6/1/25

EVANGELIO MARTES 07-01-25 SAN MATEO 4, 12-17, 23-25 SEGUNDA SEMANA DE NAVIDAD

 





En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.

Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.

Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

                           Es palabra del Señor

REFLEXION

En el año 2012, escribí un artículo titulado «habitar en el Dios que permanece», publicado en la Revista Teología Espiritual. En él explicaba lo siguiente: «La cultura tiene que ver con los humanos, y también los conflictos que ocasionan las diferencias culturales. Luego es preciso preguntar ahora en qué radica lo humano. Heidegger afirma: “Ser hombre significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar”. Con ese “habitar”, ¿no volveremos al mismo desamparo en el que Heidegger nos dejaba respecto del filosofar y del pensar?  Pero hay más, pues afirma también: “Los dos modos del construir —construir como cuidar, en latín collere, cultura; y construir como levantar edificios, aedificare— están incluidos en el propio construir, habitar”. Constatamos que “cultura” es un modo del construir, que construir es habitar y que habitar es lo que significa ser hombre».

El término habitar directamente no lo podemos encontrar en la Biblia. Hemos de referirnos al lugar donde Dios habita, donde el pueblo habita o construye, por un lado, y al término tienda, templo, o el permanecer de Dios, la morada que Dios establece entre los hombres, por otro.

No es posible el habitar y el construir cuando las sombras de muerte nos cubren el alma. El alma se desmorona ante los momentos en que la guerra y la barbarie alimentan nuestro corazón. Según el Papa Francisco, la guerra es el fracaso de la humanidad. La cultura de la muerte se expande en las sociedades de la indiferencia cuando el diálogo ya no construye. Cuando la palabra de dos hombres ya no hace posible el encuentro.

La confianza nace cuando se pronuncia una palabra eficaz para la paz, cuando esa paz es posible. San Pablo VI decía que primero ha de haber paz en el ánimo de los hombres para que la paz se manifieste en los acontecimientos de la historia.

Hemos de seguir proclamando la verdad más auténtica respecto a la paz y las sombras de este mundo: «Una luz les brilló». Esa luz es Cristo, quien curaba a los enfermos y restablecía la dignidad de todos los hombres por medio de su palabra. Su entrega total a la novedad del Reino de Dios ya inaugurado, hace posible que este mundo reciba el aliento de Dios. Ese aliento es lo que hace posible construir una esperanza nueva, un nuevo diálogo entre Dios y los hombres.

Dios sigue a la espera, queriendo habitar nuestro mundo, nuestro corazón y quiere establecer su morada entre los hombres.

Fray Alexis González de León O.P.

Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

5/1/25

LUNES 06 DE ENERO : EPIFANIA DEL SEÑOR

 





La fe supone una relación. Una relación entre el Dios que se revela y el ser humano que responde a este Dios que se da a conocer. A lo largo de la historia de la humanidad, Dios se ha ido dando a conocer, primero al pueblo de Israel y luego, en la plenitud de los tiempos, al mundo entero, por medio de su Hijo amado, el Verbo hecho carne. Esta manifestación de Dios a la humanidad, representada por los Magos venidos de tierras lejanas para adorar a Dios hecho visible en su Hijo, es la que conmemoramos en esta solemnidad de la Epifanía. 

Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang
Real Convento de Predicadores (Valencia)

LECTURAS DEL LUNES 06-01-2025 : EPIFANIA DEL SEÑOR

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!

Las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira:
todos esos se han reunido, vienen hacia ti;
llegan tus hijos desde lejos,
a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, y estarás radiante;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,
y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

Te cubrirá una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,
y proclaman las alabanzas del Señor.

                            Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. R/.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.



Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

                         Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Isaías (60,1-6): Dios de todos los pueblos

 El texto del libro del profeta Isaías adelanta el sentido de la fiesta: el universalismo de la salvación de Dios. El Trito-Isaías (la tercera parte del libro de Isaías, con oráculos de un profeta desconocido), se vale de la imagen de Jerusalén, símbolo de la presencia de Dios, para afirmar que todos los pueblos buscarán a ese Dios. Pero no se hace por la apologética barata de que el Dios nacional de Israel sea el único y verdadero. El Dios del profeta no es un Dios nacionalista, y con ello cae por tierra ese nacionalismo religioso que muchas veces se ha usado para grandes despropósitos. Si el profeta se vale de Jerusalén, es porque el profeta no puede dejar de ser un judío en su mundo y en su cultura.

 Pero la intuición del profeta se perfila en el sentido de que Jerusalén ha sido humillada muchas veces en su historia. Comparada con las grandes ciudades de la cultura y la religión que la han rodeado ha sido humillada, postrada, asediada y ha sido pasada a cuchillo. Ahora, teniendo Dios allí su morada (cosa que el profeta entiende al pie de la letra, pero nosotros no estamos obligados a ello) es testigo de cómo vienen todos los pueblos, todas las religiones, todas las culturas, para ver la luz de Dios, trayendo sus dones. Dios, pues, escoge a la Jerusalén maltrecha para decir quién es y qué quiere de la humanidad entera. Este es el evangelio, el misterio, del Trito-Isaías para sus contemporáneos. El texto resonará en el evangelio de Mateo del día de hoy.

IIª Lectura: Efesios (3,2-3.5-6): El misterio de Dios se revela a todos

 El texto de Efesios nos habla del “misterio” que le ha sido encomendado al Apóstol para que lo lleve a todos los pueblos, a los paganos, a los gentiles (diríamos a los que no tienen Dios). ¿Cómo es posible? El texto es un texto paulino, una “confesión” que retrata a Pablo, si bien la carta a los Efesios es muy posible que no haya sido escrita por él, sino por un discípulo que quiere mantener en alto la antorcha de la vocación y la misión del Apóstol. Efectivamente, vemos un interés especial en describir la originalidad de la misión paulina. Y en esto no hay nada que objetar. Las cartas auténticas de Pablo nos revelan, por activa y por pasiva, que esta ha sido la vocación y la historia de Pablo, por lo que ha dado su vida “en Cristo”.

 Se habla del “don de la gracia”, de una “revelación” que ha recibido el apóstol. Esta es la verdad si comparamos nuestro texto con Gal 1,12.16. Aquí se refiere al camino de Damasco como punto focal de esta iniciativa divina. Dios lo ha llamado para ser apóstol de los paganos y para ello le ha entregado el evangelio de la salvación. Lo que en nuestro texto de hoy se llama “misterio”, es lo mismo. Porque el evangelio es la buena noticia de que Dios ha decidido salvar a todos los hombres, de cualquier raza y religión. Es eso lo que el autor de Efesios llama misterio y lo que Pablo llama varias veces “mi evangelio”.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)


EVANGELIO LUNES 06-01-2025 SAN MATEO 2, 1-12 : SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR

 





Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

                                                Es palabra del Señor

REFLEXION

 Texto complicado, simbólico, arcaico, prefigurativo, midráshico. Todos estos adjetivos se usan a la hora de leer e interpretar el relato de Mateo sobre los magos (magoi, en griego, no reyes) que vienen en busca de una estrella. Y la verdad es que la exégesis bíblica ya ha dado numerosas muestras de madurez a la hora de interpretar un relato de este tipo, que desde luego, no puede leerse histórica o fácticamente, al menos con opciones fundamentalistas. Tenemos que reconocer que nos encontramos ante una magnífica página teológica, con sabor oriental y con una cristología de las primeras comunidades cristianas, especialmente la de Mateo, que vio en el texto de Miqueas (5,1) la prefiguración de Jesús como Mesías, por su nacimiento en Belén. La comunidad de Mateo, de origen judeo-cristiano, necesitó leer mucho las Escrituras, el AT, para rastrear su identidad de aceptar a Jesús como el Mesías en todos los sentidos. Consiguientemente, es posible que en una comunidad de este tipo se viera necesario, como causa-efecto, que si Jesús es considerado el Mesías, tenga que nacer en Belén.

 Pero ¿qué papel desempeñan los magos? Pues el de aquellos que extraños al judaísmo y a su religión, han buscado y han interpretado los signos de los tiempos y se han arriesgado también a aceptar al niño de Belén como su luz. Es verdad que estos textos de Mateo, como los de Lucas, no pueden haber sido escritos sino después de que las comunidades cristianas proclamaran a Jesús resucitado. No podía ser de otra manera. Pero el texto de Mateo es más especial, si cabe, porque está “empedrado” de alusiones a textos veterotestamentarios que se leen con el sentido de cumplimiento o de alusiones significativas. Todos los grandes personajes de la historia han tenido su “estrella”, como Alejandro Magno, Augusto, y el “rey de los judíos” no podía ser menos a la hora de presentarlo ante toda la humanidad. Desde luego no es necesario pensar o defender que en el momento del nacimiento de Jesús se produjo una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis; es bastante hipotético que sea así, y tampoco podemos decir que esté contemplado en nuestra narración. Además, si esta conjunción pudiera probarse para el año 7 a.C. (como algunos sostienen), todavía no se “buscaría” a Jesús como el “rey de los judíos”, porque este título no podía aplicársele desde su nacimiento, sino después de la muerte (es el título de la condena en la cruz) y la resurrección.

 Desde el significado de la fiesta de hoy es mucho más iluminador leer el texto sin buscar exageradamente coincidencias históricas. Por eso interesa resalta su tejido midráshico (actualización y adaptación de textos bíblicos). Así podemos ver que nuestro relato ha podido confeccionarse teniendo en cuenta al profeta Balaam (Num24,17), un extranjero llamado por Balaq para maldecir a Israel; pero sucede lo contrario: lo bendice preanunciando la estrella de Jacob, el padre de las tribus. De la misma manera, el texto de Is 60,6 (nuestra primera lectura) con los camellos y dromedarios cargados de dones que vienen a Jerusalén y, no menos, el sentido del Sal 72,10.15 sobre los reyes de tierras lejanas que traen regalos al rey del futuro. La fe de los primeros cristianos tuvo que formularse de esta forma y de esta manera, expresarse simbólicamente. La verdad es que los cristianos aceptaron a Jesús como el Mesías verdadero, el que traería la salvación a todos. No había más remedio que rebuscar en la Escritura para dar sentido a todo ello.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

4/1/25

DOMINGO 05 DE ENERO 2025 : SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 





Comenzamos enmarcando las lecturas. La Iglesia primitiva recurrió frecuentemente a los himnos para celebrar, expresar y anunciar su fe. Es el caso del Prólogo del evangelio de San Juan que, en este himno cristológico, expresaba la fe de su  comunidad en Cristo como Palabra de Dios, su origen eterno y su procedencia divina. Prólogo enraizado en la tradición israelita, recogida este domingo en la personificación de la Sabiduría como atributo de Dios. Prólogo que tuvo gran repercusión en la reflexión posterior de la Iglesia. Dicho de otro modo: Dios, el único Sabio (1ª lectura), encarnado ahora en la persona de Cristo Jesús (evangelio), sigue siendo para la Iglesia el verdadero modelo y guía de la nueva humanidad (2ª lectura).

Fray Juan Huarte Osácar
Convento de Santo Tomás (Sevilla)

LECTURAS DEL DOMINGO 05 DE ENERO 2025 SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.

Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.

En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

                                      Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Glorifica al Señor Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.



Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

                                         Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Eclesiástico (24,1-12): La Sabiduría, mano de Dios

 La primera lectura se toma del libro del Eclesiástico (titulo popular) o de la Sabiduría de Ben Sirá, como se le conoce, técnicamente, por el autor que lo escribió. Antes no se le conocía más que en griego, pero ya se han descubierto los fragmentos hebreos (en la antigua Guenizá del Cairo) que certifican que esa es su lengua original. Es un libro propio, con un género literario específico, tanto en el mundo bíblico como en la literatura del Medio Oriente y de Egipto. Este tipo de obras intenta poner de manifiesto los valores más fundamentales de la vida, de un comportamiento justo, honrado, humanista; en definitiva, eso es vivir con sabiduría.

 La lectura de hoy nos habla de la Sabiduría, con mayúscula; no la del hombre, sino la de Dios. Es un himno grandioso del papel que tiene la sabiduría en las relaciones de Dios con el mundo y con los hombres. Debemos tener en cuenta que los judíos no podían entender que hubiese alguien como Dios; la sabiduría, aunque personificada, es, en el texto, una criatura como nosotros, aunque es la mano derecha de Dios, porque es la confidente del saber divino y, por lo mismo, de su acción creadora, hálito del poder divino en todo el proyecto que El tiene sobre el mundo. De hecho, en el judaísmo se identificaba a la Sabiduría con la Torah, la ley. No podía ser de otra forma en un ambiente cerrado a los valores creativos y proféticos de Dios. Sin embargo, una lectura cristiana de este texto, lo sabemos, apunta directamente a la Palabra de Dios, a Jesucristo. Y entonces, la Torah, la ley, quedará en lo que es, un mundo de preceptos que a veces ni siquiera ponen de manifiesto la voluntad de Dios.

IIª Lectura: Efesios (1,3-6.15-18): Elegidos, “en Cristo”, para ser hijos

 Aunque se proclame en nuestra lectura que esta carta es de San Pablo, la opinión más extendida hoy, aunque no sea general, es que es un escrito posterior de la escuela paulina. Es un escrito de una gran densidad teológica; una especie de circular para las comunidades cristianas de Asia Menor, cuya capital era Éfeso. En realidad lo que hoy nos toca proclamar de esta lectura es el famoso himno con el que casi se abre la epístola. Es un himno o eulogía (alabanza), a Dios, probablemente de origen bautismal, como sucede con muchos himnos del NT; desde luego ha nacido en la liturgia de las comunidades cristianas. Su autor, como Pablo hizo con Flp 2,5-11, lo ha incardinado a su escrito por la fuerza que tiene y porque no encontró otras palabras mejores para alabar a Dios.

 Se necesitaría un análisis exegético de más alcance para poder decir algo sustancial de esta pieza liturgia cristiana. Es curioso que estamos ante un himno que es como una sola frase, de principio a fin, aunque con su ritmo literario y su estética teológica. Canta la exuberante gracia que Dios ha derramado, por Cristo, en sus elegidos. Vemos que, propiamente hablando, Dios es el sujeto de todas las acciones: elección, liberación, redención, recapitulación, predestinación a ser hijos. Es verdad: son fórmulas teológicas de cuño litúrgico las que nos describe este misterio. Pero todo esto acontece en Cristo, en quien tenemos la gracia y el perdón de los pecados. Y por medio de Él recibimos la herencia prometida. Y en Cristo hemos sido marcados con el sello del Espíritu hasta llegar a experimentar la misma gloria de Dios en los tiempos finales.

 ¿Qué podemos retener del mismo? Entre las muchas posibilidades de lectura podríamos fijarnos en lo que sigue: que Dios, desde siempre, nos ha contemplado a nosotros, desde su Hijo. Dios mira a la humanidad desde su Hijo y por eso no nos ha condenado, ni nos condenará jamás a la ignominia. Hay en el texto toda una “mirada” del Dios vivo. El es un Dios de gracia y de amor. La teología de la gracia es, pues, una de las claves de comprensión de este himno. Sin la gracia de Dios no podemos tener la verdadera experiencia de ser hijos de Dios. El himno define la acción amorosa de Dios como una acción en favor de todos los hombres. Estamos, pues, predestinados a ser hijos. Este es el “misterio” que quiere cantar esta alabanza a Dios. Se canta por eso; se da gracias por ello: ser hijos es lo contrario de ser esclavos, de ser una cifra o un número del universo. Este es el efecto de la elección y de la redención “en Cristo”.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

EVANGELIO DOMINGO 05-01-2025 SAN JUAN 1, 1-18 SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 





En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

                                             Es palabra del Señor

REFLEXION

Este segundo domingo de Navidad, después de la fiesta de María Madre de Dios con que abrimos el año nuevo, es una profundización en los valores más vivos de lo que significa la encarnación del Hijo de Dios.

(Podemos volver a leer el texto comentado el día de Navidad)

 Esta es una de las páginas más gloriosas, profundas y teológicas que se hayan escrito para decir algo de lo que es Dios, de lo que es Jesucristo, y de lo que es el hecho de la encarnación, en esa expresión tan inaudita: el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La encarnación se expresa mediante lo más profundo que Dios tiene: su Palabra; con ella crea todas las cosas, como se pone de manifiesto en el relato de la creación de Génesis 1; con ella llama, como su le sucede a Abrahán, el padre de los creyentes; con ella libera al pueblo de la esclavitud de Egipto; con ella anuncia los tiempos nuevos, como ocurre en las palabras de los profetas auténticos de Israel; con ella salva, como acontece con Jesucristo que nos revela el amor de este Dios. El evangelio de Juan, pues, no dispone de una tradición como la de Lucas para hablarnos de la anunciación y del nacimiento de Jesús, pero ha podido introducirse teológicamente en esos misterios mediante su teología de la Palabra. También, en nosotros, es muy importante la palabra, como en Dios. Con ella podemos crear situaciones nuevas de fraternidad; con nuestra palabra podemos dar vida a quien esté en la muerte del abandono y la ignominia, o muerte a quien esté buscando algo nuevo mediante compromisos de amor y justicia. Jesús, pues, también se ha encarnado para hacer nuestra palabra (que expresa nuestros sentimientos y pensamientos, nuestro yo más profundo, lo que sale del corazón) una palabra de luz y de misericordia; de perdón y de acogida. El ha puesto su tienda entre nosotros... para ser nuestro confidente de Dios.

 El himno y las sentencias que lo constituyen se relaciona con las especulaciones sapienciales judías. El filósofo judío de la religión, Filón de Alejandría, que vivió en tiempos de Jesús, hizo suyas aquellas reflexiones, pero en vez de sabiduría habló de la Palabra divina, del Logos. En el judaísmo «sabiduría» y «palabra de Dios» significaban prácticamente lo mismo. Sobre este tema desarrolló Filón una serie de profundas ideas. En el himno al Logos de Juan han podido influir otras corrientes conceptuales de aquella época. Fuera como fuere, en el texto joánico la idea del Logos tiene una acuñación cristiana propia, una forma inconfundible ligada a la persona de Jesús. Se interpreta, en efecto, esta persona, mediante los conceptos ya existentes sobre la Palabra de Dios, de una manera no por supuesto absolutamente nueva, pero sí profundizada.

 El Logos, en griego, la Palabra divina, se ha hecho carne, es nuestra luz. Quizás parece demasiado especulativa la expresión. Pero recorriendo el himno al Verbo, descubrimos toda una reflexión navideña del cuarto evangelio. El Verbo ilumina con su luz. La iniciativa no parte de la perentoria necesidad humana, sino del mismo Dios que contempla la situación en la que se encuentra la humanidad. Suya es la iniciativa, suyo el proyecto. En el Verbo estaba la vida y la vida es la luz de los hombres. Por eso viene a los suyos, que somos nosotros. La especulación deja de ser altisonante para hacerse verdaderamente antropológica, humana. Pone su tienda entre nosotros, el Logos, la Sabiduría, el Hijo, Dios mismo en definitiva. ¿Cómo? No como en el el AT, en la tienda del tabernáculo en el desierto, ni en un “Sancta Sanctorum”, sino en la humanidad misma que era la que verdaderamente necesitaba ser dignificada. El hombre es imagen de Dios, y esa imagen se pierde si la luz no nos llega. Y esa luz es la Palabra, Jesucristo.

Fray Miguel de Burgos Núñez
(1944-2019)

3/1/25

EVANGELIO SABADO 04-01-2025 SAN JUAN 1, 35-42 OCTAVA DE NAVIDAD

 





En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».

Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo:
«Venid y veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

                    Es palabra del Señor

REFLEXION

La inquietud indeterminada que mueve a los discípulos, se concreta con una pregunta: ¿Qué buscáis? No solo buscan al Maestro, sino que confiesan el deseo de algo más estable e íntimo: ¿Dónde moras? Como si dijeran: ¡Queremos estar contigo, queremos ser parte de tu día a día! A la respuesta que Jesús les da, corresponden con una actitud de desprendimiento de aquello en lo que estaban, de confianza en aquel que les hablaba y de compromiso: fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él. La experiencia de aquella hora es tan decisiva que los convierte en anunciadores: Hemos encontrado al Mesías.

A nosotros se nos invita a este mismo viaje, en una dirección a la inversa. ¿Qué buscas? nos pregunta Jesús. Su respuesta, Ven y verás, no es una invitación a una expedición por lejanos y exóticos mundos ni hogares ajenos a nosotros; sino una mano que golpea discretamente a nuestra puerta. No encontraremos al Maestro lejos de nosotros ni de nuestra realidad más cotidiana. Jesús no tiene una casa a la que invitarnos, sino que quiere ser invitado a la nuestra. Es una insinuación a abrir nuestro corazón, darle permiso para ser el Huésped de nuestra alma y dejar que se quede con nosotros todo el día, cada día, haciéndolo todo nuevo: Ven, entra en lo más profundo de tu ser, deja de huir, y déjame que te acompañe: verás las cosas de otro modo.

Encontrar a Jesús y hacerle Señor de nuestro hogar –de nuestra vida− no necesariamente hará que todo sea distinto, ni que desaparezcan los problemas; pero contemplaremos que habita cada esquina, rincón, aspecto y confín de nuestro día a día y su Presencia es la que salva e ilumina nuestra existencia. Así, llevando a Jesús en nuestro interior, nuestras obras serán de justicia y nuestra vida será manifestación inequívoca de que el Reino de Dios ha llegado, como recordaba la primera lectura. Nuestro anunció será eficaz y creíble, y serán muchos los que llevaremos al Maestro para que Jesús se quede con ellos y ellos con Él.

Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P.
Monasterio Santo Domingo (Caleruega)

2/1/25

EVANGELIO VIERNES 03-01-2025 SAN JUAN 1, 29-34 OCTAVA DE NAVIDAD

 


                                                    



Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

                     Es palabra del Señor

REFLEXION

Nos encontramos ante el testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús. Es bien claro afirmando que es superior a él. “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”.

Jesús es el portador de la salud, de la salvación que quita el pecado del mundo y de todos nosotros. Algo que necesitamos.

Insiste en que es superior a él: “es antes que yo”, “vi descender el Espíritu sobe él”, “doy testimonio de que es el Hijo de Dios”.

Jesús va más allá del bautismo de Juan pues “es el que ha bautizar con Espíritu Santo”. El resumen de la vida de Juan el Bautista está en su frase referida a Jesús: “Conviene que el crezca y yo mengüe”.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

1/1/25

EVANGELIO JUEVES 02-01-2025 SAN JUAN 1, 19-28 OCTAVA DE NAVIDAD





Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?»

Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».

Él dijo:
«No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?».
Respondió: «No».

Y le dijeron:
«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

Él contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

                                    Es palabra del Señor

REFLEXION

En el Evangelio de este día, que corresponde a la segunda parte del capítulo 1 del Evangelio de San Juan, justo después del prólogo, encontramos a Juan el Bautista siendo interrogado por un grupo de sacerdotes y levitas, que han sido enviados desde Jerusalén por los judíos. Varias cuestiones le son planteadas, todas ellas relacionadas con su identidad: “¿Tú quién eres? ¿Eres tú Elías? ¿Eres tú el Profeta? ¿Qué dices de ti mismo? ¿Por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?”

La pregunta sobre la identidad personal es clave en la vida de la persona porque tiene que ver con aquello que define el sentido que damos a esa vida, con nuestra vocación, nuestra misión, la verdad más profunda de nuestro ser.

Juan Bautista responde, pero lo hace para invitarnos a volver la mirada hacia Otro: hacia Jesús, hacia el Señor, de quien Juan es la “voz.” La respuesta a la pregunta sobre su propia identidad se convierte en testimonio sobre Jesús, tal como se nos dice al inicio del Evangelio de este día.

Este testimonio es como el pórtico que nos introduce hacia el motivo fundamental del evangelista Juan a lo largo de su Evangelio: introducirnos en el conocimiento del misterio de Cristo, Palabra encarnada, tal como nos ha sido presentado en el prólogo. Porque la piedra angular de la fe, para Juan, es conocer y entrar en comunión con Cristo, ser uno con Él.

La figura del Bautista, central en este pasaje, aparece por tanto en relación a Jesús. El Bautista es quien grita en desierto y allana el camino del Señor; es quien anuncia la presencia en medio de nosotros de aquel que viene después de él y de quien no es digno de desatar la correa de la sandalia.

También nosotros “somos” en relación a Cristo; nuestra identidad está iluminada, clarificada por la suya. En él descubrimos nuestra vocación a ser también testigos de su Palabra, a ser su voz, a intentar que nuestros gestos y palabras puedan hablar de Él y de su presencia viva en medio de nuestro mundo.  Y  a hacerlo en medio del “desierto”, de los espacios áridos que nos presenta la vida y en los cuales, a veces, sentimos que no hay nada que hacer, que se nos resisten, que no hay permeabilidad a acoger el mensaje de la buena Noticia del Evangelio.

Allí nos invita el Señor a permanecer, a ser voz de una Palabra que nos despierta a una visión de la vida muy diferente a la que con frecuencia se vende en nuestros mercados del bienestar, del culto al yo, del consumo loco, que con frecuencia es caldo de cultivo de una cultura de la indiferencia hacia otras vidas humanas, especialmente si se encuentran del lado de la pobreza.

Pero para ello, antes somos invitados a convertirnos en rastreadores de esa presencia actual de Dios en medio de la humanidad, que es lo que en definitiva celebramos cada Navidad: ¡Dios con nosotros!

Que en este tiempo, podamos contemplar la realidad a la luz del misterio de la Encarnación, con la alegría y esperanza de que el Señor está en ella acompañando y sosteniendo el caminar de la humanidad y de toda la creación.

Hna. María Ferrández Palencia, OP
Congregación Romana de Santo Domingo