En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».
Es palabra del Señor
REFLEXION
Este evangelio muestra parte de la última cena de Jesús con sus discípulos, justo antes de la traición de Judas. Jesús, siendo Dios, se abaja ante sus discípulos y les lava los pies (algo que solían hacer los esclavos). Jesús se hace el último, el servidor de todos, incluso ante aquél que lo iba a traicionar. Las enseñanzas de Jesucristo no son teoría, sino que Él mismo las lleva a la práctica y no sólo eso, sino que también nos pide a nosotros que sigamos sus pasos, que hagamos lo que Él hace, si de verdad queremos ser felices.
“¿Habéis visto lo que he hecho con vosotros?, pues dichosos vosotros si lo ponéis en práctica” La verdadera felicidad está en servir y amar al prójimo. Dice la Escritura en otro lugar: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Cristo nos pide que nos pongamos al servicio de los demás, que no nos consideremos más que nadie, al contrario, como dice San Pablo: “considerando superiores a los demás” y no sólo a los que nos caen bien o a los que amamos, sino también a los que nos caen mal o nos hacen daño, o incluso nos traicionan, esto fue lo que hizo Jesucristo, Él se puso al servicio de todos, incluido Judas, que seguidamente lo entregaría.
Los cristianos estamos llamados a ser los últimos, estamos llamados a imitar la santa humildad de Cristo, pero esto sólo lo podemos con la gracia de Dios, bien sabe Él que somos débiles, bien sabe Él a quién ha elegido.
Qué el Señor nos conceda estar al servicio de los demás y dar la vida cada día, como hizo a lo largo de su pontificado el Papa San Pío V, a quién hoy conmemoramos en la Santa Misa.



