Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».
Palabra del Señor
REFLEXION
Hoy estamos ante una parábola desconcertante y contradictoria. El evangelio de San Lucas, (solo se encuentra en él), se la conoce como la parábola del Administrador deshonesto. Desde el inicio el relato nos genera extrañeza, porque parece que el amo, y hasta el mismo Jesús alaban la corrupción o el engaño en la forma de actuar y ser de un empleado deshonesto.
Como siempre, Jesús toma en su predicación sucesos de la crónica diaria: habla de un administrador que está a punto de ser despedido por la gestión fraudulenta de los negocios de su amo. “Éste le llama y dice: ¿Qué es lo que oigo decir de ti? (V2) Dame cuenta de tu administración, porque no vas a poder seguir…” He aquí el dilema del administrador ante un futuro incierto, tiene que asegurárselo. ¿Qué se le ocurre hacer? Con astucia y habilidad para buscar su beneficio, trata de negociar con los deudores. Ciertamente es injusto lo que hace, pero es listo, astuto, un pícaro que diríamos hoy.
El evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora. Jesús no alaba el robo ni la inmoralidad, sino los recursos, la rapidez mental. Jesús hace aquí una crítica a los “hijos de la luz” (V 8), contrapone la pasión, el ingenio y la entrega que la gente del mundo pone en sus negocios temporales o materiales, frente a la apatía, indiferencia o falta de visión con la que a veces los creyentes afrontan y afrontamos las cosas de la evangelización o el mismo vivir cristiano.
Señor, que tu Espíritu ilumine y fortalezca nuestro caminar. Amén.



