En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó, y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Es palabra del Señor
REFLEXION
San Marcos sitúa estas enseñanzas de Jesús junto al mar de Galilea y una multitud de oyentes. Tiene delante gentes que han acudido a escuchar y sin duda con una gran diversidad de situaciones. A todos les pide que escuchen, no solo que oigan. La enseñanza se ofrece a todos y a cada uno y está dirigida a iluminar esa diversidad de situaciones. Quieren aprender y para ello es necesario prestar atención. La enseñanza, como la semilla, se entrega a cada uno en su realidad personal. Y esa semilla acogida y arropada, podrá germinar si respondemos al deseo del Señor.
Jesús tiene en cuenta esa diversidad, de ahí que señale la diversidad de disposiciones para acogerla y las consecuencias de una escucha sin compromiso. Está llamando a considerar, por parte de cada uno de los oyentes, cómo se encuentra en relación con dicha enseñanza. Identificar aquellas cosas, ocupaciones y preocupaciones que obstaculizan el desarrollo de la enseñanza.
Por eso termina la parábola diciendo: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. No se trata de complacencia con el discurso y el gozo inmediato. Se trata de acoger, retener, examinar y examinarse a la luz de dicha enseñanza para que pueda producir fruto y un fruto que dure.
"Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí". Acuden a él, por quien el Padre se revela, pero es necesario aprender. Los discípulos y los Doce le rodean y le preguntan por el sentido de las parábolas. La respuesta de Jesús pareciera ser excluyente: “A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”. Hay que dejar los prejuicios y abrirse para acoger, en cada momento y circunstancia de la vida, la enseñanza liberadora de Jesús. Es necesario reconocer que es él el que nos libera y capacita para dar fruto.
Necesitamos suplicar al Señor que seamos dóciles a la acción del Espíritu, porque será él el que nos recuerde, explique y mueva a acoger, contemplar y vivir la enseñanza de Jesús. Entender que no hay exclusión. Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.
¿Escucho de verdad o me limito a oír?
¿Me dejo iluminar por su palabra en diversidad de situaciones y circunstancias?



