18/9/26

EVANGELIO SABADO 19-09-2026 SAN LUCAS 8, 4-15 XXIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
«Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

                       Palabra del Señor

REFLEXION

La siembra es tiempo de esfuerzo pero sobre todo es un acto de confianza en el futuro. Sembramos porque esperamos que la semilla dé fruto. 

Algo de la semilla no llega a dar fruto  por “agentes externos” a la misma: los pájaros que la comen, otro poco porque las piedras que la entorpecen, otro poco porque las zarzas le roban la sazón. 

A pesar de este algo y estos pocos, la parábola nos revela un verdadero mensaje de esperanza ya que la semilla dará abundante cosecha porque la semilla - la palabra va a ser acogida con fe y alegría entre los “pobres”, los “pequeños”, los “pecadores.

¿Cómo acogemos la Palabra, qué clase de tierra somos, cómo la tratamos, cómo la cuidamos, cómo la defendemos?

Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible

La semilla, como la palabra de Dios tiene gran fuerza en sí misma, sembramos un cuerpo humano, un cuerpo terreno, hecho de la tierra; y la fuerza del Espíritu hará  fructificar un cuerpo espiritual, pasando de ser imagen del hombre terreno, (el primer Adán) a ser imagen del hombre celestial, imagen de Cristo. 

Así por la fuerza del Espíritu adquiriremos un cuerpo resucitado.

Así viviremos la gran novedad de Cristo que no consiste en tener la vida, sino en darnos la vida nueva a todos. 

Escucha, Señor, a tu pueblo y aumenta en nosotros el deseo sincero de acoger la semilla de tu palabra; haz que esta simiente sea también sembrada en los surcos de toda la humanidad y fructifique en obras de justicia y paz, para que se manifieste a la humanidad la bendita esperanza de tu Reino. Que mi vida Señor proclame con fidelidad la palabra divina, y que todos los cristianos desde nuestra pertenencia a la Iglesia tengamos un corazón abierto a la palabra de vida y salvación. Amén

 Centro de Predicación Bíblico Pastoral

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