23/4/26

EVANGELIO VIERNES 24-04-2026 SAN JUAN 6, 52-59 TERCERA SEMANA DE PASCUA

 





En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

                               Es palabra del Señor

REFLEXION

La lectura del evangelio continúa ofreciéndonos el discurso del “Pan de vida”, que provoca un enorme desconcierto en quienes lo escuchan. Por supuesto, en los “judíos” (con la connotación que Juan da al término) pero también en los mismos discípulos. De hecho, nos encontraremos con que muchos de sus discípulos se echaron atrás y dejaron de ir con Jesús, por la dificultad que les suponía comprender la propuesta de “comer la carne” y “beber la sangre”.

Y es que, aunque en el contexto cultural hebreo la “carne” y la “sangre” representan la totalidad de la persona, resulta realmente difícil de concebir la idea de comer y beber, referida a la carne y la sangre de una persona.

Y eso es lo que Jesús está proponiendo…

Antes, en el evangelio de Juan, Jesús anuncia que el que cree en él tiene ya la Vida eterna (Jn 3, 15-17). Ahora se añade otra “condición”: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.

Para los especialistas en Sagrada Escritura es evidente que en estos versículos del evangelio de Juan la atención se focaliza en la Eucaristía. Pero el lenguaje sigue siendo complicado y difícil de asimilar, falto de lógica desde un punto de vista simplemente racional…

¿Cómo aproximarnos al abismo del misterio que se abre ante nosotros? ¿Cómo “perforar” la rutina de nuestras celebraciones?

Tal vez lo realmente inaudito e inconcebible es la realidad de un Dios que se acerca a nosotros por amor. Más aún, que se “encarna” para hacerse uno de nosotros y hacernos uno con Él. Esa decisión de Dios de “estar con nosotros y en nosotros”, -con ese amor desmesurado que escapa a nuestras posibilidades, y del que quiere hacernos partícipes- es, quizá, la que resulta descabellada, inimaginable e imposible para la mente humana. ¿Qué hacer?

Pasar de ella, rechazarla. Es habitual en este tiempo. Lo que no se puede comprender, no se acepta. Como si nuestra inteligencia fuera el criterio absoluto de lo posible y lo real…

Aceptarla sin ningún tipo de cuestionamiento, de pregunta. Puede ser frecuente en los que recibimos la fe de pequeños, como quien recibe un lote de verdades o valores heredados y los integra en su vida como costumbre, rutina, hábito, rito… sin planteamiento ni reflexión que permita una respuesta más o menos lúcida, pero personal.

Abrirse a la posibilidad de algo-Alguien que desborda absolutamente todas nuestras posibilidades, expectativas, imaginación… y que, sin embargo, nos capacita para vivir la experiencia de un encuentro que es comunión, trascendencia, “degustación” de aproximación a una plenitud inesperada… de tal modo que podamos percibir nuestra vida como la “historia de un amor que viene a buscarnos” (en expresión de Mikel Hernansanz), que desea sanarnos, liberarnos, salvarnos, vivir en nosotros.

 Siempre estamos a tiempo de elegir, ¡¡el amor que viene a buscarnos nos ha hecho libres!!

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo