14/10/21

15 DE OCTUBRE : SANTA TERESA DE JESUS

 




De Santa Teresa de Jesús, o Teresa de Ávila para los ateos, se suele tener la imagen de una mujer anegada por el éxtasis místico, contemplando completamente inmóvil la grandeza de Dios. Esta imagen, por cierto, fue la que ella misma quiso proyectar. La descripción de sus visiones que la llevaban a flotar en el aire en plena oración son la parte más citada de sus numerosos escritos. Como también suelen citarse los versos donde “vive sin vivir en sí” porque no quiere vivir esta vida sino la otra. Pero el que haya leído sus libros autobiográficos “Vida de Santa Teresa de Jesús” o el “Libros de las fundaciones” y el de las constituciones, se formará una imagen completamente diferente de la mística traspasada por el rayo de Cristo que esculpió Bernini en la iglesia de Santa María de la Victoria de Roma. Llena de humor, de energía, de fuerza, la que quiso para las monjas Carmelitas Descalzas una existencia de encierro y silencio, pasó la vida entera viajando, complotando, luchando. Convenciendo a curas e inquisidores que no dejaron de ver a esa mujer que evitaba como la peste los honores y privilegios de este mundo, para construir en sus conventos un mundo sin poder ni lujos ni secretos, a una enemiga terrible.

Teresa de Cepeda y Ahumada se describe a sí misma como una niña ilusa, alegre, que ocupaba lo mejor de su tiempo leyendo novelas de caballerías. De niña quería ser misionera e ir a predicar a “tierra de moro”. Se escapa con su hermano Rodrigo, es encontrada, aunque juran cumplir de adulto su proyecto. Su hermano cumplió la promesa viajando a América (la familia Zepeda chilena dice venir de unos de los hermanos de la santa). Teresa, afectada de una misteriosa enfermedad, decidió contra la oposición de su padre hacerse novicia del convento del Carmelo. Para cumplir su propósito tuvo que huir a escondidas de su casa y entrar clandestinamente al convento. La clandestinidad, la huida y la persecución serían desde entonces el sino de su vida.

Sus primeros años de vida conventual fueron una continua tortura que terminarían con una completa parálisis de su cuerpo, frustrada por no encontrar en la oración y la mortificación permanente el ansiado encuentro con Cristo. Recuperada, cuando pudo reanudar la vida es presa luego de una serie de encuentros con Dios que le inspiran nuevas reglas para su convento. Una vida más sencilla, menos mundana, pero al mismo tiempo más libre porque se basaba en la fe y no en las sonrisas a los parientes. Sus intentos de reforma chocan contras las autoridades religiosas que ven con peligro ese grupo de monjas sin zapatos viviendo en la completa sencillez de los primeros cristianos. La lectora empedernida de libros de caballería empieza una larga cabalgata por todo Castilla (un viaje que prefigura el del Quijote unos años después) fundando conventos, reformando otros, convenciendo a los monjes Carmelitas Calzados, entre ellos el no menos famoso San Juan de la Cruz, de plegarse a su reforma.

En medio de sus viajes, la princesa de Éboli, una misteriosa aristócrata que usaba parche de pirata, quiso hacerse Carmelita Descalza. Al resistir a su presión Teresa recibió la primera investigación de la inquisición. San Juan de la Cruz era al mismo tiempo arrestado y torturado por los Carmelitas más tradicionalista. Teresa tuvo que usar su infinita energía, que contrastaba con sus diversas enfermedades, y sus también infinitos dotes diplomáticos para no ver naufragar su obra. Denunciada, encerrada, no tardaría en escapar de sus captores y seguir contra sus órdenes fundando conventos y escribiendo libros donde cuenta con una mezcla de pudor y orgullo las infinitas aventuras, muchas de ella picarescas, que la creación de su orden la llevaba.

En medio de sus continuos viajes murió en brazos de su secretaria Ana de San Bartolomé. Ni muerta su cuerpo descansó. Al beatificarla se ordenó trasladar su cuerpo de Alba de Torme donde murió. Para compensar la pérdida del cuerpo entero se dejó en Alba su brazo. El duque de Alba no le resulto satisfactorio el pacto e hizo que el cuerpo volviera a su tumba original. Tuvo el Papa que intervenir para que el cuerpo fuese sepultado en Roma. Ahí se convirtió en la primera mujer Doctora de la Iglesia, su prosa llena de sorpresa, ingenuidad y sabiduría es considerada un hito fundamental en la literatura femenina.

Fuente :  Rafael Gumucio