En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Recorrer el camino de la vida junto a Jesús implica dejarnos cuestionar por su persona y sus enseñanzas. Una y otra vez el Señor pone en el centro de su atención a la persona y su realidad. Nos ayuda a comprender que Dios quiere librarnos de los males que nos aquejan, y que muchas veces nos paralizan, como es el caso del hombre en la sinagoga. El milagro es señal y signo de la presencia y del amor actuante de Dios. Como decía Javier Saravia:"Es característico del Evangelio de Marcos presentar los “Milagros de Jesús” como una llamada de fe."
El evangelista nos invita a poner atención en la mirada de Jesús que nos permite conocer los sentimientos y actitudes que orientan sus opciones. Mirándonos a nosotros seguramente el Maestro podría preguntarnos: ¿En qué pones tu atención? ¿Desde dónde miras la realidad? ¿Hacia dónde van dirigidos tus esfuerzos?
Con el signo y con su mirada Jesús nos ayuda a prevenir la esclerosis del corazón y nos estimula a crecer y madurar en la fe. Como nos recordaba Bruno Forte:"Dios nos ha hecho capaces de amar: Él nos ha amado primero, y no se cansará nunca de amar, porque el Amor comienza desde siempre y no acabará nunca, un amor siempre nuevo, siempre joven. Amándonos, Él nos hace capaces de amar."



