En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».
Es palabra del Señor
REFLEXION
El tiempo final, ese que suele acarrear tanta preocupación y, a veces, obsesión, encuentra en las palabras de este evangelio una orientación clara para vivirla ya desde ahora.
Jesús aparece de forma gloriosa y viene a concluir la historia asumiendo, de modo definitivo, la realeza oculta en el tiempo. Es un pasaje muy en línea con la apocalíptica bíblica. Jesús Rey/Pastor congrega ante sí a todas las naciones, separando a los hombres de acuerdo con la conducta mantenida.
Es la labor que llevaban a cabo los pastores, al recoger el ganado al atardecer, separando las ovejas de las cabras. Esa separación incluye ya un juicio. El criterio en esa separación no es otro que la caridad. Caridad que se ha traducido en hechos con quienes más lo necesitaron. Ha sido el actuar del día a día, expresado en nuestra relación con los más necesitados.
A ese “amarás al prójimo como a ti mismo” se referirá Jesús en el discurso del monte. Ese prójimo se ampliará en su parábola del Buen Samaritano como respuesta a quien quería saber quién era su prójimo. Por eso, el juicio final tendrá como materia la conducta respecto del hermano, con especial acento en el más necesitado.
El trato que damos a los demás, equivale al trato que damos a Cristo. Por eso, a la pregunta de cuándo te vimos…Jesús responde “cuando lo hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis”. De ahí que todo necesitado por el hambre, la sed, la desnudez, la prisión o la enfermedad, se convierta en camino de encuentro con Jesús.
El amor a examen
La cuaresma es una llamada a no olvidar la esencial del cristianismo: el amor, la compasión, la misericordia. Ese es el camino que nos lleva a lo fundamental. La expresión de ese amor tiene hechos concretos: dar de comer y de beber, hospedar, vestir, visitar…Algo al alcance de todos. Es lo que nos identifica como discípulos de Jesús. Lo hemos oído muchas veces y puede que resbale o que lo dejemos de lado poniendo la atención en otros elementos secundarios de la vivencia de nuestra fe. Solo el amor es la respuesta. Sin ese amor nada tiene valor. Jesús está presente en nuestros hermanos. San Juan lo deja muy claro: “quien no ama su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve”. Pues eso, no cabe engañarnos con otras historias.
El día de hoy es una oportunidad que se nos ofrece para hacer realidad la Palabra de Dios. No dejemos que el tiempo se nos vaya en aquello que no merece la pena.
Pregúntate: ¿Qué interés tienen en mi vida las palabras de Jesús en el evangelio de este día? ¿Cuál puede ser mi programa a seguir en esta cuaresma según lo que la Palabra de Dios me ha propuesto?



