En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».
Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Dos milagros de Jesús se nos narran: hay uno que se presenta como el principal: la resurrección de la hija de Jairo y otro que acontece en el camino: la curación de la mujer con flujos de sangre. Para el Señor no hay milagro grande o pequeño, porque todo en Él es un signo del Amor de Dios hacia los hombres.
Nos conmueve la humildad de esta mujer que se acerca al Señor entre la multitud: no se atreve ni a hablarle, solo le toca levemente…y queda curada de una enfermedad que la atormentaba desde hacía años. Nadie salvo el Señor se dio cuenta de este encuentro, de esta comunión de amor y fe. La hija de Jairo, por otro lado, ya dormía el sueño de la muerte cuando llega Jesús y la resucita. La fe de los padres hace que Jesús obre el milagro imposible y la llame para que se levante.
El milagro, todo milagro es el signo de la presencia salvadora de Dios entre los hombres. Y hay entre nosotros muchos más milagros de los que podemos suponer porque el Señor no deja de mostrar su amor a una humanidad que sufre y a veces se desespera ante el continuo influjo del mal y la oscuridad. Tengamos la fe humilde de la mujer y nos daremos cuenta de que los milagros de amor del Señor siguen dándose.

Formo parte del laicado dominicano desde 2006 motivado por el estudio y devoción al Santo Rosario y el ejemplo de dos frailes. Soy doctor en Historia y en Artes y Humanidades (Teología) y tengo estudios teológicos como profesor de Religión que continúo. Mi actividad como predicador se centra en el estudio de la Historia de la Orden, la catequesis parroquial y la dirección de un programa semanal sobre el Evangelio en YouTube.



