En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Es palabra del Señor
REFLEXION
El evangelio de san Marcos nos permite continuar con la meditación sobre nuestras preocupaciones, sobre su presencia invasiva que aparta el limpio deseo de Dios de nuestro corazón.
Los deseos de Dios, aposentadores son de Dios, afirmaba Juan de Ávila, un santo santísimo que trató a santa Teresa, a san Ignacio, a san Juan de Dios o a san Francisco de Borja… también a nuestro hermano, el dominico fray Luis de Granada, quien redactó la primera biografía del santo patrón del clero secular.
Nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nos apartan de su tranquilizadora Presencia.
Eso les pasó a los discípulos. Jesús les advertía para que no fuesen tentados por la mentira o la ambición y ellos andaban entretenidos con la lista de la compra. Santa Teresa sabía que cuando sobreabunda el amor, desaparece el temor y cesa de aguijonearnos la perentoria necesidad porque solo Dios basta.
Que cultivemos la oración del corazón, esa que busca incesantemente su Presencia. Eso nos basta.



