Palabra del Señor
REFLEXION
Jesús está predicando la Buena Noticia. Habla de que el resumen de la ley divina se condensa el en amor a Dios y al prójimo como fundamento de todo nuestro obrar. Es decir, en el centro del corazón tiene que estar el amor de Dios siendo el semáforo que da luz verde a toda acción, palabra, obra, pensamiento, gesto, sueño, proyecto, respiro, que fundamenta nuestro ser cristiano.
Evidentemente, Jesús, sabe lo complejo de la dimensión humana y la realidad para llegar a ser fieles discípulos. De este modo, plantea el problema: servir a dos señores. Servir a Dios o al dinero. Así queda enmarcado todas las posibles dificultades, obstáculos, excusas, miedos, individualismos, egoísmos, que hacen que no se responda con coherencia dentro de ese seguimiento.
En ese auditorio salen a escena los famosos fariseos que continuamente tienen sus más y sus menos con Jesús. El fariseo, como figura emblemática de hipocresía, que en este caso ama más de la cuenta el dinero. Y la llamada de atención que Jesús les hace, solo despierta en ellos una risa burlona, ya que no entienden nada de una realidad superior como es el amor, la vida eterna y la vivencia de una religión que comprometa toda tu vida y te humanice.
El tenerse por justo y cumplidor es la imagen opuesta a la fidelidad, coherencia que demanda el discipulado. De este modo mal entendido aparece, el bastarte tú mismo, el creer que no necesitas a nadie en tu vida. Por ello, Jesús, ante esta acción de burla hace referencia a lo íntimo del ser humano: Dios ve el corazón. Aparentar no vale para nada. La mascara se cae ante la verdad de Dios. La excusa no vale ante la inmensidad del amor de Dios.
El corazón puesto en el dinero para el fariseo es lo sublime. Sin embargo, Jesús, desmonta todo este error para llevar al discipulado a los planes de Dios. Lo que el Señor quiere es la misericordia entre sus hijos. Poner la mirada en la riqueza lleva a la imagen de esa polilla que roe internamente tu ser al estar centrado solo en gestionar, cuidar, promover, acumular, multiplicar, el tesoro equivocado que lo hace abominable a los ojos del Creador. El Dios amor te invita continuamente a que vivas en una actitud de confianza, entrega, donación, fraternidad, que es a lo que vino Jesús a la tierra.



