En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Es palabra del Señor
REFLEXION
“La Vida era la Luz de los hombres”, dice San Juan; por eso, atentar contra la vida es atentar contra la Luz, cuantas heridas sufre la Vida: pobres abandonados, niños perdidos, jóvenes desorientados, ancianos descartados.
A veces, caminamos en tinieblas, pero hemos visto una Luz grande. Una Luz que invade nuestro interior y rompe la oscuridad de nuestra noche, creando fuentes de Esperanza.
Esperanza que brota porque está cerca el Reino de nuestro Dios, y en ella la Vida cura nuestras enfermedades y dolencias.
"Le traían todos los enfermos y Él los curaba"
Creer en el nombre de Jesús, el Señor, es dejarse llenar de esta Vida que riega los resecos surcos de un mundo sediento de esperanza, y así nos convertimos en verdaderos hijos de la Vida.
Somos de Dios y Dios es Vida y Luz. Esta es nuestra misión como dominicos: favorecer la dignidad de todo ser humano allí donde se encuentre, por encima de razas, color de la piel, idioma… como lo hizo nuestro hermano Raimundo de Peñafort, que encontró la Vida y la Luz entre los textos legislativos.
¡No apaguemos la Luz, no vaciemos la Vida. Seamos artesanos de Luz y Vida!



