6/1/26

EVANGELIO MIERCOLES 07-01-2026 SAN MATEO 4, 12-17, 23-25 SEGUNDA SEMANA DE NAVIDAD

 





En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.

Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.

Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

                            Es palabra del Señor

REFLEXION

“La Vida era la Luz de los hombres”, dice San Juan; por eso, atentar contra la vida es atentar contra la Luz, cuantas heridas sufre la Vida: pobres abandonados, niños perdidos, jóvenes desorientados, ancianos descartados.

A veces, caminamos en tinieblas, pero hemos visto una Luz grande. Una Luz que invade nuestro interior y rompe la oscuridad de nuestra noche, creando fuentes de Esperanza.

Esperanza que brota porque está cerca el Reino de nuestro Dios, y en ella la Vida cura nuestras enfermedades y dolencias.

"Le traían todos los enfermos y Él los curaba"

Creer en el nombre de Jesús, el Señor, es dejarse llenar de esta Vida que riega los resecos surcos de un mundo sediento de esperanza, y así nos convertimos en verdaderos hijos de la Vida.

Somos de Dios y Dios es Vida y Luz. Esta es nuestra misión como dominicos: favorecer la dignidad de todo ser humano allí donde se encuentre, por encima de razas, color de la piel, idioma… como lo hizo nuestro hermano Raimundo de Peñafort, que encontró la Vida y la Luz entre los textos legislativos.

¡No apaguemos la Luz, no vaciemos la Vida. Seamos artesanos de Luz y Vida!

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

5/1/26

EVANGELIO MARTES 06-01-2026 SAN MATEO 2, 1-12 SEGUNDA SEMANA DE NAVIDAD

 





Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

                      Es palabra del Señor

REFLEXION

 Texto complicado, simbólico, arcaico, prefigurativo, midráshico. Todos estos adjetivos se usan a la hora de leer e interpretar el relato de Mateo sobre los magos (magoi, en griego, no reyes) que vienen en busca de una estrella. Y la verdad es que la exégesis bíblica ya ha dado numerosas muestras de madurez a la hora de interpretar un relato de este tipo, que desde luego, no puede leerse histórica o fácticamente, al menos con opciones fundamentalistas. Tenemos que reconocer que nos encontramos ante una magnífica página teológica, con sabor oriental y con una cristología de las primeras comunidades cristianas, especialmente la de Mateo, que vio en el texto de Miqueas (5,1) la prefiguración de Jesús como Mesías, por su nacimiento en Belén. La comunidad de Mateo, de origen judeo-cristiano, necesitó leer mucho las Escrituras, el AT, para rastrear su identidad de aceptar a Jesús como el Mesías en todos los sentidos. Consiguientemente, es posible que en una comunidad de este tipo se viera necesario, como causa-efecto, que si Jesús es considerado el Mesías, tenga que nacer en Belén.

 Pero ¿qué papel desempeñan los magos? Pues el de aquellos que extraños al judaísmo y a su religión, han buscado y han interpretado los signos de los tiempos y se han arriesgado también a aceptar al niño de Belén como su luz. Es verdad que estos textos de Mateo, como los de Lucas, no pueden haber sido escritos sino después de que las comunidades cristianas proclamaran a Jesús resucitado. No podía ser de otra manera. Pero el texto de Mateo es más especial, si cabe, porque está “empedrado” de alusiones a textos veterotestamentarios que se leen con el sentido de cumplimiento o de alusiones significativas. Todos los grandes personajes de la historia han tenido su “estrella”, como Alejandro Magno, Augusto, y el “rey de los judíos” no podía ser menos a la hora de presentarlo ante toda la humanidad. Desde luego no es necesario pensar o defender que en el momento del nacimiento de Jesús se produjo una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis; es bastante hipotético que sea así, y tampoco podemos decir que esté contemplado en nuestra narración. Además, si esta conjunción pudiera probarse para el año 7 a.C. (como algunos sostienen), todavía no se “buscaría” a Jesús como el “rey de los judíos”, porque este título no podía aplicársele desde su nacimiento, sino después de la muerte (es el título de la condena en la cruz) y la resurrección.

 Desde el significado de la fiesta de hoy es mucho más iluminador leer el texto sin buscar exageradamente coincidencias históricas. Por eso interesa resalta su tejido midráshico (actualización y adaptación de textos bíblicos). Así podemos ver que nuestro relato ha podido confeccionarse teniendo en cuenta al profeta Balaam (Num24,17), un extranjero llamado por Balaq para maldecir a Israel; pero sucede lo contrario: lo bendice preanunciando la estrella de Jacob, el padre de las tribus. De la misma manera, el texto de Is 60,6 (nuestra primera lectura) con los camellos y dromedarios cargados de dones que vienen a Jerusalén y, no menos, el sentido del Sal 72,10.15 sobre los reyes de tierras lejanas que traen regalos al rey del futuro. La fe de los primeros cristianos tuvo que formularse de esta forma y de esta manera, expresarse simbólicamente. La verdad es que los cristianos aceptaron a Jesús como el Mesías verdadero, el que traería la salvación a todos. No había más remedio que rebuscar en la Escritura para dar sentido a todo ello.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

4/1/26

EVANGELIO LUNES 05-01-2026 SAN JUAN 1, 43-51 SEGUNDA SEMANA DE NAVIDAD

 





En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
«Sígueme».

Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».

Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

Felipe le contestó:
«Ven y verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

                       Es palabra del Señor

REFLEXION

Solemos hablar de “conversión” en el cambio radical de vida, del pecado a la gracia, que han vivido, a veces súbitamente, algunos creyentes. San Agustín, San Ignacio de Loyola, San Juan de Dios son ejemplo de ello.

Pero hay otros modos de convertirse. “Convertirse” significa salir del camino hasta entonces seguido y comenzar a recorrer en otra dirección. A veces, en dirección diametralmente opuesta. A veces, en la misma dirección, pero a otro nivel.

No se trata sólo y principalmente de cambiar de conducta. La palabra griega “metanoia” (conversión) indica sobre todo que lo más importante es el “cambiar de mentalidad”. Porque de la manera que tengamos de pensar sobre nosotros, nuestra vida, los demás, Dios… dependen nuestros sentimientos y nuestras decisiones y acciones. “Convertirse”, “cambiar de mentalidad" es, por tanto, algo necesario para todos y en proceso constante de profundización a lo largo de la vida de personas, comunidades, etc.

Por eso, el texto de hoy podríamos titularlo: “la conversión de Natanael”.  No era un pecador. Por el contrario, Jesús mismo reconoce su valía, su altura moral y espiritual: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. A la sorpresa de Natanael : ”¿De qué me conoces?” sigue la respuesta de Jesús que no solo le sirve a él, sino a cada uno de nosotros en cada momento y es el detonante de toda conversión: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”.

Los exégetas bucean el secreto del significado de ese “bajo de la higuera”. ¿Se trata simplemente de manifestar que Jesús conocía cosas antes de estar presente? ¿Se refiere a que la higuera era símbolo de Israel y Natanael había querido ser fiel cobijado en la fe de su pueblo y en las promesas de Dios para él? Lo cierto es que esa frase le impactó tanto, que le abrió a la confesión de fe en Jesús: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Tú eres la respuesta a mis búsquedas, sueños, ilusiones, convencimientos, planteamientos, caminos. Y no sólo los míos, sino los de mi pueblo.

Y Jesús, mientras le da la razón, le abre a nuevas perspectivas universalistas y de eternidad: “Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el hijo del hombre”. No se trata solo de las esperanzas de Israel, simbolizado en la higuera, a cuya sombra se cobijan, sino, según la visión de Jacob, de la comunicación directa y transformante de Dios con nosotros: el Enmanuel: Dios con nosotros.

¿Cuál es la clave de este relato?: Las palabras de Cristo: “te vi”. Ya San Agustín acertó cuando explicaba: “En Dios, mirar es amar”. Te vi a ti en concreto, a tus sentimientos, tus ilusiones, tus proyectos, tus dudas, tus luces, tus sombras, tus búsquedas, tus fracasos, tus intentos, tus logros, tus relaciones…. Te vi a ti en concreto, te amé a ti en concreto, y te elegí como compañero, amigo y colaborador a ti en concreto.

“En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros”, hemos proclamado en la primera lectura. El “te vi” de Cristo, no es una mirada superficial y curiosa. Es su compromiso total por mí. Es su amor indisoluble por mí. Y por ti. Y por aquel y aquella…

Esto es vivir, esto es aprender a vivir.

 

Según mis relaciones de amor, indiferencia u odio ¿vivo, sobrevivo, malvivo? ¿Siento en mi persona la fuerza del “Te ví” continuo de Cristo por mí?

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.
Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra (Asunción, Paraguay)

Soy dominico y sacerdote, nacido en Granada en 1951. Ingresé en la Orden de Predicadores en 1968 y fui ordenado sacerdote en 1975. He cursado estudios de Filosofía y Teología en España, Roma y Múnich, y me he dedicado durante décadas a la formación y docencia en diversos ámbitos: universidad, internoviciado de la Confer y escuelas de teología para laicos. He formado parte de la curia de las Provincias Bética e Hispania de los frailes y también he ejercido como formador, promotor de formación permanente, asistente de fraternidades y presidente de la CONFER en Sevilla. También he trabajado como director, redactor y presentador del programa “Diálogos en la vida” de Canal Sur Televisión. Desde 2021, resido en Paraguay, donde colaboro como docente y acompañante de comunidades religiosas y laicales.

3/1/26

DOMINGO 04-01-2026 ; SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 




“Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo”, canta Carlos Varela. Sin embargo, francisco García Martínez, apostilla con acierto: “las palabras son la piel de nuestra vida, son el espejo del alma de la humanidad. Ellas muestran el dolor, y la alegría de nuestra existencia”. Y quizás por eso, cuando Dios quiere hablar de verdad a la humanidad, no lo hace con frases grandiosas ni con discursos complicados o demagógicos, sino con la Palabra que lo dice todo sin ocultar nada: su propio Hijo. Las lecturas de este Segundo Domingo de Navidad nos sitúan frente a la Palabra por excelencia, esa que el Evangelio de Juan llama “el Verbo” y que el libro del Eclesiástico reconoce como Sabiduría eterna, presente junto a Dios “desde el principio”, antes de los siglos.

La Sabiduría de Dios tiene una doble ciudadanía: habita en lo alto y, sin embargo, echa raíces entre nosotros. No permanece distante; no se limita a rozar la superficie de nuestra historia. Desciende, se hace cercana, se encarna. Juan no usa la palabra “sabiduría”, pero la describe en su acción: Palabra creadora, Palabra que ilumina, Palabra que se hace carne para vivir en medio de un mundo que tantas veces se resiste a la luz y, aun así, sigue siendo amado por Dios.

En el misterio de Navidad celebramos precisamente este movimiento: Dios que se acerca, que se deja pronunciar, que se hace audible, visible y tangible. En Jesús, la Palabra divina ya no es un concepto, ni un sonido, ni un libro: es un rostro. Es vida que ilumina la nuestra. Y cada vez que la acogemos, algo de nuestra oscuridad se vuelve claridad. Cada vez que la escuchamos, nuestra historia se vuelve más humana y más divina.

Fray Esteban Nko Sipi O.P.

Fray Esteban Nko Sipi O.P.
Convento Santo Tomás de Aquino - 'El Olivar' (Madrid)

Nací en Rebola, Guinea Ecuatorial, el 14 de octubre de 1995. Conocí la Orden gracias al primer dominico ecuatoguineano, fray Roberto Okón Pocó, O.P., quien es mi mentor. Actualmente estoy asignado al Convento de Santo Tomás de Aquino (Olivar- Madrid) realizando mis estudios de la licenciatura en Teología.

LECTURAS DOMINGO 04-01-2026 SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.

Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.

En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

                       Es palabra del Señor

Salmo

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Glorifica al Señor Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

                      Es palabra del Señor

REFLEXION

Iª Lectura: Eclesiástico (24,1-12): La Sabiduría, mano de Dios

 La primera lectura se toma del libro del Eclesiástico (titulo popular) o de la Sabiduría de Ben Sirá, como se le conoce, técnicamente, por el autor que lo escribió. Antes no se le conocía más que en griego, pero ya se han descubierto los fragmentos hebreos (en la antigua Guenizá del Cairo) que certifican que esa es su lengua original. Es un libro propio, con un género literario específico, tanto en el mundo bíblico como en la literatura del Medio Oriente y de Egipto. Este tipo de obras intenta poner de manifiesto los valores más fundamentales de la vida, de un comportamiento justo, honrado, humanista; en definitiva, eso es vivir con sabiduría.

 La lectura de hoy nos habla de la Sabiduría, con mayúscula; no la del hombre, sino la de Dios. Es un himno grandioso del papel que tiene la sabiduría en las relaciones de Dios con el mundo y con los hombres. Debemos tener en cuenta que los judíos no podían entender que hubiese alguien como Dios; la sabiduría, aunque personificada, es, en el texto, una criatura como nosotros, aunque es la mano derecha de Dios, porque es la confidente del saber divino y, por lo mismo, de su acción creadora, hálito del poder divino en todo el proyecto que El tiene sobre el mundo. De hecho, en el judaísmo se identificaba a la Sabiduría con la Torah, la ley. No podía ser de otra forma en un ambiente cerrado a los valores creativos y proféticos de Dios. Sin embargo, una lectura cristiana de este texto, lo sabemos, apunta directamente a la Palabra de Dios, a Jesucristo. Y entonces, la Torah, la ley, quedará en lo que es, un mundo de preceptos que a veces ni siquiera ponen de manifiesto la voluntad de Dios.

 

IIª Lectura: Efesios (1,3-6.15-18): Elegidos, “en Cristo”, para ser hijos

 Aunque se proclame en nuestra lectura que esta carta es de San Pablo, la opinión más extendida hoy, aunque no sea general, es que es un escrito posterior de la escuela paulina. Es un escrito de una gran densidad teológica; una especie de circular para las comunidades cristianas de Asia Menor, cuya capital era Éfeso. En realidad lo que hoy nos toca proclamar de esta lectura es el famoso himno con el que casi se abre la epístola. Es un himno o eulogía (alabanza), a Dios, probablemente de origen bautismal, como sucede con muchos himnos del NT; desde luego ha nacido en la liturgia de las comunidades cristianas. Su autor, como Pablo hizo con Flp 2,5-11, lo ha incardinado a su escrito por la fuerza que tiene y porque no encontró ostras palabras mejores para alabar a Dios.

 Se necesitaría un análisis exegético de más alcance para poder decir algo sustancial de esta pieza liturgia cristiana. Es curioso que estamos ante un himno que es como una sola frase, de principio a fin, aunque con su ritmo literario y su estética teológica. Canta la exuberante gracia que Dios ha derramado, por Cristo, en sus elegidos. Vemos que, propiamente hablando, Dios es el sujeto de todas las acciones: elección, liberación, redención, recapitulación, predestinación a ser hijos. Es verdad: son fórmulas teológicas de cuño litúrgico las que nos describe este misterio. Pero todo esto acontece en Cristo, en quien tenemos la gracia y el perdón de los pecados. Y por medio de Él recibimos la herencia prometida. Y en Cristo hemos sido marcados con el sello del Espíritu hasta llegar a experimentar la misma gloria de Dios en los tiempos finales.

 ¿Qué podemos retener del mismo? Entre las muchas posibilidades de lectura podríamos fijarnos en lo que sigue: que Dios, desde siempre, nos ha contemplado a nosotros, desde su Hijo. Dios mira a la humanidad desde su Hijo y por eso no nos ha condenado, ni nos condenará jamás a la ignominia. Hay en el texto toda una “mirada” del Dios vivo. El es un Dios de gracia y de amor. La teología de la gracia es, pues, una de las claves de comprensión de este himno. Sin la gracia de Dios no podemos tener la verdadera experiencia de ser hijos de Dios. El himno define la acción amorosa de Dios como una acción en favor de todos los hombres. Estamos, pues, predestinados a ser hijos. Este es el “misterio” que quiere cantar esta alabanza a Dios. Se canta por eso; se da gracias por ello: ser hijos es lo contrario de ser esclavos, de ser una cifra o un número del universo. Este es el efecto de la elección y de la redención “en Cristo”.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

EVANGELIO DOMINGO 04-01-2026 SAN JUAN 1, 1-18 II DOMINGO DE NAVIDAD

 





En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

 Esta es una de las páginas más gloriosas, profundas y teológicas que se hayan escrito para decir algo de lo que es Dios, de lo que es Jesucristo, y de lo que es el hecho de la encarnación, en esa expresión tan inaudita: el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La encarnación se expresa mediante lo más profundo que Dios tiene: su Palabra; con ella crea todas las cosas, como se pone de manifiesto en el relato de la creación de Génesis 1; con ella llama, como su le sucede a Abrahán, el padre de los creyentes; con ella libera al pueblo de la esclavitud de Egipto; con ella anuncia los tiempos nuevos, como ocurre en las palabras de los profetas auténticos de Israel; con ella salva, como acontece con Jesucristo que nos revela el amor de este Dios. El evangelio de Juan, pues, no dispone de una tradición como la de Lucas para hablarnos de la anunciación y del nacimiento de Jesús, pero ha podido introducirse teológicamente en esos misterios mediante su teología de la Palabra. También, en nosotros, es muy importante la palabra, como en Dios. Con ella podemos crear situaciones nuevas de fraternidad; con nuestra palabra podemos dar vida a quien esté en la muerte del abandono y la ignominia, o muerte a quien esté buscando algo nuevo mediante compromisos de amor y justicia. Jesús, pues, también se ha encarnado para hacer nuestra palabra (que expresa nuestros sentimientos y pensamientos, nuestro yo más profundo, lo que sale del corazón) una palabra de luz y de misericordia; de perdón y de acogida. El ha puesto su tienda entre nosotros... para ser nuestro confidente de Dios.

 El himno y las sentencias que lo constituyen se relaciona con las especulaciones sapienciales judías. El filósofo judío de la religión, Filón de Alejandría, que vivió en tiempos de Jesús, hizo suyas aquellas reflexiones, pero en vez de sabiduría habló de la Palabra divina, del Logos. En el judaísmo «sabiduría» y «palabra de Dios» significaban prácticamente lo mismo. Sobre este tema desarrolló Filón una serie de profundas ideas. En el himno al Logos de Juan han podido influir otras corrientes conceptuales de aquella época. Fuera como fuere, en el texto joánico la idea del Logos tiene una acuñación cristiana propia, una forma inconfundible ligada a la persona de Jesús. Se interpreta, en efecto, esta persona, mediante los conceptos ya existentes sobre la Palabra de Dios, de una manera no por supuesto absolutamente nueva, pero sí profundizada.

 El Logos, en griego, la Palabra divina, se ha hecho carne, es nuestra luz. Quizás parece demasiado especulativa la expresión. Pero recorriendo el himno al Verbo, descubrimos toda una reflexión navideña del cuarto evangelio. El Verbo ilumina con su luz. La iniciativa no parte de la perentoria necesidad humana, sino del mismo Dios que contempla la situación en la que se encuentra la humanidad. Suya es la iniciativa, suyo el proyecto. En el Verbo estaba la vida y la vida es la luz de los hombres. Por eso viene a los suyos, que somos nosotros. La especulación deja de ser altisonante para hacerse verdaderamente antropológica, humana. Pone su tienda entre nosotros, el Logos, la Sabiduría, el Hijo, Dios mismo en definitiva. ¿Cómo? No como en el el AT, en la tienda del tabernáculo en el desierto, ni en un “Sancta Sanctorum”, sino en la humanidad misma que era la que verdaderamente necesitaba ser dignificada. El hombre es imagen de Dios, y esa imagen se pierde si la luz no nos llega. Y esa luz es la Palabra, Jesucristo.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.

Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.
(1944 - 2019)

2/1/26

EVANGELIO SABADO 03-01-2026 SAN JUAN 1, 29-34 VIII DIA DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

 





Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

                                  Es palabra del Señor

REFLEXION

Como buen profeta, la misión de Juan el Bautista era señalar a Jesús presente en ese pueblo y en esa sociedad, guiándose por criterios de fe. Estos criterios descubren a Cristo Salvador en los signos de los tiempos, donde sabemos que está presente el Espíritu.

La gracia de la Navidad que hemos recibido debe agudizar nuestra fe para ver a Jesús liberador en el pueblo y en la turbulencia de algunas naciones.

Cuando cantamos al Niño indefenso de Belén como a nuestro Salvador, estamos proclamando nuestra fe en la fuerza de esta criatura, aparentemente indefensa.

Pidamos a Jesús que aumente en nosotros la fe en la fuerza de su amor.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)

 





Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?»

Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».

Él dijo:
«No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?».
Respondió: «No».

Y le dijeron:
«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

Él contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

                      Es palabra del Señor

REFLEXION

En el evangelio de hoy, recién pasada la Navidad, Juan nos anuncia buenas noticias

Cuando los judíos envían a sacerdotes y levitas a preguntar a Juan el Bautista quien es él, le van preguntando por personajes importantes: primero si es el Mesías, después si es Elías, o alguno de los profetas. Juan el Bautista les fue contestando que no era ninguno de esos y ante la insistencia de preguntar “pues entonces quién eres”, les responde que es la Voz que grita en el desierto, para preparar el camino.

Hemos escuchado el testimonio claro de un hombre que predicaba con la convicción de su vida, de ser la voz que clama en el desierto, apuntando al que está entre nosotros, pero al que nos cuesta reconocerlo.

Juan el Bautista es «la voz que grita en el desierto». No tiene poder político, no posee título religioso alguno. No habla desde el templo o la sinagoga. Su voz no nace ni de intereses políticos ni religiosos. Viene de lo que escucha el ser humano cuando profundiza en lo esencial.

Es un profeta que ante la luz de la verdad no calla, sino que grita con fuerza y es testigo de que esa verdad, ese reinado de Dios que estaba por venir, había que prepararlo.

Los grandes movimientos religiosos han nacido casi siempre en el desierto. Son los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible “no oír”. En medio de los márgenes del sufrimiento, la marginación, la soledad, el peligro… solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.

"Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí"

En la sociedad del consumo y del progreso que estamos viviendo, se está haciendo cada vez más difícil escuchar una voz que venga de ese tipo de desierto. Lo que se oye es la publicidad de lo divertido, los cotilleos que entretienen, la palabrería de políticos prisioneros de su estrategia, y hasta discursos religiosos interesados.

Pero en medio del desierto de esta vida nuestra, podemos encontrarnos con personas que irradian sabiduría y dignidad, pues no viven de lo superfluo. Gente comprometida, sencilla, entrañablemente humana. No pronuncian muchas palabras. Es su vida la que habla.

Tenemos que ser cada uno de nosotros esa voz, fuerte o débil, que grita ante las injusticias, que expresa una y otra vez que no se pueden pisotear los derechos humanos, que la dignidad de cada persona es sagrada, que el bien común está por encima de lo privado.

Es fácil que en nuestro mundo- como entonces- esa voz produzca miedo,rechazo, porque pone en cuestión el poder establecido. Entonces es cuando hay que ser valiente y humilde como lo fue Juan el Bautista; y ser conscientes de que no lo hacemos solos, ni en nombre propio, lo hacemos con otras personas y comunidades y es Dios quien nos acompaña. 

 Juan era un testigo de la luz. Nosotros ¿somos testigos de esa luz? ¿Damos testimonio? ¿Cómo?

Para dar testimonio hay que conocer. ¿Nosotros conocemos a Jesús? 

Hna. Mari Cruz Hoyos

Hna. Mari Cruz Hoyos
Dominica de la Anunciata

Nací en Torrelavega (Cantabria) y estudié en Las Hijas de la Caridad. Fui a la Universidad de Oviedo a estudiar Químicas y allí conocí a las Dominicas de la Anunciata. Ingresé en la Congregación y después de los estudios de formación y de teología en Madrid y tras terminar la carrera, vine a vivir a Renteria- Galtzaraborda, a un barrio obrero, con otras hermanas, donde sigo. He dado clases en el colegio de la Anunciata de Pasajes compaginándolo con la vida y misión de la comunidad de la Parroquia de Galtzaraborda. Al principio trabajé con jóvenes, y siempre en Caritas en Acogida a emigrantes y Acompañamiento a personas presas. Disfruto con el mar, el monte y las personas. Soy muy feliz y he aprendido del Evangelio y de las personas con las que he convivido, lo que soy se lo debo a todos.