7/9/22

EVANGELIO JUEVES 08-09-2022 SAN MATEO 1. 18-23 XXIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

                                                  Es palabra de Dios

REFLEXION

La gran profecía anunciada por los profetas y anhelada por el pueblo de Israel, a lo largo de los siglos, se orienta a la llegada del Mesías. Es el punto final de un camino que estuvo salpicado por la esperanza de que, pese a todas sus infidelidades, Dios no abandonaría a su pueblo, sino que enviaría a quien establecería una Nueva y definitiva Alianza. María va a tener un especial protagonismo al convertirse en la madre de esa gran promesa, Jesús. Ella es esa “virgen que concebirá y dará a luz un hijo”, tal como anunció Isaías.

El hecho de su nacimiento es lo que hoy celebramos. Desde antiguo esta fiesta, posiblemente desde el siglo V en Oriente, ha sido una llamada a recordar el comienzo de su historia. Lo que sabemos de su vida más allá de los textos evangélicos, lo sabemos por el protoevangelio apócrifo de Santiago. Los evangelios no nos cuentan nada del acontecimiento que hoy conmemoramos. La presencia de María en los textos sagrados está toda orientada a Jesús, el Hijo de Dios. Por eso, no necesitamos datos concretos del contexto de lo que fue su llegada a este mundo. Sabemos lo que definió su vida: su entrega y fidelidad al plan de Dios para que se hiciera en ella lo que la Palabra del Señor pedía. De esa entrega y fidelidad surge todo lo que significa María en la historia de la salvación.

El evangelio nos habla del nacimiento de Jesús en medio de una familia sencilla que pone frente a nosotros a María y a José. María con su seguridad de haber respondido a la petición de Dios para traer al mundo a Jesús y a José con sus dudas e incertidumbres ante lo desconocido. Ellos ofrecieron a Jesús el marco para desarrollar su vida en Nazaret y recibir lo que todo hombre que llega a este mundo necesita: amor hecho de ejemplos concretos de vida.

El comienzo de todo nos retrotrae al acontecimiento fundamental en la vida de María que no es otro que la Anunciación. María es contemplada como el mejor ejemplo de lo que significa vivir en cristiano. Ella es madre y discípula; ella es modelo de disponibilidad y entrega a la voluntad de Dios. Su “hágase en mi según tu palabra” es una manifestación plena de confianza en Dios a quien entrega su vida.

La fiesta de su nacimiento nos recuerda que la Virgen María vino al mundo sin pecado original; por eso es pura, santa y así recibirá al autor de la gracia dispuesta de la forma más digna para acoger a Jesús, para ser la madre de Dios hecho hombre.

Celebrar la natividad de la Virgen María nos sitúa ante la figura de la Madre del Señor, para aprender a estar disponibles, para acoger y aceptar lo que Dios tiene reservado a cada uno, asumiendo con todas las consecuencias, nuestra aportación a la obra de la salvación.

San Juan Damasceno (675-749) predicó, un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, en Jerusalén, un hermoso sermón que sirve de colofón a este comentario:
“¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate, llena de gracia!”.

Alabemos a Dios por su misericordia. Ensalcemos a María, madre nuestra por su generosidad al aceptar ser la Madre del Salvador y madre nuestra.

Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

6/9/22

EVANGELIO MIERCOLES 07-09-2022 SAN LUCAS 6, 20-26 XXIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

                                          Es palabra de Dios

REFLEXION

Bien sabe Jesús que el deseo más fuerte de todo corazón humano es conseguir la felicidad, disfrutar de una vida donde prevalezca la felicidad y no la tristeza y la amargura. Por ello, como no podía ser  menos, Jesús en varias ocasiones toca este tema y nos señala los caminos que nos llevan a esa vida feliz, a una felicidad limitada en esta tierra y total y para siempre después de nuestra muerte y resurrección.

Todas sus enseñanzas en este sentido, también las bienaventuranzas del evangelio de hoy, tienen una nota común. Nos pide que dejemos a Dios, al Dios Padre presentado por él mismo, que sea nuestro Rey y Señor, el que rija  y guíe nuestros pasos. Es lo que hacen los ochos proclamados por Jesús como bienaventurados. Y es lo que no hacen los que Jesús proclama como desdichados y alejados de la felicidad… dejan que sus vida las rijan dioses falsos.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


5/9/22

EVANGELIO MARTES 06-09-2022 SAN LUCAS 6, 12-19 XXIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles:
Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

                                       Es palabra de Dios

REFLEXION

En el capítulo 5 del tercer evangelio, Lucas ha mostrado a sus oyentes el modelo de llamada que Jesús hace a sus discípulos y a quienes ha llamado a su seguimiento. Personas corrientes con trabajos y tareas diferentes, con personalidades opuestas, incluso con vidas morales que pueden tacharse de poco honradas. El capítulo finaliza con la novedad que trae Jesús, la imposibilidad de acogerla en modelos antiguos, “viejos”, y la necesidad de odres nuevos para escucharla y vivirla.

El evangelio de hoy, capítulo 6, muestra a un grupo amplio de discípulos que acompañan a Jesús. El Maestro va a elegir a un número más reducido que vayan con él en su camino hasta la cruz y así prepararlos para el momento en el que también ellos tengan que asumir el proyecto y el destino de Jesús.

Al igual que Dios llamó y eligió a Moisés en lo alto del Sinaí, de la misma manera que el Señor se reveló a Elías en el Horeb, así Jesús después de pasar en oración, en intimidad con el Padre, toda la noche en la montaña, desde ese lugar va a escoger a un grupo de sus discípulos. Una llamada que de nuevo espera una respuesta. De todos los que le siguen, solo Doce van a recibir una segunda llamada, algunos con un nombre nuevo para una misión concreta: ser apóstoles, enviados a continuar la buena nueva del Reino de Dios y evangelizar a todos los pueblos.

Algunos de los elegidos ya han sido presentados en el evangelio, como Simón, al que Jesús puso de nombre Pedro, piedra, la persona de referencia entre los discípulos. Cuando el Maestro no esté, él deberá aglutinar y unir a la comunidad cristiana. También Andrés, su hermano que le ha llevado hasta Jesús. Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo que intimaron con el Señor y decidieron dejarlo todo, por él; y el último de los doce, Judas Iscariote, que fue el traidor. Estos doce apóstoles tienen también un significado y sentido teológico: ellos van a garantizar el futuro de la misión y del camino que recorrerá la Iglesia después de la resurrección de Jesús.

Después de la elección, el Maestro y sus discípulos bajan del monte al llano, al camino de la vida, al encuentro con el ser humano, sobre todo con aquellos que viven la fragilidad, la pobreza, la enfermedad, la miseria; todo aquel que necesita encuentros y cuidados sanadores y salvadores. Gente de la costa, del interior venían a escucharle y él les curaba de todas sus enfermedades. Todos ansían tocarlo para quedar sanos, la fuerza interior y exterior que emana la persona de Jesús libera a todo hombre y mujer de sus ataduras, físicas, psíquicas y éticas. Atreverse a tocar a Jesús, es penetrar en la dinámica de un Dios que sana nuestras heridas, rompe nuestras cadenas y nos invita continuamente a ser sus apóstoles y a anunciar el Reino en clave de gracia y salvación. ¿me siento llamado/a a ser apóstol? ¿Qué implica en mi vida?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


4/9/22

EVANGELIO LUNES 05-09-2022 SAN LUCAS 6. 6-11 XXIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en tomo una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

                                                  Es palabra de Dios

REFLEXION

Jesús sigue peguntando cosas difíciles, y nuestras respuestas pueden ser muy variadas. ¿Qué podemos hacer en el día santo? Es obvio que podemos hacer el bien o el mal, ¿pero, por cuál nos decantamos?

Es posible que, por una interpretación literal y rigorista de la ley, pensando que el bien es el seguimiento estricto, hagamos realmente un mal. El Maestro sigue enfrentándose a unas castas religiosas, en las que la caridad, el amor, está ausente, y elijen la escusa de un cumplimiento riguroso de la ley para olvidar que el hombre es hijo de Dios y que sus derechos están sobre el sábado. Recordemos que Jesús ha sido contundente: “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” y vivamos en consecuencia con ello.

Es posible que estemos mirando atentamente lo malos que son escribas y fariseos sin tener en cuenta que lo somos nosotros en no pocas ocasiones. La idea de estos personajes es mantener el poder de la Ley sobre el hombre aplicando la máxima fidelidad en la interpretación literal de los mandatos, sean de origen divino o hayan sido añadidos después, aunque para dar un barniz de autoridad a normas puramente higiénicas, coyunturales, le echemos las culpas a Dios de su autoría, y les concedamos la misma importancia que a los mandamientos mosaicos. Exigimos respetar el sábado, pero nos olvidamos de amar a Dios y al prójimo en primer lugar, y después seguir con el resto de los preceptos, pero siempre supeditados a los dos primeros y principales.

Respetemos el sábado, para nosotros el domingo, siempre en servicio de las necesidades humanas. Hagamos el bien sea el día que sea.    

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)


3/9/22

DOMINGO 04 DE SEPTIEMBRE : VIGESIMO TERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

 




Querer conocer, querer saber ha sido siempre aspiración del ser humano. Ahora bien, cuando tal conocimiento se refiere a lo que supera el ámbito natural nos encontramos en una situación imposible a partir de nuestro conocimiento humano. Sin embargo, nuestra mente ansía  conocer, pues entendemos que de tal conocimiento depende el camino a seguir a lo largo de los años de nuestra vida para alcanzar la meta a la que todos estamos llamados.

La Palabra de Dios viene en ayuda nuestra pues desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis Dios-Trinidad ha ido desvelando los enigmas y misterios para que el ser humano tuviera acceso al plan salvífico de Dios, que alcanza su plenitud con la predicación de Jesucristo, verdadero revelador del Padre del cielo.

La página del Evangelio es buen ejemplo de la enseñanza que nos ofrece Jesucristo, el mejor de los maestros, afirmando con radicalidad que quien no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo suyo.

Seguir a Jesucristo es arriesgado y comprometido y, no obstante, es el único camino del que disponemos para alcanzar la meta. La persona que ha recibido la gracia de la fe cristiana tiene la misión de hacer partícipes a las demás personas del don recibido, de manera que cada vez sea más numeroso el “pueblo de Dios” y su influjo en nuestra sociedad y en el mundo se traduzca en esperanza y alegría y paz para todos, de manera especial en los días que estamos viviendo, sumidos en una crisis de valores. Jesucristo sigue siendo la esperanza y tal esperanza pasa por la colaboración de cada persona bautizada.

Fr. José Mª Viejo Viejo O.P.Convento de La Virgen del Camino (León)

EVANGELIO DOMINGO 04-09-2022 SAN LUCAS 14, 25-33 XXIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

                                              Es palabra de Dios

REFLEXION

 El evangelio de Lucas de hoy está formado por otro de los conjuntos fuertes de su narración del viaje del profeta hacia Jerusalén, como propuesta del verdadero discipulado y el seguimiento de Jesús. No se nos oculta la dificultad que supone centrar todo el significado de lo que se quiere decir y poner de manifiesto en este conjunto de dichos y parábolas. La ruptura con la ideología familiar, que no con los sentimientos y lazos familiares, (cf Lc 18,20), en principio no tiene nada que ver con la parábola del que quiere construir una torre o con la del rey que debe ir a la guerra. Estos textos están aquí reunidos por Lucas, aunque Jesús los pronunciara en ocasiones bien distintas. Por lo mismo, Lucas pretende que una cosa se entienda por la otra. Ha escogido dichos del famoso Evangelio Q (vv. 26-27; en Mt 10,37-38 están más suavizados al cambiar “odiar” por “amar… más que”) sobre el odio familiar y la cruz. Finalmente ha rematado todo con el v. 33 sobre “renunciar a todos los bienes”, que es algo exclusivo de Lucas, aunque redactado con el mismo tenor de los vv. 26-27 (tipo condicional de prótesis: “si alguien viene a mí”… y apódosis: “no puede ser mi discípulo”). Las dos parábolas de los vv. 28-32 ilustran un poco el empeño que hay que poner en estas propuestas radicales. Lucas, pues, ha confeccionado un catecismo del seguimiento y la identidad cristiana en este mundo que no deja lugar a dudas: quiere impresionar y ser claro.

 Quizás fueran necesarias algunas explicaciones exegéticas para poder medir el alcance de este evangelio de hoy. El hecho de que Mateo haya preferido “amar… más que a mí” (filéô… hyper eme) al término “odiar” (miséô) que tenemos en Lc, denota que ha habido una corrección. La mayoría de autores piensa que el tenor original, más semítico si cabe, propio de los predicadores itinerantes que pusieron muy en práctica la vida de Jesús, se ha mantenido en Lucas (también se usa “odiar” en el Evangelio de Tomas 55 y 101). E incluso la mayoría piensa que Jesús nunca pudo demandar a sus seguidores que odiaran a su padre, a su madre o a sus hermanos. Algunos profetas itinerantes llevaron hasta el extremo la renuncia al estatus familiar y hablaron de odiar, con todo el semitismo que ello comporta. Pero Jesús no pudo pedir “odiar”, cuando había exigido amar incluso a los enemigos (cf Lc 6,27; Mt 5,44). Esto está hoy bastante bien asumido, sin que ello denote “edulcorar” la radicalidad del Reino y del seguimiento de Jesús.

 Desde luego, ser discípulo de Jesús significa un valor absoluto como alternativa a todo proyecto de este mundo e incluso familiar. Es verdad que la palabra odiar, en este caso al padre, a la madre y a los hermanos, es un semitismo propio de trasfondo arameo de las palabras de Jesús que ponen en evidencia la pobreza de ese vocabulario. Por eso, muchos han traducido el odiar por "preferir". Efectivamente, si alguien quiere ser discípulo de Jesús, pero prefiere las claves familiares, los intereses de familias, la ataduras sociales y culturales de ese mundo, entonces no puede ser un auténtico discípulo de Jesús. Las familias (en sentido general y cultural) trasmiten amor; pero a veces las familias, los clanes, los grupos, trasmiten otros valores muy negativos (incluso odio de unas familias contra otras), que un discípulo de Jesús no puede asumir, ni respetar. Ese es el sentido de saber y poder “llevar su cruz” siguiendo a Jesús. Es una ruptura la que se propone. Por eso, el discípulo, como el hombre que construye una torre, o el rey que debe ir a una guerra, debe clarificarse y evaluar lo que pretende en el compromiso del seguimiento. Jesús propone una nueva forma de vida, de sentimientos, de preferencias, que a veces suenan a escándalo, pero así es el verdadero discípulo de Jesús y la radicalidad absoluta del evangelio. Y no es precisamente odio lo que Jesús pide a los suyos, sino amor, incluso a los enemigos.

 Lucas ha sacado en conclusión de todo esto lo que afirma en el v. 33: “quien no renuncia (apotássomai: se separa) de todos sus bienes, no puede ser mi discípulo” ¿Por qué?¿quería enseñar a odiar la riqueza o amar la pobreza? Pues ni una cosa ni la otra. Jamás Lucas pide amar la pobreza en sí. Quiere que todo se ponga en común, como señala en Hch 4,34, para que no haya indigentes entre los cristianos; o sea, la razón de renunciar a los bienes es para que no haya pobres e incluso para que haya justicia en el mundo. Es verdad que no debemos atenuar la fuerza del texto, y la lectura que podemos hacer del evangelio tendrá distintos tonos según el contexto cultural y social donde se viva. Debemos ser conscientes de que la pobreza y la riqueza existen personificadas: hay ricos, pocos; y muchos pobres. Pero hay bienes suficientes en el mundo para que todos tengan lo necesario. El mundo es injusto por causa de los que aman las riquezas y el poder; en muchos casos esos amores los trasmite la familia, el clan, el entorno, los intereses de clase y de grupo. Ese mundo se desmorona ante la radicalidad del Reino y de la vida de Jesús. Buscar la seguridad en los bienes de este mundo es poner el corazón en aquello que nos aleja de Dios (ponerlo en Mammón, el dios del dinero). La renuncia a la familia y a los bienes, tiene su lógica y su espiritualidad profética. Supone, es verdad, un cierto escándalo: el escándalo del reino de Dios.

 Por tanto, el redactor del evangelio de Lucas, como catequesis en su lectura de la tradición de Jesús a su comunidad cristiana, ha sacado sus consecuencias prácticas: decidirse por Jesús debe ser primordial. Y en momentos determinados de la vida, quizás en situaciones límites o concretas, debemos preferir la radicalidad del evangelio, que es la radicalidad del Reino de Dios (de la voluntad de Dios) a las imposiciones religiosas, sociales y políticas de los “nuestros”. Eso no significa odiarlos, pero no podemos tener problema de conciencia, en nombre del evangelio, de “separarnos” (apotássomai) de su mundo y de sus imposiciones. Eso es lo que debe significar hoy, sin duda, el “odiar”: separarnos de sus criterios, de sus imposiciones injustas y de sus caprichos o de tradiciones ancestrales y sagradas, a veces, que no se pueden mantener si no dignifican o liberan de verdad. Esto, para la actitud de los cristianos en el mundo contra la injusticia, la guerra, el mercantilismo o una globalización inmisericorde, debe ser la verdadera alternativa de identidad. Si no lo hacemos, por no traicionar el entorno de “los nuestros”, habremos perdido nuestra identidad como seguidores de Jesús y de su evangelio.

Fray Miguel de Burgos Núñez(1944-2019)

2/9/22

03 DE SEPTIEMBRE : SAN GREGORIO MAGNO

 




Trabajó en el fortalecimiento del pontificado romano en Occidente, en el establecimiento de relaciones entre la Iglesia y los reinos bárbaros, en la extensión del esfuerzo misionero y en la formación de la liturgia romana. El canto eclesiástico se llama gregoriano por él.

Papa benedictino

La fecha de su nacimiento suele fijarse hacia el año 540. Sus padres Gordiano y Silvia, también fueron venerados como santos. Los dos pertenecían al patriciado romano y se distinguían por su amor al cristianismo y a la Sede Apostólica, a la que prestaron numerosos servicios. El lugar de la casa paterna se coloca en el llamado Clivus Scauri, donde San Gregorio pasó la adolescencia y la juventud, donde adquirió una óptima formación. Entró en la carrera de funcionario del gobierno bizantino de Roma, y alcanzó, en los años 572-573, la suprema magistratura civil, es decir, la prefectura de la ciudad. Todo esto hacía ver a no pocos el gran porvenir que se presentaba a San Gregorio en el mundo de la política y de la alta sociedad romana.

Vocación monástica

Pero esas prebendas no le dominaron el alma. Él mismo anotó más adelante que la vida mundana no le atraía. Su alma deseaba la soledad monástica. Posiblemente durante su mandato como prefecto de la ciudad de Roma había muerto su padre y esto le allanó el camino para realizar sus deseos de mayor perfección cristiana como monje.

Esto lo hizo en los años 574-575. Se retiró a sus posesiones del Clivus Scauri, conocido hoy como el monte Celio, y transformó su casa solariega en monasterio con el nombre de San Andrés, que todavía existe y lo rigen los monjes camaldulenses. Siguió los pasos de sus dos tías, Tarsila y Emiliana, que hicieron vida ascética en el mismo lugar.
El paso realizado por San Gregorio, sin duda generoso y heroico, no era en aquella época algo nuevo y raro. La vida monástica tuvo en el siglo VI un desarrollo muy considerable en Roma y cercanías, no sólo entre las personas populares, sino entre las más nobles de las familias romanas. El mismo San Gregorio lo narrará más tarde en sus famosos “Diálogos”.

Además del monasterio de San Andrés, San Gregorio fundó en Sicilia otros seis, dotándolos generosamente con sus grandes posesiones. Para mayor humildad, San Gregorio no quiso ser el superior del monasterio por él fundado, sino que puso como abad al monje Valenzión, que había sido superior en la provincia Valeria, de donde hubo de huir por la invasión de los longobardos.

Se ha discutido mucho sobre la regla que en el Monte Celio profesó San Gregorio. En la tradición benedictina se ha mantenido siempre que fue la regla de San Benito. No cabe duda de que su ideal y su práctica monástica encuadran perfectamente en la regla de San Benito que él conocía a la perfección, como lo muestra en el libro II de sus “Diálogos”, todo él dedicado a San Benito, que es el único caso de los otros tres libros en los que trata de monjes insignes, pero no con el amor y cariño que muestra tener para con San Benito en el libro U.

No se explica tampoco la importancia de la regla benedictina en Inglaterra con San Agustín de Canterbury y los monjes del monasterio de San Andrés del Monte Celio mandados por el mismo San Gregorio a misionar aquellas islas, ni tampoco la relación de las fuentes que emplea, esto es, cuatro discípulos de San Benito, que el mismo San Gregorio indica: «Constantino, varón venerabilísimo, que le sucedió en el gobierno del monasterio de Letrán; Simplicio, el tercero que después de él rigió su comunidad, y Honorato, que todavía gobierna el cenobio donde había él vivido primeramente», es decir, Subiaco.

San Gregorio llevó una vida austera en el monasterio, tanto que llegó a enfermar y, según parece, su propia madre, Santa Silvia, le hacía llegar unas viandas mejor cocinadas. A los ejercicios ascéticos y piadosos, unía la «Lectio divina», tan característica en los monasterios benedictinos, esto es, la lectura de las Sagradas Escrituras y los comentarios de los mejores expositores. No conocía el hebreo ni el griego. Sus autores preferidos fueron San Jerónimo y San Agustín.

El papa Pelagio II lo promovió al diaconado. La finalidad de Pelagio II (579-590) no fue confiarle alguna región romana, sino mandarlo como aprocrisario a Constantinopla, hoy diríamos nuncio apostólico, o legado. A Constantinopla fue el año 579 y allí permaneció hasta fines del año 585 o comienzos del año 586, pero se llevó consigo un grupo de monjes del monasterio de San Andrés, incluido su propio abad, el sacerdote Maximiano, con el fin de poder continuar con su vida monástica. En Constantinopla conoció a San Leandro y luego le dedicó sus comentarios al libro de Job (Moralia in Job).

Entre fines del año 585 y comienzos del año 586, el papa llamó a San Gregorio para que le ayudase en el régimen de la Iglesia como su propio secretario y lo hizo con gran pericia, sobre todo en la cuestión de los Tres Capítulos.

De diácono a Papa

El papa Pelagio II murió el 5 de febrero del año 590 y muy pronto fue elegido como sucesor el diácono San Gregorio con gran pesar suyo, pues añoraba la vida monástica, Fue consagrado el 3 de septiembre del año 590 y comenzó con gran éxito y fruto espiritual el ministerio de la predicación. Predicaba en la alisa y, con preferencia, el evangelio del día. Nos queda sólo una pequeña parte cíe sus sermones, sobre todo en los dos primeros años de su pontificado como son las cuarenta homilías sobre los Evangelios y las veintidós sobre el profeta Ezequiel. Aún se leen estas homilías con gran provecho espiritual.

Procuró con toda su alma la renovación especial del pueblo a él encomendado, sobre todo el clero. Intervino en la renovación de muchos monasterios a los que llevó a un grado de gran perfección espiritual, como se conoce por su epistolario.

Pero no se contentó únicamente con la ciudad de Roma. Intervino en muchos acontecimientos de la Italia de su tiempo, amenazada constantemente con la invasión de los longobardos. Lo mismo hay que decir de la Iglesia en África y en otros reinos de Occidente, como en la España visigótica y en su conversión al catolicismo, en la que tuvo una parte importante su amigo San Leandro, que le informaba constantemente de todos esos acontecimientos.

También en las Galias y ya hemos aludido a la misión en Inglaterra por el monje San Agustín y sus compañeros, que tuvo un grandísimo éxito apostólico y estableció la jerarquía eclesiástica. Éstas son sus palabras: “Gloria a Dios en el cielo; por su muerte vivimos, su debilidad nos conforta, su pasión nos libera de la nuestra, su amor nos hace buscar en las islas Británicas hermanos a quienes no conocemos y su don nos hace encontrar a quienes buscábamos sin conocerlos.

¿Quién será capaz de relatar la alegría nacida en el corazón de todos los fieles al tener noticias de que los ingleses, por obra de la gracia de Dios todopoderoso, por tu amor, ha realizado grandes milagros entre esa gente que ha querido hacerse suya...” (Libro 9, 36, MGH, Epist. 2, 305-306).

En una de sus homilías sobre el profeta Ezequiel manifiesta así su gran humildad: “Me siento culpable, reconozco mi tibieza y mi negligencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me alcance el perdón del juez piadoso. Porque, cuando estaba en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversaciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la oración. Pero desde que he cargado sobre mis hombros la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por tantos asuntos" (Libro I, 4-6, CCL 142, 170-172). Pero confía en el Señor que tendrá misericordia de él, "ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono”.

Tuvo también grandes relaciones con las Iglesias orientales, que él conocía bien desde que fue aprocrisario o legado en Constantinopla. Y las Iglesias orientales lo estiman en gran valor. Lo llaman Gregorio el de los Diálogos, por la influencia que esos cuatro libros ejercieron y ejercen allí.

Murió lleno de grandes méritos, ya con gran fama de santidad, el 12 de marzo del año 604. Ejerció una acción considerable en el fortalecimiento del pontificado romano en Occidente, en el establecimiento de relaciones entre la Iglesia y los reinos bárbaros, en la extensión del esfuerzo misionero y en la formación de la liturgia romana.

El canto eclesiástico se llama gregoriano por él y un Sacramentario lleva también su nombre. Su obra teológica es reflejo de la tradición patrística y fue muy utilizada en la Edad Media. Ofrece gran interés sobre todo en teología espiritual y pastoral. Una de sus obras fue precisamente Liber regulae pastoralis.

Su sepulcro se conserva en la basílica de San Pedro del Vaticano, junto a la sacristía. Muy pronto su nombre se insertó en el Martirologio. Algunos sinaxarios y menologios bizantinos lo recuerdan el 12 de marzo. En el calendario romano actual, su fiesta ha pasado al 3 de septiembre, fecha de su consagración episcopal.

Manuel Garrido Bonaño, O.S.B.

Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),

EVANGELIO SABADO 03-09-2022 SAN LUCAS 6, 1-5 XXII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».

                                                           Es palabra de Dios

REFLEXION

El sábado es ‘memoria de la creación’: «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado» Ex 20,11.

El sábado es ‘memorial de la liberación de Israel’ de la esclavitud de Egipto: «por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado» Dt 5,15.

En ese contexto del mandato divino, los fariseos creían que el cumplimiento formal de la ley les obtenía la salvación; y una de las expresiones supremas de la religiosidad israelita era el descanso sabático para celebrar y renovar la conquista de la libertad. Por el rigorismo religioso, el día de liberación se convirtió en día de esclavitud ante tantas normas que regulaban la vivencia sabática.

Coger espigas se contaba entre las faenas de la recolección, y éstas se incluían entre los veintinueve trabajos principales, que infringían el reposo sabático.

Jesús no está en sintonía con el rigorismo que en nombre de la ley esclaviza, deshumaniza, no tiene en cuenta las necesidades de las personas y, recuerda a los fariseos lo que hizo David: dio a la tropa, los panes de la ofrenda, que solo podían comer los sacerdotes.

No es aceptable ir contra el ser humano en nombre de la ley.

Leyes humanas y religiosas justas, pero leyes que abran puertas hacia la libertad, a la convivencia, al crecimiento; como ventanas a horizontes humanizadores que sirvan al bien de todos en la comunidad.

Superior a la ley del sábado es sólo Dios; si Jesús afirma su superioridad sobre el sábado y sobre la ley, reclama para sí el mismo nivel de autoridad de Dios, que no quiere leyes para esclavos, sino leyes de libertad para hijos libres.

Fr. Isidoro Crespo Ganuza O.P.
Convento de S. Valentín de Berrio Ochoa (Villava)


1/9/22

02 DE SEPTIEMBRE : BEATO GUALA DE BERGAMO

 



Nació en Bérgamo (Italia) a finales del siglo XII, en una familia que provenía de Rogno. Una vez ordenado presbítero y después canónigo, fue recibido por santo Domingo en la Orden en Bolonia. Después fue enviado por él a fundar el convento de Brescia.

Obispo. Memoria libre

(1180-1244) Guala nació en Bérgamo (Lombardía, Italia) hacia 1180, de una familia oriunda de Rogno. Ya presbítero y canónigo fue recibido en la Orden por santo Domingo en Bolonia y fue enviado por él a fundar el convento de Brescia, donde estaba como prior cuando tuvo la visión de la muerte de santo Domingo. Fue religioso de gran piedad y como inquisidor de la fe actuó con gran prudencia y benignidad. Nombrado por el papa Gregorio IX en 1229 obispo de Brescia, trabajó en favor de la fe y de la paz. Al final de su vida se retiró al monasterio de Astino, donde murió el 3 de septiembre de 1244. Su cuerpo se venera desde 1896 en la catedral de Bérgamo. Su culto fue confirmado en 1868.


EVANGELIO VIERNES 02-09-2022 SAN LUCAS 5, 33-39 XXII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 





En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús:
«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».

Jesús les dijo:
«¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola:
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”».

                                       Es palabra de Dios

REFLEXION

 “Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos”. Así contesta Jesús a quienes acusan a sus discípulos de comer y beber mientras los de Juan Bautista ayunaban.

 Como en otras ocasiones en las que ha comparado el Reino de Dios con un banquete nupcial en fiesta donde la tristeza no cabe, dirá también que ahora es tiempo de gozo y alegría para sus discípulos y que por eso no tienen que ayunar, tendrán que hacerlo más adelante: “en aquellos días”. Los amigos del novio participan de la alegría que supone la inauguración del nuevo período salvífico: la presencia del Esposo, Jesús el Señor.

San Pablo VI experimentó lo mismo, por eso le entusiasmaba hablar de Jesús, y transmitía así en una de sus homilías:

 “Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros.

 Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.

 Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, y la verdad, y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico.

¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y de por los siglos de los siglos.”

 Manto viejo, vino nuevo: lo viejo ha pasado; el tiempo de salvación ha llegado.  La parábola tomada de la vida pero con sus rasgos extraños, despierta también nuestra atención. No se vierte vino nuevo, en fermentación, en odres usados.

 No seamos como aquella gente religiosa que se oponía al gozo de los discípulos. No nos aferremos, como ellos, en las antiguas formas de religiosidad, sino que el Espíritu de Jesús nos encuentre abiertos a los caminos nuevos, y adaptados  a las nuevas exigencias.  Somos ahora los discípulos gozosos, vivos y alegres de Jesús.

None Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de Santo Domingo (Segovia)