El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Es palabra del Señor
REFLEXION
El centro del evangelio de Marcos es la revelación de la identidad de Jesús. Y ya, desde el comienzo presenta como Hijo de Dios. Todos los que lo ven y lo escuchan se hacen la misma pregunta: ¿Quién es este hombre que así actúa, así vive y así muere? Es la pregunta que todo el mundo se hace antes de seguirle. Lo primero es conócelo.
Este Jesús que presenta Marcos, es también verdadero hombre. Se fija en sus rasgos humanos, así ve que: se compadece, se indigna, se entristece, gime en lo más hondo de su ser, se enfada, mira con cariño, siente pavor y angustia ante la muerte y muere entre burlas y ultrajes.
Pero, al mismo tiempo, Jesús está por encima de la simple condición humana: su enseñanza es superior, tiene el poder de curar y expulsar espíritus impuros, perdona pecados, siendo hombre actúa como sólo Dios puede actuar.



