En aquel tiempo, Jesús, mientras subía al monte, llamó a los que quiso, y se fueron con él.
E instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios.
Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Es palabra del Señor
REFLEXION
El evangelio de hoy es un corto relato, en el que podemos tener la impresión de que Marcos no hace otra cosa que contarnos de manera muy escueta la elección de los Doce.
Tanto que, la mayor parte de lo que hoy escuchamos es la lista de nombres de los que serán los doce apóstoles de Jesús.
Sin embargo, es muy importante que fijemos nuestra atención en las dos primeras frases del relato, que encierran un mensaje fundamental.
“Llamó a los que quiso, y se fueron con Él”
Jesús llama, no impone. Parece evidente en los evangelios que tenía una capacidad de atracción muy considerable, podríamos decir de seducción en el mejor sentido de la palabra. Pero no fuerza a las personas, no manipula. Necesita la decisión libre del ser humano para acogerle, aceptarle… regalándonos, así, la posibilidad de “elegirle” nosotros también.
El texto lo dice con una expresión bien sencilla: “y se fueron con él”. Se diría que no basta con que a uno lo llamen, hay que querer irse con él…
Dada la composición de la frase evangélica, nos puede ocurrir que pensemos que a algunos los quiere llamar y a otros no. Y es evidente que el Jesús histórico no pudo llamar a todos, pero el mensaje que transmiten los evangelios, escritos desde la fe postpascual, no deja lugar a ninguna duda: Todos podemos sabernos incluidos en esa llamada y todos tenemos la libertad y la responsabilidad de responder a ella.
“E instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios”
Los llamados por Jesús, mientras subía al monte (lugar de revelación y encuentro) no sabemos cuántos fueron. Sí hay doce entre ellos que van a representar a las doce tribus del antiguo Israel, escenificando de algún modo la Nueva Alianza, la creación de un pueblo nuevo, que en la “mente” del Dios de Jesús ya no va a tener fronteras.
Ellos serán la “punta de lanza” que va a ir abriéndose paso en el espacio y el tiempo, con la noticia inverosímil de un fracasado, condenado y ejecutado… que ¡está VIVO y nos hace VIVIR para siempre!
Y cada uno de los que hemos recibido esa noticia, y la acogemos en nuestro corazón, experimentándola misteriosamente como la gran certeza sobre la que se asienta nuestra vida, quedamos vinculados a esa muchedumbre inmensa de los llamados “para estar con él” y para anunciar el Reino, con la vida, la Palabra y los gestos.



