Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Convertíos y creed la Buena Noticia
Es expresión que se nos repite cuando el miércoles de ceniza se nos impone la ceniza, con la que empieza la cuaresma.
Es el programa del caminar cristiano: purificar nuestro interior para abrirnos a la Buena Noticia. Es decir: a la palabra y a la vida de Jesús de Nazaret.
En el inicio, y a lo largo del caminar hemos de mantener esa invitación de Jesús, como Buena Noticia. También cuando llegue la tentación de dejarnos llevar por otras “noticias”, que nos parecen mejores.
Caminar en cristiano exige familiarizarse con la Palabra de Jesús. Tener a mano siempre los evangelios. Acudir a ellos en los momentos de decisiones de relieve.
Ello responde, lo hemos indicado, a una invitación de Jesús. La misma que en el texto evangélico hace Jesús a sus primeros discípulos. Les invita a ir con él, acompañarle: “venid conmigo”.
Ir con Jesús es sentir que es él quien está con nosotros. Quien nos acompaña. Quien nos señala el fin de nuestro vivir, y se ofrece a ayudarnos a seguir adelante. No estamos solos. Él está en nuestras vidas.
El evangelio es exigente. Jesús no lo esconde, se lo adelanta a sus discípulos; pero les dice; venid a mí, que soy manso y humilde de corazón, os haré ligera la carga.
¿Vivimos en esa doble confianza: en que lo que Jesús nos pide es una Buena Noticia, y en que él vive con y en nosotros para ayudarnos a ser fieles a la Buena Noticia?



