25/1/26

EVANGELIO LUNES 26-01-2026 SAN MARCOS 4, 26-34 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

                 Es palabra del Señor

REFLEXION

Encontramos en el Evangelio que se proclama en este día dos parábolas que orientan a conocer en qué consiste el reino de Dios. Jesús es la misma sabiduría de Dios encarnada y no podemos imaginar a un maestro más docto que él, ni tampoco una pedagogía más adecuada que la suya. Usó constantemente parábolas, en el caso presente echó mano de ejemplos tomados de la naturaleza, para acercar a todo género de oyentes cómo podían captar la realidad del misterio «reino de Dios», presente ya en el mundo.

Utiliza la parábola de un labrador que esparce semilla en el campo y no se queda impaciente al pie del terreno para ver qué sucede de inmediato. Puede hacer una vida normal un día y otro día, puede dormir y levantarse. El sembrador, sin embargo, no se desentiende de la simiente, no la sembró sin poner en el acto un verdadero interés. Poco a poco, del grano depositado aparece sobre la superficie de la tierra una tímida yerba que va creciendo y se convierte en caña. Sobre el tallo se va configurando una espiga, siempre con lentitud, pero comparando una semana tras otra el progreso se advierte que el crecimiento es incesante.

Después de unos meses advierte el buen hombre que la espiga ha tomado forma, ha echado unas aristas protectoras, ha granado, se ha repleto de granos, de la misma especie del que ha quedado enterrado. Aquel grano no había desaparecido, pero se ha transformado y de él se han logrado unos frutos maduros y adecuados para la cosecha y, a su vez, para que sirva y se utilice de varias maneras. Todo ha sucedido a un labrador humano que no podía encontrar una explicación para lo que había sucedido.

¡Cómo nos hubiera gustado que, al pie de la parábola, hubiera recogido san Marcos la explicación del Señor! Sin embargo, es todo el Evangelio el que sale en nuestra ayuda para acceder al misterio. En el centro está Dios que, así como muestra su poder en la Creación entera dándole unas leyes siempre con una finalidad, ha dado una inteligencia al ser humano capaz de descubrir las leyes que rigen la naturaleza. Aquel sembrador de la parábola no se explicaba las leyes físicas relativas a la germinación de las plantas. Otros seres humanos sí han llegado descubrirlas.

Dios está en el gobierno del mundo y Dios se ha hecho hombre para explicarnos el misterio de la gracia salvadora que nos introduce en el reino de Dios. La gracia que Jesús nos merece se «siembra» en quien recibe la fe y se convierte por el bautismo en hijo de Dios, con una virtualidad intrínseca para «germinar», crecer, consolidarse, granar y madurar en fruto pronto para un destino que está más allá de los linderos del mundo.

Como bien sabemos, las parábolas acercan el misterio, pero ni las palabras, ni las imágenes, ni las narraciones pueden abarcar, ser completamente adecuadas a fin ajustarse plenamente al misterio, porque desborda por completo a toda definición.

A diferencia del labrador, Dios si sabe la eficacia de su gracia en nosotros, se explica perfectamente todo su desarrollo, los tiempos que necesita cada uno para granar. Sabe que su gracia está llamada a manifestarse en virtudes y dones de su Espíritu, ha de germinar y desarrollarse en obras de santidad.

La segunda parábola, la del «grano de mostaza» indica, sobre todo, que el reino de Dios crece desde lo más diminuto y ramifica para ser ayuda, apoyo y solidaridad con otras vidas. Dios se da todo, pero nuestra capacidad comienza por ser muy limitada. La correspondencia a la gracia de la fe va desarrollándose para acoger a muchos por medio de un amor que no tiene límites, impulsa a una esperanza que se apoya en la roca firme que es Dios. Fructifica en acogida, refugio, consuelo, compasión y misericordia. Agranda la pequeña vasija que contiene la gracia y, además, crece como Iglesia con vocación de universalidad.

Fray Vito T. Gómez García O.P.

Fray Vito T. Gómez García O.P.
Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

Soy fraile dominico y me he especializado en teología e historia de la Iglesia. He sido docente en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia y he impartido cursillos, ejercicios espirituales y conferencias en diferentes países de Latinoamérica, Filipinas e Italia. Durante doce años fuí postulador de las causas de canonización de la Orden de Predicadores. Aunque estoy destinado en el convento de Santo Tomás, Sevilla, actualmente presto servicio en el convento de Santo Domingo, Torrente – Valencia. He nacido en las inmediaciones de los Picos de Europa (León), y siempre me ha gustado subir montañas, especialmente en León y Cataluña.