31/3/21

EVANGELIO JUEVES 01-04-2021 JUAN 13, 1-15

                                         

           Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»


Palabra del Señor

REFLEXION:

Si alguna vez Jesús pensó en hacer un regalo de despedida a sus discípulos, algo que les quedase como testimonio vivo de su presencia, de su modo de hacer, de sus palabras, de lo que él había querido ser siempre: imagen del Dios Padre que es amor incondicional para todas sus criaturas, no se le habría ocurrido mejor regalo que aquella cena de despedida con sus discípulos y aquellas palabras que dijo después de bendecir el pan y el vino que compartieron: “Haced esto en memoria mía”. 
      En estos días en que hacemos memoria de aquellos últimos momentos, tan dramáticos, de Jesús en nuestro mundo, antes de ser ajusticiado, brilla esta celebración del Jueves Santo: la institución de la Eucaristía, la misa. El centro de la vida cristiana, la imagen mejor de lo que fue Jesús para sus discípulos y de lo que es hoy para nosotros. El signo de la entrega del que da la vida por sus hermanos. La celebración en que nos topamos de frente con el amor de Dios hecho pan y vino que se entrega para darnos la vida. La celebración del amor fraterno. La mejor imagen del Reino de Dios, todos sus hijos e hijas sentados alrededor de una mesa compartiendo el pan de vida y escuchando la palabra del que da sentido a nuestras vida y a nuestro caminar. 
      Todo esto y mucho más es la celebración de la Eucaristía. Es el momento de la consagración y de la comunión pero también es ese signo tan poderoso de Jesús que lava los pies a los discípulos, mostrándonos de una forma tan práctica que el amor es servicio humilde lleno de cariño y cuidado, que en el reino no hay arriba y abajo sino igualdad y fraternidad. Y que el de arriba está para servir y no para ser servido. 
      La Eucaristía es acción de gracias porque reconocemos en ella que todo lo hemos recibido de regalo. Desde la vida hasta los hermanos. En la Eucaristía se transparenta ya la celebración de la resurrección porque sin ella no tendría sentido y no sería más que un rito vacío. La Eucaristía abre nuestra humanidad al mundo, abre nuestra carne a la de nuestros hermanos y hermanas y nos hace conscientes de que no somos más que una carne, una familia, y que Dios es nuestro Padre. Y, en medio, presidiendo nuestra celebración, nuestro hermano mayor, Jesús que nos repite una y otra vez: “Haced esto en memoria mía.”

 Fernando Torres cmf

JUEVES SANTOS

         


          Como Jueves Santo se conoce la festividad cristiana que celebra la última cena de Jesús de Nazaret con sus discípulos, la institución de la eucaristía y del orden sacerdotal, así como el lavatorio de pies.

Como tal, toda la cristiandad, tanto la Iglesia católica como las otras iglesias cristianas, conmemora el Jueves Santo con procesiones y celebraciones eucarísticas.

El Jueves Santo tiene lugar durante la Semana Santa, el jueves anterior al Domingo de Pascua o de Resurrección.

Con el Jueves Santo acaba la Cuaresma y se inicia el Triduo Pascual, es decir, el periodo en que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús, que se extiende del Jueves Santo al Sábado Santo.

Dos eventos de singular importancia tienen lugar este día según la Biblia: la última cena, donde se instituye la eucaristía y el sacerdocio, y el lavatorio de pies.

Este día, pues, se suele conmemorar la institución de la eucaristía mediante la celebración de los Santos Oficios, y se recuerda la agonía y oración de Jesús en Getsemaní, en el jardín de los olivos, la traición de Judas y el arresto de Jesús.

Última cena

Como última cena se conoce la comida que, en celebración de la Pascua, compartió Jesús con sus discípulos. En ella instituyó la eucaristía, también llamada comunión, en la cual Cristo deja su cuerpo y sangre transustanciados en pan y vino.

San Lucas, en el Nuevo Testamento, lo relata así: “Entonces tomó el pan y, habiendo dado las gracias, lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria mía’. Asimismo, tomó también la copa, después de que hubo cenado, diciendo: ‘Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama’” (Lucas, 22: 19-20).

Lavatorio de pies

Como lavatorio de pies del Jueves Santo ​se denomina el evento en el cual Jesús, como un acto de humildad, lava los pies a sus discípulos, con la finalidad de dar un ejemplo de amor y servicio a los semejantes. De allí se desprende el mandamiento que Jesús hizo a sus discípulos: que debían amarse y servirse unos a otros.

TRIDUO PASCUAL

                  

           Triduo Pascual son los tres días más importantes de la liturgia cristiana, que marcan el fin de la Cuaresma, en los cuales se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
El Triduo Pascual es el momento más importante de la Semana Santa compuesto por los días Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo hasta la madrugada, cuando se realiza la Vigilia Pascual en víspera del Domingo de Pascua, con el fin de revivir la alegría por la resurrección de Jesucristo.
La expresión Triduo Pascual es reciente y se ha empleado desde, aproximadamente, el año 1930 hasta la actualidad. No obstante, en el siglo IV tanto San Ambrosio como San Agustín ya hablaban de Triduum Sacrum, para referirse a los tres días en los que transcurren el sufrimiento y la gloria de Jesucristo.
Asimismo, Triduo Pascula deriva del latín Triduumm Paschale, que significa, respetivamente, “tres días” y “Pascua”.
El Triduo Pascual es un tiempo destinado para celebrar los tres días más sombríos y gloriosos del cristianismo que en conjunto forman un todo y abarcan totalmente el misterio pascual.
Su importancia reside en recordar que Jesús en su pasión y muerte nos eximió de culpa y dio la gloria de Dios y la vida por medio de su resurrección.

Conmemoraciones del Triduo Pascual

El Triduo Pascual se caracteriza por estar compuesto por tres días en los cuales se conmemora un momento en particular antes de la Pascua y de finalizar el año litúrgico.
Jueves Santo
El Jueves Santo es el primer día de del Triduo Pascual, en este se celebra la Misa vespertina de la Cena del Señor en la cual se recuerda la Última cena y se expresa el amor incondicional de Dios.
Es una misa en la cual se conmemora la institución de la Eucarística y se realiza el Lavatorio de los pies, así como lo hizo Jesús a sus apóstoles.
Viernes Santo
El Viernes Santo es un día de ayuno y abstinencia en el que se recuerda la pasión y muerte de Jesús crucificado. Se recuerda la Pasión del Señor y no se realizan misas.
Sábado Santo
El Sábado Santo no se realiza ninguna misa porque se sigue recordando la muerte de Jesús. Luego, en la noche de ese día o en la madrugada del domingo se realiza la Vigilia Pascual para conmemorar la alegría de la resurrección de Jesús o Domingo de Resurrección y se enciende el Cirio Pascual.
A continuación, el Domingo de Resurrección es un día especial de gran importancia para los cristianos porque representa el inicio del cristianismo.

30/3/21

EVANGELIO MIERCOLES 31-03-2021 MATEO 26, 14-25

             

                     En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor

REFLEXION:

 En el Evangelio de hoy la traición, como asunto central, oculta un hecho importante: la preparación de la cena. No es una cena cualquiera. Es la última cena y da la impresión de que todos los protagonistas los saben. 

      Los discípulos han vivido con Jesús durante los últimos años. No ha sido solo su maestro sino algo más. Le han seguido por los caminos polvorientos de Judea, Samaría y Galilea. Han escuchado sus palabras. No han entendido todo lo que ha dicho pero saben que Jesús no es un predicador más. Hay algo diferente en él. Más allá de sus palabras han visto su forma de estar, de relacionarse con los que sufren, con los oprimidos por el mal y la enfermedad. Se han dado cuenta de que su presencia era sanadora y que abría caminos de esperanza para los que sólo tenían un futuro negro, oscuro e incierto por delante.  

      Ahora saben, aunque no se atrevan a decirlo, que esa historia está a punto de terminar. Y que la cena de Pascua que se avecina no va a ser una mas de las que han venido celebrando todos los años. No va a ser diferente por la comida sino porque saben que algo se va a romper para siempre. La cercanía con Jesús, su maestro y señor, se va a quebrar. Hay nubes de tormenta en el horizonte. El que ha sido creador de esperanza y vida para tantos, tiene la muerte acechando en su propio horizonte. Por eso la cena que van a preparar no es normal. 

      También Judas sabe que va a ser la última cena. Él se va a encargar de cortar esa historia, de romper las esperanzas y el futuro. Quizá porque no ha entendido nada. Lo que él esperaba ve que no se va a hacer realidad. No tiene sentido ni seguir a Jesús ni seguir con Jesús. Judas es el hombre sin esperanza que en su desesperación en lugar de agarrarse al que le puede salvar decide abandonarle, traicionarle. Si no hay salvación para él, que no la haya para nadie. ¡Qué error más grande!

      Nosotros sabemos ahora que esa última cena culminará en la resurrección, en el amanecer de una nueva vida y de una nueva esperanza. Pero hay muchos que viven en la desesperación más absoluta. Hoy es un buen día para acordarnos de ellos en nuestra oración. Y si a alguno conocemos, de acercarnos a él o ella y, con nuestra presencia, abrir un hueco para la luz y la esperanza en medio de su noche. No se trata de acusar y condenar sino de tender la mano y salvar. 


Fernando Torres  cmf

 

29/3/21

EVANGELIO MARTES 30-03-2021 JUAN 13, 21-33, 36-38

                                                   

          En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:

- «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
- «Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
- «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
- «Lo que vas hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
- «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me busca¬réis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
"Donde yo voy, vosotros no podéis ir"»
Simón Pedro le dijo:
- «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
- «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
- «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
- «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

REFLEXION:

Lo primero que escucho en el Evangelio de hoy es esa voz que se oye a veces tanto entre los niños: “Yo no he sido”. Los discípulos de Jesús reaccionan como niños ante la afirmación de Jesús de que “uno de vosotros me va a entregar”. Todos querían quedar bien, quedar como niños buenos que no habían roto un plato en su vida. 
      Pero la realidad no es siempre como nos gusta que sea. ¿Quién no ha roto un plato o muchos platos en su vida? ¿Quién puede decir que es puro y bueno y que todas sus obras son rectas y que nunca ha obrado por egoísmo y que sus intenciones son siempre buenas? Podríamos empezar a echar una mirada a los mismos Evangelios y al comportamiento de los discípulos en ellos. ¿Habían sido siempre fieles? ¿Estaban claras las razones por las que seguían a Jesús? Oí decir a un sacerdote que Pedro se chuleaba mucho de haberlo dejado todo para seguir a Jesús pero que en realidad quizá no había dejado más que unas redes mil veces remendadas y una barca que hacía agua por todas partes. Quizá habían seguido a Jesús pensando que, cuando hablaba del Reino de Dios, se refería a que iba a echar a los romanos y a instaurar un reino terrenal donde ellos podrían ser los ministros y, por qué no, se iban a poder aprovechar de los súbditos del reino como los jefes y capitostes de entonces y de casi siempre se han aprovechado de sus súbditos. 
      Y de los apóstoles podemos venir a nosotros. ¿Somos puros y buenos? ¿No tenemos nada de que avergonzarnos? ¿Lo hemos hecho todo bien? Y aunque hayamos hecho cosas buenas, ¿no ha habido en nuestro corazón alguna intención espúrea que haya manchado la obra buena?  
      Vamos a ser realistas. Por pura honestidad no podemos decir eso de “yo no he sido”. Al final, ¿cuál es la diferencia entre el mayor traidor y nosotros? La diferencia puede ser de cantidad pero no de calidad. Nos ayudaría a ser mejores comenzar reconociendo nuestras propias limitaciones y miserias. No somos diferentes de aquellos a los que apostrofamos como malos. Todos estamos necesitados de misericordia, perdón y comprensión. Judas no es peor que nosotros. Y echándole la culpa a él, no nos liberamos de la nuestra. Nos conviene un poco más de humildad, de andar en verdad, como decía santa Teresa de Jesús, para poder acoger en nuestro corazón el misterio del amor de Dios manifestado en Cristo, en su muerte y resurrección que vamos a recordar y celebrar una vez más en estos días. 

Fernando Torres cmf.

28/3/21

EVANGELIO LUNES 29-03-2021 JUAN 12, 1-11

                                             

              Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
- «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.


Palabra del Señor

REFLEXION :

Primer día de esta semana en la que vamos a celebrar el misterio de la muerte y resurrección de Jesús. Como es misterio, no vamos a tratar de explicarlo. Se trata sencillamente de contemplar con el corazón abierto. Se trata de acoger sin condiciones. Algo parecido a lo que hicieron Lázaro, Marta y María. Eran los amigos de Jesús. Confianza de años. No hacían preguntas. Simplemente tenían abierta su casa para él. Le querían y le querían sin condiciones. Así es el verdadero amor, la verdadera amistad. Jesús ya era de la familia. Todo lo que había en la casa era poco para ofrecer a aquel amigo que les visitaba de vez en cuando. Los mejores manjares, el mejor servicio. Y, si se tercia y hay posibilidad, el mejor perfume para ungir sus pies cansados del camino. 

      Aunque siempre hay alguno que estropea la fiesta y se pone en plan crítico. ¿Para que vaciar la despensa? ¿No es uno más de la familia? Se le saca lo de todos los días y basta. Y, ¿ qué es eso de andar derrochando perfumes cuando eso podía ayudar a los pobres? Está claro que Judas no había entendido mucho lo que era el amor incondicional, ni lo que era una relación entre personas generosa y abierta. Da la impresión de que Judas estaba acostumbrado a calcular, a razonar todo. Lázaro, Marta y María habían entendido la novedad de Jesús y lo manifestaban en su acogida sin límites, en su amistad sin condiciones. 

      En esta semana que comenzamos llena de celebraciones con muchas palabras y muchos símbolos y muchos ritos nos conviene imitar la actitud de Lázaro, Marta y María. No se trata de calcular y razonar. Se trata simplemente de acoger, de contemplar. Se trata de hacer de nuestro corazón la casa familiar donde Jesús sea acogido y donde nosotros simplemente estemos a su lado, sintiendo con él, acompañándole. Sin más. Porque el misterio no se descifra ni se estudia ni se cuenta en un libro a base de argumentos y razonamientos. El misterio se contempla. Y se va dejando que, poco a poco, esa plenitud del amor de Dios manifestado en la vida de Jesús y, sobre todo, en sus últimos momentos, vaya llegando a nuestro corazón. Y nos inunde de alegría y de esperanza. Y nos vaya haciendo capaces de amar y acoger y servir a nuestros hermanos y a descubrir en ellos el misterio del amor de Dios hecho carne. 

Fernando Torres cmf


MISA DOMINGO DE RAMOS 2021

   





  Presidida por nuestro párroco, padre Misael, se realizó la tradicional misa del Domingo de Ramos donde recordamos el triunfal ingreso de Jesús en Jerusalén y que además marca el inicio de Semana Santa, por motivos de esta cuarentena que nos afecta, se efectuó vía online por canal de facebook de la parroquia.
   Por lo motivos de todos conocidos, las actividades de este año por Semana Santa se verán bastante modificadas y es así que el padre Misael nos invita para el día Jueves Santo desde las 20,00hrs. a sintonizar el canal de facebook para recodar la última cena celebrada por Jesús junto a sus apóstoles. El día  Viernes Santo se realizará el Vía Crucis, el Sábado Santo desde las 20,00hrs. la Vigilia Pascual y el Domingo desde las 11,00hrs. Misa de Resurrección. 
     se recuerda que todas las actividades se realizarán vía online por el canal de la parroquia en facebook.

27/3/21

EVANGELIO DOMINGO 28-03-2021 MARCOS 15, 1-39

                                                  

           C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:

            S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

           REFLEXION:

 En resumen: las razones o causas por las que Jesús termina crucificado hay que buscarlas, en primer lugar y por encima de todo, en el rechazo de su misión y su mensaje. No conviene olvidarlo, para no «descontextualizar» ni «espiritualizar» la historia de una tremenda injusticia que dejó a todos muy desconcertados. Y porque esas luchas y enfrentamientos de Jesús han de ser ahora y siempre las nuestras, las de sus discípulos, puesto que el «panorama» no ha cambiado mucho que digamos. Sólo después, con la suficiente distancia, y ayudados por la Escritura (la Primera Lectura de hoy, por ejemplo) vendrán las interpretaciones teológicas sobre el sentido y significado de su muerte. 

      • Por eso mismo, no podemos asistir a los acontecimientos de la Semana Santa del Señor como «espectadores» de una historia que ocurrió hace dos milenios, y sobrecogernos y asombrarnos de todo lo que le pasó al Hijo de Dios... sin dejarnos afectar personalmente. Repasar y revivir la Pasión del Hijo de Dios tiene que servir para que reaccionemos y nos indignemos por tantos «hijos de Dios» que viven HOY similares circunstancias, y que también son eliminados, machacados, silenciados... por oscuros intereses de todo tipo. El «desorden» que mató a Jesús está detrás de los tejemanejes de las industrias farmacéuticas, alimentarias, del comercio de armas, de las manipulaciones políticas y económicas de todos los colores... Aquella historia del Hijo de Dios está hoy muy viva y es muy actual, y tenemos que tener mucho cuidado... para no ser sus nuevos protagonistas: nuevos Pilatos, nuevas autoridades, nuevas gentes manipuladas, nuevos discípulos cobardes, etc. etc. No es coherente que nos conmocionen las heridas, las caídas, los latigazos, y todo lo demás que tuvo que soportar Jesús... por ser quien era... y dejar en el olvido que él fue «uno de tantos» (como decía la anterior traducción litúrgica) que corren hoy su misma suerte. 

 

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

  

INICIO DE SEMANA SANTA 2021

          


       El domingo 28 celebramos Domingo de Ramos, fecha que nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde fue alabado por una multitud que lo aclamaba como Rey, con cantos y palmas, marca además el comienzo de "Semana Santa", un  período donde se conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 
       Las ceremonias litúrgicas del Domingo de Ramos comienzan con la bendición de los ramos que portan los fieles, rememorando este pasaje del evangelio. Los ramos simbolizan la participación gozosa en el rito procesional en el que Cristo va hacia la muerte para la salvación de toda la humanidad. Así este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento. Los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al "tiempo cuaresmal" y están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor.
           El Domingo de Ramos significa también  el camino que nos lleva al encuentro con Jesús para que nos acompañe siempre y pueda instaurar su paz en el mundo. Jesús nos mostró su humildad entrando a Jerusalén en un burrito. enseñándonos también que no debemos ser soberbios ni vanidosos.
              Este día es un recordatorio de como a veces aclamamos al Mesías y en otras ocasiones lo condenamos con nuestros pecados. Hemos de reflexionar sobre nuestros actos de aquí en adelante, para ser coherentes entre la Fe Cristiana y la vida Cotidiana.

26/3/21

EVANGELIO SABADO 27-03-2021 JUAN 11, 45-47

           En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

  REFLEXION:

La tensión entre Jesús y los judíos (fariseos y sumos sacerdotes) ha llegado a un punto de no retorno. Ya no se trata de polémicas sobre la ley, ni de amenazas más o menos veladas, o de ataques (como intentos de lapidación) más o menos espontáneos. Ahora se celebra una reunión oficial del más alto nivel y se toma una decisión en toda regla, y se dan las instrucciones para su cumplimiento. Es curioso y trágico, paradójico, que el motivo final de la decisión de darle muerte sea el hecho de que Jesús ha devuelto la vida a un hombre. La ceguera de los líderes del pueblo es total: no lo ven como un signo definitivo de su mesianismo, de que Dios actúa por medio de él, sino como una amenaza: amenaza para su poder religioso, amenaza política por las posibles represalias romanas. Los cálculos humanos y los intereses de corto alcance les han cegado para ver lo que, por otro lado, parece evidente: Dios mismo actúa en y por Jesús.

Juan, que siempre juega en dos planos, el de la comprensión meramente humana, y la de los planes de Dios (“mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor” – Is 55, 8), ve en las palabras de Caifás, que pronuncian la sentencia de muerte de Jesús, un oráculo profético, que trasciende por completo la intención del Sumo Sacerdote. Siendo “de aquí abajo”, decide la muerte de Jesús por cálculos políticos y religiosos; pero, por el cargo que ocupa (que proviene de “allí arriba”), expresa el verdadero sentido de esa muerte. Sin quererlo ni pensarlo, da en el clavo: Jesús va a morir por todo el pueblo, y no sólo, sino que iba a reunir a los hijos de Dios dispersos.

Es altamente significativo que la profecía de Ezequiel no se refiera a Judá, sino a Israel, que se había dispersado definitivamente casi doscientos años antes de la deportación de Babilonia. Israel había dejado de existir como pueblo, se había disuelto entre todas las naciones. La profecía de Ezequiel se puede entender como una reunificación que, en el fondo, afecta a la humanidad entera en torno a un rey y pastor que trasciende toda significación política.

Jesús entrega su vida libremente. Por eso no se oculta, y tras su retirada a Efraín, se prepara a regresar a Jerusalén, pese a los graves peligros que se ciernen sobre él. Aceptar libremente la muerte por amor significa tocar el centro neurálgico del drama del hombre, exiliado de Dios por el pecado, condenado a una muerte “para siempre” (como decíamos dos días atrás). La muerte no sabe de razas, ni de condición social, ni de partidos, ideologías, ni de religión. Yendo libremente hacia la muerte, Jesús se adentra en el lugar en el que todos sin excepción somos iguales. Sólo dando la vida es posible reunir a todos los seres humanos dispersos en una familia nueva, la de los hijos de Dios.

Jesús se apresta a volver a Jerusalén. Nosotros, discípulos suyos, debemos estar dispuestos a acompañarlo, a ser testigos de su Pasión, para poder proclamar después su Resurrección. Mañana, Domingo de Ramos, nos adentramos en la Semana Santa, el giro decisivo de la historia de la humanidad. “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén” (Sal 122, 2).

Saludos cordiales,

José M. Vegas cmf  
 

25/3/21

EVANGELIO VIERNES 26-03-2021 JUAN 10, 31-42

                                      

      En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

El les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

REFLEXION:

Jeremías, el profeta desoído y maltratado por su propia gente, es imagen del destino de Jesús, rechazado y perseguido por los principales del pueblo. Es significativo que el rechazo se produce en el Templo, lugar de culto y centro y símbolo de la religiosidad del Israel. La causa de la persecución y del intento de lapidación ya no es el pretendido incumplimiento de la ley, sino la pretensión de Jesús de ser Hijo de Dios. Jesús responde a esa acusación anunciando que esa identidad suya no es exclusiva, sino inclusiva: la salvación consiste en la filiación divina, en entrar en el ámbito de la divinidad, que se alcanza precisamente por medio del Hijo, aceptando la palabra de Jesús.

Pero debemos reconocer que no es fácil aceptar la condición divina de uno que, pese a todo, no deja de ser un hombre. Con frecuencia pienso, que, si yo hubiera sido contemporáneo de Jesús, posiblemente hubiera estado de acuerdo en su condición de profeta, incluso del más grande profeta de Israel. Pero de ahí a aceptar su condición de Hijo de Dios, de Dios mismo, hay un buen trecho. ¿Habría yo dado ese paso? Dar el paso de una fe así exige, al parecer, dar un salto en el vacío. Sin embargo, Jesús insiste en su identidad (y nos invita a dar el salto), pero nos ofrece (como una red) el testimonio de sus obras. La suya no es una pretensión ni una afirmación huera, sino avalada por sus obras. Hay en él una perfecta armonía entre palabras y obras. Su palabra es viva y eficaz (cf. Hb 4, 12), es una palabra que actúa, que se traduce en obras. Las obras son la prolongación de esa palabra, son acciones salvíficas que hablan por sí mismas. Palabras y obras indican que Jesús, al declararse Hijo de Dios, no se encumbra, ni se pone por encima de los demás, sino que, al contrario, se abaja, se acerca, se pone a nuestro nivel, para hacernos partícipes de esta misma identidad

Pero del duro diálogo con los judíos cabe concluir que “ni por esas”. La contumacia de sus oponentes es total, como en el caso de los enemigos de Jeremías, lo que significa que su suerte, como la del profeta, está echada. Por eso, se retira del Templo y se va al desierto, al lugar de sus orígenes, del bautismo de Juan, del comienzo de su ministerio y de sus primeros discípulos. Es un gesto profético que se puede interpretar como una reivindicación del testimonio de Juan sobre él. Y es allí, en el desierto, donde “muchos creyeron en él”. Si el Templo, símbolo del poder religioso, lo rechaza, es en el desierto, lugar de la experiencia fundante de Israel, donde se produce la fe.

La cuaresma, ya en su recta final, nos invita a volver al desierto, a la experiencia del despojo, del camino esperanzado y de la purificación, para poder encontrarnos con el verdadero Templo de Dios, la humanidad de Jesús, el Hijo de Dios Padre, que, como un nuevo maná, quiere compartir su condición con nosotros. 

Saludos cordiales,
José M. Vegas cmf

24/3/21

EVANGELIO JUEVES 25-03-2021 LUCAS 1, 26-38

                                     

      A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXION:

 

María recibe la noticia más importante de toda la historia de la humanidad. La noticia de que Dios, por amor, va a enviar hasta nosotros, a nuestra tierra, a su Hijo Jesús. Quiere que llegue a  modo humano, concebido en el seno de una mujer y por obra del Espíritu Santo. Y Dios elige a María para ser la madre de Jesús. En un primer momento, como no podía ser menos, María se llenó de un gran asombro, de un asombro positivo. Dios le pedía, ni más ni menos, que ser la madre de su Hijo. María, ante las explicaciones del ángel Gabriel, aceptó la oferta de Dios. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Durante nueve meses tuvo la ilusión de dejar nacer en su seno a su propio hijo, al hijo de Dios. Durante el resto de la vida de su Hijo, siempre, como buena madre, le llevó en su corazón. Cuando Jesús fue presentado en el Templo, les recibió Simeón y dijo a María, su madre: “Está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción; una espada atravesará tu alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Cuando Jesús empezó su vida pública, a predicar su buena noticia del reino de Dios, se cumplieron las palabras de Simeón. Ciertamente una espada atravesó el alma de María, al ver que su Hijo era signo de contradicción, al ver que algunos le rechazaban y que su rechazo fue tan fuerte que le clavaron en la cruz. Cran dolor para María. Pero María siempre disfrutó del cariño, del amor de su Hijo, a la vez que Hijo de Dios. Su corazón se ensanchaba cuando veía que también mucha gente aceptaba a su Hijo, le escuchaba, le seguía… y le reconocían como su Salvador.

María, también nuestra madre, da un paso en favor nuestro. Nos ofrece que también nosotros, como ella, dejemos nacer en nuestros corazones a Jesús. Porque Jesús ha venido hasta nosotros para eso, para adentrarse y adueñarse de nuestro corazón, por lo que podemos decir con san Pablo: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”.  

En este día especial, alegrémonos con María porque el Señor ha hecho maravillas en ella, la ha hecho Madre de su Hijo. Y demos gracias a Dios porque Jesús, el Hijo de Dios, también quiere nacer en nuestros corazones. Nadie mejor que él que sea el Dueño de nuestro corazón.

FRAY MANUEL SANTOS SANCHEZ O.P.