablemente humana. No pronuncian muchas palabras. Es su vida la que habla.
Tenemos que ser cada uno de nosotros esa voz, fuerte o débil, que grita ante las injusticias, que expresa una y otra vez que no se pueden pisotear los derechos humanos, que la dignidad de cada persona es sagrada, que el bien común está por encima de lo privado.
Es fácil que en nuestro mundo- como entonces- esa voz produzca miedo,rechazo, porque pone en cuestión el poder establecido. Entonces es cuando hay que ser valiente y humilde como lo fue Juan el Bautista; y ser conscientes de que no lo hacemos solos, ni en nombre propio, lo hacemos con otras personas y comunidades y es Dios quien nos acompaña.
Juan era un testigo de la luz. Nosotros ¿somos testigos de esa luz? ¿Damos testimonio? ¿Cómo?
Para dar testimonio hay que conocer. ¿Nosotros conocemos a Jesús?



