En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Palabra del Señor
REFLEXION
Ciertamente es desconcertante la respuesta de Jesús cuando le anuncian que su madre y sus hermanos están fuera y quieren verlo, pues realmente parece que desprecia los vínculos familiares; pero no, en realidad Jesús está ensanchando el concepto de familia para que todos y todas quepamos, revelándonos que la verdadera familia de Dios no se construye sólo por la sangre, sino por el amor concreto.
Hacer realidad la propuesta de Jesús nos abre necesariamente al hermano, especialmente al más pequeño, débil y vulnerable, porque la voluntad de Dios no se cumple sólo con palabras piadosas o cumplimiento de normativa, sino cuidando la vida, dejándose tocar por el dolor del prójimo y saliendo de una fe individualista y ritualista.
Jesús crea una familia nueva no basada en el poder, la sangre, la seguridad o la importancia social, sino basada en la fraternidad del Reino. En la familia de Jesús nadie sobra, nadie queda fuera, nadie vale menos; y quienes escuchan la palabra de Dios y la cumplen, así como las personas más pequeñas y vulnerables, ocupan un lugar central en el corazón de Dios.
Por eso, escuchar la Palabra implica preguntarnos a quién estamos dejando fuera de nuestra mesa, de nuestra comunidad o de nuestros cuidados, y a quién estamos acompañando, defendiendo, sosteniendo y escuchando; ya que cada vez que ensanchamos nuestra familia hacia los más rechazados, estamos haciendo visible la familia de Jesús.
Hoy el Evangelio nos invita a ampliar el corazón y a reconocer como familia a quienes el mundo suele olvidar. Porque allí donde los pequeños son acogidos como hermanos y hermanas, la Palabra de Dios se cumple y el Reino empieza a crecer.



