16/9/26

EVANGELIO JUEVES 17-09-2026 SAN LUCAS 7, 36-50 XXIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».

Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».

Él contestó:
«Dímelo, Maestro».

Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».

Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».

Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».

Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».

Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».

                      Palabra del Señor

REFLEXION

En este texto evangélico de San Lucas, como en muchos otros pasajes, el Señor nos resalta e insiste en la importancia de no juzgar al prójimo ni tampoco los acontecimientos o circunstancias que no llegamos a comprender, ya que este juicio, sólo le corresponde a Dios, porque nosotros todos, estamos al mismo nivel y somos de la misma condición pecadora.

No obstante, nuestra naturaleza humana, su primer instinto es juzgar al otro, es: ver la paja del prójimo sin ser conscientes de que nosotros tenemos una viga enorme. Por eso el Señor, con mucha sabiduría, confronta las acciones del fariseo, llenas de una actitud fría y orgullosa, junto a las de la mujer pecadora, repletas de amor.

El problema de Simón, el fariseo, es que se creía perfecto, sin pecados graves, entonces, tenía tal autosuficiencia que no sentía necesidad de la gracia, el perdón y la misericordia del Señor las rechazaba, por eso, sentía tan poco amor, porque estaba lleno de sí mismo. Sin embargo, la mujer reconocía su condición y desbordaba de amor y gratitud.

A Jesús le importa la persona, Él no tiene en cuenta nuestros pecados, ve el fondo del corazón y cuando percibe un corazón humillado y arrepentido, como lo vio en esta mujer, se deja tocar, besar los pies con nuestras miserias, para darle la paz, el amor y el perdón que buscaba. La mujer sabía muy bien que la misericordia de Jesús es más grande que todos sus pecados y que en Él encontraría su paz y descanso y su única esperanza. 

¿Confías, confiamos en el perdón y la misericordia del Señor, como lo hizo esta mujer? ¿Crees que esta búsqueda te va a llenar de paz y esperanza tu corazón?

 Monasterio de Santo Domingo - Dominicas

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Monasterio de Santo Domingo (San Sebastián, Guipuzcua)