28/1/26

EVANGELIO JUEVES 29-01-2026 SAN MARCOS 4, 21-25 III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
«¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?

No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también:
«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

                        Es palabra del Señor

REFLEXION

En el pasaje de Marcos, Jesús utiliza la imagen de la lámpara para enseñarnos una lección fundamental: los dones que recibimos de Dios son tanto un regalo como una responsabilidad, es decir, un don y una tarea.

La pedagogía divina se revela a través de símbolos sencillos: así como una lámpara debe colocarse en un lugar alto para iluminar, nosotros también debemos dejar que la luz de Cristo brille en nuestras vidas, reflejando su amor y verdad.

En el Evangelio de Juan (8,12), Jesús se presenta como la luz del mundo. Nosotros, sus seguidores, estamos llamados a ser luz para los demás. La luz que emana de Cristo en nosotros debe ser compartida, y así reflejamos su vida y su amor a través de los dones que Él nos otorga.

Sin embargo, existen peligros que pueden obstaculizar nuestra luz. En el Sermón 293 de San Agustín, se reflexiona sobre la humildad de San Juan Bautista, quien comprendió que su misión era señalar a Cristo y temía que la soberbia pudiera apagar su luz, destaca que él "comprendió dónde tenía su salvación, comprendió que no era más que una antorcha y temió que el viento de la soberbia la pudiera apagar". Esta reflexión nos recuerda la importancia de la humildad y de no permitir que la soberbia opaque nuestros dones.

La clave está en que, al compartir nuestros dones, la gloria sea siempre para Dios y no para nosotros mismos. Así, como nos enseña Mateo, "alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". De este modo, nuestros dones se convierten en un reflejo de la luz de Cristo, y la gloria siempre pertenece a Dios. Por ello, es fundamental rechazar tanto la falsa humildad que oculta nuestros dones como la soberbia que los apaga.

Al final, en Marcos 4:25, se nos recuerda que "al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará", resaltando la importancia de compartir lo que Dios nos ha dado.

 

¿Qué obstáculos en tu vida podrían estar impidiendo que la luz de Cristo brille plenamente? ¿Qué acciones concretas puedes tomar para compartir los dones que has recibido y así dar gloria a Dios?

Sor Aroa González Solís Pampliega

Sor Aroa González Solís Pampliega
Monasterio de Santa Catalina de Siena. Alcalá de Henares. (Madrid)

He recorrido un camino lleno de dedicación en la vida contemplativa dominicana, dedicada al servicio, a la alabanza y la intercesión. Tras completar mis estudios, sentí la llamada al convento a los 20 años. Desde entonces, he dedicado mi vida desempeñando oficios como tornera, sacristana, encargada del trabajo y otras responsabilidades en la comunidad. Mi vida está marcada por la entrega, la escucha en el acompañamiento espiritual y un profundo compromiso con mi fe y el estudio.