En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.
Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.
Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».
Palabra del Señor
REFLEXION
Pero para entender esa lectura necesitamos de la mirada de Jesús, de la Palabra del Evangelio: a pesar de que se confabularon contra Jesús, conspiraron a causa de su mensaje, por su actitud de apertura, por su vida hacia los que el poder despreciaba, porque anuncia el derecho para las naciones, por hacer el bien… él responde curando, sanando vidas, creyendo en cada uno de ellos, de nosotros, sabiendo que “el pasado no condena el futuro” (Papa León), no quiebra la caña cascada, ni apaga la mecha vacilante.
Es verdad que vivimos tiempos de incertidumbre, quizás más oscuros de los que hemos vivido en los últimos años, pero también es verdad que no podemos dejar de proclamar que todos somos cañas cascadas en algún momento de nuestra vida; todos somos mechas que vacilamos entre la esperanza y el desengaño y la Palabra de Dios, los gestos de Jesús renuevan como siempre la confianza en que, sanados y sanando, podremos seguir; la confianza de que la venganza o el odio no solucionan nada, sino que ante el dolor, la persecución o la muerte no estamos totalmente perdidos, nuestro lote nos lo ganó Aquel que lucha por el derecho de todos, por la dignidad ante todo y de todo ser humano, Aquel que, en el silencio de su amor, nunca nos abandona.
El Evangelio de hoy es amontonar carbones de vergüenza sobre la cabeza del que hace el mal (Rm. 12,20). Es recordar a los gobernantes que no es aplastando a los demás como se consigue el bien, y recordar a los poderosos que no es metiendo en Centros cerrados a aquellos que no queremos recibir. El derecho de todos y para todos de vivir con dignidad es innegociable: “Su propia historia (de España) sugiere que no es la cultura del enfrentamiento sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad” (Papa León en Madrid)



