En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Este pasaje del Evangelio de San Marcos nos puede parecer desconcertante. Es como si Jesús no quisiera saber nada de su Madre y de su familia. Él está predicando a las gentes cuando le llega el aviso de que le buscan y su respuesta es una pregunta “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” para a continuación proclamar: “El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre”.
Cristo se nos está dando a todos, nos está haciendo miembros de su familia. Pero para eso debemos cumplir la voluntad de Dios. No es suficiente con querer, tenemos que hacer.
Siempre hablamos de la Iglesia como de la gran familia que somos con Cristo a la cabeza. Su Santísima Madre (que lo es nuestra desde el Gólgota) es un ejemplo de fidelidad y disponibilidad hacia Dios, siempre cumplió su voluntad aún en los momentos más difíciles.
Jesús nos hace ver que estamos unidos a Él a través del Padre, y lo mismo que San Marcos nos describe la escena con Él en medio de la gente, hoy sigue con nosotros (“Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”).
Tenemos que ser conscientes de que somos sus hermanos, miembros cercanos de su familia, como aquellos parientes que vinieron a buscarlo. Debemos hacer la voluntad de Dios para gozar de este privilegio, aceptar sus preceptos, cumplir sus mandatos.
De esta manera nuestra vida nunca lo será en soledad, siempre estaremos acompañados, viviremos en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia, ayudando a la misión evangelizadora que se nos ha encomendado y en la que, en los últimos años, tanto han insistido los Papas.
Tengamos siempre presente que Cristo está con nosotros, en medio de todos, y que el Padre será complacido si hacemos su voluntad. Que el Espíritu Santo nos ayude a aumentar nuestra Fe y a entender estas cosas.



