Desde hace dos domingos estamos leyendo el capítulo cinco del evangelio de San Mateo. Hoy seguimos con este capítulo y terminaremos su lectura el domingo que viene. Es el conocido como sermón de la montaña. En él encontramos lo que podríamos calificar de “catecismo fundamental” de toda vida cristiana. El comienzo del evangelio de hoy ofrece una buena clave para interpretar todo el sermón. Jesús contrapone dos tipos de justicia: la de los escribas y fariseos y la suya propia, que él califica de “justicia mayor que la de los escribas y fariseos”.
Las dos primeras lecturas, la del libro del Eclesiástico y la de san Pablo a los corintios, hablan de sabiduría. Y Pablo precisa que la sabiduría de la que él habla es la sabiduría de los perfectos, ya que la revela el Espíritu, “que todo lo penetra, hasta las profundidades de Dios”. Se trata de una sabiduría distinta a la de los sabios de este mundo. Evidentemente, esta sabiduría es la de Jesús, la que hemos ido escuchando en el evangelio de estos dos domingos pasados y la que escucharemos en el evangelio de hoy.

