11/3/26

EVANGELIO JUEVES 12-03-2026 SAN LUCAS 11, 14-23 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 





En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

                              Es palabra del Señor

REFLEXION

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús expulsando un demonio y respondiendo a quienes lo acusan de blasfemia y de aliarse con Satanás; acusación que muestra la incomprensión radical de sus milagros y también el rechazo directo y consciente de su persona.

La realidad está ahí: una persona ha sido sanada; pero el prejuicio impide reconocer la bondad de este hecho. Los prejuicios contra las personas nos ciegan tanto que no nos permiten ver, o incluso hace que veamos las cosas al revés. Todo nos parece bueno o hecho con buena intención cuando se trata de un amigo, pero si es un enemigo, cualquier cosa que haga lo consideraremos malo. Aunque haga milagros, sus enemigos estarán ciegos a su acción misericordiosa, todo lo atribuyen a mala intención, a pura maldad: “por Belzebú, el príncipe de los demonios, echa a los demonios”. Los prejuicios ciegan. Cuántas veces nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas sin atender a la realidad de los hechos.

A Jesús lo acusan de que expulsa el mal con el poder del mal. Pero les corrige, echa el mal con el poder de Dios (“con el dedo de Dios”), porque el mal no lucha contra él mismo: “un reino dividido no puede subsistir”. Con esto muestra la incoherencia de atribuir a Satanás la obra de Dios. Si el mal fuera autor de la expulsión, estaría trabajando contra sí mismo. Solo Dios puede luchar contra el mal y vencerlo, únicamente Dios es más fuerte. Por eso Jesús puede decir que, si su poder echa los demonios, “ha llegado a vosotros el reino de Dios”: al mal solo lo expulsa el poder del bien.

Pero a esos que se creían limpios, les advierte que a veces uno descuida su propia casa y termina vencido por el poder del mal. Jesús nos invita a invocar el poder de Dios para preservarnos de los males que pueden dominarnos: el rencor, la tristeza, el temor, la envidia, el egoísmo. Al mismo tiempo nos llama a la vigilancia. Si nos mantenemos atentos y dejamos que el Señor nos fortalezca con su poder, nuestra casa estará segura.

"El que no está conmigo, está contra mí" es un llamado a la decisión moral y eclesial. La pasividad y la tibieza ante el pecado equivalen a colaborar con el Mal; la fe exige compromiso.

Sor Cristina Tobaruela O. P.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)

Nací en Madrid y estudié Ciencias Biológicas en la Universidad Autónoma. Mi reencuentro con la fe se produjo en 1982, durante la visita de san Juan Pablo II a España. Desde entonces, inicié un camino de fe y compromiso en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. Tras comenzar estudios de Teología, descubrí que el Señor me llamaba a la vida contemplativa e ingresé en el monasterio de Valladolid. He desempeñado diversos oficios relacionados con la música y la liturgia, que son para mí una fuente de sentido y oración, y me he encargado de las tareas del obrador, la sacristía o la biblioteca. También me apasiona la lectura, y de una forma especial profundizar en la Sagrada Escritura.