En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».
Es palabra del Señor
REFLEXION
Ayer celebrábamos el nacimiento de Jesús de Nazaret, hoy celebramos los primeros pasos de la comunidad cristiana naciente. Qué importantes son los inicios y los fundamentos sobre los que construimos nuestra vida, así las tormentas que puedan venir no podrán derrumbar nuestros principios.
Jesús, como todo ser humano, tuvo que ir descubriendo, experimentando y compartiendo su nueva experiencia de un Dios Padre con entrañas de Madre. Él, va preparando a sus discípulos y discípulas, si es que quieren seguir sus pasos, ya que nada en la vida les va a ser fácil, pues su proyecto, engendra la alternativa de un mundo fraterno que autoridades civiles y religiosas no aceptarán.
Estas palabras de consuelo: "No temáis, pues el Espíritu del Padre estará con vosotros…", llenan de fortaleza a todo testigo de la Buena Noticia, entonces y ahora. Este Espíritu estará presente en las comunidades y traerá alegría y consolación en medio de las dificultades. Él, les orienta en los momentos decisivos de la historia: en la hora de entrar los gentiles, en la hora de tomar la iniciativa de la misión y de enviar discípulos, y en la hora de la persecución, delante de los tribunales…
Estaba naciendo algo tan nuevo, que el desprenderse de una creencia tan segura, para dejarse guiar por el Espíritu del Resucitado, era algo arriesgado. Creaba conflictos incluso entre los propios seguidores de Jesús. Ellos leían y releían la Biblia -las profecías de Moisés, Isaías, Daniel, algunos salmos- con ojos nuevos nacidos de la práctica nueva y del nuevo ambiente comunitario de fe en la resurrección. Y sobre todo comenzaban a recordar las palabras y gestos del propio Jesús, para que sirviese de orientación y de animación en su caminar. Este recuerdo y transmisión se basaba en el testimonio de aquellos testigos, hombres y mujeres que habían convivido con Jesús de Nazaret.
La primera persecución contra los cristianos, fue al grupo de Esteban. Ante Él, uno de los siete diáconos escogidos para servir las mesas, lleno de sabiduría, los judíos no podían resistir la valentía y la fuerza del Espíritu con que hablaba. En uno de sus discursos, fijando los ojos en el cielo dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». Sus enemigos siendo incapaces de afrontar la verdad con que hablaba, lanzaron falsos testigos: “Blasfema contra Moisés, no cesa de hablar contra este lugar santo y contra la ley… saquémoslo fuera y que muera apedreado”.
A pesar de las dificultades los primeros cristianos supieron leer los signos de los tiempos e iniciaron una nueva etapa.
Y una se pregunta: será que nuestras palabras suenan a vacío, a incoherencia y nuestras acciones son contraria al mensaje de Jesús. ¿Somos testigos vivientes en nuestro mundo de hoy y en nuestro entorno?
El tiempo de Navidad nos puede ayudar a renovar nuestra fe y esperanza. Prendamos la primera luz, en esta nueva oportunidad, de que el mundo mañana será mejor porque los cristianos nos parecemos más al Maestro.



