6/9/26

EVANGELIO LUNES 07-09-2026 SAN LUCAS 6, 6-11 XXIII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar.

Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.

Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.

Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte en medio».

Y, levantándose, se quedó en pie.

Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».

Y, echando en tomo una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».

Él lo hizo y su mano quedó restablecida.

Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

                        Palabra del Señor

REFLEXION

Según la imagen que tengamos de Dios, el culto será un momento celebrativo de conversión personal y eclesial o, por el contrario, una burda comedia de nuestro egoísmo insolidario.

La necesidad de poner a la persona en el centro, que nos muestra Jesús, no nos puede llevar al exceso que se da en la comunidad de Corinto y que denuncia san Pablo en la primera lectura.

Es fundamental que creamos que Dios es nuestro Abbá (papá), lleno de amor, misericordia y perdón por cada uno de nosotros, que somos pecadores. Pero, a veces, se malinterpreta esta bondad de Dios en el sentido de que más que un Padre, Dios es un “abuelete” un poco senil, que tolera bobaliconamente todo el mal que hacemos. Un padre-madre buenos educan a sus hijos con amor y responsabilidad. “Educar” es sacar del interior del hijo su verdadera personalidad y sus talentos, ofrecerles valores y recursos par saber conducir la vida y la fe, apoyarle con su cariño y estima continua, pero no falsamente complaciente con el mal. Porque el mal que hagan sus hijos, les hace daño a esos hijos. Por eso Dios es Padre amorosamente responsable.

Un miembro de la comunidad de Corinto practica el incesto. No es para gloriarse. Pablo declara la excomunión, que no es echarlo de la Iglesia, sino declarar que él se ha echado a sí mismo por su conducta.

Pero esta declaración no es para castigo, sino medicinal. Para que se dé cuenta, se arrepienta y así ser salvo en el día del Señor.

Pidamos al Señor que Dios y su misericordia sean el centro de nuestro ser y la motivación más profunda de nuestra acción y que nos dé la gracia de sentirnos activamente responsables del don de la fe y roguemos también para que la vivamos sincera y coherentemente. 

¿Me pregunto si mis juicios de los otros y mis acciones ayudan o hacen daño? ¿Justifico mi falta de compromiso abusando de la bondad de Dios?

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra (Asunción, Paraguay)

Soy dominico y sacerdote, nacido en Granada en 1951. Ingresé en la Orden de Predicadores en 1968 y fui ordenado sacerdote en 1975. He cursado estudios de Filosofía y Teología en España, Roma y Múnich, y me he dedicado durante décadas a la formación y docencia en diversos ámbitos: universidad, internoviciado de la Confer y escuelas de teología para laicos. He formado parte de la curia de las Provincias Bética e Hispania de los frailes y también he ejercido como formador, promotor de formación permanente, asistente de fraternidades y presidente de la CONFER en Sevilla. También he trabajado como director, redactor y presentador del programa “Diálogos en la vida” de Canal Sur Televisión. Desde 2021, resido en Paraguay, donde colaboro como docente y acompañante de comunidades religiosas y laicales.