En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Es palabra del Señor
REFLEXION
Las apariciones de Cristo Resucitado aparecen en los Evangelios de la Eucaristía de estos días como una onda expansiva que abarcan no solo la Octava de Pascua, sino el HOY de la Iglesia, el HOY de todas las Comunidades Cristianas, el HOY de tu vida.
Cada una de ellas viene a iluminar diferentes aspectos de nuestra fe que, ante un acontecimiento tan increíble, necesita ayuda para vivir este misterio que nos sobrepasa.
El relato de hoy insiste en la realidad física del Cuerpo de Cristo Resucitado. Así como oyes, la resurrección de Cristo no fue simplemente una “aparición espiritual en el corazón conturbado y culpabilizado de los discípulos, ni un consuelo espiritual o una visión fruto del gran trauma que supuso la muerte del Maestro.
NO, CRISTO RESUCITÓ, su cuerpo no experimentó la corrupción, RESUCITÓ y se apareció real y físicamente a los discípulos que estaban “aterrorizados y muertos de miedo” al verlo.
Esto es muy importante ya que, nos reafirma la veracidad de las promesas de Dios, Él cumple su Palabra: “El Mesías padecerá y resucitará entre los muertos al tercer día” y, apoyados en esta promesa confiamos en que también a nosotros nos resucitará, que nuestra muerte, y la de los que amamos, es el comienzo a la Vida Eterna.
Además, esta verdad nos ayuda a comprender que somos total y absolutamente templos de Dios, que nuestra realidad corporal no es ajena al plan del Señor y, por tanto, deberíamos considerarla como tal.
Tenemos pues, un cuerpo y un alma pensados, amados y creados por Dios, y experimentar en nuestro cuerpo las huellas de la pasión y que ellas no nos aplasten, se transforma en un signo de que la fuerza que hemos recibido en el Bautismo con la efusión copiosa del Espíritu Santo es sobrenatural.
Pues bien, te podría ocurrir que todavía estas “con las puertas cerradas” por las heridas del pasado, o sigues discutiendo sobre si la resurrección fue solo una experiencia de sublimación psicológica, o que, como es un tema tan complicado, mejor pasar de él; pero Cristo Resucitado, Jesucristo el Señor, quiere manifestarse hoy en tu vida.
Se presentará con sus llagas benditas, porque en esas heridas, las tuyas serán sanadas; por esas heridas, tus pecados son perdonados; con esas heridas, llegaremos un día al cielo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y todos los que nos han precedido en la fe.
En este HOY, deja entrar a Cristo y oye su Palabra: “PAZ A VOSOTROS. PAZ A TI. CREE. SÉ MI TESTIGO”.



